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11 nov 09

Arminio,príncipe de los Queruscos

Arminio (Arminius) es una variante latinizada del nombre germano Armin. Muy posteriormente, el nombre Hermann (‘hombre de guerra’ o guerrero) fue considerado una traducción del latín Arminius, probablemente por el reformador religioso Martín Lutero, quien quería usarlo como un símbolo de la lucha de los germanos contra la poderosa Roma.

Legión romana

Arminio nació en el año 16 o 17 a. C. Era hijo de un jefe querusco llamado Segimer (en latín Segimerus). Fue entrenado como un comandante militar romano y obtuvo la ciudadanía y nobleza romana. Desde el año 4 (con apenas 20 años) comandó un destacamento de queruscos como fuerza auxiliar romana y probablemente luchó en las guerras panonias en la península balcánica.

Moneda de pago de las legiones con la efigie de Varo

Venció a Quintilio Varo en la selva de Teotoburgo, a las afueras de la actual población de Kalkriese, cerca de Detmold.—

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LA ALIANZA GERMANICA

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El confiado jefe romano se dirigió tranquilamente hacia el este del Rhin; sus 3 legiones, la XVII, XVIII, XIX y los aliados de las tribus germanas garantizarían la seguridad de la marcha.

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Mientras tanto las tribus habían decidido por una vez unirse para rechazar el avance imperial. La invasión, los abusos de diversa índole y los impuestos que había establecido Varus, provocaron finalmente la alianza germanica integrada por los Queruscos, los Marsi, Chattis y Bructeris.

Arminio, veterano oficial de las legiones romanas  y líder de la coalición, diseño la estrategia: Nada de confrontaciones en campo abierto ( evitando de esta manera enfrentar el orden táctico superior de la legión), llevar a los romanos al interior del frondoso y pantanoso bosque de Teutoburg para entorpecer las maniobras de la caballería y la infantería.


Durante la marcha, los legionarios, llevaban su escudo colgado de la espalda, protegido por una funda de cuero (era de madera y si llovía y se mojaba, las capas de madera de que estaba hecho, podían hincharse y deformarse). Un palo en forma de T que pasaban por encima del hombro y donde llevaban el equipo estándar de cada legionario. (una herramienta de construcción, una escudilla, la cantimplora con forro de plata, dos pilums, dos picas de defensa del foso y una pequeña bolsa con sus pertenencias personales.

No se podía esperar que un legionario pudiera luchar si era así sorprendido. La columna legionaria dependía de su pantalla de caballería, para detectar cualquier amenaza a tiempo para que los hombres se aprestaran al combate. Sin embargo, esta vez, la caballería auxiliar que debía realizar esta función, estaba compuesta básicamente por germanos a las órdenes de Arminio.

Aquel amanecer de septiembre , la legión se despertó como de costumbre. El cielo estaba velado por negras nubes que presagiaban una intensa tormenta. Cuando la inmensa columna se puso en marcha, Arminio, que cabalgaba junto a Varo, pidió permiso para unirse a la avanzadilla con sus hombres, y Varo le despidió con sus bendiciones. La caballería auxiliar, sencillamente se desvaneció uniéndose a las masas de guerreros germanos que pacientemente aguardaban emboscados en silencio a ambos lados de la ruta que debían tomar los romanos.


El denso bosque del Teutoburgo.

Paradójicamente, la noche anterior, Segestes, suegro de Arminio, había advertido a Varo de la traición de su yerno, sin embargo,

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Varo, hizo caso omiso, creyendo que el aviso era la pataleta del anciano por la boda no consentida de su hija con un hombre que había demostrado su lealtad a Roma hasta el punto de ganarse la ciudadanía.



Moderna reconstrucción en Kalkriese.

La evidencia arqueológica demuestra que estos muros y fosos se erigieron de una calidad y tamaño similar al que una legión podría construir en campaña, en una configuración precisa (en ángulo sobre la línea de avance) para anular la ventaja de las armas y estrategias romanas que Arminio tan bien conocía. La pesadilla de la mejor máquina militar de la época, la legión, había sido concebida, estaba lista y estaba a punto de caer sobre la legión.

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Pronto las unidades de vanguardia vieron su avance cerrado por las fortificaciones. Varo hizo un alto, y consciente de que la horda que les había atacado el día anterior estaba a sus talones, ordenó a una porción de sus tropas levantar un campamento fortificado a toda prisa a caballo de la pantanosa orilla del rio y un pequeño montículo, mientras el resto de sus fuerzas fueron enviadas al frente a tratar de abrirse camino en las fortificaciones a cualquier precio.


Entre el pantano (verde oscuro) y las colinas (marrón)
que por cierto, también estaban fortificadas, está la zona rosa
donde se han recuperado miles de objetos de las legiones.

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LA BATALLA

La ruta que Arminio preparó, llevaba a las legiones a un punto de las montañas del Teutoburgo, que está espesísimamente arbolado. En ese punto en concreto, (cerca de la moderna población de Kalkriese) la ruta tenía que pasar por un cuello de botella con una abrupta montaña por un lado y un infranqueable rio de pantanosas orillas por el otro.

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Un ejército legionario avanzaba un promedio de 30 Km. diarios. El procedimiento era el siguiente: Pasaban cada noche en un campamento fortificado, rodeado de una empalizada y un foso, que daba cabida a las legiones del ejército y donde podían descansar en completa tranquilidad.

Guiados por los “aliados” bárbaros los romanos siguieron avanzando hacia su destino final. En un punto de la marcha Arminius solicito permiso a Varus para explorar junto a sus queruscos el terreno por delante, para prevenir cualquier contraste y para traer a los aliados en camino.

Esta vez Varus cometió uno de sus últimos errores y dejo ir al líder germano quién junto a sus hombres se adentro entre los árboles. Sin que ellos lo sepan, la sombra de la muerte planeaba sobre las legiones de Roma.

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Diagrama de la emboscada de Arimino a Varo(Wikipedia)

Pocas dudas caben según los objetos encontrados en la zona cercana a la colina de Klakriese, en lo que se conoce como el bosque de Teutoburg, que los expedicionarios imperiales fueron completamente rodeados y sorprendidos.

Esto se deduce de la manera en que se encontraron los restos en el campo de batalla; empuñaduras de espada, broches de capas, proyectiles diversos, una buena cantidad de monedas con el sello VAR, ( evidentemente usadas para pagar los salarios de las tropas de Varus) y una interesante cantidad de artefactos de uso civil, todos concentrados en un área particularmente delimitada.

