22 oct 10

Viriato 139 a. C.   (“Terror romanorum, terror de los romanos)

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Estatua de Viriato en Zamora,España.

Viriato fue el principal caudillo de la tribu lusitana que hizo frente a la expansión de Roma en el territorio comprendido entre el Duero y el Guadiana, incluyendo aproximadamente lo que hoy es parte de la provincia de Zamora, casi toda la provincia de Salamanca, el territorio occidental de la provincia de Ávila (incluyendo su capital), Extremadura, el occidente de la provincia de Toledo (hasta la zona de Talavera de la Reina, las llamadas Antiguas Tierras de Talavera) y, por último, Portugal (salvo la región entre el Miño y el Duero).

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Se desconoce  el lugar de su nacimiento y la fecha exacta .

Para  los portugueses  procedía del Mons Herminius (Serra da Estrela) mientras otras teorías , españolas, le hacen sayagués, exactamente de Torrefrades. La hipótesis más extendida es la que ubica su nacimiento cerca de la ciudad vaccea  de Ocalam(Zamora), más concretamente en Ocelum Duri, una futura mansio de la que sería años después Vía de la Plata,  a pocos kilómetros del asentamiento indígena que ocupaba la actual Zamora.

LAS FUENTES  ANTIGUAS SOBRE VIRIATO

La primera fuente clásica que da alguna referencia sobre este lusitano es Diodoro Sículo, que le define como “guerrero lusitano”. Tito Livio comentó de él que era un “pastor soldado” y Apiano, quizá el más afable de todos, elogió los siete años de campaña en los que no tuvo que intervenir por casos de indisciplina, ofreciendo una imagen de Viriato como a un hombre de palabra, un caudillo indígena valeroso y justo.

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Como último caudillo de los lusitanos, tuvo en jaque durante varios años a las legiones romanas. En su primera gran victoria, fingió una retirada y arrasó a las tropas de Vetilio.

Sólo le venció la traición.

«Roma no paga traidores» fue la frase que, según la leyenda, tuvieron que escuchar sus tres asesinos: Ditalcón, Audax y Minuro.

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Viriato llegó a dominar militarmente casi toda la Península, desde el valle del Guadalquivir al valle del Ebro, abriendo una brecha entre los dos colosos entonces enfrentados:Roma y Cartago, consiguiendo un poder ibero que no tuvo igual.

Viriato, como Indíbil y Mandonio, es un símbolo de la Iberia que los cronistas romanos retratan en su crepúsculo, mientras la civilización grecolatina, a sangre y fuego, entraba lentamente en la Península.

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La muerte de Viriato, José de Madrazo

LA GUERRA LUSITANA DE ROMA(155-139 a.C.)

Fecha 155 a. C.139 a. C.
Lugar Hispania
Resultado Victoria romana
Cambios territoriales Expansión territorial en Hispania.
Beligerantes
República romana Lusitanos
Comandantes
Servio  Sulpicio Galba,
Quinto Fabio Máximo Emiliano.
Viriato,
Púnico.


Se conoce con el nombre de  Guerra Lusitana, también denominada Purinos Polemos ( Guerra Fiera), al conflicto armado entre la República romana y unas tribus de la Hispania Ulterior conocidas como los lusitanos que tuvo lugar entre 155 a. C. – 139 a. C. Los lusitanos se rebelaron contra Roma en dos ocasiones (155 a. C. y 146 a. C.) pero al final los romanos los  vencieron. En el 154 a. C., una larga guerra conocida como la Guerra Numantina estalló en la Hispania Citerior empezando por los celtíberos. Esta duró hasta el 133 a. C.

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Historia.Antecedentes.

A.Punico, Caisaro y Cauceno.

En el 194 a. C., estallaron las hostilidades entre los romanos y los lusitanos,  un pueblo autóctono de Iberia. En el 179 a. C., los romanos tuvieron éxito en la pacificación de la zona y obtuvieron un significativo tratado de paz. Sin embargo en el 155 a. C., una gran revuelta bajó el liderato de un cacique llamado “Púnico”, que se había aliado con los vetones, azotó la región.

