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12 dic 09

Archivo:Louvre2004 134 cor.jpgHomero, por Philippe-Laurent Roland, Museo del Louvre.

Datos biográficos recogidos por la tradición(Wikipedia)

El Himno homérico a Apolo delio menciona «que es un ciego que reside en Quíos, la rocosa».[1] El poeta lírico Simónides de Amorgos atribuye al «hombre de Quíos el siguiente verso de la ‘Iliada, «¿Por qué me preguntas mi linaje? Como el linaje de las hojas soy», convertido en proverbio en la época clásica.[2] Luciano de Samósata dice que fue un babilonio enviado a Grecia como rehén, (griego antiguo ὅμηρος, homêros), y de ahí su nombre.[3]

Pausanias transmite una tradición de los chipriotas, quienes también reclamaban para sí a Homero:

Dicen que Temisto, una mujer del lugar, era su madre, y que Euclo profetizó el nacimiento de Homero en estos versos:
Y entonces en la costera Chipre existirá un gran cantor,
al que dará a luz Temisto en el campo,[4] divina entre las mujeres,
un cantor muy ilustre lejos de la muy rica Salamina.[5]
Dejando Chipre mojado y llevado por las olas,
Cantando él solo el primero las glorias de la espaciosa Hélade
Será inmortal por siempre y no conocerá la vejez

Pausanias, Descripción de Grecia x.24.3.

Sin embargo, también se conserva el siguiente epigrama, atribuido al poeta helenístico Alceo de Mesene, en el que Homero protesta sobre su origen salaminio, y niega que se erigiera una estatua suya en esta ciudad y que su padre fuera un tal Demágoras:

Ni aunque el martillo surgir como Homero de oro me hiciera entre rayos flameantes de Zeus, soy ni seré salaminio ni el hijo de Meles lo será de Demágoras; ¡tal la Hélade lo vea! Con otro poeta probad; y mis versos vosotros a los Helenos, Musas y Quíos, cantadlos.[6]

Acerca del lugar donde murió, existe una tradición atestiguada al menos desde el siglo V a. C. de que se produjo en la isla de Íos.

Pausanias recoge esta tradición y habla sobre una estatua de Homero que vio y un oráculo que leyó, en el Templo de Apolo en Delfos:

Puedes ver también [en el pronaos del Templo de Apolo de Delfos] una estatua de bronce de Homero sobre una estela y en ella leerás el oráculo que dicen que tuvo Homero:
Dichoso e infortunado, pues naciste para cambiar cosas,
Buscas una patria. Tienes una tierra natal, pero no una patria.
La isla de Íos es la patria de tu madre, que cuando mueras te recibirá. Pero vigila el enigma de :los jóvenes muchachos.

Pausanias, op. cit.. x. 24.

Además señala que:

Los de Íos enseñan también un sepulcro de Homero en la isla y en otro lugar uno de Clímene, y dicen que Clímene era la madre de Homero.[7]
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Hécuba,reina de Troya,esposa de Príamo

Y por último, el geógrafo lidio revela que no le agrada escribir sobre la época en que vivieron Homero y Hesíodo:

Sobre la época de Hesíodo y de Homero he indagado cuidadosamente y no me es agradable escribir sobre ello, porque conozco el afán de censura de otros, sobre todo de los que en mi tiempo se ocupan sobre la composición de poemas épicos.

Pausanias, op. cit. ix.30.3.

Aunque ya en la época de la Grecia clásica no se conocía nada concreto y seguro acerca de Homero, a partir del periodo helenístico empezaron a surgir una serie de biografías acerca de él que recogían tradiciones muy diversas y a menudo datos de contenido fabuloso. En estos relatos se mencionaba que antes de llamarse Homero se había llamado Meles, Melesígenes, Altes o Meón, así como datos muy diversos y con numerosas variantes acerca de su ascendencia.

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Casandra,princesa de Troya

Existe una tradición en la que se dice que la Pitia dio una respuesta al emperador Adriano acerca de la procedencia de Homero y su ascendencia:

Me preguntas por la ascendencia y la tierra patria de una inmortal sirena. Por su residencia es itacense; Telémaco es su padre y la nestórea Epicasta su madre, la que le alumbró con mucho al varón más sabio de los mortales.[8

La cuestión homérica

Moneda griega de 50 dracmas con una nave en el anverso y la efigie de Homero en el reverso (1986).

Se denomina cuestión homérica a una serie de incógnitas planteadas en torno a los poemas homéricos. Entre los interrogantes más debatidos se encuentran quién o quiénes fueron sus autores y de qué modo fueron elaborados.

Los investigadores están generalmente de acuerdo en que la Ilíada y la Odisea sufrieron un proceso de estandarización y refinamiento a partir de material más antiguo en el siglo VIII a. C. Un papel importante en esta estandarización parece que correspondió al tirano ateniense Hiparco, quien reformó la recitación de la poesía homérica en la festividad Panatenea. Muchos clasicistas sostienen que esta reforma implicó la confección de una versión canónica escrita.

Controversia en torno a la unidad de los poemas

TEORIA ANALISTA

La escuela de los Anales ha tratado de demostrar la falta de unidad existente en los poemas homéricos. Fue iniciada por el abad François Hédelin d'Aubignac en su obra póstuma Conjeturas académicas, en 1715 y sobre todo a partir de la obra Prolegomena ad Homerum de Friedrich August Wolf en 1795.