Archivo:Germania 7-9 Varo jpg.JPG

La provincia de Germani en época de Varo,en rojo, su ruta(Wikipedia)

Sin embargo si se tiene en cuenta que la expedición romana tenía no menos de 20 mil individuos, presumimos que los atacantes debían tener por lo menos una cantidad similar. Ahora, si se tiene en cuenta que Roma tenía el mejor ejército de la época, que estaba muy bien armado y que tenían oficiales veteranos, no podemos descartar que los atacantes tuvieran una masa de guerreros muy superior en número.

El ataque se inició con un inmenso rugido salido del bosque, seguido de un violento combate donde las jabalinas romanas intentaban con dificultad alcanzar a los bárbaros, quienes aconsejados por Arminius debían tener jabalinas diseñadas para neutralizar los escudos romanos. Los proyectiles, saetas, flechas y otras armas arrojadizas volaron entre los ejércitos hasta que con un grito de guerra, los hombres chocaron.

Sin embargo una lluvia de grandes proporciones se desato en los momentos previos a la batalla. Este hecho en apariencia poco significativo, concluyó obstaculizando el movimiento de la columna imperial al empantanar el terreno y evitar el avance de los carromatos, impedidos de avanzar en el lodazal. La visibilidad de los arqueros y los movimientos de la caballería también se vieron afectados.

El choque fue feróz, entre el clamor de miles de hombres, se escuchaban los gritos de ordenes en el rudo latín de los centuriones, tribunos, y legionarios. A ellos contestaban los ordenes en el recio idioma germano, todos entremezclados con el bramido de las cornetas, los aullidos de horror y pedidos de clemencia de los acuchillados, el choque de las espadas romanas y las hachas de guerra alemanas, los relinchos, los ayes de las mujeres raptadas por los atacantes, y el espeluznante grito de terror de los mutilados

Finalmente, con un esfuerzo supremo si debemos creer en las relaciones romanas tomadas de los sobrevivientes, los romanos rechazaron el primer asalto alemán, e intentaron unirse para mostrar un núcleo lo más sólido posible y trataron atontados, shockeados y ensangrentados organizar la defensa.

Es evidente también que el ataque a los carros civiles, transtornó la columna imperial, ya que muchas de esas mujeres y niños, eran familia de los legionarios que luchaban, y serían la semilla de la provincia de Germania Magna. El desorden, y la angustia se sumaron al desbarajuste ocasionado por la poca visibilidad en medio del chubasco, la imposibilidad de adoptar el orden de batalla cerrado por la dificultad del terreno empantanado y lleno de arboles y la estupefacción ocasionada por una fuerza del ataque germano.

A la mañana siguiente Varus y sus oficiales ordenaron quemar todo el bagaje superfluo mientras veían como sus enemigos se reagrupaban para el ataque final. La disposición era abandonar el campo de batalla, sembrado de vísceras, miembros humanos y cadáveres. Quizás si alcanzaban el fuerte Alisum, o por lo menos salían a campo abierto, las legiones tendrían una mejor oportunidad ante el asedio germano.

El enigma obvio en este punto es como es posible que la fuerza legionaria, la mejor del mundo, fuese tan duramente golpeada, y que se resquebrajara como fuerza organizada ante el ataque bárbaro, cuando estos guerreros estaban mucho menos equipados defensivamente, y no poseían un equipo de guerra equiparable .

La respuesta parece ir mucho más allá de la sorpresa, los proyectiles con camiseta metálica, lo difícil de la geografía o la imprudente desorganización de la marcha. El valor y el salvaje arrojo de los germanos guiados por una mano competente como la de Arminius, que como ex legionario sabía donde y como golpear, pueden aclarar este punto.

Pero la explicación definitiva pude encontrarse en el hecho de que por primera vez en la historia un grupo de tribus reunidas bajo el comando de un líder audaz, estaba sembrando casi sin querer la semilla de la nación alemana, era un ya un pueblo unido, “ein volk” decidido a defender su libertad.

La prioridad de Varus y sus centuriones era entonces encontrar un terreno donde desplegar a los manipulos de manera correcta y proseguir la marcha.Sin embargo se logró un avance muy pobre. Rodeados por todas partes y sometidos a un ataque incesante, los romanos tuvieron que repetir por segunda vez la pesadilla insomne de la noche anterior.

“El siguiente día (el tercero) avanzaron en un orden un poco mejor, llegando a alcanzar campo abierto no sin sufrir perdidas . Al salir de ese sector se introdujeron nuevamente en el bosque, donde se defendían de sus atacantes sufriendo grandes bajas. Desde que tuvieron que formar sus líneas en espacios estrechos, en un orden en el que la caballería y la infantería juntas intentaban detener al enemigo, chocaban frecuentemente unos contra otros y contra los arboles” Cassius Dio Roman History 56:18-24

Después de este nuevo pero breve intento de avance, las tropas imperiales se vieron en la necesidad de preparar un terreno fortificado donde guarnecerse de los asaltos germanos y preparar una contra ofensiva que rompiera el cerco enemigo. Los legionarios se hicieron fuertes
tras sus improvisadas defensas y soportaron los ataques.

Esa noche entre los gritos habituales de los atormentados entre los que no deben haber faltado los desgarradores alaridos de los quemados vivos, ( viejo y conocido tratamiento germano contra sus enemigos ) los romanos deben haber llegado a la convicción de que si al día siguiente no se abrían paso, ni uno sólo de ellos saldría vivo de ese de ese enloquecedor y lugubre bosque.

Sin embargo los legionarios ya habían llegado al límite de sus fuerzas; después de 3 agotadores días de combate llenos de sangre, terror y muerte, y tres noches de haber dormido poco mal o nada, la desesperación comenzó a apoderarse de estas tropas que habían mostrando largamente prodigios de valor, pero no había sido suficiente.

En el stress de la batalla se deben haber dado cuenta por la incesante llegada de enemigos, que esta vez luchaban contra toda la nación sublevada. Los germanos así como harían luego con la cabeza de Varus, muy probablemente habrían enviado a las tribus indecisas toda clase de trofeos y miembros mutilados, instándolos a que se unan a la aniquilación de sus rivales.

El cuarto día, un encapotado cielo gris pareció ser un triste presagio de lo que sucedería. Un lluvia constante y feroz, acompañada de lo que parecen ser una racha de vientos casi huracanados se abatieron sobre el ensangrentado campo de batalla.

La hora decisiva había llegado.

LA CAIDA DEL AGUILA

Al cuarto día de combate, Varus y sus oficiales decidieron retomar la iniciativa mediante una embestida, que rompería el anillo alemán y les permitiría salvarse. Según las evidencias encontradas en el campo de batalla, muchos soldados antes del asalto decidieron enterrar su salario y otros bienes, en lugares donde después pudieran recuperarlos. Los recuperarían los arqueólogos casi dos mil años después.

