11 feb 09


La Doncella, uno de los niños congelados encontrados en la montaña entre Argentina y ChileHace 500 años, en la cumbre del volcán Llullaillaco en el norte de la actual Argentina,  tres niños convirtieron su morada eterna, posiblemente, en la más alta del mundo. Y lo hicieron cediendo sus vidas, obligatoriamente se comprende, para un ritual que aún hoy  sobrecoge y nos enfrenta a los misteriosos ritos antiguos.

Los Niños de Llullaillaco, tres de las momias naturalmente mejor conservadas del mundo, se encontraron en 1999 en los Andes por el antropólogo norteamericano Johan Reinhard, y hoy, después de una larga investigación, pueden contemplarse por primera vez bajo condiciones especiales en el Museo de Arqueología de Alta Montaña de Salta, en Argentina(1.510 km al noroeste de Buenos Aires).

El Niño, La Doncella y La Niña del Rayo se muestran al gran público en vitrinas construidas para emular las condiciones en que se encontraron. Una luz muy baja preside la sala, además de estar sometidas a baja presión y a una temperatura en el interior de su urna de 20 grados bajo cero.

Las tres momias de los niños incasPero la leyenda de estos niños crece y hace estremecer cuando sabemos que fueron víctimas de un ritual, una ofrenda a los dioses  que les llevo a ser cautivos del volcán a tan tierna edad, parece ser que por su perfección física, en el lugar más cercano posible al sol: en la alta montaña, donde fueron encerrados vivos  para convertirse, quizá ,en divinidades protectoras.

http://www.guiacultural.com/guia_tematica/antropologia_arqueologia/Volcan.jpgLa Niña del Rayo tenía apenas seis años. Se encontró sentada con las piernas flexionadas y peinada con dos trenzas pequeñas que salen de la frente. Como señal de otro ritual de belleza su cráneo había sido moldeado para obtener una forma cónica.

Lleva lleva puesto un “sacu”, vestido marrón ceñido en la cintura por una faja multicolor, y sobre sus hombros lleva una “lliclla”, un manto marrón sostenido por un “tupu” (prendedor) de plata.

La llamada Niña del Rayo

Las manos semiabiertas estaban apoyadas sobre los muslos y su rostro en alto mirando hacia el oeste-suroeste. Según las investigaciones, luego de su entierro, el impacto de un rayo quemó parte de su rostro, cuello, hombros y brazos.La Doncella era una joven de unos quince años, y se la encontrocon las pienas cruzadas y flexionadas, sus brazos se apoyaban sobre el vientre y su pelo largo con pequeñas trenzas seguía la costumbre de algunos poblados andinos. Su rostro, maquillado con un pigmento rojo. Debió ser una “virgen del Sol”, una especie de dama elegida para servir a las divinidades.

La Doncella
Su rostro miraba en dirección opuesta a “La Niña del Rayo” y  fue pintado con un pigmento rojo y sobre la boca se observan pequeños fragmentos de hojas de coca. Posiblemente esta joven haya sido un “aclla” o “virgen del Sol”, educada en la “Casa de las Escogidas” o “Acllahuasi”.

El NiñoPor su parte El Niño tenia alrededor de siete años de edad. Sentado con las piernas flexionadas sobre una túnica gris, su cabeza se apoyaba sobre las rodillas. Llevaba el pelo corto, como informa el propio museo de Salta en su web, al uso de los hombres de la élite incaica, y un  tocado con plumas blancas.

Tres imágenes sobrecogedoras, congeladas, representando el pasado y el misterio de la antigua América de los Incas. Tres niños que se convirtieron en dioses a cambio de sus incipientes vidas y de una forma terrible, quizá dormidos con coca de la que se han encontrado muestras en sus bocas. De hecho, y debido a esta técnica hay quien sostiene un misterio casi mágico: estos niños y otros casos similares que se han encontrado en territorios Incaicos, no estarían muertos. Estarían preservados en un estado de congelación, de hibernación, dormidos desde hace cientos de años y asesinados hoy por sus descubridores al no tomar las necesarias medidas.

Esta fantástica teoría sobre una posible paleocriogenización quizá sea demasiado romántica y misteriosa, pero hay quienes están convencidos de ella. En todo caso, a parte de polémicas y dudas, la magia que llevan consigo estas pequeñas víctimas del pasado, es evidente y nos hace soñar.

según los investigadores que estudiaron las piezas, los “Niños del Llullaillaco” fueron los protagonistas de la máxima ofrenda realizada por los incas a sus dioses en una ceremonia denominada “Capacocha”. Su hallazgo fue comparado con el de la momia de Ampato, conocida como “Juanita” en Arequipa.Elegidos por su perfección física y por su condición política y social, los niños fueron conducidos a la cima del volcán, para convertirse en dioses vigilantes y protectores de las comunidades bajo el imperio incaico.

Muestras de cabello de cuatro momias andinas han desvelado un lúgubre secreto sobre la vida de los niños sacrificados por los incas.

La Doncella de Llullaillaco

Los niños eran sometidos a una dieta especial un año antes de ser sacrificados.

Una investigación con ADN demuestra que los incas “engordaban” a los niños durante meses antes de recorrer un largo peregrinación hacia su muerte.

El descubrimiento fue llevado a cabo con análisis de ADN tomado del cabello preservado naturalmente de las momias descubiertas en el sitio arqueológico más alto del mundo, en Llullaillaco.

El estudio, financiado por la fundación británica Wellcome Trust, aparece publicado en las Actas de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos.

Las muestras de cabello fueron tomadas de la cabeza y de pequeñas bolsas que llevaban las cuatro momias descubiertas en el volcán de Llullaillaco, en el noroeste de Argentina cerca de la frontera con Chile.

Entre éstas está la llamada Doncella de Llullaillaco de 15 años, descrita como la “momia perfecta” por su extraordinario estado de conservación y que por primera vez está expuesta al público en Salta, Argentina.

“Éstas son los momias mejor preservadas que se han encontrado en el mundo”, dijo a BBC Ciencia el doctor Andrew Wilson, quien dirigió la investigación en la Universidad de Bradford, Inglaterra.

“Y de ninguna forma hubiéramos podido llevar a cabo el análisis con una muestra destructiva de tejidos como hueso o dientes, así que lo hicimos con el cabello”, afirma el investigador.

ADN e isótopos

Los científicos analizaron el ADN y los isótopos estables de las muestras de cabello para descubrir cómo había sido la vida de estos niños antes de morir.

La Doncella en exhibición

La Doncella ha sido descrita como la momia perfecta, por su extraordinaria conservación.

Los isótopos estables de carbono, nitrógeno, oxígeno e hidrógeno de la dieta se depositan en el cabello del individuo donde pueden permanecer sin cambios durante miles de años.

“El tipo de información que contiene el cabello es ciertamente única” afirma Andrew Wilson.

“Porque nos permiten tener un panorama de los diferentes períodos de la vida de un individuo” agrega.

Así, los investigadores pudieron comprender cómo se preparó a los niños para sacrificio durante un período de varios meses.

Se cree que antes de ser elegidos para el sacrificio, los niños se alimentaban con una dieta de vegetales como papas, lo que sugiere según los investigadores, que provenían de familias de campesinos.

Pero una vez que eran seleccionados, se les “engordaba” con una dieta especial durante un período de doce meses antes del sacrificio.

“La dieta de la Doncella, por ejemplo, tuvo un cambio marcado e incluyó maíz, considerado un producto de élite, y proteína, probablemente proveniente de “charki”, la carne de llama seca” señala Andrew Wilson.

Lo que me parece más escalofriante es que a pesar de que estos niños no entendían lo que les estaba ocurriendo, alguien del Estado inca ya los había identificado y durante más de un año los preparó para sacrificarlos
Dr. Andrew Wilson, Universidad de Bradford

Los isótopos también demostraron que en los 3 ó 4 meses previos al sacrificio los niños comenzaron una peregrinación a las montañas, probablemente desde Cuzco, la capital inca.

“Lo que me parece más escalofriante -afirma Andrew Wilson- es que a pesar de que estos niños no entendían lo que les estaba ocurriendo, alguien del Estado inca ya los había identificado y durante más de un año los preparaba para sacrificarlos”.

Rito

Aunque los científicos no saben con certeza cómo murieron los niños, creen que antes de morir se les dio chicha (una bebida alcohólica de maíz) y hojas de coca.

Posiblemente esto fue para aliviar los síntomas del mal de altura y para “anestesiarlos” ante la muerte.

Los científicos encontraron evidencia de metabolitos de coca en el cabello de las víctimas, particularmente en la Doncella, que tenía altas concentraciones de éstos.