Los analistas defienden la intervención de varias manos distintas en la elaboración de cada uno de los poemas homéricos, que además serían producto de la recopilación de pequeñas composiciones populares preexistentes.

TEORÍA NEOANALISTA

Posteriormente, una escuela denominada neoanalítica ha interpretado los poemas homéricos como resultado de la obra de un poeta a la vez recopilador y creador.

TEORIA UNITARIA

Frente a ellos se halla un punto de vista unitario que sostiene que cada uno de los poemas homéricos tiene una concepción global y una inspiración creativa que impide que puedan ser resultado de una compilación de poemas menores.

Algunos de los defensores del punto de vista unitario, sin embargo, señalan que las diferencias existentes entre ambos poemas sugieren la presencia de un autor distinto para cada uno de los dos poemas. El investigador clásico Richmond Lattimore escribió un ensayo titulado Homero: ¿Quién era ella? (Homer: Who Was She?). Samuel Butler era más específico, teorizando que una joven mujer siciliana habría sido la autora de la Odisea (pero no de la Ilíada), una idea sobre la que especuló Robert Graves en su novela La hija de Homero.

No obstante, prevalece la postura que defiende que un único poeta genial fue el autor tanto de la Ilíada como de la Odisea.

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Príamo suplicando a Aquiles

Modo en que fueron elaborados los poemas

Es objeto de debate el modo en el que los poemas homéricos fueron elaborados y cuándo podrían haber tomado una forma escrita fija.

PRODUCTO DE UNA TRADICIÓN ORAL

La mayoría de los clasicistas están de acuerdo en que independientemente de que hubiera un Homero individual o no, los poemas homéricos son el producto de una tradición oral transmitida a través de varias generaciones, que era la herencia colectiva de muchos cantantes-poetas, aoidoi.

Un análisis de la estructura y el vocabulario de ambas obras muestra que los poemas contienen frases repetidas regularmente, incluyendo la repetición de versos completos. Milman Parry y Albert Lord señalaron que una tradición oral tan elaborada, ajena a las culturas literarias actuales, es típica de la poesía épica en una cultura exclusivamente oral. Parry afirmó que los trozos de lenguaje repetitivo fueron heredados por el cantante-poeta de sus predecesores y eran útiles para el poeta al componer. Parry llamó «fórmulas» a estos trozos de lenguaje repetitivo.

REDACTADOS POR ESCRITO

Sin embargo existe una serie de investigadores (Wolfgang Schadewaldt, Vicenzo di Benedetto, Keith Stanley, Wolfgang Kullmann) que defiende que los poemas homéricos fueron originalmente redactados por escrito. Como argumentos a favor de esta postura señalan la complejidad de la estructura de estos poemas, los reenvíos internos a pasajes que se encuentran situados a considerable distancia o la creatividad en el uso de las fórmulas.

DICTADOS A UN ESCRIBA

La solución propuesta por algunos autores como Albert Lord y posteriormente por Minna Skafte Jensen es la «hipótesis de la transcripción», en la que un «Homero» iletrado dicta su poema a un escriba en el siglo VI a. C. o antes.

HOMERISTAS RADICALES

Homeristas más radicales, como Gregory Nagy, objetan que un texto canónico de los poemas homéricos como «escritura» no existió hasta el período helenístico.

Geografía homérica

Homero concebía un mundo que estaba completamente rodeado por Océano, el cual era considerado padre de todos los ríos, mares, fuentes y pozos.[18]

El estudio de las menciones geográficas en la Ilíada desvela que el autor conocía detalles muy precisos de la actual costa turca y, en particular, Samotracia y el río Caístro, cerca de Éfeso. En cambio las referencias a la península griega, con excepción de la pormenorizada enumeración de lugares del catálogo de naves, son escasas y ambiguas. Todo esto indicaría que, de haber sido Homero una persona concreta, se trataría de un autor griego natural de la zona occidental de Asia Menor o de alguna de las islas próximas a ella.

El mencionado Catálogo de naves, que es la enumeración de los ejércitos de la coalición aquea, recoge un total de 178 nombres de lugar agrupados en 29 contingentes distintos. Se trata de un catálogo en el que muchos de los lugares geográficos mencionados ya no podían ser reconocidos por los geógrafos griegos posteriores a Homero, pero en el que no se ha podido demostrar ninguna localización errónea.

El catálogo de naves es una sección que se encuentra en el canto II de la Ilíada de Homero, que consiste en una enumeración de los contingentes de naves de la coalición de los aqueos que componían la expedición militar contra Troya.

El esquema de cada uno de los 29 contingentes de atacantes es bastante similar en todos los casos, y consta de:

  • Nombre de la región y de las ciudades principales que envían tropas.
  • Nombres de los caudillos de cada región.
  • Número de naves enviadas.

El total de las naves suma una cantidad de 1186.