Esto prueba que muchas de estos romanos ya estaban en el límite de su resistencia, y por primera vez en muchos años, dudaban de la victoria. Se pusieron en marcha en medio de la lluvia con las pocas armas arrojadizas que les quedaban, avanzando lentamente en medio del terreno mojado y con las corazas y armas defensivas empapadas y pesando mucho más que lo normal, debido a que muchas de ellas se fabricaban en cuero forrado de algodón.

Atrás en el campo fortificado, quedaron los heridos más graves, los civiles y algunos hombres para cuidarlos hasta que pudieran venir por ellos. Al llegar a la colina de Kalkriese las legiones optaron por subir la colina, según se dice porque los bárbaros habían derribado gran cantidad de arboles y habían construido una empalizada llena de obstáculos en el camino, que seguramente dividiría más la formación.

Desde la cima comenzaron a caer rocas y jabalinas, pero los romanos avanzaban orgullosos, muriendo en el intento. Arminius rápidamente reunió todos los hombres disponibles y los envió a reforzar las sucesivas posiciones germanas que comenzaron a ceder pero no se quebraban y devolvían golpe por golpe.

Entre los rugidos de guerra romanos o barritus , los pedidos de clemencia desgarradores, los alaridos de dolor, los relinchos de los caballos, los gemidos de los mutilados, las vociferantes embestidas de gigantes bàrbaros rubios con el rostro pintado de rojo que repartían hachazos y tajos de espada , en medio de ese espanto, los ejércitos encontraron un punto donde nadie quería retroceder, porque sabían que el derrotado no sobreviviría.

Las legiones ya totalmente agotadas, diezmadas y acometidas sin pausa, perecían de pie en un gran charco de sangre que se retorcia adolorido y aullante. Los lideres alemanes se dieron cuenta que todo el ejército imperial se tambaleaba y lanzaron un contraataque demoledor.

Las aguilas de los legiones XVIII y XIX, el símbolo mismo del poder militar del pueblo romano, los estandartes de su ejército, fueron capturados después de dar una muerte brutal a los portadores o aquilifers . El aguila de la legio XVII desapareció de la historia, algunos dicen que fue también capturada, otros que su portador en el colmo de la pena y el orgullo se arrojó a uno de los pantanos para hundirse con esta.

El fin había llegado

DIE VARUSSLACHT ( la derrota de Varus )

A esas alturas Varus se dio perfectamente cuenta de las trágicas consecuencias de su obstinación, y de lo que le pasaría si era capturado. Algunas fuentes dicen que le pidió a su esclavo que lo matara. Otra dice que puso su espada contra el piso y se dejo caer sobre ella.

En todo caso llega a nosotros la dramática resolución de un hombre totalmente deprimido y en el borde de la locura y desesperación. Su suicidio no fue el único, muchos de sus oficiales se abrieron las gargantas o los pechos con sus propias espadas, como correspondía a lo que los legionarios consideraban una muerte con honor, es decir morir con sus hombres antes que entregarse prisioneros.

Sin embargo dentro de ese ambiente frenético muchos romanos a diferencia de algunos de sus jefes y soldados, intentaron huir. El comandante de la caballería Vala Numonio entró en panico, y abandonó el campo de batalla con algunos hombres, sin embargo fueron alcanzados, acorralados, y destrozados:

“Vala Numonio dio un grave ejemplo de cobardía al abandonar a la infantería y huir tratando de alcanzar el Rhin con sus escuadrones de caballería. Sin embargo la fortuna vengó este acto, porque no sobrevivió a aquellos a quienes había abandonado, muriendo en pleno acto de deserción”. ( Velleius Paterculus, Roman History 2.119.4 )

El centurión Ceionius por su parte, esperaba con sus heridos y guardias dentro de la fortificación el desarrollo del combate. Un atardecer con el horizonte teñido de fuego fue marco de la destrucción de su tropa. Totalmente superado por el furioso contraataque germano, y con muchas brechas por las que entraba el enemigo, decidió finalmente rendirse para evitar el degollamiento de los legionarios a su mando.

Tenemos sin embargo claras referencias que la rendición no fue aceptada y los romanos fueron masacrados de manera atroz. A un prisionero le cortaron la lengua al grito de “Ahora serpiente dejaras de sisear”, otros según Tacitus que citaba a Plinio “el viejo”, comandante que años después pudo conversar directamente con algunos sobrevivientes, nos habla acerca de quemados vivos ofrecidos a los dioses en altares de victoria; a otros los crucificaron, y no faltaron las extracciones de ojos.

Caldo Celio se hizo pedazos el cráneo con las mismas cadenas con las que había sido maniatado después de ver el impresionante suplicio de sus compañeros, otros fueron mutilados o decapitados y sus cabezas sirvieron de trofeos.

Varias horas después, probablemente asqueados por su propia crueldad, por la necesidad de esclavos que fueran testimonio vivo de la derrota de las hasta entonces invencibles legiones, o simplemente agotados después de muchos días de lucha y ebrios por los brebajes con los que habrían celebrado la victoria, los hombres de Arminius pusieron fin a la masacre.

Si consideramos que en nuestros días la destrucción de un convoy de 20 mil personas sería considerado una tragedia de proporciones, imaginemos entonces la catastrofe que fue hace dos mil años el sacrificio de la expedición de Varus.

Nunca más el imperium romanun intentaría asentarse a gran escala al otro lado del Rhin.Luego ataque incesante para evitar el despliegue defensivo eficiente, aprovechar la espesura de la maleza para minimizar el efecto de los venablos, saetas y flechas que seguramente dispararían los escuadrones romanos y a la vez disparar hacia la columna enemiga sobre cubierto, atacar a los civiles para maximizar el terror y la confusión, y sobre todo lograr la sorpresa.

Una vez pactado el plan de la emboscada, los germanos se ubicaron en las cercanias de lo que ahora se conoce como la colina de Kalkriese (actual sector de la Baja Sajonia y Renania del norte, Westfalia), en el bosque de Teutoburg y esperaron pacientemente.

Arminius por su parte se dirigió hacia el campamento romano para seguir engañando a Varus, sin saber que un pariente cercano lo estaba traicionando.

DETENLOS A TODOS ¡!

A pesar de la aparente tranquilidad entre los expedicionarios imperiales, comenzaron a llegar noticias alarmantes sobre sublevaciones en varios puntos del territorio. Esto sin embargo no logró conmover a Varus. Tampoco hizo nada por variar el orden de marcha, ni enviar espias, exploradores o equipos de vanguardia. Sin embargo parece evidente que los legionarios en general estaban llenos de confianza en el poder y en la fuerza de su ejército.