Objetos ceremoniales incas

Los científicos analizaron muestras de ADN de cabello y objetos de las momias.

“Aunque para algunos estas tristes muertes formen parte del contexto de los sistemas de creencias indígenas, no debemos olvidar que los incas también eran imperialistas”, afirma el doctor Timothy Taylor, otro de los autores del estudio..

“Y el tratamiento que dieron a estos niños campesinos pudo haber servido para infundir temor y facilitar el control social en las remotas zonas montañosas”, agrega el científico.

Las momias fueron descubiertas en 1999 en la cima del volcán Llullaillaco, a 6.736 metros de altura.

Se cree que tanto la Doncella como otra de las niñas murieron de frío cuando caminaban hacia la cumbre de la montaña.

Estudios pasados descubrieron que otra de las momias, el Niño de Llullaillaco, de siete años, tuvo al parecer una muerte particularmente terrible.

Su ropa estaba cubierta de vómito y diarrea y en la cara muestra una expresión de terror.

Se cree que su muerte fue causada por asfixia aparentemente provocada por un manto de tela amarrado a su cuerpo con tanta fuerza que le rompió las costillas y le dislocó la pelvis.

Inca Mummy on Display Receives Condemnation

The mummy of an Inca girl called “la Doncella” (Spanish for “the Maiden”), went on display for the first time at a museum in Salta, Argentina. The mummy was described as “perfect” by the archaeologists who found her in 1999 and said to have been sacrificed hundreds of years ago, and froze to death in an icy pit on top of Llullaillaco volcano in the Andes Mountains, in north-west Argentina on the border with Chile.

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AP Photo

Scientists believe the ‘Children of Llullaillaco’ were sacrificed as far back as more than 500 years ago in a ceremony marking the annual corn harvest to thank the Inca gods. They were dressed in fine clothes and given corn alcohol to put them to sleep, then left to freeze to death at an elevation of 22,080 feet.

The “la Doncella” was found along with a 6 year old and a 7 year old boy and was estimated to be 15 years old at the time of her death.

“la Doncella” is held in a chamber filled with chilled air that simulates the subfreezing conditions where she was found. The other children are not on display but are being studied.

She’s seated with her legs bent and her arms resting on her stomach, wearing a gray shawl and bone and metal ornaments. Scientists believe her face was painted with a red pigment. Flecks of coca leaf were found around her mouth, which are commonly used to cope with high altitudes.

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AP Photo

Visitors told Argentine media they were impressed at the mummy’s state of conservation. “I’m amazed.” one woman said. “You just expect her at any moment to get up and start talking.”

The exhibit has angered many Indian groups who were offended, and campaigned to stop the mummy from going on display. They argue the mummies should be given proper respect and buried or at least not shown to the public.

Miguel Suarez, a representative of the Calchaquies valley tribes in and around Salta, said this exhibit is a great mistake, adding that he hoped visitors would show respect for the dead.

Aztec Child Sacrificial Rituals: 15th – 16th century AD
One of the most important festivals in the Inca year is the 8 day feast which celebrates the harvesting of the maize crop. Each day a ritual chanting begins with the rising of the sun, peaks at noon, and diminishes to silence again by dusk. Burnt offerings of llamas and libations of maize beer are made to the sun god. The Inca and his court are in their finest robes, encrusted in gold and silver. Figurines of the Inca’s ancestors are also present with entourage of female attendants.

Each February children are sacrificed to maize gods on the mountain tops. In March prisoners fight to the death in gladiatorial contests, after which priests dress up in their skins. In April a maize goddess receives her share of children. In June there are sacrifices to the salt goddess. It’s been estimated that the annual harvest of victims, mainly to Huitzilopochtli — the patron deity of the Aztecs, god of war and symbol of the sun — rises from about 10,000 a year to a figure closer to 50,000 shortly before the arrival of the Spaniards.

The Inca empire once stretched across much of western South America, including present-day Peru and Bolivia, and down to central Chile and parts of Argentina, and collapsed in 1532 with the Spanish conquest.


Mummy Juanita
Momia Juanita (Spanish for “Mummy Juanita”), better known in English as the “Ice Maiden,” is an Inca mummy of a girl, between 12-14 years old, who died sometime between 1440 and 1450. She was discovered in southern Peru in 1995 by anthropologist Johan Reinhard and his Peruvian climbing partner Miguel Zarate. Also known as the Lady of Ampato and the Frozen Lady, Juanita toured the United States in 1996 and Japan in 1999 before returning to Peru.

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MUSEOS

Museos por Departamento:

Ancash Ica Loreto
Arequipa Junin Piura
Ayacucho La Libertad Puno
Cajamarca Lambayeque Tacna
Cusco Lima Ucayali

Museos por Ciudad:

Ancash Casma Ica Ica Loreto Iquitos
Huaraz
Huari
Huaylas Paracas
Yungay Pisco
Arequipa Arequipa Junin Chupaca Piura Catacaos
Huancayo
Jauja
Junín Piura
Santa Rosa de Ocopa-Concepción Sullana
Ayacucho Huamanga La Libertad Trujillo Puno Chucuito
Puno
Cajamarca Cajamarca Lambayeque Ferreñafe Tacna Tacna
San Pablo
Tembladera-Contumaza Lambayeque
Cusco Cusco Lima Callao Ucayali Pucallpa
Ollantaytambo-Urubamba Lima

Ancash

Museo de Arqueología e Historia Natural de Yungay
Av. Las Palmeras s/n – Ranrahirca – Yungay.
Telef: (043) 68-2322

Especímenes de la fauna nacional disecados, ceramios pre-hispánicos y reliquias históricas.

Museo Regional Max Uhle de Casma
Ruinas de Sechín Carretera Panamericana Norte Km 371 – Casma.

Piezas procedentes del Sitio Arqueológico.

Museo Arqueológico de Ancash
Av. Luzurriaga 762 – Huaraz.
Telef: (043) 72-1551

Piezas liticas de Chavín y Recuay. Cerámica de Recuay, Huaraz, Mochica, Chimú y Huari. Textiles y metales precolombinos.

Exposición Museográfica de Chavín
Localidad de Chavín – Chavín de Huantar – Huari.
Telef: (043) 75-4042

Piezas provenientes del sitio arqueológico.

Museo de Caraz
Esquina 1ro de Mayo y Manuel Cáceres – Caraz – Huaylas.
Telef: (043) 79-1029

Piezas arqueológicas.


Arequipa

Museo Arqueológico de la Universidad Nacional San Agustín de Arequipa
Av. Independencia s/n Ciudad Universitaria – Arequipa.
Telef: (054) 22-9719

Piezas halladas durante los trabajos arqueológicos que la Universidad ha efectuado en los últimos 35 años.

Museo “Santuarios Andinos”
Santa Catalina 210 – Arequipa.
Telef: (054) 20-0345
Horario: Lunes a Sábado de 9 am a 6 pm
Domingos de 9 am a 3 pm

Este museo exhibe a la momia Juanita, “la princesa de hielo”, el cuerpo congelado de una doncella Inca, sacrificada hace más de 500 años en la cumbre del monte Ampato.

The mummy was remarkably well-preserved for 500 years, making her one of the more important mummy finds in recent years; indeed, this discovery was chosen in 1995 by Time magazine as one of the world’s top ten discoveries. According to Reinhard, when found in Mount Ampato (part of the Andes cordillera), the mummy weighed approximately 80 pounds. Reinhard and his partner then came to the realization that the heavy body mass was due to the mummy’s flesh being frozen. This was an extraordinary discovery because it allowed biological tests to be run on the lung, liver, and muscle tissue, revealing new insights on Inca health and nutrition during the reign of the Sapa Inca Pachacuti.

Discovery

Johann Reinhard had made various ascents in several mountain ranges like the Himalayas (in Nepal) and the Peruvian Andes. As an archaeologist, he had studied Machu Picchu, Chavín and the Nazca Lines. He became very familiar with the Peruvian heights and the nature of the country’s native inhabitants. For him and his partner, Miguel Zárate, a guide from Arequipa, it became a regular routine to climb the Apus, legendary mountain spirits that Peruvians have feared and worshipped since the time of the Inca.

In 1995, during an ascent of Mt. Ampato, Reinhard and Zarate found inside the summit crater a bundle that had fallen down from an Inca site when the ridge had collapsed due to the melting caused by volcanic ash that has fallen from the nearby erupting volcano of Sabancaya. To their astonishment, the bundle turned out to contain a remarkably well-preserved mummy of a young girl. In addition, they found – strewn about the mountain slope down which the mummy had fallen – many items that had been left as offerings to the Inca gods, such as statues and food items. A couple of days later, the mummy and the objects were taken to Arequipa; the remains of the mummy were initially kept in a special refrigerator.

