H. Roma



7 Jul 10

La fíbula prenestina es una fíbula o alfiler(imperdible ) de oro con una inscripción que se considera el primer testimonio escrito del latín antiguo, anterior a la inscripción Duenos, aunque algunos expertos como Guarducci hoy consideran que es falso. Fue descubierta en Palestrina, antigua ciudad y municipio del Lacio, Italia, y se cree que es del siglo VII a. C. Sin embargo, si se prueba la hipótesis según la cual se trata de una falsificación y la fíbula no es auténtica, entonces el primer testimonio del latín sería la inscripción Duenos que se data en el siglo VI a. C., es decir, cien años después. La fíbula actualmente se conserva en el Museo Pigorini de Roma.

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Fíbula de Praenete.Foto Flick

La inscripción

La frase, que tiene la peculiaridad de estar escrita de derecha a izquierda, dice lo siguiente:

Fibula-Palestrina.jpg
MANIOS MED FHEFHAKED NVMASIOI
/mánios med fhéfhaked numásioi/

La transliteración en latín clásico sería

MANIUS ME FECIT NUMERIO
/mánius me fékit numério/

que en castellano se podría interpretar como

«Manio me hizo para Numerio».

Praeneste fibula

Praeneste fibula


Manios med fhe fhaked Numasioi
Translation: Manio made me for Numerio
The piece may be among the oldest examples of Latin writing. Of fine quality and excellently persevered, it is a buckle (fibula) made of gold with the inscription of the artisan who made it (Manio) and the person it was made for (Numerio). This type of item is called a “speaking object” because what is written is considered to be spoken by the object itself. The writing is retrograde, following the characters of the Archaic alphabet, similar – as we have seen – to the Greek alphabet. All the same, there have been doubts about whether the piece, or even just the writing, are authentic.

In particular M. Guarducci wrote to denounce the falsification of the inscription, beginning with the obscure circumstances in which it was found. She identifies W. Helbig, the famous archeologist, eminent scholar of the German Archeological Institute at the end of the 19th century and well-known figure in Rome at the time. The question has not found a unanimously-accepted solution.

History of Latin alphabet (in Romance languages: Latin and the protolanguage;

The earliest Latinian text is an inscription on a cloak pin (fibula) of the 6th century bc, from Palestrina (Praeneste). Other Latinian inscriptions show marked differences from Roman Latin, for which there is, however, little evidence before the end of the 3rd century bc. What is certain is that the language changed so rapidly between the 5th century (the date of a mutilated inscription).

http://www.30giorni.it/foto/1203353403220.jpg

(Florencia, 20 de diciembre de 1902 – Roma, 2 de septiembre de 1999) fue una arqueóloga y epigrafista italiana, especialista en Epigrafía griega.

In 1980 Margherita Guarducci, a leading epigraphist, published a book claiming that the inscription had been forged by Francesco Martinetti, an art dealer, and Helbig, who were known to have collaborated in shady dealings. Its presentation in 1887, she claimed, was in fact a Hoax perpetrated to advance the careers of both men. This was the most formal but not the first accusation of its kind Georg Karo had said that Martinetti told him he had stolen the fibula unengraved from the Tomba Bernadini. This is, however, hearsay, and the evidence presented by Guarducci is circumstantial. She accuses Helbig of having forged the inscription himself, without direct evidence of the forging.

MARGHERITA GUARDUCCI Y LOS HUESOS DE SAN PEDRO

http://www.conoze.com/doc.php?doc=1506

  • La tomba di san Pietro. Una straordinaria vicenda, Bompiani, 2000

Qué dice desde hace siglos la tradición de la Iglesia? Dice que Pedro, el pescador de Galilea, que el propio Cristo consideraba protos, el primero de sus discípulos, el príncipe de los apóstoles en aquel momento, vino a Roma a predicar la buena nueva; en Roma murió mártir bajo el mandato de Nerón en el 64, en el Circo Vaticano, fue sepultado a escasa distancia del lugar de martirio y sobre su tumba, a principios del siglo cuarto, el emperador Constantino hizo construir la gran basílica vaticana.