Las formaciones militares romanas eran en su enorme mayoría veteranas de varias guerras y tenían amplia participación en combates. A pesar de toda esta experiencia los errores continuaron. No obstante las constantes advertencias acerca de un muy probable ataque masivo sobre los legionarios, estos siguieron calmada y lentamente su camino, debido sobre todo a la dificultad que ofrecía el terreno lleno de arboles y pantanos, y a los civiles con pesados carromatos que los acompañaban.

Fue entonces que Varus cometió uno de los peores errores de la campaña. Sucedió que Segestes, padre la esposa de Arminius, -Thusnelda- advirtió abiertamente al comandante romano que Arminius encabezaría una gran rebelión y que preparaba una emboscada. Solo había una forma de cortar el problema : Debes -dijo el rencoroso suegro- detener a todos los jefes germanos que acompañan a Arminius, incluso a mí, y luego somete a tormento a tus prisioneros para que confiesen su plan!!!

Varus sin embargo estaba al corriente de viejas rencillas entre Segestes y su yerno por motivo de la rubicunda Thusnelda, quién había escapado a un matrimonio arreglado por su padre para irse con Arminius, a quién profesaba un amor y una devoción encomiable.

Por lo tanto Quinctilius Varus no sólo rechazó las puntuales advertencias de Segestes, sino que además lo acusó de estar calumniando a uno de sus hombres de confianza.

Aunque no se sabe con exactitud el número de germanos que aguardaban en la espesura del bosque de Teutoburg la llegada de sus enemigos, se calcula su número en no menos de 25 mil. Estos bárbaros que esperaban la señal para activar su enorme emboscada, estaban destinados a cambiar la historia del mundo.

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En el año 13, Julio César Germánico invadió la misma área con 50 000 hombres, enterró a los muertos de las legiones de Varo y llevó a cabo escaramuzas en toda la zona circundante.

Arminio resistió con éxito una serie de batallas y estuvo a punto de aniquilar otro ejército romano comandado por Cecina en la batalla de los puentes largos; pero la firme resistencia de las legiones, sumado a la indisciplina de su tío Inviomerus, quien atacó el campamento romano demasiado pronto, salvó a Cecina de sufrir el destino de Varo. Cecina retrocedió con tropas algunos kilómetros, mientras los guerreros de Inviomerus saqueaban el campamento.

La batalla de Teotoburgo

La esposa de Arminio

En el año 15, Germánico atacó otra vez los asentamientos germanos y capturó a Thusnelda, la esposa de Arminio, que fue entregada a los romanos por su propio padre Segestes como un acto de venganza contra Arminio. Segestes la había prometido como esposa a otro hombre, pero Thusnelda se había escapado con Arminio y se había casado con él después de la victoria del bosque de Teutoburgo. Segestes y su clan eran clientes de los romanos y se oponían a la política libertadora de Arminio (lo mismo que hizo Flavo, el hermano de Arminio).

Arminio fue instado por Flavo a que colaborara con los invasores latinos, pero él se negó. Y se entabló una gran batalla entre Arminio y los romanos en la Idistaviso, probablemente cerca de Minden. Pero no pudo recuperar a su esposa.

Thusnelda fue llevada a Roma, exhibida en el desfile de la victoria de Germánico en 18, nunca volvió a ver su tierra ni a la familia y desapareció de la historia. Tumélico, el hijo de Arminio que ella tuvo en cautiverio, fue entrenado como gladiador en Rávena y murió antes de los 30 años de edad en un encuentro de gladiadores.

La última batalla

La última batalla importante entre Germánico y Arminio, con grandes pérdidas por ambas partes, tuvo lugar en el año 16 en Idistaviso (Angrivarierwall) cerca del río Weser. Los romanos evitaronderrotaron a Inviomerus fue incapaz otra vez de atenerse al plan de batalla. Pero de todos modos, esta batalla marcó el fin de los onerosos intentos romanos de subyugar el norte de Alemania.

Legionarios romanos

Germánico se alzó con la victoria y se mantuvo un tiempo en la región hasta que el emperador decidió evacuar un territorio considerado inhóspito y poco productivo. Recién entonces, los germanos vieron su tierra libre de invasores. Tácito tenía razón al llamar a Arminio “el hombre que libertó Germania”. Sus tácticas traicioneras debilitaron el poder romano en la región y lo forzaron a replegarse hasta el Rin y el Danubio, fronteras que recién lograrían atravesar (los germanos) cuando la decadencia y debilitamiento del imperio.

Alianza rota

Una vez que Roma se retiró detrás del Rin, una guerra rompió la alianza entre Arminio y Marbod, el rey de los marcomanos (marcomanni) en la moderna Bohemia (en República Checa), el otro líder importante de la época. Arminio había tratado repetidamente de formar una alianza sólida contra los romanos (incluso le envió la cabeza de Varo después de la victoria de Teutoburgo), pero Marbod no quería actuar como un soporte de Arminio.

Muerte a traición de Arminio

La guerra terminó con la retirada de Marbod, aunque Arminio no le persiguió, ya que estaba enfrentando serias dificultades con la familia de su esposa y otros líderes prorromanos. En el año 21 d. C., a la edad de 37 años, fue asesinado a traición por miembros de su familia política.

Legado

Arminio no quedó solo en la historia de la lucha contra los romanos. El siglo XIX fue testigo de la resurrección de muchos antiguos líderes guerreros que fueron usados como símbolos por los nacionalistas: los franceses explotaron a Vercingétorix, los belgas a Ambiórix, los holandeses a Julio Civil (Julius Civilis) y los británicos a la reina Boudica. La diferencia es que todos ellos fueron derrotados por los romanos; en cambio, Arminio es el único que los venció.

Mención aparte merecería el caudillo lusitano Viriato; también venció a los romanos, pero nunca fue vencido, al contrario que el germano.

Museo de Kalkriese Cartel propagandístico del partido nazi (1932), utilizando la figura mitificada de Arminio (Hermann) tal como aparece en el monumento de casi sesenta metros de altura dedicado al guerrero germano en Detmold. El monumento fue inaugurado por el Kaiser Guillermo I en 1875, en plena euforia por la victoria en la guerra franco-prusiana (1870-71) y la unificación

MOMMSEN Y UN MAYOR INGLÉS
Desde el siglo XVII, los campesinos de esta región encontraban en sus campos monedas romanas. En el XIX Theodor Mommsen (1817-1903), el sabio universal autor de una Historia de Roma que mereció el Premio Nóbel de Literatura en 1902, las hizo examinar, estableció la relación temporal con la batalla y llegó a la idea de que el lugar de Kalkriese, “entre una montaña y un pantano”, podía haber sido su escenario. Su hipótesis quedó cubierta por otros setecientos lugares de Alemania que se atribuían, con más voluntad que fundamento, el honor de haber sido el escenario de tan patriótica batalla. Fue un mayor del ejército británico estacionado en Alemania y destinado en Osnabrück, llamado Tony Clunn, quien, en 1987, armado de un detector de metales, la hipótesis de Mommsen y un mapa con los hallazgos de monedas en el lugar, levantó la liebre. Clunn encontró 160 monedas juntas y tres piedras del tamaño de una almendra con cáscara, que eran proyectiles de honda como los usados en el ejército. Veinte años de excavaciones arrancan de esos hallazgos.