Región Caudillos Ciudades Número de naves
Beocia Peneleo, Leito, Arcesilao, Protoénor, Clonio Hiria, Áulide, Esceno, Escolo, Eteono, Tespea, Grea, Micaleso, Harma, Ilesio, Eritras, Eleone, Hila, Peteón, Ocálea, Medeón, Copas, Eutresis, Tisba, Coronea, Haliarto, Platea, Glisante, Hipotebas, Onquesto, Arne, Midea, Nisa, Antedón 50
Beocia Ascálafo, Yálmeno Aspledón, Orcómeno 30
Fócide Esquedio, Epístrofo Cipariso, Pitón, Crisa, Dáulide, Panopeo, Anemorea, Yámpolis, Lilea 40
Lócrida Áyax el Menor Cino, Opunte, Calíaro, Besa, Escarfa, Augías, Tarfa, Tronio 40
Eubea Elefénor Calcis, Eretria, Histiea, Cerinto, Dío, Caristo, Estira 40
Ática Menesteo Atenas 50
Golfo Sarónico Áyax el Grande Salamina 12
Argólida Diomedes, Esténelo, Euríalo Argos, Tirinto, Hermíone, Ásina, Trecén, Éyones, Epidauro, Egina, Masete 80
Argólida Agamenón Micenas, Corinto, Cleonas, Ornías, Aretírea, Sición, Hiperesía, Gonoesa, Pelene, Egio, Egíalo, Hélica 100
Lacedemonia Menelao Faris, Esparta, Mesa, Brisías, Augías, Amiclas, Helos, Laa, Étilo 60
Mesenia Néstor Pilos, Arena, Trío, Épi, Ciparesente, Anfigenía, Pteleo, Helos, Dorio 90
Arcadia Agapénor Féneo, Orcómeno, Ripa, Estratia, Enispa, Tegea, Mantinea, Estínfalo, Parrasia 60
Élide Anfímaco, Talpio, Diores, Polixino Buprasio, Hirmina, Mírsino, Alesio 40
Mar Jónico Meges Duliquio, islas Equinas 40
Mar Jónico Odiseo Ítaca, Crocilea, Egílipe, Zacinto, Samo 12
Etolia Toante Pleurón, Oleno, Pilene, Cálcide, Calidón 40
Creta Idomeneo, Meríones Cnosos, Gortina, Licto, Mileto, Licasto, Festo, Ritio 80
Rodas Tlepólemo Lindo, Yáliso, Camiro 9
Dodecaneso Nireo Sime 3
Dodecaneso Fidipo, Ántifo Nísiros, Crápatos, Casos, Cos, islas Calidnas 30
Ftía Aquiles Alo, Álope, Trequine 50
Tesalia Protesilao, Podarces Fílace, Píraso 40
Tesalia Eumelo Feras, Beba, Gláfiras, Yolco 11
Tesalia Filoctetes, Medonte Metona, Taumacia, Melibea, Olizón 7
Tesalia Podalirio, Macaón Trica, Itome, Ecalia 30
Tesalia Eurípilo Ormenio, Asterio 40
Tesalia Polipetes, Leonteo Argisa, Girtona, Orta, Elona, Olosón 40
Tesalia Guneo Cifo, Dodona 22
Tesalia Prótoo Magnetes (rivera del Peneo y cercanías del monte Pelión) 40

En la Odisea, Homero menciona una serie de lugares en la parte que trata de las aventuras marinas de Odiseo de los que la mayoría de los historiadores sostiene que se trata de lugares puramente fabulosos, a pesar de que la tradición posterior trató de encontrar una localización precisa de ellos. En la Biblioteca mitológica de Apolodoro se señala que:

Odiseo, según dicen algunos, vagó errante por Libia, según otros por Sicilia y, según el resto, por el Océano o por el mar Tirreno.

Otro aspecto controvertido de la geografía homérica ha sido la localización de la isla de Ítaca, patria de Odiseo, puesto que algunas de las descripciones de ella que aparecen en la Odisea no parecen corresponderse con la isla de Ítaca actual.

Aspectos históricos de los poemas homéricos


Rasgos de la sociedad descritos por Homero

Homero describe una sociedad basada en el caudillaje; se trata de una sociedad guerrera en la que cada región tenía una autoridad suprema que habitualmente es hereditaria. Cada caudillo tenía un séquito personal formado por personas que guardaban un alto grado de lealtad. Disfrutaban de una serie de privilegios: las mejores partes en la distribución de botines y la propiedad de un dominio. Tenían una única esposa, pero podían tener numerosas concubinas, aunque hay un caso en el que Homero menciona una situación de poligamia: la del rey troyano Príamo. Las decisiones políticas eran discutidas en un consejo formado por el caudillo y los jefes locales y luego eran explicadas en la asamblea del pueblo. Los caudillos también tenían la función de presidir los sacrificios ofrecidos a los dioses.

Homero describe un tribunal de justicia que juzgaba los delitos, aunque a veces las familias de los implicados podían llegar a un acuerdo privado que sirviera como compensación por el delito cometido, incluso en caso de asesinato.

En las relaciones exteriores era importante la hospitalidad, que era una relación en la que los caudillos o embajadores estaban obligados a ofrecerse mutuamente alojamiento y ayuda cuando uno viajara al territorio del otro.

Entre los hombres libres citados se encuentran los thètes o siervos, que eran trabajadores libres cuya supervivencia dependía de un escaso salario. También se mencionan los demiurgos, que eran profesionales que tenían una función pública, tales como artesanos, heraldos, adivinos o aedos.

La esclavitud también era práctica aceptada en la sociedad descrita por Homero. Los esclavos solían tomarse entre prisioneros de guerra, o bien en expediciones de pillaje. Se citan ejemplos de compraventa de esclavos y de personas que ya habían nacido siendo esclavos. Los amos a veces recompensaban a sus esclavos concediéndoles tierras o una casa. Se cita la posibilidad de que una esclava pueda acabar convirtiéndose en la legítima esposa de su señor.