Esta tradición secular de la Iglesia comenzó, a partir de cierto momento, a suscitar disensiones por parte de los adversarios de la Iglesia, y los disidentes llegaron hasta el punto de que alguno se creía en la obligación de decir, contra toda veracidad histórica, que Pedro no había ido jamás a Roma, para poder negar así la presencia de la tumba de Pedro en el Vaticano. Esto es de suprema importancia, ya que decir tumba de san Pedro en Roma, en el Vaticano, significa, en cierto sentido, decir primado de la Iglesia de Roma.

Es necesario llegar a Pío XII, hombre de altísimo ingenio, de gran cultura, de enorme humanidad y dotado de un espíritu verdaderamente previsor. A penas elegido Papa, en 1939, quiso abrir a la ciencia los subterráneos de la basílica vaticana y buscar respuesta a la pregunta centenaria.

Las excavaciones comenzaron, y duraron hasta 1949. Fueron unas extrañas excavaciones, en las cuales muchos hallazgos se destruyeron y se cometieron cosas casi inauditas.

Altares como “matrioscas”*

Encontraron una necrópolis, un antiguo y vasto cementerio, que se extendía de este a oeste, paralelo al Circo de Nerón, el mismo circo en el que Pedro había sufrido el martirio. Esta gran necrópolis estaba repleta de tierra, porque Constantino, o alguien en su nombre (el papa Silvestre fue su gran consejero), quería construir la base sobre la cual se debía fundar la primera basílica en honor a Pedro.

¿Qué encontraron sobre el altar papal? Una sucesión de monumentos y de altares: unos debajo de otros, unos dentro de otros. Esto significaba que aquel lugar, el lugar de la confesión, había sido ya desde hacía tiempo, desde siglos atrás, objeto del culto a Pedro. Debajo del altar papal, que es el actual altar de Clemente VIII (1594), se encontró uno anterior, el de Calixto II (1123); dentro del altar de Calixto II, se encontró el altar de Gregorio Magno (590-604); el altar de Gregorio Magno, a su vez, se apoyaba sobre el monumento que Constantino, aún antes de construir la basílica, había mandado erigir sobre el lugar de la tumba de Pedro, y este monumento constantiniano puede ser datado entre el 321 y el 326. El monumento de Constantino comprendía otro más antiguo que se remontaba al siglo II, el primer monumento a Pedro. Después ¿qué se incluyó? Se incluyó una parte de un pequeño edificio que se encontraba adosado a un muro revocado en rojo que hacía de fondo al primer monumento de Pedro. En este pequeño edificio, había un muro cubierto de símbolos y de antiguas inscripciones (naturalmente anteriores al monumento de Constantino, ya que fueron incluidas dentro de este), cubiertas de epígrafes que indicaban, por su abundancia, la inmensa devoción de los fieles. Después, detrás de esto, se ve que el primer monumento de san Pedro tenía en el pavimento una tapadera, la cual indicaba la presencia de una antigua tumba en la tierra, sobre la que se habían superpuesto todos estos monumentos. Bajo esta tapa, desgraciadamente, no había nada. Se encontró la tierra devastada y vacía.

Mensaje de radio revolucionario

Este era el estado de las cosas cuando concluyeron las excavaciones del 1940-49. Pío XII, en su mensaje de radio de la Navidad de 1950, notificó al mundo lo sucedido en las excavaciones y dijo que se había hallado la tumba de Pedro.

Comencé a ocuparme de las excavaciones de san Pedro, después de que hubieran terminado y se publicara la relación en 1952.

Uno de los excavadores había publicado, si bien no correctamente, uno de los epígrafes que se había encontrado en el lugar donde estaba el muro cubierto de inscripciones del que he hablado antes.

Ya había tenido ocasión de ver uno de los epígrafes, en el que había intuido la lectura “Petros eni” (”eni” en el sentido de “enesti”: Pedro está dentro).

Fue entonces cuando pedí a Pío XII visitar las excavaciones, pues nadie podía acceder a ellas. Pío XII me concedió el permiso. Entonces comencé a buscar la inscripción, este “Petros eni”, y no estaba porque uno de los excavadores se lo había llevado a casa.

Entrado ya el 1952, trabajé hasta el 1965, han sido años de un trabajo muy intenso.

Comencé a estudiar el muro de las inscripciones, que estaba dentro del monumento constantiniano. Ahora, este muro era una selva salvaje, y yo desesperaba de la empresa pero con paciencia, empecé a tratar de descifrarlo.