Tras la muerte de Púnico, otro cacique llamado Caisaro asumió el liderazgo de la revuelta de los lusitanos. Otro señor de la guerra, llamado Cauceno, se levantó contra Roma en el Norte de África.

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B. GALBA  y LÚCULO EN HISPANIA

El pretor Servio Sulpicio Galba  (en latín, Servius Sulpicius Servius F. Galba) (c. 190 a. C. – 135 a. C., cónsul 144 a. C.)  y el procónsul Lucio Licinio Lúculo llegaron en el 151 a. C. y procedieron a subyugar a la población local. Galba invitó a los líderes lusitanos a “entablar negociaciones de paz” (150 a. C.) y los mató allí mismo, terminando poco elegantemente esta fase de la guerra.

Los hechos

En 151 a. C. le fue encomendado el gobierno de la Hispania Ulterior como pretor, en sustitución de Marco Atilio Serrano, donde hizo la guerra a los celtíberos.

.¿Qué era un “pretor”

Un pretor (del latín Práetor) era un magistrado romano cuya jerarquía se alineaba inmediatamente por debajo de la de cónsul. Su función principal era la de administrar justicia en la fase in iure, conceder interdictos y restitutiones in integrum y otras funciones judiciales. Este cargo, llamado pretura, fue creado en el año 367 a. C. y abierto desde el principio a los plebeyos. Desde su creación hasta el año 241 a. C. solo existió uno en Roma, encargado de la organización de los procesos, con posterioridad se creó otro para proteger a los peregrinos (o extranjeros). Su número fue creciendo a la par que Roma iba conquistando nuevos territorios, pero a pesar del número de pretores, esta magistratura no estaba colegiada, ya que todos no tenían las mismas competencias y estas eran sorteadas. Estaban investidos de Imperium e ius auspiciorum maius.

En los primeros tiempos de la República Romana, el término pretor servía para designar a los cónsules, porque estaban colocados al frente de los ejércitos. Pero en el año 366 a. C. se creó en Roma con el título particular de pretor, una nueva magistratura, cuya función consistía en administrar justicia. Los plebeyos no llegaron a la pretura sino hasta el 337 a. C.

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Magistrados romanos

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LA TRAICIÓN DE GALBA A LOS LUSITANOS.SUPERVIVENCIA DE VIRIATO.

Para castigar las incursiones de los rebeldes lusitanos a las ciudades sometidas al yugo romano, Galba los atacó en los confines de las actuales Andalucía y Extremadura. Los lusitanos causaron a Galba enormes pérdidas, y tuvo que retirarse a sus cuarteles de invierno en Conistorgis.

En la primavera del 150 a. C. entró nuevamente en la Lusitania y asoló su país. Cuando los lusos enviaron una embajada reclamando por la violación del tratado que habían hecho con Atilio, y por su parte prometían observar los términos del acuerdo con fidelidad.

Galba recibió a los embajadores lusos amablemente, y lamentó que las circunstancias, especialmente la pobreza de su país, los había inducido a la rebelión contra los romanos. Les prometió tierras fértiles donde se podrían establecer para cultivarlas y habitarlas con sus familias, efectuando asentamientos bajo la protección de Roma si permanecían leales. Acudieron unos 30.000 lusitanos solicitando el cumplimiento de esta promesa. Galba los repartió en tres campamentos y les exigió que entregaran sus armas en señal de amistad; entonces los rodeó con todo su ejército y ordenó atacarlos; unos 9.000 fueron acuchillados y más de 20.000 prisioneros fueron vendidos como esclavos en las Galias (150 a. C.). Sólo unos pocos pudieron escapar, pero entre ellos estaba Viriato, que años después tomaría venganza de esta traición romana.

Juicio a Galba en Roma. El rescate de los lusitanos y la Lex Calpurnia

Esta conducta fue denunciada por el tribuno de la plebe Tito Escribonio Libón, que lo acusó cuando al término de su mandato como pretor volvió a Roma (149 a. C.). También recibió críticas por su conducta de parte de Catón, en ese tiempo de 85 años de edad.