The mummy caused a sensation in the scientific world due to the well-preserved state in which it was found. Between May and June of 1996, the mummy was exhibited in the headquarters of National Geographic Society in Washington D.C., in a specially acclimatized conservation/display unit. In its June 1996 edition, National Geographic also included an article dedicated to the discovery of Juanita and in 2005 Johan Reinhard published a detailed account in his book The Ice Maiden: Inca Mummies, Mountain Gods, and Sacred Sites in the Andes Washington, D.C.: National Geographic Society.

This young girl’s body was taken to the United States and went through to a virtual autopsy in the laboratories of Johns Hopkins Hospital in Baltimore, Maryland. The mummy had tomographies taken, as well as X-ray examinations. Scientists reached the following conclusions about Juanita:

  • she had died at the age of 14, between approximately 1440 and 1450;
  • she had had a stature of 1.40 meters;
  • she had weighed 80 pounds at the time of death;
  • she was slender in build and body shape;
  • she had not suffered of any illness;
  • she had had a perfect denture and strong bones;
  • she had had a good and well-balanced diet;
  • she had fasted one day before the sacrifice;
  • she had a 5cm fissure in the skull ; and
  • she had died from blunt force trauma to the head

It is believed by some archaeologists that the Ice Maiden was in fact a human sacrifice to the Inca mountain god (Apus). The Ice Maiden was then buried by the Inca priests atop Mount Ampato (20,700 feet, or 6,309 m) in Peru, and left undisturbed until discovered by Johann Reinhard in 1995.

These discoveries seem to support the theory that during the Inca empire, human sacrifice rituals were still practiced, contrary to the common theories of some archaeologists and historians who deny it. Indeed the mummy was, in Reinhard’s opinion, “a young sacrifice victim killed by Inca priests to appease the gods, especially the gods of the mountain.” However, what indeed is indicated is that during this epoch, neither anthropophagy nor necrophagy were practiced; on the contrary, both were punished.

Konrad Spindler has said that Juanita is “the best conserved human being from America”, adding that she is “the first woman found in Andes closer to Cuzco [...] she could have been from Cuzco and had arrived alive to the snowy mountains and then sacrificed in a couple.”

DNA Samples

The scientists of Maryland’s Institute for Genomic Research (TIGR) performed laboratory tests on Juanita’s body and were able to recover the heart tissues of the young girl. These tests served to identify her DNA and compare it with the Human Genome Project.

The studies demonstrated that Juanita had a close relationship with the Ngoge tribe of Panama and with old Taiwanese and Korean races. During five years, those involved in the Human Genome Project had compiled samples of blood of every nation of Earth, allocating the groups of DNA geographically. According to that world sample, “the human race descended from the trees of northeast Africa and spread through all the corners of the world”.

Whereabouts

Juanita is now housed in the Museum of the Universidad Católica de Santa María of Arequipa, Peru. She is currently encased in a special glass box at a constantly cold temperature to continue preserving her body. The interior of the urn is kept at a temperature between -19.2 °C and -19.5 °C to avoid the dehydration of her body. In the same museum are “Urpicha” (palomita, “little dove” in Spanish, a mummy found on the volcano Pichu Pichu of Arequipa); “Sarita” (found on the Sarasara volcano, between Arequipa and Ayacucho), and five other mummies found in El Misti volcano, also near Arequipa.

Photos

Sources: Digital Journal, BBC News and History World

www.crystalinks.com/mummification.html

Los incas realizaban en el Cuzco, diversas fiestas religiosas y civiles. Una de las más solemnes era la apacocha, ceremonia para celebrar el nacimiento del inca, coronación, enfermedades, muerte o participación en alguna guerra. Esta era además una forma de integrar los lugares más alejados del imperio.

La ceremonia consistía en llevar niños de ocho a diez años al Cuzco. Después de una larga caminata, les hacían mascar hojas de coca y beber chicha, le pintaban el cuerpo y lo dejaban en las altas cumbres de la cordillera de Los Andes, entre los 4000 y 6700 metros sobre el nivel del mar. Generalmente morían por congelamiento.

Frente a la zona central, se han encontrado dos santuarios de altura con niños sacrificados que pueden corresponder a este ritual.

Según Constanza Ceruti:

Uno de los cuerpos, que pertenecía a un niño de siete años se encontraba sentado sobre una túnica o uncu plegado, y presentaba distintos elementos del ajuar acompañante, tales como sandalias o ushutas, bolsitas de piel de animal conteniendo cabello del niño, un saquillo tejido o chuspa, engarzado con plumas blancas, estatuillas masculinas de valva de spondylus y un aríbalo de cerámica. La víctima enterrada en la tumba norte era una joven mujer de quince años, que llevaba un tocado de plumas blancas. Estaba acompañada de un uncu o túnica tejida, de objetos de cerámica de formas y estilos típicos incaicos – aríbalo, vasija con pie, jarrito, platos ornitomorfos – y de elementos textiles tales como chuspas, fajas arrolladas y una pequeña vincha. Presentaba keros de madera en miniatura, un peine de espinas y trozos de carne seca o charqui. De su tumba se recuperaron asimismo estatuillas femeninas de oro, plata y valva de spondylus. En la tercer tumba se descubrió el cuerpo de una niña de seis años, dañado por la descarga de un rayo. La niña se encontraba rodeada de varios elementos de cerámica en miniatura, de típico estilo incaico. Llevaba consigo bolsas o chuspas; mocasines de cuero y sandalias, vasos o keros, y un conjunto de estatuillas femeninas alineadas.

Constanza Ceruti

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“La Doncella”

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El niño

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“La Niña del Rayo”

Parace ser que los niños de 6 y 7 años pertenecían a familias nobles incas y, desde su nacimiento, fueron elegidos para ser sacrificados u ofrendados a los dioses.

Según Ceruti, la adolescente era una “elegida” que desde los 8 a los 14 años fue criada en la casa de las Vírgenes del Sol. Una vez que esta joven salió de ese lugar, pasó mucho tiempo preparándose para su propio sacrificio. La antropóloga mantiene que la Doncella era consciente de que iba a ser una de las ofrendas a los dioses.

Los cronistas de la época sostenían que unos 2000 niños participaban en estas ceremonias sacrificales de los incas. Muchos eran sacrificados en el el Inca en Coricancha (templo de oro), otros eran llevados hacia los confines del territorio dominado.

Este fue el caso de los tres niños momificados que debieron partir a pie desde el Cuzco caminando durante meses hasta el volcán Llullaillaco (avanzaban unos 10 o 15 km por día). Muchas personas acompañaron a los niños hasta la base del volcán. Después, un grupo más reducido, el sacerdote, sus auxiliares, cargadores de las ofrendas, los niños y algunos acompañantes ascendieron hasta la cima, que se encuentra a 6.500 metros de altura.

En la cumbre, los niños, adormecidos por efecto de la ingestión de chicha (una bebida a base de maíz fermentado) y coca, el frío y la altura, fueron depositados en sus tumbas con su ajuar y murieron congelados.

El niño fue depositado en una tumba de un metro de diámetro y 1,70 metro de profundidad. Le ataron las piernas y el tronco con cuerdas y su cabeza quedó entre las piernas.

La Doncella fue colocada en su tumba sentada, con el torso flexionado, con las piernas cruzadas y las manos juntas.

La Niña del Rayo fue colocada en una tumba en posición sedente, con las piernas flexionadas y cruzadas y las manos sobre los muslos.

Finalmente, las tumbas se rellenaron con sedimento de granulometría fina y fueron cerradas utilizando muros de piedra.

Enlaces:

Wikipedia, Iruya, Antropológico, Prodiversitas, Scielo,

Momia del Cerro Aconcagua

En
la vertiente argentina del Aconcagua (provincia de Mendoza), a 5250
metros, se encontró un niño de 7 a 8 años de edad, envuelto en
dieciocho piezas de diversas telas. Su cabeza aparecía adornada con un tocado de
plumas negras y amarillas, y trencitas de cabellos humanos. 
Fue posible observar al hacer el estudio peleoradiologico
        la presencia de material que impresiona como fecal en el recto y región
        interglútea, lo que hace plantear la posibilidad de que el niño
        hubiese vomitado y defecado en los momentos previos a su muerte. No se
        identificaron lesiones traumáticas en relación a su muerte.
        El estudio imagenológico permitió caracterizar el estado
       de la momia en forma no invasiva, preservando su integridad. La TC helicoidal
        multicorte permitió tal información, gracias a su capacidad
        multiplanar y mayor resolución espacial y de contraste.
        Palabras
        clave: Momia, Paleorradiología.

http://www.icarito.cl/vgn/images/portal/FOTO042005/211693802momia.jpg

http://www.icarito.cl/vgn/images/portal/FOTO042005/211693802momia.jpg

Tenía dos pares de ojotas de fibra vegetal y lana; dos collares, uno de semillas y otro de cuentas de piedra y malaquita y una lámina de oro. Acompañando al niño, como ofrenda, se hallaron tres estatuillas antropomorfas masculinas con sus coloridas vestimentas y tocados de plumas, una era de oro, otra de una aleación de plata y cobre, otra de concha de Spondylus. Los análisis indican que le habrían dado de beber y le cubrieron el rostro y el cuerpo con una sustancia roja hecha de Achiote. Murió por congelamiento.