Esta tarea duró meses. Fue una de las más difíciles que había hecho. Después, en un determinado momento, aferré el hilo de la madeja y llegué a comprender. Se había usado una criptografía mística, es decir, se jugaba, en cierto sentido, con las letras del alfabeto. Allí sobreabundaba el nombre de Pedro, expresado con las letras P, PE, PET, vinculado normalmente al nombre de Cristo, con el símbolo de Cristo, con la sigla de Cristo y con el nombre de María, y sobre todo dominaban, en este muro, las aclamaciones a la victoria de Cristo, Pedro y María. También se recordaba a la Trinidad, a Cristo, segunda persona de la Trinidad y así sucesivamente. En fin, toda la teología del momento estaba allí, exhibida en este muro.

A golpe de martinete

Después empecé a interesarme por los huesos de Pedro. En un primer momento ni se me pasaba por la cabeza la idea de que un día llegaría a encontrar los huesos de Pedro.

Sin embargo, mientras aún estaba descifrando las inscripciones (todavía en 1953), me acercaba cada vez más a los huesos de Pedro. Los huesos de Pedro estaban en la tumba, en la tierra, bajo la tapa, como había sostenido siempre la tradición de la Iglesia. Después, cuando Constantino quiso hacer el monumento en honor al Apóstol, los huesos fueron sacados de la tierra y envueltos en un precioso manto de púrpura y oro y depositados en este nicho, y después, se cerró el nicho para siempre. Sucedió que durante las excavaciones, los excavadores, queriendo indagar en este lugar que la tradición indicaba como el lugar de la sepultura de Pedro, no se anduvieron con chiquitas. A golpe de martinete (un instrumento para clavar los palos en el terreno duro) derribaron el altar de Calixto II para llegar, lo antes posible, a la tumba. ¿Y qué pasó? Bajo los fuertes golpes del martinete cayó, del interior del muro, una cantidad de escombros, del interior y del exterior, quiero decir, del antiguo muro revocado en rojo, y todo se volcó en esta cavidad, sobre los desgraciados huesos que Constantino había depositado en el nicho del monumento. Así, aparecieron un montón de deshechos y no se reconocieron los huesos.

En aquel momento, el jefe de la Fabrica de San Pedro era un hombre inteligente, muy pío, muy sensible para no dejar al descubierto los huesos de quien fuese, fuesen cristianos o paganos. Monseñor Cas (hombre de confianza de Pío XII) notó que entre los escombros del nicho había unos huesos. Hizo apartar los escombros, guardar los huesos dentro de una caja y la metió en un armario de las grutas vaticanas, donde permanecieron ignorados durante diez años.

Había algunos huesos con hilos de oro y minúsculos pedacitos de tejido color púrpura.

Un antropólogo de mi confianza, el profesor Correnti, examinó el grupo de huesos de la caja, y me dijo: “Mira, hay algo extraño, porque todos los otros grupos que me han hecho examinar eran de distintos individuos, estos son de uno solo”. Le pregunté: “¿De qué sexo?”. Me dijo? “Masculino”. “¿Edad?”. “Avanzada”. “¿Complexión?”. “Robusta”.

No por “casualidad”

En el 64, las investigaciones habían terminado. En el 65 salió mi libro Las reliquias de san Pedro bajo la confesión de la basílica vaticana, y allí comenzó a desencadenarse la tempestad porque algunos, muchos de hecho, estaban contentos con el resultado; otros no. Después de mi revisión del libro, que salió en el 67, Pablo VI se vio obligado a anunciar que los huesos de Pedro se habían vuelto a encontrar.

Nosotros sabemos que Cristo fundó su Iglesia sobre la roca de Pedro y le prometió la victoria sobre las fuerzas del mal. Ahora, creo que no es simple casualidad que los huesos del príncipe de los apóstoles, se hayan – por una excepción milagrosa – conservado y que estén, precisamente, dentro de la basílica vaticana, esto es, en el centro de aquella Iglesia que – por definición – es universal. Ustedes saben que catholicós significa en griego universal.