“Al principio pensamos que podía tratarse de un campamento”, explica Susanne Wilbers-Rost arqueóloga en el lugar desde 1990. Los legionarios ganaban en aquella época unos 225 denarios al año y muchos llevaban consigo sus ahorros, lo que explica la abundancia de monedas perdidas en el caos de la batalla y no saqueadas por los vencedores. Luego se empezaron a encontrar restos de armas, huesos de hombres y animales, restos de corazas, indicios de un parapeto. De los dientes de una mula se dedujo que había estado recientemente en la zona mediterránea. Al final se puede concluir que, “lo de aquí no fue una simple escaramuza, sino una batalla brutal e importante” y que, “en ningún otro lugar se han encontrado tales indicios”, lo que convierte a Kalkriese en el escenario más plausible.

EL LIMES ROMANO EN EL SIGLO III
En siglo III dC saqueadores germanos penetraron en el Imperio en diversos ataques. Durante mucho tiempo se consideró que las líneas fronterizas fortificadas del Limes en el alto Rin y en el curso superior del Danubio, habían caído en un súbito y masivo ataque germano, que eliminó toda vida romana a lo largo de la frontera. Hoy esa teoría debe ser matizada. En el 213 dC bandas germanas atacaron la frontera por primera vez. El ejército romano contraatacó y se restableció la paz por veinte años. Entonces, los Alamanes penetraron en el Imperio, aprovechando que muchas tropas de aquella frontera habían sido enviadas a otras zonas bélicas del Imperio dejando desprotegida la línea. Como consecuencia de nuevas retiradas, se produjeron nuevas invasiones que sembraron inseguridad en las provincias occidentales. Crisis económicas y luchas por el poder entre emperadores rivales, intensificaron la crisis del Imperio. La situación no se estabilizó hasta los años ochenta, aunque para entonces los romanos ya habían abandonado los territorios imperiales al este del Rin. El objetivo de las incursiones germanas no era la conquista, sino el botín, con el que los caudillos mantenían unida a su tropa. Una lógica, aun actual, animaba el impulso: poder para hacer la guerra, y hacer la guerra para mantener, o aumentar, ese poder.


Museo de Kalkriese Botín germano de objetos romanos

http://www.lavanguardia.es/

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La arqueología ha reconstruido el escenario y circunstancias de la mayor victoria germana sobre el Imperio de Augusto en un bosque de Alemania, hace dos mil años

Hace dos mil años, en el año 9 de nuestra era, hubo una batalla cerca de Osnabrück, en el noroeste de Alemania. Tres legiones romanas al frente de Publio Quintilio Varo, unos 15.000 hombres, fueron exterminadas por un caudillo germano llamado Arminio. Fue la famosa derrota de Varo (clades Variana) en el bosque de Teutoburgo, una de las mayores del imperio, desde la de Craso ante los partos en el 53 a.C. y la de Antonio en el 36 a.C.

Muchos siglos después, Arminio fue convertido por el nacionalismo germano en mito nacional. Transformado en “Hermann”, el Viriato o Don Pelayo alemán, su gesta, evocada por Lutero en el pulso con el catolicismo romano, inspiró la lucha contra Napoleón, acompañó la guerra franco-prusiana de 1870 y la unificación bismarckiana, y se mantuvo hasta el nazismo. Hoy, Alemania dedica al bimilenario del evento una macro exposición dotada con doce millones de euros, que ha sido inaugurada por la Canciller Angela Merkel.

La aniquilación de más de diez mil legionarios al final de la época de Augusto, en el apogeo del Imperio, no fue guión que entusiasmara a los clásicos latinos. Sus crónicas evocan de pasada tan desagradable asunto. Tácito, que escribe un siglo después, sólo dedica en sus “Anales” una breve referencia a la batalla, narrando el regreso a su escenario de una fuerza militar al mando de Germanicus, seis años después de los hechos.

“Acompañados de algunos supervivientes del desastre visitaron el lugar, con sus horribles visiones y asociaciones. En el centro del campo estaban los huesos blanqueados de los soldados, cada uno en el lugar donde había caído defendiendo su posición o huyendo, esparcidos por el suelo o apilados. Cerca había restos de armas, huesos de caballos y también cabezas humanas, clavadas en los troncos de los árboles. En las arboledas cercanas estaban los bárbaros altares en los que tribunos y centuriones habían sido sacrificados”. En ese ambiente, los soldados de Germanicus enterraron los restos, “sin saber si se trataba de propios o extraños”, escribe Tácito.

Unos veinte años después de los hechos, Velleius Paterculus dedica también unas líneas al suceso citando a testigos presenciales. En su “Historia Romana”, Velleius promete abundar en el tema en una obra posterior, pero, o no lo cumple, o esa obra se perdió, explica la arqueóloga Heidrun Derks, que lleva nueve años excavando aquí. La principal y mejor fuente sobre la batalla es Cassius Dio Cocceianus que escribió en el siglo III y utiliza fuentes escritas, hoy perdidas, de coetáneos. Este autor describe con claridad una enorme y mortífera emboscada:

“Estalló una tormenta y empezó a llover. El suelo estaba embarrado y resbaladizo, cada paso era un peligro. Los árboles se rompían y los árboles caídos complicaban el avance. En tal situación, les cercaron los bárbaros que se conocían todos los atajos. Surgieron inesperadamente de todas partes, entre las mayores espesuras del bosque”.

Con ayuda de estas crónicas y cierta dosis de azar, como suele ocurrir en esta ciencia, la arqueología ha reconstruido las circunstancias y la más que probable localización de aquel drama en Kalkriese, veinte kilómetros al norte de Osnabrück y a unos ochenta de la frontera holandesa. El lugar es hoy un espacio boscoso tomado por los autobuses de jubilados y colegios, que lo visitan en multitud, pero no cuesta imaginarse la escena: bajo una tormenta otoñal, un gran ejército en el camino de regreso a sus cuarteles de invierno, ajeno al peligro e inducido por una traición a pasar por un largo y en algunos lugares angosto paso, entre una montaña, al sur, y una gran zona pantanosa, al norte. Los germanos habían preparado empalizadas y baluartes que dominaban el lugar.