Momia del Cerro “El Plomo”

El 1 de febrero de 1954, a las tres de la tarde, Luis Ríos Barrueto, en compañía de Guillermo Chacón Carrasco y Jaime Ríos Abarca (quien sufrió los rigores de la puna), subieron a la cumbre del cerro El Plomo, a 5.430 metros de altura. Entre unas pircas de piedra encontraron el cuerpo congelado de un niño.

Así describió él mismo su hallazgo:“La momia estaba sentada, casi a ras de tierra. A los pies tenía “un costalito” con hierbas, junto a la momia y cerca de él se encontraron los demás objetos: un huemul de un metal que no conozco; una llama de oro-plata y una indiecita de plata”. (Reportaje en Tercera de la Hora, 30/3/54).

La momia del “Niño del cerro El Plomo” en el Centro de imagenología.

http://www.imagenologia.cl/rad114/sanhueza.html

Estudio paleo-radiologico de la momia

Reconstrucción VRT de cuerpo entero, visión frontalSanhueza A. Paleoradiología: Estudioimagenológico del niño del cerro El Plomo. rev Chil Radiol 2005; 11:134-137.

Correspondencia: Dr. Alvaro Sanhueza S.
sanhuezaseovia@hotmal.com

.

A 5200 metros de altura, en el mismo cerro, se encontró una plataforma de piedra o “adoratorio”. Allí habría llegado el niño ofrendado, acompañado de toda una comitiva, y depositado 200 metros más arriba, donde murió por congelamiento, adormecido por el cansancio, el frío y, probablemente, por haber mascado coca e ingerido chicha, como los otros chicos de Llullaillaco.Los  análisis muestran que anduvo mucho antes de la muerte, que se le emborracho, tal vez para que no fuese consciente de su suerte y murió finalmente  por congelacion.

Gentileza imagen Museo Nacional Historia Natural

Se le preparo ceremonialmente con un peinado de  más de 200 trencitas y  su rostro se pintó  de color rojo y líneas amarillas que van desde el ángulo exterior e inferior del ojo hasta la nariz y desde la oreja a la comisura de la boca.

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SUSPENDIDOS EN EL TIEMPO, INMORTALES ?. El NIÑO DE “EL PLOMO” DESENTERRADO VIVO

Renace la teoria del biÓlogo espaÑol 


REVISTA “REVELACIÓN” (SANTIAGO, CHILE) – AÑO 4º Nº 38, pgs. 22, 23-24

Por Osvaldo Muray Quiroz.


De acuerdo a los estudios realizados en su época por los especialistas chilenos, la altura de los enterramientos, no es una coincidencia, sino que obedece a un conocimiento científico de los Incas de hace 500 años, puesto que a los cinco mil metros por sobre el nivel del mar, se encuentra la temperatura ideal para conservar los cadáveres sin que se descompongan ni sufran un frío más intenso que los podría deteriorar, si se les sepultara a mayor altura.

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Este hallazgo y polémica, que comienzan a surgir alrededor de las tres momias, trae al recuerdo las fantásticas revelaciones que se hicieron por hombres de ciencias chilenos y españoles en relación al llamado “Niño de El Plomo”, puesto que se ha llegado a la conclusión que el menor, cuya edad era de ocho años, no estaba muerto al ser descubierto, el día 1° de Febrero de 1954 por un arriero y su sobrino, sino se encontraba en hibernación. Es decir estaba con sus funciones vitales suspendidas y mantenido con vida por el hielo que lo cubría y el frío de esa altura. Algo realmente sorprendente y que el hallazgo de otro niño en el Monte Aconcagua, vino a confirmar las teorías que en los años sesenta y setenta, elaboraron hombres de ciencia en cuanto a que el niño de El Plomo, no sería el único ser humano, con su vida congelada, sino que los Incas de hace 500 años, tal vez le dejaron un mensaje a los científicos posteriores  en varias partes de la cordillera andina.

Los hallazgos del Llullaillaco, desean ser conocidos por los científicos chilenos, porque si se trata del mismo caso de El Plomo y del Aconcagua, la cordillera debe guardar muchos niños congelados, pero con vida suspendida a la espera que nuestra moderna ciencia los vuelva a la vida, medio milenio después.

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¿Muy fantasioso? Vea la historia de este pequeño príncipe incásico descubierto en Santiago de Chile y que al decir de los investigadores, fue “asesinado” al ser removido de su cámara de hielo, sin tener las debidas precauciones.

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NIÑO CONGELADO, NO MOMIA

No es una momia. Las momias son cadáveres embalsamados para que se conserven por mucho tiempo, pero a los cuales se les ha despojado de las vísceras. El niño de El Plomo, en cambio es un NIÑO CONGELADO. Científicamente se les denomina ‘liofilizado’. El niño del cerro El Plomo está intacto. Tiene todos sus órganos vitales internos. Exteriormente su cuerpo es similar al de un ser humano vivo. Con pies, rostro completo con su boca, frente, ojos con pestañas, nariz y la cabeza cubierta con un complicado peinado de múltiples trenzas. Está reclinado sobre sus piernas y con sus manos apoyadas en las rodillas, actitud de oración.

La fantástica hipótesis de que el niño no era una momia y en cambio estaba con animación suspendida, la emitió el biólogo español, García Beltrán y todo indica que el hombre de ciencia hispano, tenía mucha razón.

El hallazgo como se dijo, lo hizo el arriero Luis Gerardo Ríos y su sobrino, Jaime Ríos Abarca en un lugar del cerro El Plomo, ubicado a 5.200 metros de altura, conocido como “La Pirca de los Indios”. Tras excavar en el hielo, descubrieron varios objetos de oro y otros adornos funerarios, que luego desaparecieron (talvez vendidos por Ríos). Luego de extraer al niño de su cámara de hielo, lo trasladaron hasta una cueva más abajo del cerro, a unos cuatro mil metros de altura. Allí lo escondieron. Un mes y nueve días, después mientras negociaban su venta al Museo de Historia Natural, lo bajaron para llevarlo a Puente Alto. En esta ocasión –recordó Ríos y su sobrino- el cuerpecito que pesaba al sacarlo del hielo, unos 35 kilos (peso normal de un niño de ocho años y tres meses de edad), había adelgazado y ahora pesaba sólo quince kilos. Mientras lo transportaban cerro abajo, el niño comenzó a emanar aceite y a sangrar de sus oídos. Prueba irrefutable de que -quinientos años después- el pequeño inca estaba vivo, pero congelado.

FATAL PÉRDIDA DE TIEMPO

El entonces director del Museo de Historia Natural, Humberto Fuenzalida, relató los entretelones de la compra del niño incásico a los arrieros.

“El 16 de Febrero recién pasado (1954), la señora Grete Mostny, Jefe de la Sección de Antropología del Museo Nacional de Historia Natural, recibió la visita de un campesino que dijo ser arriero cordillerano y éste le contó que habría encontrado en la cordillera una momia indígena. La señora Mostny se interesó vivamente por la noticia y pidió algunas referencias suplementarias. Como yo no estaba en Santiago, rogué al campesino que volviera los primeros días de Marzo para conversar conmigo y tratar la compra de la momia, junto con los ornamentos y los objetos que la acompañaban”.

“Únicamente treinta días después la señora Mostny y otros especialistas concurrieron a Puente Alto y vieron la momia con sus ojos. Quedaron tan impresionados que recomendaron que el museo debía hacer cualquier sacrificio para comprarla. Pero, ¿qué había sucedido con el pequeño inca en el lapso que media entre su descubrimiento –10 Febrero 1954- al 18 de Marzo de ese año, cuando los antropólogos lo observaron por primera vez?