El mundo secreto bajo San Pedro

latunicadeneso.wordpress.com/…/

30 Abril 2009



7 Jul 10

Ilustración del «kernos Duenos» por Dressel.Wikipedia

La inscripción Duenos es uno de los primeros registros escritos del latín. Se trata de un texto de tres líneas inscrito en un vaso triple de arcilla, un kernos, tres jarrones juntos(one of the earliest known Old Latin texts, dating from the early 6th century BC. It is inscribed on the sides of a kernos, in this case a trio of small globular vases adjoined by three clay struts) ,  descubierta por el arqueólogo alemán Heinrich Dressel en 1880 en la ciudad de Roma. Recibió su nombre por la primera palabra – Duenos, que significa «bueno» en latín arcaico – de la tercera línea que es la que se pudo descifrar con la mayor seguridad. Según la datación más aceptada, la inscripción debe ser del siglo VI a. C., con más exactitud, alrededor de 580–550 a. C.

El texto descifrado

  • La inscripción dice lo siguiente:
IOVE|SATDEIVOSQOIMEDMITATNEITEDENDOCOSMISVIRCOSIED / ASTEDNOISIOPETOITESIAIPACARIVOIS / DVENOSMEDFECEDENMANOMEINOMDVENOINEMEDMALOSTATOD
  • La transcripción en latín arcaico sería esta:
iovesat deivos qoi med mitat nei ted endo cosmis virco sied
asted noisi opetoi tesiai pacari vois
duenos med feced en manom einom duenoi ne med malos tatod
  • Y la traducción al latín clásico podría esta:
iurat deos qui me mitat ni in te comis virgo sit.
at te nisi [OPETOITESIAI] paca rivis.
Bonus me fecit in [MANOM EINOM] bono. ne me malus tollito.
  • Las Primeras líneas son bastante confusas:
  1. [el] que te envió [a mi] pide a los dioses, si [la] virco (=joven? Proserpina?) no es buena contigo
  2. y ni te (?) apacigua [estos] ríos
  • Solamente la tercera línea se puede traducir de forma más o menos inequívoca:
a) «[Un hombre] bueno me hizo en buen fin [para un hombre] bueno, [que] no me robe [un hombre] malo».
b) «[Un] buen hombre me hizo con buen propósito para [un] buen hombre, [que] el mal no me lleve», etc.

Nota: El significado de manom einom es incierto, porque estas palabras ya no se usaban en el latín clásico. Según el consenso lingüístico, la expresión se traduce como “en buen fin”.

Bibliografía

  • Colonna (1979) • G. COLONNA, Duenos = Studi Etruschi, 47(1979), 163–172.
  • Degrassi (1957) • Degrassi, A. (1957), Inscriptiones Latinae liberae rei publicae.
  • Eichner (1988–1990) • EICHNER (1988–1990)
  • Flobert (1991) • Flobert, P. (1991), L’apport des inscriptions archaïques à notre connaissance du latin prélittéraire, Latomus 50, 521-543.
  • Fraser (1932) • Fraser, A. D. (1932), The inscribed kernos of Duenos, AJPh 53, 213-232.
  • Gierstad (1960) • E. GIERSTAD, Early Rome, III, 160–165 = Septentrionalia et Orientalia Studia B. Karlgren…dedicata, Stockholm, 1959, 133–143.
  • Gordon (1975) • Gordon, A. E. (1975), Notes on the Duenos-Vase Inscription in Berlin, CSCA 8, 53-74.
  • Krogmann (1938) • Krogmann, W. (1938), Die Duenos-Inschrift, Berlin.
  • Peaks (1911) • M. B. PEAKS, The Date of the Duenos Inscription = Transactions and Proceedings of the American Philological Association (TAPhA), 42(1911), 39–41.
  • Prosdocimi (1979) • Prosdocimi, A. L. (1979), Studi sul latino arcaico, I, Note (epi)grafiche sull’iscrizione di Dueno, Studi Etruschi 47, 173-183.
  • Rix (1985) • Rix, H. (1985), Das letzte Wort der Duenos-Inschrift, MSS 46, 193-220.
  • Romanelli (1964) • ROMANELLI (1964)

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11 Jun 10


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Guerra Cimbria
Cimbrians and Teutons invasions.svg
Principales batallas migratorias de los cimbrios

1.Noreya(  112 a. C.  Papirio Carbon) , 2.Arausio ( 6 de octubre de 105 a. C. Uno de los ejércitos iba dirigido por el cónsul Cneo Malio Máximo, y el otro, por el procónsul Quinto Servilio Cepio el Viejo. ) ,  3.Burdigala (   cónsul Lucio Casio Longino+,  Cneo Papirio Leneas se rindió  ) 4. Aquae Sextiae(102, Cayo Mario) 5. y Vercellae(101 a.C. , Cayo Mario)

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11 Jun 10

MARIO

(Cereatae, cerca de Arpino, 157-Roma 86 a.J.C.)