Setenta años antes, César había establecido el Rin como frontera oriental del Imperio pero medio siglo después una docena de establecimientos y algunos grandes campamentos al este del río, confirmados por la arqueología, daban fe de los planes de creación de una nueva provincia, más allá de aquel límite. El encargado de organizarla era Varo. El Cónsul era una persona madura y experimentada, tenía más de 50 años al morir en el desastre. Era un hombre de crisis, a quien Augusto había encomendado asuntos difíciles en Palestina y Siria, donde crucificó a 2000 rebeldes, lo que sugiere que se conocía la dificultad de su nueva empresa. Su derrota puso fin al proyecto de la nueva provincia. Los romanos siguieron paseándose al este del Rin -sus exploraciones llegaron hasta el Elba- pero ya sin intención de asentarse.

Arminio /Hermann era hijo de un jefe querusco y había combatido en el ejército romano, al que conocía bien. Tenía 26 años. Dirigía una tropa auxiliar germana y había sido elevado al título de caballero. Era un aliado y amigo de Varo. El Cónsul recibió confidencias sobre su planeada traición pero no las creyó. Fue Arminio quien llevó al ejército romano a la trampa del bosque de Teutoburgo, sugirió una variación en la ruta, y desapareció del convoy con una excusa.

“Sabía por experiencia que al ejército romano no se le podía vencer en campo abierto y también que los legionarios en marcha, cargando unos 40 kilos, necesitaban algunos instantes para ponerse el equipo, desanudar el casco que llevaban colgando bajo el tórax, desarmar el petate de la lanza, preparar las armas, etc.”, explica Dersk. Sin sus protecciones de hierro, los romanos estaban mucho más a la par con los germanos, que eran más ágiles por carecer de impedimenta, y en aquella ratonera no había espacio para organizar formaciones de combate. Según Cassius Dio, la matanza duró cuatro días y tuvo varios escenarios. La arqueología lo ha confirmado encontrando 5000 muestras romanas, incluidas 1600 monedas, armas y una máscara de caballero que es la joya de la exposición y emblema de la batalla, extendidas a lo largo de 11.000 metros cuadrados excavados y 30 kilómetros cuadrados examinados.

Muy pocos escaparon. Varo, herido se suicidó. Su cabeza fue enviada por Arminio a Marobod, rey de los marcomanos, con una oferta de alianza contra Roma, pero éste, temiendo la ira romana, la envió a Roma donde fue finalmente enterrada en el panteón familiar con todos los honores.

“Fue una derrota enorme, sicológicamente tanto más dura e inesperada si se piensa que los romanos llevaban treinta años guerreando en Germania y creían que el capítulo militar ya había pasado”, dice la arqueóloga. La pérdida de las águilas de las tres legiones aniquiladas, la XVII, XVIII y XIX, era la mayor deshonra. Los números de esas legiones no se restablecieron en el ejército de Augusto, que contaba con unos 300.000 hombres en todo el Imperio, incluidas tropas de apoyo. La búsqueda de las águilas comenzó al año siguiente. Seis años después, Germanicus recuperó dos de ellas y tomó presa a Thusnelda, la mujer de Arminio, lo que enriqueció el mito romántico de Hermann. El propio caudillo germano fue asesinado cuatro años más tarde, en el año 19, por sus propios parientes.

La leyenda de Hermann aparece a partir del siglo XVI. Fue alimentada por el propio Lutero quien dijo que si hubiera sido poeta le habría gustado loar a Hermann. La historia contenía, “buena sustancia para óperas barrocas y novelas”, dice Derks. Alcanzó hasta el nazismo. En 1934, la obra del romántico Henrich von Kleist “Die Hermannschalcht” fue representada en 150 teatros del país y celebrada como quintaesencia del teatro nacional-socialista.

AUTOR: Rafael Poch.

FUENTE: http://www.lavanguardia.es/cultura/noticias/20090822/53770036099/la-derrota-de-quintilio-varo.html

  1. (2004) Libros I–XXXV (fragmentos). Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2728-8.
  2. (2004) Libros XXXVI–XLV. Madrid: Editorial Gredos. ISBN 978-84-249-2729-5.
  • Kovaliov, Serguei Ivanovich (1998). Historia de Roma. Traducción del ruso a cargo de Domingo Plácido Madrid: Akal Ediciones. ISBN 978-84-460-2822-2.
  1. Volumen I: Libros I–III. 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1492-9.
  2. Volumen II: Libros IV–VIII. 1992 [1ª edición, 2ª impresión]. ISBN 978-84-249-1494-3.

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11 nov 09

Publio Quintilio Varo fue la vergüenza de Roma.Él sufrió la mayor y vergonzosa  derrota:La de Teotoburgo.

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También llamada Batalla de la selva de Teutoburgo o Desastre de Varo, la Batalla del bosque de
Teutoburgo fue un encuentro armado que tuvo lugar en otoño del año 9 entre la tribu germánica
de los queruscos, acaudillados por Arminio, y tres legiones romanas (la Legión XVII, la XVIII y la XIX)
comandadas por Publio Quintilio Varo, gobernador de la provincia Germania Magna, que se extendía hasta el Elba.

Las legiones romanas acuarteladas el año del desastre en la frontera germana  eran la XIV , la XVI, la XVII, la XVIII y la XIX. Disponían estas unidades de acuartelamientos de invierno en este lado del Rhin, pero el resto del año acampaban en tierras germanas, sin que se sepa el lugar exacto, ya que  variaba dependiendo de las circunstancias o necesidades del momento. De los auxiliares poco se sabe con certeza, aunque gran parte de ellos ocupaban los numerosos  fuertes romanos conocidos en territorio germano.

Los auxiliares aliados no eran muy numerosos, cosa que cambia cuando se trata de llevar adelante una campaña militar, reclutándose entonces gran numero de unidades de los pueblos sometidos o aliados.

www.romaguerratotal.com/sutra61825.ph: El juego

LOS PROTAGONISTAS

Por parte de Roma

Quintilio Varo durante su etapa como gobernador de Africa.

Publio Quintilio Varo ( * 46 BC, en Cremona, †  9 d.C. en Germania )

Era un patricio romano, nieto del senador Sexto Quintilio Varo  e hijo del también llamado   Sexto Quintilio Varo, participante por el bando republicano en la guerra civil y que se suicidó tras la batalla de Filipos( 43 a.C.)

A pesar de  la filiación política de su padre, Publio Quintilio Varo apoyó a Octavio desde el principio e incluso llegó a emparentar con él, pues estaba casado desde el 14 d.C. con la hija de Agripa, Vipsania Marcela, nieta de la hermana de Augusto,Octavia la menor

Archivo:8106 - Roma - Ara Pacis - Ottavia Minore - Foto Giovanni Dall'Orto - 30-Mar-2008.jpg

Octavia Turina u Octavia la Menor,hermana de Octavio Augusto(Nola , 64 a. C. – Roma 11 a.C.)