En cuanto a los valores éticos descritos, se incluyen el honrar debidamente a los dioses; respetar a mujeres, ancianos, mendigos y suplicantes extranjeros y no deshonrar el cadáver de un enemigo muerto. La incineración es el uso funerario que aparece en los poemas homéricos.

La religión era politeísta. Los dioses tenían características antropomórficas y decidían el destino de los mortales. Se realizaban numerosos ritos tales como sacrificios y plegarias para tratar de conseguir su ayuda y protección.

Aunque se conocía el hierro, la mayor parte de las armas eran de bronce. Homero describe también el uso del carro de guerra como medio de transporte empleado por los caudillos durante las batallas.

Controversia sobre los aspectoshistóricos descritos

Desde el siglo VI a. C., Hecateo de Mileto y otros pensadores debatieron acerca del trasfondo histórico de los poemas cantados por Homero. Los comentarios escritos sobre ellos en el período helenístico exploraron las inconsistencias textuales de los poemas.

Las excavaciones realizadas por Heinrich Schliemann a finales del siglo XIX, así como el estudio de documentos de los archivos reales del Imperio Hitita comenzaron a convencer a los investigadores de que podía haber un fundamento histórico en la Guerra de Troya. Sin embargo, aunque la identidad de Troya como escenario histórico cuenta con el acuerdo de la mayoría de los investigadores, no se ha podido demostrar que haya existido una expedición de guerra contra la ciudad comandada por atacantes micénicos.

La investigación (encabezada por los antes mencionados Parry y Lord) de las épicas orales en serbocroata y en lenguas turcas demostraron que largos poemas podían ser preservados con consistencia por culturas orales hasta que alguien se tomase la molestia de ponerlos por escrito. El desciframiento del lineal B en los años 1950 por Michael Ventris y otros constató una continuidad lingüística entre la lengua notada por la escritura micénica del siglo XIII a. C. y la lengua de los poemas atribuidos a Homero.

OPINION DE CHADWICK:NO REFLEJA LA ÉPOCA DE HOMERO NI LA ANTERIOR

Por otra parte, la cuestión de saber a qué época histórica se pueden referir los testimonios de Homero y en qué medida pueden ser usados como fuentes históricas ha constituido el objeto de un largo debate, que se encuentra lejos de haber concluido. Algunos estudiosos como John Chadwick sostenían que la Grecia descrita por Homero no se parecía ni a la de su época ni a la de los cuatro siglos anteriores.

OPINIONES CONTRARIA A LA DE CHADWICK

a) Al contrario,  Luigia Achillea Stella destaca que hay un importante legado micénico en los poemas homéricos.

b) Joachim Latacz insiste en que el catálogo de naves del canto II de la Ilíada recoge la situación de la época del siglo XIII a. C., es decir, de la civilización micénica.

TEORIA DE FINLEY:REFLEJA LA EDAD OSCURA

En cambio, Moses I. Finley arguye que lo descrito por Homero no era ni el mundo micénico ni su propia época, sino la Edad Oscura de los siglos X y IX a. C., en todo caso una época anterior al desarrollo de las poleis en el siglo VIII a. C.

Los descubrimientos arqueológicos han aportado ciertos elementos desaparecidos con la caída de dicha civilización, pero cuyo recuerdo (topónimos, objetos, costumbres, etc.) guardó Homero. De gran insignificancia, comparado con lo que Homero olvida decir del mundo micénico en el ámbito de las instituciones y de los acontecimientos, aunque los poemas homéricos pretendan ser una descripción de ese mundo desaparecido.

Por otro lado, en base a los datos aportados por las tablillas micénicas en lineal B, se da concordancia entre muchas de las armas mencionadas en los poemas homéricos y armas de la época micénica. El desciframiento de dichas tabillas ha puesto de manifiesto la diferencia entre el mundo micénico y la sociedad homérica. Los palacios micénicos, con su minuciosa burocracia, eran muy diferentes de los de los reyes homéricos, que tenían una organización mucho menos compleja y en los que no existe la escritura, según Vidal-Naquet, Pierre, “Homére et le monde mycénien, á propos d’un livre et d’une polémique ancienne”, Annales 18, París, 1963, p . 703-719.

Homero sólo alude en una ocasión a los dorios y no nombra la migración griega a Asia Menor durante la Edad Oscura.

LOS TRES NIVELES HISTÓRICOS DE LA OBRA HOMÉRICA

Lo anterior, ha sido esquematizado por Michel Austin y Pierre Vidal-Naquet, afirmando que: «existen tres niveles históricos en Homero: el mundo micénico que el poeta trata de evocar, la Edad Oscura y la época en la que vivió; y no siempre resultará fácil distinguir con claridad lo que pertenece a uno otro nivel».[


  1. « En griego antiguo: «τυφλὸς ἀνήρ, οἰκεῖ δὲ Χίῳ ἔνι παιπαλοέσσῃ», verso 172. El himno está datado entre mediados del siglo VII y principios del VI a. C.
  2. IliadaVI, 146; citado por Simónides, Kirk, p. 2.
  3. Luciano de Samósata, Historia verdadera o Sobre la muerte de Peregrino II, 20.
  4. Clímene y Temisto son ejemplos de la utilización de nombres de mujeres en tiempos míticos e históricos.
  5. Se sobrentiende que hace referencia a la ciudad de Salamina de Chipre.
  6. Alceo de Mesene, Epigrama 555, recogido en Antología Palatina
  7. Es presumible que dicha estatua es la que reprodujo en el relieve de la Apoteosis de Homero, obra del escultor Arquelao de Priene. Cf.Hitzig-Blümner, III.2, pág. 749.
  8. Certamen de Homero y Hesíodo, 37, según la traducción de Aurelio Pérez Jiménez y Alfonso Martínez Díez. Madrid: Gredos, 2000. ISBN 84-249-2462-2.
  9. Joachim Latacz. Troya y Homero, página 212.