Militar y cónsul romano, de origen modesto, fue tribuno (119) y pretor (116), y entró en el orden ecuestre.

En 109 marchó a Numidia como lugarteniente de Quinto Cecilio Metelo y en 107 logró suplantarlo.
Para evitar la impopularidad de una nueva leva de ciudadanía, Mario aceptó el alistamiento de los proletarios, transformando así al legionario en soldado profesional, sólo unido a su jefe y en busca de botín.

http://www.btinternet.com/~ian.borthwick/LADAS/articles/image/ASEB_cavalry.jpg

La lucha los  númidas
Puso fin a la guerra de Yugurta (105), y venció a los teutones (102) y a los cimbrios (101) en la Galia.
A raíz de la aniquilación de los bárbaros, Mario pagó  a sus soldados con tierras(ager publicus)  y la ciudadanía romana. Este régimen populista disgustó a los patricios, demostrando lo que muchos han calificado de incapacidad política, ya que necesitaba hacer expropiaciones del ager publicus.

El instrumento adecuado eran las leyes de los Gracos. Sin embargo, la política romana requería en la época un talento que Mario no tenía. Era un buen militar, pero un mal político. Pronto acabó dominado por el tribuno de la plebe Lucio Apuleyo Saturnino, que unos años antes había sido cesado de un cargo por el Senado, y desde entonces se volvió un demócrata radical.
Lucio Apuleyo Saturnino

Hizo aprobar las leyes que quería Mario, para lo cual tuvo que intimidar a muchos senadores mediante disturbios y movilizaciones de muchedumbres violentas. Llegó a obligar al Senado a jurar que cumplirían las leyes aprobadas en un plazo de cinco días. El único que se negó a jurar fue Quinto Cecilio Metelo, hijo y tocayo del general que había participado en la Guerra de Yugurta. Metelo optó por el exilio voluntario.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/3/36/Numidia_220_BC-es.svg/759px-Numidia_220_BC-es.svg.png

Mapa de Numidia

Sin embargo, Saturnino defendió, como Cayo Graco, que los italicos recibieran la  plena ciudadanía romana, y los conservadores aprovecharon una vez más este punto para excitar el egoísmo del proletariado.

Organizó al populacho y los tribunos de la plebe se vieron obligados a declararse en rebelión abierta. Entonces el Senado exigió a Mario, en calidad de cónsul, que sofocase la revuelta. Mario consideró que, ciertamente, ése era su deber y en una batalla campal librada en el foro,  Saturnino y sus partidarios fueron obligados a rendirse, tras lo cual fueron asesinados por una multitud violenta.
Todo esto sucedió en el año 100. Como consecuencia de su intento de nadar y guardar la ropa, Mario perdió el apoyo de los populares sin ganar por ello el de los conservadores, así que tuvo que retirarse de la política.

En 91 Roma eligió un nuevo tribuno reformista: Marco Livio Druso. Su padre había sido tribuno junto a Cayo Graco, y se había opuesto a las reformas, pero el hijo resultó ser un demócrata convencido, tal vez uno de los pocos idealistas que quedaban en Roma. Su preocupación principal fue el sistema judicial. Cayo Graco había tratado de quitar poder al Senado a costa de concedérselo a la clase media (los equites). Sin embargo, los “caballeros” no tardaron en mostrarse tan corruptos como los senadores. Tenían a su cargo la recaudación de impuestos, que era subastada al mejor postor, de modo que quien recibía la contrata tenía manos libres para recaudar lo necesario para proporcionar al estado la suma pactada y obtener un margen de beneficios. Los senadores miraban con desprecio a los equites, pero a menudo pactaban con ellos. Los gobernadores de las provincias eran normalmente de la clase senatorial, y recibían considerables sumas de dinero de los equites a cambio de consentir que los impuestos recaudados excedieran con creces lo teóricamente aprobado por Roma. Cayo Graco había logrado que los jurados de los tribunales estuviesen formados igualmente por senadores y equites, lo cual benefició sin duda a éstos últimos, pero no a la justicia, pues lo que sucedió es que unos y otros se encubrían mutuamente sus escándalos y aceptaban sobornos por igual.