Vipsania Marcela Agripina, (27 a. C. - ?), también conocida como Marcelina, fue la única hija del político y militar romano Marco Vipsanio Agripa con su segunda esposa Claudia Marcela Maior. Fue la primera nieta de Octavia la Menor y la primera sobrina-nieta del primer emperador romano Cayo Julio César Augusto Octaviano.

Alrededor del 14 a. C., se casó con el general y político romano Publio Quintilio Varo,[1] o con Marco Emilio Lépido.[2] Si se casó con este último, un hijo suyo sería conocido por una dedicatoria en la basílica Emilia.[3] Poco se sabe acerca de este matrimonio, ni si tuvieron hijos.

Según Tácito, ella no murió de parto o por causas naturales. El historiador afirma que los hijos de Agripa murieron en batalla, de inanición o envenenados. Sin embargo, puede que se refiera exclusivamente a los hijos de Agripa con su mujer Julia la Mayor, la hija del emperador Augusto, ya que el historiador no menciona específicamente el nombre de Marcelina. No se sabe a ciencia cierta la fecha de su muerte.

En los libros de Robert Graves Yo, Claudio y Claudio el Dios, la emperatriz romana Livia Drusilla la acusa de incesto con su difunto padre, lo que la conduce al suicidio.

Referencias

  1. Hipótesis rebatida en M.Reinhold,Publio Quintilio Varo, yerno de Agripa,en Cph 67 (1972),pp 119-121
  2. R.Syme,The Augustan Aristocracy,Oxford 1986
  3. Tácito,Anales III,19.3

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Veleyo Paterculo describe a Varo como un hombre amable, moderado e inclinado a los placeres del ocio más que a los sacrificios derivados de la vida militar. Su Cursus Honorum comenzó con la cuestura en el  año 22 a.C.

En el año 15 a.C. fue Legado en la provincia de Asia, Cónsul en el 13 d.C. teniendo como colega al propio futuro emperador Tiberio.

Del año 9 a.C. al 8 a.C. fue gobernador en África y del 6 a.C. al año 4 a.C. al frente del gobierno de Siria, con cuatro legiones bajo su mando, provincia que dicen recibió rica siendo el pobre y que dejó pobre ,habiéndose convertido él en rico.

El historiador judío  Josefo menciona la dura acción de  Varo contra la revuelta en Judea a la muerte de Herodes el Grande, el rey cliente de Roma, el 4.d.C.

Tras ocupar Jesusalén, mandó crucificar 2000 judíos rebeldes , el comienzo del sentimiento anti-romano en  Judaea

Following the governorship of Syria, Varus returned to Rome and remained there for the next few years. Following his first wife’s death, he married Claudia Pulchra, daughter of Claudia Marcella Minor (daughter of consul Gaius Claudius Marcellus Minor and Octavia Minor, elder sister of Augustus) and consul Aemilius Lepidus Paullus (nephew of Triumvir Marcus Aemilius Lepidus). She was a great niece of Augustus, which shows that Varus still enjoyed political favour. They had a son, Quinctilius Varus.

En el año 7 recibe el gobierno de Belgica como legatus Augusti pro praetore.


ArminioArminio o Hermann (16 o 17 a. C. a 21 d. C.) fue un caudillo querusco, germano de nacimiento pero ciudadano romano. En septiembre del año 9 d. C. aniquiló el ejército romano de Publio Quintilio Varo en la batalla del bosque de Teutoburgo.

Hijo de Sigimero, líder de los Queruscos, nacido el año 19 a.C. y muerto el 19 de nuestra era. Entregado de joven como rehén a los romanos, de ellos aprendió sus costumbres, su idioma, sus leyes y su forma de combatir, sirvió en las fuerzas auxiliares y, recompensado por su lealtad, recibió la ciudadanía y mas tarde fue elevado al rango de caballero, en definitiva, parecía haber hecho todo lo posible para ganarse los favores y la confianza de Roma. Como no podía ser menos, se nos lo describe como un personaje astuto, valiente, rápido en comprender, el mas listo de entre los de su raza.

Arminio, el hombre que humilló a Roma
Roma encontraba en la cima de su poder. Tras la proclamación de Augusto como Princeps  Senatus y darle una serie de poderes(potestas tribunicia, imperium domi militiaeque , etc.) Roma vivió una época de esplendor y  solamente los partos en el este,  parecían un rival digno

En la frontera del Rin vivían unas tribus de bárbaros germanos que no parecían una amenaza seria para la espléndida civilización latina.
Octavio Augusto quería extender las fronteras romanas e incorporar Germania a los dominios romanos. La estrategia empleada fue similar a la que había utilizado Julio César en la Galia: aliarse con unas tribus para enfrentarse con otras. Algunos hijos de la nobleza germana eran enviados a Roma como rehenes para educarse allí y servir en las legiones.
Uno de estos hombre fue Arminio, de la tribu de los querucos,

llegó a ser eques y participó en algunas campañas de Roma contra  los

panonios.

–El-Hermannsdenkmal,—monumento    dedicado a Arminio junto al   bosque de Teutoburgo.

los panonios.

Pero Arminio no se sintió cautivado por el esplendor del poderío romano, sino que fue cultivando un odio hacia los que veía como los invasores.
En el año 7 d.C. volvió a su tierra, debía asesorar al gobernador romano de la Galia, Publio Quintilo Varo, para incorporar los territorios de Germania al Imperio. El avance de las legiones pareció un éxito en un primer momento y llegaron hasta el Elba si excesivos problemas.
Pero Varo estaba confiado. Pese a tener a sus hombres sobre el terreno, la conquista no estaba consolidada. Las tribus sólo aceptaban la dominación aparentemente, y Arminio conspiraba a espaldas del gobernador romano para crear una alianza de tribus para expulsar a los invasores.
El gobierno despótico de Varo, provocó que Arminio tuviera éxito a la hora de unir a tribus que hasta la fecha habían sido enemigas eterna. Queruscos, marsios, chatti, y brúcteos, se prepararon para expulsar a Roma a finales del verano del año 9 d.C.

A pesar de que las monedas utilizadas para la identificación visual presentaban un fuerte desgaste por el paso del tiempo, los expertos han podido devolver a Varo su nuez pronunciada, una nariz afilada.