BIBLIOGRAFIA

Austin, Michel y Vidal-Naquet-Pierre (1986 [1ª ed.]). Economía y sociedad en la antigua Grecia. Buenos Aires: Ediciones Paidós Ibérica, pp. 47.

  • Alsina, José (1991). Teoría literaria griega. Madrid: Gredos. ISBN 84-249-1457-0.
  • Carlier, Pierre (2005). Homero. Madrid: Ediciones Akal S.A. ISBN 978-84-460-2151-3.
  • Dalby, Andrew (2008). Ls reinvención de Homero. Madrid: Gredos. ISBN 978-84-249-3574-0.
  • Latacz, Joachim (2003). Troya y Homero. Barcelona: Ediciones Destino.
  • Pomeroy, Sarah B. & Stanley M. Burstein, Walter Donlan y Jennifer Tolbert Roberts (2001). La Antigua Grecia. Barcelona: Crítica. ISBN 84-8432-302-1.
  • Rodríguez Adrados, Francisco & Fernández-Galiano, Manuel & Gil, Luis & Lasso de la Vega, J. S. (1984). Introducción a Homero. Madrid: Labor Editorial.
  • Signes Codoñer, Juan (2004). Escritura y literatura en la Grecia arcaica. Madrid: Ediciones Akal. ISBN 84-460-1748-2.
  • Wernher, Gretel & Páramo, Jorge (1995). Micenas y Homero (A propósito de Ilíada XV 187-193). Santafé de Bogotá: Instituto Caro y Cuervo.
  • Juan Signes Codoñer. Escritura y literatura en la Grecia arcaica, páginas 165-166.
  • Homero, Ilíada xiv, 200; xviii, 606; xxi, 196.
  • Joachim Latacz. Troya y Homero, página 303. Barcelona, 2003; E. Visser. Homers Katalog der Schiffe. Sttutgart/Leipzig 1997.
  • Finley, Moses I. (1980). El mundo de Odiseo. Buenos Aires: Fondo de Cultura Económica, pp. 46. ISBN 84-7509-395-7.
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  • Austin, Michel y Vidal-Naquet-Pierre (1986 [1ª ed.]). Economía y sociedad en la antigua Grecia. Buenos Aires: Ediciones Paidós Ibérica, pp. 47. ISBN 84-7509-395-7.

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9 dic 09

Troya,mito y realidad

La existencia de las macizas fortificaciones micénicas  o aqueasconstruidas en torno a los palacios  parece indicar que entre ellos no disfrutaban de mucha paz y concordia. El peligro que amenazaba a estos grandes señores no procedía tanto del mar como del propio continente. Las guerras entre ellos deben haber sido frecuentes y su poderío ya estaría muy debilitado y decadente cuando irrumpieron los dorios. Sin duda, el canto del cisne de esta civilización fue la expedición conjunta llevada a cabo contra Troya, al otro lado del Egeo.

La historia de Troya es, arqueologicamente hablando, una de lo más complicadas del mundo. Esta ciudadela, situada sobre una cadena de promontorios a pocos kilómetros del mar Egeo y los Dardanelos, que dominaba y gobernaba una fértil llanura adyacente, carece de restos del neolítico. Luego, a partir del 3.200 a.C. aproximadamente el lugar fue ocupado de manera ininterrumpida hasta el 1.100 a.C. De allí en adelante y hasta el 720 a.C. no volvió a ser habitado.

Se ha tomado la costumbre de distinguir en Troya ocho niveles arqueológicos diferentes cuya cronología aproximada es la siguiente:

Troya I 3.200 – 2.600 a.C. Troya IV 2.200 – 2.050 a.C. Troya VII a ’1.300 – 1.240 a.C.
Troya Il 2.600 – 2.300 a.C. Troya V 2.050 – 1.900 a.C Troya VII b 1.240 – 1.100 a.C.
Troya HI 2.300 – 2.200 a.C. Troya VI 1.900 – 1.300 a.C. Troya VIIII después del 720 a.C.


Durante toda su larga fase de la Edad del Bronce Antigua, hasta quizá el 1.800 a.C., la arqueología troyana revela una notable continuidad cultural. No es que los tiempos fueran completamente pacíficos; hubo una serie de catástrofes periódicas que explican la existencia de cinco estratos superpuesto, pero a cada ruptura parece haber seguido una reconstrucción inmediata y no se muestran indicios de la aparición de elementos nuevos en la población. De todas estas Troyas, la da es la más rica y floreciente como lo demuestran los abundantes tesoros hallados por Schliemann, quien, equivocadamente, los atribuyó a Príamo.