Druso trató de ganarse a los equites proponiendo que puedieran ser jueces además de jurados, pero a cambio proponía también que se nombraran comisiones especiales para juzgar los casos de corrupción. Su plan era lograr que una clase vigilara a la otra y que, en definitiva, ambas se vieran obligadas a ser honestas. Para ganarse al pueblo presentó el programa habitual de reforma agraria, pero no dejó de incluir la funesta idea de conceder la ciudadanía a todos los italicos. Nada de esto fue adelante, porque Druso fue asesinado y nunca se supo quién fue el asesino.

Para los itálicos, ésta fue la gota que colmó el vaso. En los últimos años habían visto con desazón cómo fracasaban todos los intentos de concederles la ciudadanía. El argumento principal de los senadores era el temor de que los itálicos terminaran gobernando Roma, pero esto era impensable, porque la ley establecía que para votar era imprescindible trasladarse a la ciudad. En cambio, la ciudadanía habría aportado a los itálicos la exención de impuestos, cosa que Roma se podía permitir holgadamente debido al testamento de Atalo III de Pérgamo.  Los samnitas proclamaron una República Italiana con capital en Corfinio, unos 130 kilómetros al este de Roma. La rebelión se estuvo fraguando durante mucho tiempo, por lo que una Roma desprevenida tuvo que enfrentarse de repente a una secesión bien organizada. Se inició así la llamada Guerra Social, del latín socius (aliado).
Roma reunió apresuradamente un ejército, que se puso bajo el mando del cónsul Lucio Julio César. Tras sufrir varias derrotas en el Samnio, César decretó en 90 que se otorgaría la ciudadanía a los itálicos que permanecieran fieles a Roma. Mario acababa de regresar de una gira por el este, y el Senado se vio obligado a recordar que, al fin y al cabo, era un buen general, así que se le pidió que aceptara el mando de un ejército. Mario aceptó con renuencia. Él había estado en su día a favor de conceder la ciudadanía a los itálicos, y ahora se veía obligado a luchar contra ellos por pedir algo que él estimaba justo. Aceptó pero, en todo momento, trató de que los combates fueran poco sangrientos para ambas partes.

Mientras tanto el rey Mitrídates VI del Ponto invadió Bitinia y derrocó a Nicomedes IV. Éste pidió ayuda a Roma que, pese a sus problemas internos, envió una embajada exigiendo a Mitrídates VI que abandonara Bitinia. Aunque Roma no estaba en su mejor momento, es posible que su fama hiciera vacilar a Mitrídates VI, que optó por acatar la orden y así Nicomedes IV recuperó su trono.

En 89 murió César, y el Senado confió el mando supremo a Sila, el cual, desprovisto de los reparos de Mario, no tuvo dificultad en barrer a los rebeldes en todas partes. El Senado anunció que concedería la ciudadanía a todos los itálicos que la pidieran en un plazo de sesenta días, lo cual hizo abandonar la lucha a la mayoría de los itálicos, pero los samnitas continuaron hasta el fin.
En Italia Sila puso fin a la Guerra Social. Las medidas que tomó Roma en los años siguientes para garantizar la lealtad de Italia incluyeron, entre otras cosas, la eliminación paulatina de las lenguas italianas diferentes del latín, especialmente el osco, la lengua de los samnitas. Poco tiempo después el latín era la única lengua de Italia.
En realidad Roma hubiera podido derrotar a los itálicos sin necesidad de concederles la ciudadanía, pero para ello habría necesitado algo más de tiempo, y todo hacía prever que el rey Mitrídates VI del Ponto podía atacar los intereses romanos en Asia de un momento a otro (más que nada porque Roma había estado estimulando a Nicomedes IV de Bitinia para que invadiera el Ponto en venganza por la invasión que éste había sufrido dos años antes.) En efecto, Mitrídades VI se enfureció y sus ejércitos invadieron de nuevo Bitinia, Galacia, Capadocia y ocuparon también la provincia de Asia. El rey ordenó matar a todo comerciante italiano que se hallase en Asia Menor, y se dice que el número de víctimas fue de unas 80.000, aunque la cifra puede ser exagerada. Luego pasó a las islas griegas y finalmente invadió la propia Grecia. Los griegos celebraron encontrar a alguien capaz de resistir a Roma y se unieron a Mitrídates VI.
Tras la Guerra de los Socii  (91-88), Mario  se apoyó en los cabecillas populares y logró que se le adjudicase la guerra contra Mitrídates en Asia Menor, que ya se había confiado a Sila (88). EL desarrollo de los hechos fue como sigue:

La reacción de Roma contra Mitrídates se vio entorpecida porque había dos generales adecuados para la misión y cada uno de ellos tenía el apoyo de uno de los partidos, y ninguno de los dos estaba dispuesto a permitir que el candidato del partido contrario volviera trinfante a Roma. Los generales eran, naturalmente, Mario y Sila. El Senado nombró rápidamente a Sila como general en jefe, amparándose en que era él quien había puesto fin a la Guerra Social. Mario abordó al tribuno Publio Sulpicio Rufo, que estaba ahogado por unas deudas, y le prometió pagarlas con los beneficios de la guerra. Rufo no tardó en descubrir su vocación demócrata, e hizo aprobar una ley que aumentaba el peso de los votos de los ciudadanos itálicos. A continuación se encargó de transportar a la capital el número oportuno de votantes y logró que Mario fuera elegido como general en jefe. El resultado fue que ni Mario ni Sila podían partir hasta que se decidiera quién tenía realmente el mando. Más exactamente, lo que sucedía es que ninguno estaba dispuesto a abandonar Roma dejando a su rival en la ciudad con un ejército a sus órdenes.
Proscrito por éste, huyó a África.

El ejército de Sila le esperaba en Nápoles, Sila tuvo que escapar de Roma para unirse a él, pero no partió hacia Oriente, sino que marchó sobre Roma. Así empezó la Primera Guerra Civil, del latín ciuis (ciudadano), en la que un general romano se enfrentaba a otro. Sila logró expulsar de Roma a Mario y a Rufo. El segundo fue capturado y asesinado a poca distancia, mientras que Mario fue detenido algo después, escapó milagrosamente de la muerte y finalmente pudo abrirse camino hasta la costa, donde embarcó hacia África. Halló refugio en una isla situada frente a la costa cartaginesa, donde se puso al frente de un grupo de proscritos.
Sila era ahora un indiscutido procónsul. En principio un procónsul era alguien en el que un cónsul delegaba parte de sus funciones, pero ahora quería decir simplemente que ejercía de cónsul aunque no había sido elegido como tal. Hizo aprobar unas leyes constitucionales por las que el Senado tenía únicamente la potestad de dictar leyes (pero no, por ejemplo, la de destituirlo a él).

No obstante, el conflicto en Asia obligó a Sila a partir y Mario aprovechó la ocasión para desembarcar en Etruria; se apoderó de Roma con la ayuda de Cinna y ordenó dar muerte a sus enemigos.

Sila partió finalmente hacia Grecia y no tardó en ocupar Tesalia y Beocia. Los populares reaccionaron en Roma eligiendo cónsul a Lucio Cornelio Cinna, que había tratado inútilmente de detener la expedición de Sila. Luego trató de aplicar una ley que convertiría en ciudadanos a aquellos itálicos que no habían podido obtener la ciudadanía al final de la Guerra Servil. El otro cónsul se opuso y Cinna fue expulsado de Roma. Entonces pidió el apoyo de los itálicos y logró que Mario volviera a Italia. Juntos marcharon contra Roma y la tomaron. Mario se tomó venganza de todas las ofensas que a su juicio le había infligido el Senado. Mató a todos los que consideró sus enemigos, entre los cuales se encontraban numerosos senadores. En toda la historia de Roma el Senado nunca había sufrido una afrenta como ésta, y nunca se recuperó de ella. Su autoridad dejó de ser considerada indiscutible, y en el futuro fueron muchos los generales que no dudaron en pasar por encima del Senado cuando lo estimaron conveniente.

En 86 Mario obligó al Senado a que le nombrara cónsul, pero murió pocos días después, de modo que la ciudad quedó bajo el dominio de Cinna

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7 Jun 10

Talento (moneda)

Archivo:Koan amphora2.jpg

Antigua ánfora griega. Un TALENTO correspondía aproximadamente a la masa del agua que se necesitaba para rellenar un ánfora. Autor foto Ad Meskens.