El arriero Ríos dijo entonces al desaparecido vespertino “Los Tiempos”: “Cuando tropezamos con su cuerpo y lo sacamos cuidadosamente, pesaba más o menos 35 kilos, cuando volvimos a ‘piedra numerada’, (donde lo escondieron) un mes y nueve días más tarde, nos encontramos con una tremenda novedad; estaba reseco y a lo sumo pesaba 15 kilos. Fue el viento cordillerano que en esa región es seco y constantemente el que operó el milagro”.

“Años después, en 1987, Hans Niemayer que dirigía el museo, dijo a La Nación: “Lo que sucedió fue que ya había empezado el proceso de deshidratación del cuerpo congelado al extraerlo de su cámara mortuoria en el hielo sometido a liofilización, es decir, a una combinación perfecta de temperatura y humedad que logró su conservación”.

ADORMECIDO CON COCA

El pequeño no falleció de ninguna enfermedad ni accidente. Eliana Durán, entonces Jefe de Antropología del museo señaló en su época: “Las investigaciones señalan que el infante fue emborrachado con coca e instalado en su sepulcro de piedra y hielo. Se adormeció lentamente con el frío y sin sufrir dolor alguno ni darse cuenta, falleció”.

El biólogo español, García Beltrán, hizo notar un detalle muy sugerente en respaldo a su teoría que el niño inca estaba con vida al ser desenterrado del cerro El Plomo. Entre los objetos de Oro y Plata que encontró el arriero, al lado del pequeño (“estatuillas” dijo), aparte de una bolsa con hojas de coca, se encontraban figuras de Oro, una de las cuales era un sapo, según el científico hispano, que los incas sabían perfectamente lo que estaban haciendo. El poner un sapo de Oro al lado del niño, era un mensaje a la posteridad, puesto que la técnica del “sapo helado” era conocida desde la llegada de los conquistadores españoles al Perú. Un sapo puede vivir hasta doce años enterrado en el hielo gracias a sus venenos, y ser resucitado años después. De hecho, hay constancia histórica, que los incas sabían conservar incorruptos los cuerpos humanos, con su técnica de congelamiento, que hoy se conoce como de “animación suspendida”.

Garcilaso de la Vega, historiador mestizo del siglo XVI, hijo de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo y del capitán español García Lazo de la Vega, relata que en 1560 fue testigo de un hecho insólito. Por orden de las autoridades españolas, cinco momias de personajes importantes fueron trasladadas a la casa del licenciado Pablo Ondehardo. Los cuerpos correspondían a Viracocha; Fupac Yupanqui, Huayna Cápac y las princesas collas Mama Ocllo. Estaban bien preservados sus cuerpos -dice Garcilaso- que no les faltaba ni un solo cabello, ni una ceja. El sacerdote Acosta, presente en el acto dijo por su parte que los cuerpos de las momias se encontraban tan bien preservados que daban la impresión de estar con vida. Esta milagrosa conservación se debía a cierto betún y al frío que lograba detener completamente los procesos de descomposición. Las momias fueron llevadas a casa del virrey en Lima pero el clima las comenzó a deteriorar y en 1562 debieron ser sepultadas en el cementerio de San Andrés de la capital peruana.

MAS MISTERIOS

La conservación del niño inca se constituyó desde el comienzo en un grave problema para el Museo. Había que mantenerlo en un ambiente refrigerado y en 1985, la OEA donó la suma de quince mil dólares para que se construyera una vitrina especial, lo que creó nuevos problemas. Hans Niemayer los explicó en 1987: “Es vital que la humedad de la atmósfera que la rodea sea inferior al 45 por ciento, y la temperatura entre dos y cinco grados bajo cero. Mantener estas condiciones en la sala de exhibición fue imposible porque son alteradas por cualquier causa, por mínima que sea. Tal como las corrientes de aire, la iluminación de la cámara, el calor del público y su respiración, la vibración que puede sufrir la cámara por cualquier motivo, etcétera”.

Con quince mil dólares aportados por la OEA, se construyó a cámara pero quedó mal hecha y no sirvió para los requerimientos científicos. Al final, el asunto terminó en un pleito. Frente a tal contingencia, el niño inca fue sacado de la exhibición y guardado en una bodega donde se le mantienen las condiciones necesarias. Está envuelto en pañales esterilizados para evitar cualquier contaminación que lo pudiera afectar.

Sin embargo, circula el rumor que el pequeño fue retirado de la exhibición pública porque quienes se acercaban a su cámara sufrían problemas sicológicos debido a ciertas radiaciones que emitiría, un asunto que cae de lleno en lo paranormal. Esta situación nunca se ha planteado públicamente.

Para el biólogo español Beltrán, que aseguraba que en Los Andes hay muchas otras momias esperando ser desenterradas de su cámara de hielo, para entregar sus secretos a los científicos del siglo XXI, los recientes hallazgos son una confirmación.

La momia encontrada en el Aconcagua en 1985, también era un niño y estaba a cinco mil metros en el hielo, donde la temperatura es semejante a la de El Plomo. Dicha momia fue llevada a Mendoza y se ignora su destino posterior.

Ahora los tres cuerpos encontrados en 1999 en el Llullaillaco, están en San Juan y se cree que también se trata de niños. Lo curioso es que también fueron encontrados en cámaras de hielo a cinco mil metros de altura, o sea, la misma temperatura de los hallazgos anteriores. Si se le da el crédito a la teoría del biólogo español, habría que crear una verdadera institución que se dedique a la búsqueda de estos niños enterrados vivos y extraerlos de sus cámaras sin que se alteren sus condiciones ambientales. A lo mejor… ¿quién dice?

Referencias Complementarias:

VEA Nº 780 (Santiago, Chile) Momia de 500 años fue comprada por el Museo de Historia Natural. 24 marzo 1954, pg. 8

VEA Nº 781 (Santiago, Chile) Desentrañan en “El Plomo” el misterio de la Momia. 31 marzo 1954, pgs. 16-17

VEA Nº 782 (Santiago, Chile) Expectación mundial ante la Momia. 7 abril 1954, pg. 30

VEA Nº 783 (Santiago, Chile) Huella incaica guarda el Cerro El Plomo. 14 abril 1954, pgs. 16-17

VEA Nº 783 (Santiago, Chile) Gerardo Ríos bajó el Cerro El Plomo con la Momia al hombro y la tuvo un mes oculta en Piedra Numerada

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http://misteriossinrespuesta.blogspot.com/2008/12/la-momia-olvidada-el-nio-inca-del-cerro.html

El hallazgo del niño inca del Cerro El Plomo, fue realizado el día 1 de Febrero de 1954, por arrieros de la cordillera, personas que conocen todos los pasos cordilleranos para guiar ganado a Argentina y están en conocimientos de los secretos que lleva dentro de sí, este enorme cordón de montañas que cruza todo el largo país. Podríamos hablar en pasado, pues esta profesión hoy en día esta bastante extinta, pero aún perduran personas con conocimientos ancestrales, donde las cuevas, los entresijos y acantilados de estas montañas, pasos secretos entre sus entrañas, y la infinidad de leyendas que anidan, son su especialidad, aunque hoy su utilidad es otra diferente a guiar ganado al país vecino.

Los arrieros Luis Gerardo Ríos y su sobrino Jaime Ríos Abarca, fue a quienes les correspondió que el destino los eligiera como descubridores de este singular hallazgo. El descubrimiento se realizó a 5.200 metros de altura, en el cerro conocido como “El Plomo”, concretamente en un lugar denominado “La Pirca de los Indios”. Tras encontrar en el terreno algunos utensilios y adornos indígenas de oro, los arrieros comenzaron a excavar en el hielo, y es así como a un par de metros de profundidad apareció un niño indígena enterrado en una cámara de hielo natural. Lo trasladaron a una cueva más baja, a 4.000 metros de altura y allí lo escondieron. Las negociaciones para su venta con el Museo de Historia Natural duraron más de un mes y posteriormente fue “bajado” a la localidad de Puente Alto. Según las crónicas de la época, el niño inca que pesaba 35 kilos a la hora de su descubrimiento, en todo este tiempo fue perdiendo peso y cuando bajo definitivamente de los cerros pesaba solo quince kilos. Hay que hacer notar que del ajuar del niño se perdieron muchas piezas de incalculable valor arqueológico que seguramente fueron comerciadas por los arrieros a particulares.