Luego, hacia el 1.800 a.C., surge con Troya VI una nueva civilización que aparece sin prevío aviso, como aconteció en todo el Egeo con similares innovaciones importantes. Este período muestra una técnica militar avanzada, con murallas complejas y arquitectura en general perfeccionada, pero carece de tesoros y de obras estéticamente importantes. No es una coincidencia que las ruinas de Troya VI estén llenas de huesos de caballos, pues fue el caballo lo que dio a los nuevos ocupantes una ventaja militar decisiva sobre sus predecesores. Las cantidades de cerámica miniana primero y luego de la micénica encontradas en Troya VI indican una íntima vinculación con Grecia, hasta el punto que muchos arqueologos han lanzado la hipótesis de que en aquel momento Troya estaba en manos griegas o al menos de una clase dirigente griega.

http://usuarios.lycos.es/dominiohistoria/articulos/art_troya_files/troya6b.jpg


El más grande misterio que rodea a Troya es que los troyanos no parecen haber enterrado a sus muertos. No se ha descubierto más que un pequeño cementerio de umas funerarias a 500 m de la ciudadela, y que parece haber pertenecido a Troya V. En consecuencia, el largo tiempo de ocupación y de esplendor de Troya VI que dura 600 años implica seguramente más de un millón de muertos en ese lugar. ¿A donde han ido a parar sus restos? Es un misterio. En cualquier caso la ausencia de tumbas convierte a la reconstrucción de la historia troyana en algo particularmente difícil. Por lo demás, los troyanos no tenían escritura o, si escribían, lo hacían sobre materiales perecederos tales como la madera o el cuero. No nos ha quedado nada. La arquitectura de Troya VI es más cuidadosa y menos megalítica, que la de Micenas. Casi da una impresión de lujo. Los Aqueos construían de un modo utilitario, únicamente para defenderse; los soberanos de Troya eran más amantes de la apariencia.

Troya estaba aislada del mundo asiático con el cual no tenía buenas comunicaciones naturales. Particularmente los troyanos parecen haber ignorado y haber sido ignorados por los soberanos hititas. Salvo dos pequeños sellos cilíndricos, no se ha encontrado, en todos los trabajos efectuados en el nivel de Troya VI, ningún objeto de origen oriental. Todas las importaciones son micénicas y la mayor parte son objetos de lujo. Esto prueba la gran afinidad de cultura existente entre Troya y el mundo egeo.

Troya era un reino habitado por una población, si no griega, al menos fuertemente helenizada, que se dedicaba principalmente a la cría de caballos y de ganado menor. Esto le permitió desarrollar una floreciente industria textil a fin de intercambiar sus tejidos por los productos de lujo venidos del mundo micénico.

Según uno de los ciclos más célebres de la mitología griega, la ciudad de Troya (o Ilión), que tuvo como fundador a Dárdano, alcanzó la cumbre de su poder bajo el reinado de Priamo. Pero, como había predicho el oráculo, uno de los cincuenta hijos del rey, precisamente el más joven, Paris o Alejandro, provocaría su ruina.

Cuando, con escaso tacto, en una discusión entre las diosas, Paris confirió a Afrodita la palma de la belleza, frente a Atenea y a Hera, obtuvo a cambio el amor de la más bella de las mujeres, Helena, pero se ganó la cruel enemistad de las dos diosas postergadas.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menélao, un reino micénico del Peloponeso.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menéalo, por lo que el príncipe troyano tuvo que seducirla y raptarla durante una visita «de cortesía». Aquel episodio dio origen a la interminable guerra de Troya: Para vengar la ofensa y restituir a Helena a su legitimo consorte, los señores de las principales ciudades griegas (o, mejor, aqueomicénicas) se unieron y promovieron una expedición naval contra Troya. El asedio de la ciudad se prolongó en vano durante diez años. Solo el ardid imaginado por el astuto Ulises permitió poner fin a la expedición. Hizo construir un gigantesco caballo de madera, en cuyo vientre se escondieron los más fuertes guerreros aqueos y fingió levantar el cerco. Convencidos los troyanos de que se trata de un don reparador a los dioses, introducen imprudentemente el caballo tras los muros de la ciudad. Y al amparo de la noche salen del caballo los guerreros aqueos y abren desde el interior las puertas de Troya, que fue conquistada y arrasada. Entre los pocos supervivientes a la matanza se hallaba Eneas a quien el destino asignó el deber de fundar en el lejano Lacio la ciudad que perpetuará en los siglos la estirpe gloriosa de Dárdano, renovando la potencia troyana: la futura Roma. En esta última parte del mito se inspira la Eneida, el sagrado poema del latino Virgilio.



