1 may 09

¿ Polvo de momia o polvo de mummia?…No es una leyenda urbana

El físico (de medicina, no de física) árabe Abd el-Latif, allá por el siglo XII, relaciona directamente las momias con el persa “mumia” que significa bitumen (betún), que en el mundo árabe siempre tuvo fama de tener propiedades antisépticas. Las cruzadas y las fronteras cristianas con el mundo musulmán en las penínsulas Ibérica e Itálica permitieron la entrada de la cultura y ciencia árabe en Europa y, junto a las traducciones de Aristóteles y los avances médicos de Avicena, llegaron las maravillas de oriente y los misterios de las momias. La leyenda de sus capacidades sanadoras se extendió rápidamente de forma que Europa entró bien pronto a formar parte del mercado internacional de momias que propiciaría saqueos indiscriminados hasta el siglo XIX. Para añadir más credibilidad al mito, la mayoría de las momias extraídas eran, por su mayor disponibilidad y número, del nuevo imperio cuando ya se había democratizado el culto funerario en Egipto. Éstas eran de peor calidad que las del imperio antiguo, reservadas a faraones, por lo que la piel del difunto adquiría una tonalidad oscura. Este efecto sirvió para dar apoyo a sus capacidades medicinales, al explicar que se debía al baño dado al cadáver con betún. El aumento de la demanda hizo que la oferta tuviese que crecer, por lo que, cuando las momias no eran suficientes se procedía, claro está, a la falsificación de estas. Una lástima que no conociesen las maravillas de la homeopatía; con una sola momia habrían tenido para siglos. Hacia mediados del sigo XVI el médico Navarro Guy de la Fontaine se sorprendía del volumen que alcanzaba el mercado de momias falsas. Éstas eran conseguidas bañando cadáveres en natrón, siendo después secadas y vendadas. El resultado era tan aparente que hasta que no se comenzó a realizar pruebas de rayos x a las momias muchos museos fueron engañados por estas momias falsas. Tampoco parece que sus poderes curativos se redujesen con el embuste.

Las propiedades de tan magnifica panacea eran, entre otras, la curación de úlceras, huesos rotos, epilepsia y dolor de muelas según el “Hydriothapia, or Urn Burial” de Thomas Browne (1658). Si bien no era una mala lista, es de agradecer que la paramedicina avance y nos traiga mucha mas tranquilidad con los avances digitales. El polvo de mumia no faltó nunca en ninguna botica real. Francisco I de Francia supo curarse en salud y siempre llevaba encima un saquito con picadura de momia. Igual de agradecido debía estar a la sabiduría egipcia como la reina de Inglaterra al príncipe de Persia, que en 1809 tuvo a bien regalarle la preciada medicina.

Sin embargo no todo son alegrías en esta historia. La insidia no conoce de épocas y siempre existió quien dudase de las propiedades curativas de la momia como Ambrosie Paré, cirujano francés, que sostenía que las propiedades mágicas del polvo de momia se quedaban en dolor de estomago y náuseas.

A partir del Renacimiento se inicia un interés por la ciencia y tras aquel comienza la crítica a determinadas supersticiones medicinales que durante la Edad Media habían dado pié al “Polvo de mummia”. El uso de momias con fines curativos proviene de la confusión que se le dio a la palabra persa “mummia” que significa ”betún”.

En realidad, se trata de un producto mineral derivado del alquitrán natural. Después del siglo XII, los viajeros que visitaban Persia contaban que la mummia tenía propiedades milagrosas, curando inmediatamente las heridas y soldando en pocos minutos los huesos rotos. Cuando los viajeros persas visitaban Egipto y veían los cuerpos embalsamados de las momias egipcias cubiertos por una sustancia negra similar a la “mummia“, confundieron las sustancias resinosas oscuras con el valioso producto persa. Con el tiempo el error fue doble, pues se asignó la palabra “mummia“ no sólo al revestimiento del cadáver, sino al propio cuerpo. El polvo de “mummia” se había convertido en el polvo de “momia”.

Las consecuencias fueron nefastas, hubo una fiebre a la caza de momias egipcias. Los cuerpos momificados se molían en polvo y se distribuían desde Egipto a los boticarios de toda Europa. El punto álgido de demanda de polvo de momia tuvo lugar a finales de la Edad Media y a lo largo de los siglos XVII y XVIII. Muchos boticarios lo diluían en vino y miel, otras veces bastaba con agua. En algunos casos no venían en polvo, sino en trozos de cadáver o con forma de pasta negruzca.