El Talento (del griego τάλαντον, talanton que significa balanza o peso) era una unidad de medida monetaria utilizada en la antigüedad. Tiene su origen en Babilonia pero se usó ampliamente en todo el mar Mediterráneo durante el período helenístico y la época de las guerras púnicas.

Diversos pesos del talento

En el Antiguo Testamento, equivalía a cerca de 34 kg, y en el Nuevo Testamento, a 6.000 dracmas, o lo que es lo mismo, 21.600 g de plata.

Era el peso aproximado del agua necesaria para llenar un ánfora (alrededor de un pie cúbico).

El talento ático

Un talento griego, o talento ático se correspondía con unos 26kg.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/2/21/Greek_coin_tetradrachme_panathenaic_games-3.png

Tetradracma Panatenaico

El talento romano

un talento romano con 32.3 kg.

El talento egipcio y el babilonio

El talento egipcio con 27 kg,[ y el talento de Babilonia con 30.3kg.

En el antiguo Israel se adoptó inicialmente el talento de Babilonia, pero fue modificado posteriormente. El talento pesado del Nuevo Testamento eran unos 58.9 kg.


En el siglo III a. C. es utilizado expresamente en los tratados entre Roma y Cartago, sobre todo el talento ático, o bien eubeo, equivalente a aproximadamente 27 kg, y dividido en 60 minas de 60 schekels (o cien dracmas) cada mina. El peso de las monedas y los quilates varían, lo mismo que su división: decimal, duodecimal o sexagecimal.

Durante un tiempo existieron en las regiones mediterráneas dos tipos de monedas básicos: el ático (6 óbolos = 1 dracma, 100 dracmas = 1 mina, 60 minas = 1 talento), que más tarde fue adoptado por Roma, y el cartaginés (60 schekels = 1 mina, 60 minas = 1 talento), que se mantuvo vigente durante mucho tiempo en el periodo ptolemaico de Egipto.

En la época de la Primera Guerra Púnica, Roma empleaba internamente el as de cobre, y no poseía ninguna moneda convertible. Los 10.000 talentos que Cartago tuvo que pagar a Roma al final de la Segunda Guerra Púnica en el año 201 a. C. equivalían a 270 toneladas de plata. Una relación más clara resulta al tomar como referencia los precios y salarios de la época. En la Ecúmene oriental un jornalero ganaba alrededor de dos óbolos diarios y un trabajador cualificado ganaba cuatro; el mínimo vital debía de ser de dos óbolos por cabeza, un dracma por familia de cuatro miembros, aprox. 52 kg de trigo costaban cinco dracmas, el alquiler anual de una casa normal ascendía a veinte dracmas.

Estas cifras tienen vigor para los años situados entre el 330 y el 220 a. C., aproximadamente; los precios se elevaban ocasionalmente, llegando a veces a quintuplicarse. Durante la inflación sufrida en la parte oriental de la Ecúmene debido a las monedas acuñadas por Alejandro Magno con los 50.000 talentos procedentes del tesoro real persa, la moneda de Cartago se mantuvo prácticamente estable.

LA INDEMNIZACIÓN A CARTAGO

Si establecemos el mínimo vital mensual para el año 200 a. C. en 30×2 óbolos = 10 dracmas = 1/600 de talento, y el mínimo actual en España en 540,9 € (año 2006), un talento correspondería a 324.540 € y por tanto, la citada indemnización de 10.000 talentos exigida por Roma a Cartago, se elevaría a un total de 3.245.400.000 €.

EVOLUCIÓN DEL VALOR DEL TALENTO EN ROMA

Después de la Segunda Guerra Púnica, la avidez mostrada por Roma hacia las minas de España se hace más comprensible si pensamos que, según Plinio el Viejo, en la época de Aníbal un mina de plata determinada producía diariamente 300 libras romanas (97,5 kg, algo menos de cuatro talentos o unos 21.600 denarios) de plata pura.

Al final un talento valdría, en el Imperio, unos 100 ases.

Esta unidad monetaria del mundo antiguo es una de las que más fama ha adquirido dado que protagoniza una de las más populares parábolas del evangelio (De los Talentos) Mateo 25:14–30, Lucas 19:11–27. De la interpretacion de esta parábola deriva inteligencia, (capacidad de entender), aptitud (capacidad para el desempeño o ejercicio de una ocupación) dadas como primeras acepciones por la R.A.E. para este término en lengua española, (al igual que en otras lenguas como el inglés 1).

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