La policía alemana ha utilizado los métodos mas modernos de identificación para reconstruir el rostro de Publio Quintilo Varo, el gobernador romano de la provincia de Germania Magna que perdió la vida y tres legiones completas en la legendaria batalla de la selva Teutoburgo.Coincidiendo con el 2000 aniversario de la derrota ante las tribus germanas que conmocionó a Roma, miembros del departamento de identificación visual de la Oficina de Investigación Criminal de Düsseldorf han logrado devolver la cara al responsable de la muerte de hasta 20.000 soldados romanos.

Para ello se han servido de monedas acuñadas con el rostro de Varo cuando este fue gobernador romano en el norte de África, entre ellas una emitida en Achulla, que permite «identificar claros rasgos individuales», explicó hoy el profesor Dieter Salzmann del Instituto Arqueológico de la Universidad de Münster. A pesar de que las monedas utilizadas para la identificación visual presentaban un fuerte desgaste por el paso del tiempo, los expertos han podido devolver a Varo su nuez pronunciada, una nariz afilada, un gesto de boca hacia abajo, párpados caídos y un aspecto general de persona bien alimentada.

Para ello, y en base a las imágenes de las distintas monedas, utilizaron un programa informático especial para la elaboración de retratos robot que permite ir definiendo los rasgos de un rostro hasta reproducir con la mayor fidelidad posible el original. «Lo mas problemático es que las monedas presentaban siempre a Varo de perfil, mientras los retratos robot son siempre reproducciones de frente», señaló Salzmann, quien se mostró satisfecho con los resultados alcanzados por los criminólogos de Düsseldorf.

La elaboración del retrato robot de Varo se produce pocos días antes de la inauguración de varias exposiciones conmemorativas de la batalla de Teutoburgo, en la que miles de germanos acosaron y atacaron durante varios días las legiones XVII, XVIII y XIX, así como varias unidades de caballería y tropas auxiliares, hasta su aniquilación total. El museo romano de Haltern, el museo regional de Detmold y el museo arqueológico de Kalkriese, todos al oeste de Alemania, ofrecerán hasta después del verano la muestra conjunta «Imperio-Conflicto-Mito» sobre la batalla que frenó la expansión de Roma hacia el norte de Europa.

A las órdenes del príncipe germano Arminio, educado en Roma y hombre de confianza de Varo, a quien traicionó para volver con su pueblo, miles de guerreros germanos de distintas tribus coordinaron por primera vez sus fuerzas para expulsar a los invasores. Tras abandonar con sus hombres la columna de tropas de Varo, que tenía la misión de desarrollar la administración romana y recaudar impuestos en los nuevos territorios conquistados en Germania, Arminio dirigió la ofensiva germana que exterminó a las fuerzas de élite romanas.

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La batalla del bosque de Teutoburgo

Varo decidió retirarse hacia sus cuarteles de invierno cerca del Rin. Mientras marchaba con sus tres legiones –la XVII, la XVIII, y la XIX- así como diversas tropas auxiliares ,le llegaron falsas noticias del estallido de una rebelión, lo que provocó que diera un rodeo y se adentrara en una zona de bosques espesos. Arminio colocó a los germanos en los flancos del ejército romano preparado para asestar un golpe mortal.
La fuerza romana sumaba entre 20.000 y 25.000 hombres, pero marchaban dispersados, muy separados los unos de los otros, y la mayoría de tropas eran inexpertas en la lucha en ese tipo de terreno.
Arminio contaba con 18.000 guerreros y su estrategia consistía en sacar el máximo provecho al terreno para derrotar a un enemigo más disciplinado.
Las fuentes no dejan claro el desarrollo del primer ataque. Según algunas investigaciones arqueológicas, parece ser que los bárbaros lanzaron un ataque con dardos y atacaron a los destacamentos romanos que estaban más aislados. A pesar de la furia de este primer envite, los legionarios resistieron el asalto y consiguieron atrincherarse para pasar la noche.
Varo quería llegar a un terreno más despejado donde podría aprovechar la superioridad táctica de sus tropas. El gobernador trató de llegar a un claro, pero Arminio se había anticipado y había preparado una trampa. El terreno consistía en una estrecha franja de terreno despejado ,pero con un bosque y un pantano a los lados, y los germanos habían levantado una empalizada desde donde atacar a los romanos y bloquearon el camino.
Los legionarios cayeron en la trampa e intentaron asaltar la empalizada, pero el pánico cundió entre las tropas, y los germanos aprovecharon para  destrozar  a un enemigo que se descomponía. Algunos oficiales romanos abandonaron a sus hombres en el campo de batalla, y otros resistieron peleando hasta la muerte. Varo consciente de su gran fracaso, se suicidó.
Al final del día, entre 15.000 y 20.000 legionarios yacían muertos, y los estandartes de las tres legiones- las águilas- habían caído en poder del enemigo. El orgullo de Roma quedó hecho añicos.

Revancha romana
La derrota afectó profundamente a Augusto quien en un momento de delirio pronunció la frase que ha pasado a la Historia: ¡Quintilio Varo, devuélmeme mis legiones! (Quintili Vare, legiones redde!).

Los tres  números de las legiones nunca se recuperaron –un caso único, ya que otras legiones destruidas sí que se reconstituyeron posteriormente-.
En el año 14 , con Tiberio ,  se lanzó una ofensiva con un ejército de 70.000 hombres. Llegaron al lugar de la batalla y enterraron los restos de los caídos en la batalla. A pesar de ciertos éxitos, como la captura de la esposa de Arminio, y la recuperación de dos de las águilas de las legiones caídas, los romanos tuvieron que retirarse hacia el Rin ante la resistencia germana.
El tercer estandarte fue recuperado en el año 42. Pero Roma renunciaba a incorporar las tierras más allá del Rin. Las tribus germanas se fueron constituyendo poco a poco en entidades más avanzadas que acabarían desafiando aún más abiertamente al poder romano. Arminio murió asesinado víctima de las intrigas políticas entre las tribus germanas.

Los historiadores calculan que la columna de fuerzas de Varo tenía una longitud de hasta 20 kilómetros y que los germanos la acosaron con una táctica de guerra de guerrillas para fraccionarla e irla destruyendo poco a poco en los profundos bosques de lo que hoy es el occidente de Alemania. A la vista de la derrota total y tras cuatro días y noches de combates incesantes, Varo acabó suicidándose con su propia espada junto a otros oficiales de su tropa, mientras su cabeza, tras ser decapitada, acabó enviada a Roma.

«Quintili Vare, legiones redde!» (¡Varo, devuélveme mis legiones¡), dijo Octavio Augusto al conocer el alcance de la derrota, de consecuencias tan traumáticas, que Roma nunca volvió a formar legiones con la numeración de las tres exterminadas.

*Fuente. La Voz de Galicia

Publicado por Vinas-Turalyon en 11:39

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