El médico cirujano de Bretaña, Ambrosío Paré (1517-1590), fue uno de los primeros en criticar este medicamento. Su crítica se basaba en lo que le había contado Gui de la Fontaine, médico del rey de Navarra. Este médico le dijo que había viajado en el año 1564 a la ciudad de Alejandría de Egipto. Se había enterado de que había un judío que traficaba con momias y éste al parecer le confesó que los cuerpos no tenían más que cuatro años. La demanda en Europa había llegado a tal punto que se utilizaba en Egipto cadáveres recientes para fabricar polvo de momia.

Aunque Paré lo había criticado, el polvo de momia cada vez estaba más de moda. Una edición de la obra “Rates for the Custom House in London“ menciona “Mummia molida” y en 1657 salía a la luz la obra “The Physical Dictionary “ con la siguiente definición: ”Mummia, una cosa como la resina que se vende en boticas; algunos afirman que se extrae de las antiguas tumbas ”.

En España, Benito Jerónimo Feijoo (1676-1764), un monje benedictino profesor de Teología y de Sagrada Escritura, gran defensor de la medicina escéptica, fue uno de los grandes críticos del polvo de momia. Este autor, a partir de 1725 comenzó a publicar sus ensayos filosóficos sobre toda clase de materias. Entre sus obras destaca “El Teatro Crítico Universal o Discursos varios en todo género de materias para desengaño de errores comunes”, compuesto por numerosos tomos, donde denunciaba las supersticiones de la época y comentaba temas referentes a la sociedad y la religión. En el tomo 4º Discurso 12 s.25 de esta obra, Feijoo añade lo siguiente sobre el polvo de momia:

“Con mayor razón deberá tenerse por secreto reservado a la antigüedad de aquella confección con que los Egipcios embalsaman los cuerpos para preservarlos de corrupción. Era aquella de mucha mayor eficacia que las que ahora se usan; pues el efecto de éstas apenas llega a dos o tres siglos, y el de aquella se cuenta por miralladas de años. Puede restar alguna duda, si el suelo donde se depositaban los cadáveres contribuía a su conservación; pues como hemos advertido en otro lugar, hay terrenos que tienen esa virtud. Y aquí añadiremos haber leído, que en las cuevas donde ha estado depositada cal algún tiempo se conservan los cadáveres hasta doscientos años.

¡Lo cierto es que en la antigua Farmacia que existe en Cluj Napoca, Rumanía, la semana pasada me encontré en una vitrina con el antiquísimo polvo de momia¡. El medicamento, claro, no el del chiste que he encontrado por Internet….

REAL MUMMY BITUMEN IN GOLD FRAME CURIO

This beautiful framed curio is 6 inches wide by 17 inches tall. The image area is 4 and 1/4 inches wide by 5 inches tall. The top placard is typed using a 90-year-old typewriter which has been typed on hundred-year-old paper and reads:
Mummy powder containing bitumen
is recommended as a treatment
for pain in the heart or the
stomach, vomiting and stink in
the mouth. aka Funeral Balm or
Egyptian Balm or Mummy Balm.


One glass bottle of real Egyptian Mummy Bitumen, corked and sealed in wax which has been mounted in the center.

All pieces are mounted on vintage green velvet and framed in a beautiful vintage style gold frame. It is ready to hang in your own personal dime museum or sideshow.

If you are thinking of purchasing a Framed Curio Exhibit,
please read the Bone FAQ to make sure you are within your legal
limit when purchasing human bones, &c.
This framed curio is signed, stamped and dated on the back by Madame Talbot. This one-of-a-kind framed curio is signed, rubber-stamped and dated on the back by Madame Talbot.
Please Note: With all of my Framed Curio Exhibits, I try to replicate an authentic atmosphere of Victorian-era Dime Museum Patina. This of course refers to that very special layer of age that builds up over decades, something which I try to incorporate into all of the framed curio pieces I make.
This Victorian-era Dime Museum Patina may include one or more of the following: vintage dust fabric, flower petals shards, glue bits, thread strands, sun faded material, water stained, and/or smoke burned 100-year-old paper, &c., &c., and &c.

Order by #CURIO-59
THIS CURIO IS SOLD
Pues eso:

El que quiera un frasquito ya sabe:

¡Se vende el milagroso medicamento ¡

Filed under: ACTUALIDAD,Arqueologia,General

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