En aquellos años el Museo Nacional de Historia Natural era dirigido por Humberto Fuenzalida, y la señora Grete Mostny, que era jefe de la sección de Antropología, ellos fueron quienes gestionaron la adquisición de este interesante hallazgo, el cual ocupaba todas las primeras páginas de los períodos de la época. Fue precisamente el desaparecido periódico “Los Tiempos” que traían las declaraciones de uno de los arrieros que expresaba “Cuando tropezamos con su cuerpo volvimos a piedra numerada, (donde escondieron al niño inca), un mes y nueve días más tarde, nos encontramos con una tremenda novedad; estaba reseco y a lo sumo pesaba 15 kilos. Fue el viento cordillerano que en esa región es seco y constante el que operó el milagro”

Seguramente, el proceso de deshidratación del cuerpo congelado, al extraerlo de su cámara mortuoria en el hielo sometido a liofilización, es decir, a una combinación perfecta de temperatura y humedad logró esta perfecta conservación. Este era el pensamiento de Hans Niemayer en el año 1987 que dirigía el Museo.

DESCRIPCION DEL NIÑO

Hasta el momento la palabra momia como lo habrá notado el lector no la hemos usado. Precisamente este fue un punto de controversia en la época, pues algunos estudiosos decían que no podía considerarse una momia propiamente tal, ya que estas son desprovistas de sus vísceras para que se conserven largo tiempo, sin embargo el niño de “El Plomo”, es un niño congelado, científicamente se le denomina liofilizado. Estaba intacto. Todos sus órganos vitales estaban en perfecto estado. El cuerpo exterior era similar al de un ser humano vivo, sus pies, su rostro, su boca, frente, ojos con pestañas, nariz, todo estaba en perfecto estado. En la cabeza tenía un complicado peinado con múltiples trenzas, como las que usan los jóvenes de raza negra en los Estados Unidos. Su posición era reclinada sobre sus piernas y con sus manos apoyadas en las rodillas, quizás una actitud de oración o de asimilar su destino.

Valiosos objetos fueron encontrados junto a cadáver del niño inca, una figura de llama labrada en oro y plata en forma magistral, cuatro pequeñas bolsas con pelo, hojas de coca, cueros y pequeños adminículos. También llamó la atención un ídolo incásico de 15 centímetros representando a un indio con una toca roja, son los objetos extraordinarios que pudieron rescatarse del clásico expolio de coleccionistas privados.

El período “El Tiempo” en su edición de aquellos años trataba lo descubierto como una niña, y la describía con un camisón de lana negro, un chal plomo con ribetes rojos, y falda negra con ribetes de piel de vicuña. Mencionaba el periódico que la piel del cuerpo era tan extraordinaria, que aún existen zonas que segregaban un líquido seroso, lo que apasionó aún más a los investigadores. Agregaban los redactores, que esto demostraba que aún existían células vivientes en el pequeño cuerpo congelado.
Todos estos comentarios de la época hicieron crecer un aura fantástico y lleno de rumores, que no sólo agito la mente de miles de ciudadanos de aquella época, sino también la de muchos científicos y estudiosos de los años 50.

http://www.freewebs.com/pensamiento/plomo2.jpg

FANTASTICAS TEORIAS Y LEYENDAS INCLUIDAS

El descubrimiento de este niño liofilizado, trajo consigo el alumbramiento de una serie de teorías y declaraciones, muchas de ellas de acuerdo al conocimiento de la época y otras muy aventuradas, y fuera de contexto.

Es así, como la fantástica hipótesis que el niño no era una momia y que estaba en un estado de “animación suspendida”, y que este hallazgo era el de un niño congelado, por lo tanto, no estaba muerto al momento de ser descubierto, fue la tesis más difundida, emitida por un biólogo español de apellidos García Beltrán. Al respecto de este curioso personaje, no ha sido posible encontrar datos concretos, de quien era este científico español en los archivos académicos chilenos, que suponemos se encontraba en Chile en esos momentos. En nuestras últimas investigaciones hemos logrado localizar en la Facultad de Química de la Universidad Autónoma de Guadalajara, una persona que podría ser familiar de este misterioso biólogo español que estaba en Chile en aquellos años, Esto último se esta en trámites de conseguir más referencias sobre esta persona, que sale mencionado en todas las crónicas de la época en Chile.
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Al respecto, incluso más de algún comentario agregó, que debido al tiempo transcurrido entre el hallazgo y el haber bajado de las alturas el cadáver, sin las precauciones debidas, este acto se podía considerar como un “asesinato” . Se aportaban como pruebas las emanaciones de fluidos corporales y sangre de los oídos del cuerpo, cuando fue traslado de las alturas al Museo que lo adquirió. Se comentaba que el cambio de temperaturas y el remover el cadáver sin precauciones le causo la muerte, todo esto 500 años después de ser enterrado por sus antepasados. También se aludía y comparaba el hecho al descubrimiento de ciertos animales, generalmente pequeñas ranas encontradas en rocas huecas en estado de suspensión vital que luego habrían recobrado vida. En este punto hay que añadir, que al encontrarse otros hallazgos parecidos en la zona del Monte Aconcagua, se había expandido la idea entre algunos estudiosos no académicos que estos niños incas habían sido enterrados 500 años antes por los antiguos incas para “dejar un mensaje para los hombres de ciencia del futuro”

Esta idea aunque fantástica si se reflexiona un poco, aún hay personas que comparten en cierta forma esta idea pese a nuestro avance tecnológico, con otros conceptos diferentes y más avanzados, pero la medula de la idea principal es la misma. Nos referimos en especial, al tema de los “niños índigos”. Muchos de los análisis de los ADN estudiados a estos niños incas enterrados varios siglos atrás, han sido revisados y analizados, para determinar este registro ancestral y diferencial que dicen los partidarios de esta teoría, con el fin de poder compararlos con estas futuras generaciones de niños actuales “diferentes” que dicen están naciendo.

Lo cierto es que, asesorado y consultados científicos y estudiosos del tema, el ADN de estos niños incas de hace 500 años atrás, no difiere en nada con los niños actuales de esta zona del planeta.

Pero, la mente fértil de algunas personas no se detuvo allí. Se improvisaron expediciones al cerro “El Plomo”, para reiniciar la búsqueda de una de las leyendas más hermosas de la historia amerindia, nos referimos a la existencia de una mítica “Ciudad Perdida de los Incas en los Andes” Es así, como el profesor Richard Schaedel, jefe del centro de Estudios Antropológicos de la Universidad de Chile de aquellos años 50, planificó una verdadera expedición patrocinada por varias entidades sociales y medios de comunicación de la época. Las crónicas hablan que temperaturas de 3 grados bajo cero, recibieron a nada menos que a 15 sacrificados exploradores en la inhóspita montaña. Todos ellos subieron en búsqueda de esta mítica ciudad inca. La expedición se componía de antropólogos, arqueólogos, un médico y tres guías arrieros, todos se aventuraron en las entrañas de los cerros circundantes donde se había encontrado el niño inca muerto.

La expedición no tuvo suerte en su búsqueda principal, pero sí encontró varias minas de minerales de utilidad en las zonas cercanas al descubrimiento del niño inca. Noticia que fue transmitida por los periodistas de “La Nación” y “Los Tiempos” que también acompañan a los expedicionarios con pesadas máquinas de escribir “Underwood”, abuelas de nuestros modernos ordenadores.

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DE VUELTA A LA REALIDAD

Vivir dentro de este mundo mágico de Sudamérica tiene sus ventajas, pero muchas veces te dejas llegar por ese aura fantástico, y debes aterrizar en la realidad, para esto quisimos tomar contacto con las personas actuales que estaban a cargo del niño inca. Hemos recurrido a los estudiosos del tema y nos encontramos con una visión netamente científica, reposada al paso del tiempo, pero también con tintes muy humanos. Nos explicamos.

Luego de solicitar el respectivo permiso por escrito a la señora Maria Elena Ramírez, Directora del Departamento de Arqueología, del Museo de Historia Natural de Santiago, para entrevistar a la persona más cercana al hallazgo, nos referimos a la arqueóloga Eliana Durán, descubrimos que esta funcionaria lleva más de 40 años junto a los restos del niño inca, siendo en estos momentos la funcionaria más antigua del Museo

El primer obstáculo que nos encontramos fue que esta “estrictamente prohibido fotografiar al niño”, más aún, la luz del lugar donde se encuentra, sólo se puede tener encendida máximo dos minutos.

Cerro la Paloma y el Plomo, como se ven desde Santiago

Todo esto para conservar el estado del niño inca, que se encuentra dentro de una vitrina especial y que cumple estrictas normas de mantenimientos, para lograr la conservación del cuerpo congelado. La vitrina permanece en unas dependencias del sótano del Museo y hace bastante tiempo que el niño no puede ser exhibido al público en general. Mientras la Sra. Durán nos explicaba todo esto por los interminables y oscuros pasillos del Museo, adivinamos cierto tono de inmenso cariño de la profesional hacía ese niño que cuida durante tantos años pese a su estado congelado. Precisamente, nos confesó que al cabo de los años era como un hijo más para ella, y que trataba de mantenerlo dentro de las mejores condiciones que pueden ofrecer los escasos medios que se dedican en este país a cuidar estas muestras de Patrimonio Cultural. Nuestra impresión al verlo en los escasos minutos que nos permitieron fue de un silencio y respeto especial. Un representante de nuestra cultura inca de hace más de 500 años mostrando todo su esplendor, representando las creencias de la época que les toco vivir.