15 ene 09

Fuentes

  • Ciceron, De inventione II.1.1-2
  • Servius, In Aeneida I.526, XI.262
  • Lactantius Placidus Commentarii in Statii Thebaida
    1. Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7.
    2. Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7; Epítome i,23; Higino. Fábulas 79.
    3. Pausanias. Descripción de Grecia ii,22,6.
    4. Homero. Ilíada iii,445; Apolodoro. Epítome 3,3.
    5. Eurípides. Helena; Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,11; Platón. Fedro 44.
    6. Escolio a la tragedia Orestes 249.
    7. Escolio de Servio sobre la Eneida de Virgilio ii,33; Dictis Cretense. Diario de la guerra de Troya i,7; Dares Frigio. Historia de la destrucción de Troya 11.
    8. Apolodoro. Epítome 3,28; Heródoto. Historia ii,118. Según Partenio de Nicea, los encargados de reclamar a Helena fueron Diomedes y Acamante.
    9. Proclo. Crestomatía. Resumen de las ciprias.
    10. Homero. Ilíada iii,154.
    11. Homero. Ilíada iii,161.
    12. Homero. Ilíada iii,390.
    13. Homero. Ilíada xxiv,761.
    14. Partenio de Nicea. Sufrimientos de amor 34.
    15. Apolodoro. Epítome 5,9.
    16. Homero. Odisea iv,244.
    17. Trifiodoro. La toma de Ilíón 513.
    18. Quinto de Esmirna. Posthoméricas xiii,385. Higino. Fábulas 240. Aristófanes. Lisístrata 155 y escolio a este pasaje.
    19. Pausanias. Descripción de Grecia i,35,1.
    20. Homero. Odisea iv,12.
    21. Apolodoro. Epítome 6,29; Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,13.
    22. Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,9.

     

    He encontrado este artículo sobre Helena de Troya.

    El Financiero, lunes 14 de abril, 2008.
    Todas las versiones del mundo antiguo

    ¿Es este el rostro que lanzó a mil navíos y puso fuego a las altas torres de Troya? ¡Dulce Helena, dame la inmortalidad con un beso!, como pedía Fausto, en la obra de Christopher Marlowe, antes de darse cuenta que su alma se apega a tus labios y escapa de mí. ¡Ven, Helena, ven! Devuélvemela. Aquí me he de quedar, pues el cielo son tus labios y todo lo demás, si no es Helena, es polvo. Yo seré Paris y por tu amor no será saqueada Troya, sino Wittenberg.

    Y esta hermosa mujer, la más bella que el hombre haya imaginado desde tiempos inmemorables, es la inspiración de los poetas y es la fuente donde muchas generaciones han bebido para tratarla primero como diosa, luego, como princesa de Argos y también, ¿por qué no?, como una prostituta  y Helena (con hache o sin ella), ha resistido todas y cada una de estas categorías.

    Helena diosa

     Tal vez por esto, Bettany Hughes, periodista y reportera de la TV —que debió de llamarse «Helen» Hughes, pues no canta nada mal las rancheras— hace de su investigación «en busca de Helena» un programa Helen of Troy para la PBS que ahora está disponible en DVD, donde parte de Esparta y los orígenes mismos de este mito en el Peloponeso, para llevarnos a Troya y Egipto, en busca de sus orígenes desde que se creía que era —y lo sigue siendo— una diosa que cada otoño es raptada para regresar, flamante, mostrando sus pechos firmes, voluptuosa, para regar su belleza por todo el campo, bañado de sol y de flores azules como las de lavanda, que perfuman las brechas por donde ella acostumbra caminar, mientras las muchachas espartanas hacían sus altares o unos pequeños templos para rezarle para que compartiera con ellas algo de esa famosa belleza.

    El origen  divino de Helena, la espartana:Zoofilia al canto disfrazada de fábula mitológica
    Zeus, en forma de cisne,  sedujo a Leda y yació con ella  cuando caminaba junto al río Eurotas,  pues fue violada por Zeus, transformado en cisne y fingiendo ser perseguido por un águilala misma noche que Tindáreo, esposo de Leda y rey de Esparta.
    Como consecuencia de ello, Leda puso dos huevos; de uno nacieron Helena y Pólux, ambos inmortales (considerados hijos de Zeus), y del otro Clitemnestra y Cástor, mortales (considerados hijos de Tindáreo). De todas maneras, se consideraba a Cástor y Pólux como gemelos y se los conocía como Dioscuros. Otras hermanas de Helena fueron Timandra y Filónoe.

     Archivo:Musée Picardie Beaux-arts 07.jpg

    Leda y el cisne, (1864), por Auguste Clésinger. Museo de Picardía, Amiens.

    Archivo:Helene Paris Louvre K6.jpg

    Helena y Páris, crátera ática

    Otra tradición  recogida por Apolodoro, (  Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7.  )decía que Helena había nacido de la unión de Némesis y Zeus, transformados respectivamente en oca y cisne. El huevo que puso Némesis fue encontrado por un pastor que lo entregó a Leda. Del huevo nació Helena y Leda la cuidó como si fuera su auténtica madre.

    Rapto de Helena por Teseo y Pirítoo

    Teseo llevándose a Helena. Ánfora ática de figuras rojas. Siglo VI a. C. Staatliche Antikensammlungen, Munich.

    Helena fue famosa por su belleza desde que era una niña. Un día, mientras realizaba un sacrificio a la diosa Artemisa, fue sorprendida y raptada por el héroe ateniense Teseo en compañía de su amigo Pirítoo. Tras capturarla, echaron a suertes la doncella, correspondiéndole a Teseo. Pero cuando éste volvió a Atenas, el pueblo ateniense no permitió la entrada de la muchacha en la ciudad, motivo por el que Teseo la condujo a Afidna, junto a su madre Etra. A continuación, Teseo y Pirítoo decidieron marchar al Hades a raptar a Perséfone con la intención de convertirla en consorte de Pirítoo. Durante su estancia en el Hades, los Dioscuros la rescataron. A su vez tomaron como prisioneras a la madre de Teseo y a la hermana de Pirítoo, que condujeron hasta Esparta para convertirlas en esclavas de Helena(  Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7; Epítome i,23; Higino. Fábulas 79.)         