Las estrictas medidas de conservación se deben a que Santiago esta dentro de las ciudades más contaminadas de Sudamérica y el smog se filtra por todos sitios. Cada seis meses los restos del niño deben ser exhaustivamente revisados, y se aplican implementos antibacterianos para su conservación, incluso permanece a oscuras pues la luz daña la materia orgánica y se trata de evitar cualquier elemento que lo dañe, por esta razón son tan pocas las visitas autorizadas que recibe al respecto.

Nos encaminamos a conversar con otro estudioso que ha tenido la oportunidad de ver y estudiar de cerca al niño inca: Se trata de Mario Castro, doctor en Antropología Biológica y que lleva la subdirección de Bibliotecas de Archivos y Museos, además es profesor de Antropología y Anatomía de la Universidad de Chile.

Nos comenta en nuestra conversación que este sujeto encontrado tendría aproximadamente 500 años de antigüedad, correspondería a la época de la llegada de los españoles a América. No existe una datación radiométrica específica, desconoce las causas. Por el ajuar y el contexto general de la momia se le atribuye el período incaico, pero fecha exacta no la puede concretar.

Nos menciona que este hallazgo no es el único en la zona del cerro “El Plomo”, nos añade algunos hallazgos similares como el Cerro Ampato en el Perú y la famosa momia de Juanita de Los Andes, que fue llevada a los Estados Unidos.

Aunque nos recalca, que las condiciones del niño inca son excepcionales comparadas con la de estos otros hallazgos., nunca se había encontrado una pieza como si estuviera durmiendo, más que momificado con mucha retracción de los tejidos que se le observa como reseca. Nos agrega que este es un cuerpo que no esta intervenido por el hombre, no hay ningún uso de una técnica especial, aquí el cuerpo se seco naturalmente, con vísceras y todo. El niño fue llevado hacia arriba de la montaña y allí fue depositado en ese santuario. No fue agredido, ni sometido a ninguna acción física para ocasionarle la muerte, muy por el contrario, el niño probablemente fue llevado arriba con delicadeza, se le dio de beber algún brebaje de contenido alcohólico o con el fin de adormecerlo con algún extracto de hierba especial. El niño se durmió en la posición casi fetal, para abrigarse – suponemos menciona el estudioso – que se durmió por el sueño y el frío. Murió de hipotermia. Esa es la causa más razonable para explicar la muerte de este niño, porque las conclusiones de los análisis que se le han realizado a la fecha, demuestran que no tuvo ningún tipo de trauma.

Si entramos en la parte de su camino al santuario – menciona Castro – sus pies estaban llagados, debió ser un largo trayecto que realizó, en un terreno que no tenía condiciones muy adecuadas para el tipo de calzado que usaba.

Respecto a los rumores de los años 1954, atribuidos a un biólogo español de nombre García Beltrán … “que el cuerpo estaba en las funciones vitales suspendidas, por lo tanto, estaba vivo” comparándolo con el sistema de congelamientos que se realizan hoy en día… Nos contesta que esta apreciación probablemente era quizás válida en la época, pero así y todo era muy aventurado. El niño no estaba “suspendido” ni mucho menos, que esto quede claro. El frío de alguna manera actuó para que no se produjera el proceso normal de degradación de los tejidos y se detuvo la putrefacción y el proceso normal de deterioro de un cuerpo, nos agrega con énfasis el estudioso.

ESTUDIOS REALIZADOS

El 7 de septiembre de 2003 se realizó en el hospital un estudio integral interdisciplinario del niño, donde también participaron profesionales de las facultades de Medicina y Ciencias Químicas y Farmacéuticas. Mediante una resonancia nuclear magnética de cuerpo completo y un scanner, se pudo analizar el estado de conservación de los tejidos internos del menor. Asimismo, se hicieron biopsias de hígado, músculo y hueso. También se tomaron muestras de pelo para análisis antidoping que corroboraron que el niño había consumido, tal vez por un largo período, hoja de coca. “Pudimos comprobar el buen estado de salud del niño, con núcleos de crecimiento en pleno desarrollo y carencia de enfermedades o alteraciones. Tampoco había signos de violencia. Era un menor físicamente activo, de buen desarrollo muscular y contextura normal, que falleció por una hipotermia”, señaló el profesor Mario Castro, nos agrega que en estos momentos se plantea reunir todos los estudios que existen sin publicar sobre los análisis del cuerpo del niño inca, también se reeditaran otros estudios clásicos al respecto. En el año 1982 se publicaron sólo dos trabajos y nunca por falta de medios se ha podido concretar un trabajo global respecto a este singular caso.

OTRO ANALISIS RECIENTES

El diagnóstico de más antigua data a nivel latinoamericano de triquinosis sería el referido al descubrimiento del profesor Héctor Rodríguez, investigador de la Facultad de Medicina de la Universidad de Chile, quien comprobó que el niño inca del cerro El Plomo presenta una masiva infección por larvas de Trichinella spiralis , el nematodo que causa esta enfermedad. Este hallazgo constituye un verdadero hito científico en la paleoparasitología mundial.

De esta manera se abren nuevas y diferentes interrogantes, dice el especialista, siendo la primera pregunta referida al origen de este parásito en el cuerpo de la momia, “pues, supuestamente, esta llegó al continente con los españoles, a través de ratas o cerdos”, señala. Otra duda se dirige a las consecuencias de este mal en el pequeño: “Pudo no haber sido mortal, pero sí haberle producido altísima fiebre y dolores abdominales y musculares, lo que explicaría el que se haya descubierto que masticaba hojas de coca: tienen que haberle proporcionado gran alivio a sus dolores”, teoriza el profesor Rodríguez, quien es académico del Programa de Anatomía y Biología del Desarrollo del Instituto de Ciencias Biomédicas de la Facultad de Medicina.

Este descubrimiento, señala, se basa en los recientes estudios que de esta momia hicieron un conjunto de científicos e investigadores pertenecientes tanto al plantel como al Hospital Clínico de la Universidad de Chile quienes, en septiembre de 2003, sometieron al cuerpo a una serie de análisis, especialmente imagenológicos, a través de resonancias magnéticas y scanner, además de biopsias de músculo y hueso.

“En el laboratorio central de nuestro programa solicité que se procesaran estas muestras mediante las tinciones histológicas habituales pero, además, que se hicieran otras específicas. Y al observarlas al microscopio comprobé que los tejidos muscular y conectivo tienen un alto nivel de conservación, debido a la liofilización que sufrió el cuerpo: esto es, los procesos paralelos de congelación y deshidratación por evaporación, condiciones debidas a las características de altura que se observan en el Cerro El Plomo, entre 5.200 y 5.400 metros por sobre el nivel del mar”, explica. Pero al analizar más detenidamente las muestras, descubrió unas estructuras de forma redonda, elíptica, y/o tubulares, con aspecto de quistes intracelulares, que se distribuían dentro de la longitud de la fibra muscular, “y que de acuerdo a mi experiencia como médico veterinario, y de haber visto estudios parasitológicos, pude concluir que eran larvas de Trichinella, probablemente la variedad spiralis, el nematodo que provoca la triquinosis” , señala el profesor Rodríguez.

Para confirmar su diagnosis, el profesor Rodríguez trabajó conjuntamente con la doctora Isabel Noemí, pediatra parasitóloga, y el tecnólogo médico José Luis Cerva, ambos docentes del Campus Oriente de la Facultad de Medicina, quienes confirmaron morfológicamente su teoría en los laboratorios del Hospital Luis Calvo Mackenna.

“Ellos tienen una larga experiencia parasitológica, y utilizaron sueros hiperinmunes con los que reafirmaron mi tesis. Incluso comparamos la cantidad de quistes de estos tejidos con los que tienen ratones de laboratorio infectados artificialmente, y eran muy similares”, agrega. Ahora, señala que continuará haciendo estudios para determinar qué variedad de Trichinella fue la que enfermó al niño del Cerro “El Plomo”, pues, dependiendo de esa respuesta, se podrá saber, por ejemplo, si es que era un parásito propio de la región, provenía de otra zona de Latinoamérica o venía de Europa con los conquistadores.

¿Qué fue lo que comió el pequeño y que lo enfermó?

Lo más probable que haya sido cerdo salvaje. Porque esta enfermedad tiene varios vectores por los cuales llega al hombre, pero los más habituales son el cerdo y la rata, al comer su carne cruda o mal cocida. Pero Chile es un país en el que la población de roedores es bastante restringida, y entiendo que los que en la actualidad viven cerca del hombre no existían en esa época en nuestro continente, llegaron con los españoles.

¿En el cuerpo se ven otros síntomas evidentes?

No, e inclusive se encuentra visualmente en buen estado, no se ve desnutrición ni nada. Tiene que haber sido una infección que venía de mucho tiempo.

¿Por qué no se describió antes esta parasitosis, si este niño ha sido estudiado en tres ocasiones?

Creo que fue porque se hicieron análisis de tejido cutáneo y no muscular, quizás para no dañar demasiado el cuerpo. Revisando los informes hechos en los estudios anteriores, se describen todas las características que pudieron pesquisar, como por ejemplo un análisis de contenido intestinal a mediante fecas, del cual se deduce que el niño se alimentaba más que nada de vegetales, pero también de carne, y había algo curioso: al analizar los restos de fibras musculares de la carne ingerida y presentes en las heces, aún se podían observar sus estriaciones intracelulares, o sea estaban muy enteras, lo cual quiere decir que este niño estaba con muy mala digestión o con un cuadro diarreico. Esto se explica porque también hicieron estudios parasitológicos a esas fecas y se encontró Trichuris trichiura, una geohelmintiasis que produce diarrea.

El profesor Rodríguez concluye que, dado el interés que genera el tema, invita a investigadores de las áreas antropológica, parasitológica, pediátrica, histórica y todas las que pudieran hacer un aporte para responder a las inquietudes que plantea su estudio.

Todos estos últimos análisis y comentarios recopilados por nuestra colega Cecilia Valenzuela del periódico “La Nación” van dando nueva luz sobre la vida y la realidad de esta sorprendente hallazgo en un ya lejano año 1954; y que de alguna forma nos va presentando un panorama más esclarecedor de cómo eran nuestros ancestros en esta parte del planeta, como vivían, que comían, sus sufrimientos y creencias,

Un niño inca que mascaba hojas de coca, según las costumbres de la época y que aún perdura hoy en día en muchos lugares de nuestro altiplano, sobre todo en el mundo indígena para aliviar el cansancio y el esfuerzo diario.

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Completan los adornos de la cabeza un tocado de flecos de lana negra y un penacho de plumas de cóndor.

La exposición dedicada al pequeño niño incaico estará hasta fines del próximo mes de diciembre, y junto con la entrega de particulares antecedentes sobre su historia, también contempla la exhibición en vitrinas de diversos objetos arqueológicos. Son piezas que datan de la misma época en que vivió el niño, el imperio Inca, y que fueron encontradas en ese sitio cuando se realizó la construcción de la estación del tren subterráneo.

Durante la inauguración un grupo de representantes indígenas aymaras entregaron su testimonio sobre el ritual realizado por los incas a sus dioses, realizando una representación de él.

La exposición responde al trabajo conjunto de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos con el Metro de Santiago, reafirmando el interés de éste de transformar sus espacios en lugares abiertos al quehacer cultural.

Los restos liofilizado de este niño reposan en un sótano oscuro, dentro de una urna de cristal refrigerada, del museo más importante y con tradición de Chile lejos del público en general. Una verdadera reliquia que nos dejo nuestro pasado y que ha vencido el paso del tiempo.

http://www.lanacion.cl/prontus_noticias_v2/site/artic/20080726/imag/FOTO_0120080726222334.jpg Un novela sobre el tema

Intriga arqueológica

Una novela que trata de cómo el “niño-momia” del Cerro del Plomo llega a ese lugar hace más de 500 años-, de cómo es encontrado en 1954 y cómo ha desaparecido, dicen, posteriormente.

Ficha Técnica

Título: “Cielo de serpientes”.

Autor: Antonio Gil.

Género Novela: Seix Barral. Santiago, 2008.

163 páginas.

El biólogo español, García Beltrán,
hizo notar un detalle muy sugerente en respaldo a su teoría que el niño
inca estaba con vida al ser desenterrado del cerro El Plomo. Entre los
objetos de Oro y Plata que encontró el arriero, al lado del pequeño
(“estatuillas” dijo), aparte de una bolsa con hojas de coca, se
encontraban figuras de Oro, una de las cuales era un sapo, según el
científico hispano, que los incas sabían perfectamente lo que estaban
haciendo. El poner un sapo de Oro al lado del niño, era un mensaje a la
posteridad, puesto que la técnica del “sapo helado” era conocida desde
la llegada de los conquistadores españoles al Perú. Un sapo puede vivir
hasta doce años enterrado en el hielo gracias a sus venenos, y ser
resucitado años después. De hecho, hay constancia histórica, que los
incas sabían conservar incorruptos los cuerpos humanos, con su técnica
de congelamiento, que hoy se conoce como de “animación suspendida”. 

UN EJEMPLO HISTORICO
El indio Garcilaso de la Vega, historiador
 mestizo del siglo XVI, hijo de la princesa inca Isabel Chimpu Ocllo y
del capitán español García Laso de la Vega, relata que en 1560 fue
testigo de un hecho insólito. Por orden de las autoridades españolas,
cinco momias de personajes importantes fueron trasladadas a la casa del
licenciado Pablo Ondehardo. Los cuerpos correspondían a Viracocha;
Fupac Yupanqui, Huayna Cápac y las princesas collas Mama Ocllo. Estaban
bien preservados sus cuerpos -dice Garcilaso- que no les faltaba ni un
solo cabello, ni una ceja. El sacerdote Acosta, presente en el acto
dijo por su parte que los cuerpos de las momias se encontraban tan bien
preservados que daban la impresión de estar con vida.

Esta milagrosa
conservación se debía a cierto betún y al frío que lograba detener
completamente los procesos de descomposición. Las momias fueron
llevadas a casa del virrey en Lima pero el clima las comenzó a
deteriorar y en 1562 debieron ser sepultadas en el cementerio de San
Andrés de la capital peruana.

 MAS MISTERIOS
La conservación del niño
inca se constituyó desde el comienzo en un grave problema para el
Museo. Había que mantenerlo en un ambiente refrigerado y en 1985, la
OEA donó la suma de quince mil dólares para que se construyera una
vitrina especial, lo que creó nuevos problemas. Hans Niemayer los
explicó en 1987: “Es vital que la humedad de la atmósfera que la rodea
sea inferior al 45 por ciento, y la temperatura entre dos y cinco
grados bajo cero. Mantener estas condiciones en la sala de exhibición
fue imposible porque son alteradas por cualquier causa, por mínima que
sea. Tal como las corrientes de aire, la iluminación de la cámara, el
calor del público y su respiración, la vibración que puede sufrir la
cámara por cualquier motivo, etcétera”. Con quince mil dólares
aportados por la OEA, se construyó a cámara pero quedó mal hecha y no
sirvió para los requerimientos científicos. Al final, el asunto terminó
en un pleito. Frente a tal contingencia, el niño inca fue sacado de la
exhibición y guardado en una bodega donde se le mantienen las
condiciones necesarias. Está envuelto en pañales esterilizados para
evitar cualquier contaminación que lo pudiera afectar. Sin embargo,
circula el rumor que el pequeño fue retirado de la exhibición pública
porque quienes se acercaban a su cámara sufrían problemas psicológicos
debido a ciertas radiaciones que emitiría, un asunto que cae de lleno
en lo paranormal. Esta situación nunca se ha planteado públicamente.
Para el biólogo español Beltrán, que aseguraba que en Los Andes hay
muchas otras momias esperando ser desenterradas de su cámara de hielo,
para entregar sus secretos a los científicos del siglo XXI, los
recientes hallazgos son una confirmación. La momia encontrada en el
Aconcagua en 1985, también era un niño y estaba a cinco mil metros en
el hielo, donde la temperatura es semejante a la de El Plomo. Dicha
momia fue llevada a Mendoza y se ignora su destino posterior. Ahora los
tres cuerpos encontrados en 1999 en el Llullaillaco, están en San Juan
y también se trata de niños. Lo
 curioso es que también fueron encontrados en cámaras de hielo a cinco
mil metros de altura, o sea, la misma temperatura de los hallazgos
anteriores. Si se le da el crédito a la teoría del biólogo español,
habría que crear una verdadera institución que se dedique a la búsqueda
de estos niños enterrados vivos y extraerlos de sus cámaras sin que se
alteren sus condiciones ambientales.

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