    Hay una tradición recogida por Pausanias ( Pausanias. Descripción de Grecia ii,22,6. )  menciona que Helena y Teseo tuvieron como hija a Ifigenia pero que, cuando Helena fue liberada por sus hermanos, ella decidió entregar a su hija a su hermana Clitemnestra, que ya estaba casada con Agamenón.Pero la leyenda más extendida señalaba que Ifigenia era hija biológica de Clitemnestra.

    Boda con Menelao

    Helena, pintura de Anthony Frederick Augustus Sandys.

    Artículo principal: Juramento de los pretendientes

    Cuando Helena llegó a la edad de casarse, tuvo muchos pretendientes que acudieron desde todas las partes de Grecia, animados por la fama de su gran belleza y porque ella y su futuro esposo reinarían en Esparta. Tindáreo, temiendo provocar una guerra entre los pretendientes rechazados, siguió un consejo de Odiseo. A cambio, prometió a éste su ayuda para conseguir a su sobrina Penélope como esposa.

    El consejo de Odiseo consistía en arrancar a los pretendientes el juramento de acatar la decisión que se adoptase sobre quién sería el esposo de Helena y la obligación de acudir en auxilio del elegido si en algún momento su esposa le fuese disputada. Una vez realizado el juramento, Helena eligió como marido a Menelao, hermano de Agamenón, rey de Micenas (en otras versiones, de Argos), que, a su vez, se casó con su hermana Clitemnestra.

    Menelao y Helena tuvieron una hija, Hermíone.
    En Argos, el padre de la princesa Helena se propone encontrarle un marido y llega Menélao —hijo de Atreo, el rey de Micenas y perteneciente a la raza de Pélope— hermano de Agamenón —que ya se había casado con Clitemestra, la hermana mayor de Helena—, con un cargamento de regalos y preparado para competir en todas las competiciones programadas hasta ganarse la mano —y el resto— de esta mujer que abandona, por tener que asistir a la cremación de su padre en la isla de Creta, justo cuando el joven Paris, hijo del rey Príamo de Troya, los visitaba en su palacio para tratar de apaciguar la ambición de los griegos por sus tesoros o de firmar algún tratado comercial entre los dos reinos.

    Desde que llegó quedó deslumbrado por esa Helena, su anfitriona —dicen que la diosa Afrodita tuvo que ver en esta visita, pues se la había ofrecido a Paris como premio—, y tal como sucedía en el otoño, es raptada por este joven troyano para llevársela a su casa —sacándose la feria del tigre—, y por eso, el rostro de Helena impulsó a los mil navíos para que pusieran fuego a las altivas torres de Troya sitiándola durante diez años tal como lo escribió Homero en su Ilíada, obra mayor, que trasladó al español don Alfonso Reyes —en una versión en la que estamos trabajando en la flamante editorial M&A para coleccionistas—, y ahí está este fragmento donde aparece por primera vez el nombre de la bella Helena:

    —¡Alerta, hija de Zeus, escudero sin par!
    ¡Que se nos van los dánaos sobre el lomo del mar
    hasta su casa y tierra, dejando por presente
    —trofeo para Príamo y sus teucros— a Helena,
    la argiva por quien tantos, de su nación ausentes,
    en el polvo de Troya rodaron confundidos!
    Ve, persuádelos, háblales, a cada uno enfrena.
    No sea que estos bravos de bronce revestidos
    saquen las corvas naves y las echen al mar.
    La diosa de los ojos zarcos la escucha, y sin tardar
    vuela del alto Olimpo a los barcos aqueos,
    y dice al enfrentarse con el probo Odiseo,
    el prudente de Zeus que, en su alma despechado,
    junto al negro bajel se mantiene callado
    y ni a embarcar se anima ni a tocar los arreos:
     

     

    Bettany Hughes  narra todas y cada una de estas leyendas complejas que han evolucionado desde la epopeya homérica, sobrecargada con esos elementos que han ido recubriendo el relato primitivo: en la época homérica su genealogía se confunde.

    Por un lado, Helena es hija de Zeus y de Leda, aunque tiene por padre al «humano» Tindáreo, por el otro, se dice que era hija de Zeus y Némesis, quien huyendo del primero, había recorrido el mundo adoptando mil formas hasta que se transformó en oca.

    Pero el cachondo dios de dioses se convirtió en cisne para unirse a ella en Ática y, de esta cópula, Némesis puso un huevo que abandonó en el bosque sagrado hasta que un pastor lo encontró y se lo llevó a Leda para depositarlo en una cesta hasta que se abrió y de él nació Helena, a quien Leda crió como si fuese su propia hija.

    .File:Helene Paris David.jpg

    Helena y Paris,  Jacques-Louis David, 1788

    Así las cosas de los mitos, ¡qué maravilla! ¿No creen? Ese fue el rostro que inflamó las mil naves. Con razón.Lo curioso es que no sólo no existió, sino que parece ser que este mito narra el enfrentamiento por el comercio de los Estrechos del Bósforo en el Edad delBronce.

    Cfr.VÁZQUEZ HOYS,A.Mª:Historia de Grecia. Ed.Sanz y Torres,MAdrid 2005.i

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