Se le instruyó un proceso, acusado de pactar ilegalmente, de traicionar lo pactado y de retener personalmente la mayor parte del botín. Pero, gracias a su aristocrático origen, al cohecho y a su probada elocuencia, logró la absolución. No obstante el tribuno de la plebe Lucio Libon consiguió que se aprobara una ley que ordenaba el rescate de los lusitanos vendidos por Galba, y poco después el Senado romano aprobó la lex Calpurnia, que iba especialmente dirigida contra los gobernadores culpables de concusión.

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La muerte de Viriato, detalle, Jose de Madrazo

Galba, Cónsul de Roma.Intento de vuelta a Hispania

En el año 144 a. C. Galba fue elegido cónsul, junto con Lucio Aurelio Cota. Los dos cónsules se disputaron quién de los dos tendría el mando de Hispania donde Viriato al frente de los lusitanos se había sublevado.

La discordia reinante también llegó al Senado, pero se resolvió al final, que nadie debía ser enviado a España, y que Quinto Fabio Máximo Emiliano, el cónsul del año anterior, debería seguir al mando del ejército en Hispania.

Debe aún haber vivido en el 138 a. C., pues en ese año, habló por los publicani.[1] .

Apiano afirma que Galba, a pesar de que era muy rico, era extremadamente tacaño, y que no tenía el menor escrúpulo en mentir o cometer perjurio, siempre y cuando con ello podría obtener beneficios económicos.

Cicerón habla de su talento como orador con elogio, y lo llama el primero de los romanos, cuya oratoria era lo que debería ser. Su oratoria tenía gran poder, la cual era incrementada por el uso de una gesticulación apasionada.[2]

Referencias

  1. ↑ Cic. Brut. 22
  2. ↑ Apiano, Hispan. 58, 59, 60; Liv xlv 35, 36, Epit. 49; Suet. Galb. 3; Oros. iv. 20; Val. Máx. viii. 1. § 2, 7. § 1; Plut. Cat. Maj. 15; Nepote, Cat. 3; Gell. i. 12, 23, xiii. 24; Cic. de Orat. i. 10, 13, 53, 60, ii. 2, 65, iii. 7, Brut. 22, 23, 24, 33, 86, 97, Orat. 30, ad Att. xii. 5, pro Muren. 28, Tuscul. i. 3, Acad. ii. 16, de Re Publ. iii. 30, ad Herenn. iv. 5; Front., Epist. p. 85, ed. Rom.; Meyer, Fragm. Orat. Rom. pp. 120, & c., 164, & c.

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Lucio Licinio Lúculo (latín: Lucius Licinius Lucullus) fue un político y militar romano, de la familia plebeya de los Licinii. Fue cónsul en el 151 a. C., el primero de su familia, según-Plutarco . Lucull 1 y Cicerón,  Acad. pr. ii. 45

Probablemente hijo del edil curul del año 202 a. C. Lucius Licinius Lucullus, padre de Lucio Licinio Lúculo, pretor en el 104 a. C. y general en la Segunda Guerra Servil, y abuelo del famoso general Lucio Licinio Luculo, cónsul en el 74 a. C. y de Marco Terencio Varrón Lúculo, cónsul en el 73 a. C.

Después de haber desarrollado varias magistraturas fue nombrado cónsul en el año 151 a. C. junto con Aulo Postumio Albino y fue enviado a Hispania para sustituir a Marco Claudio Marcelo que ya había concertado la paz de Numancia con la tribu celtibera de los arevacos.

La guerra contra los celtiberos parece haber sido impopular en Roma, ya que fue difícil reclutar un ejército, y la severidad de Luculo y su colega irritó al pueblo e incluso a los tribunos, hasta que estos ordenaron la detención de los cónsules y los hicieron encarcelar; el conflicto se acabó con la intervención del joven Escipión Emiliano, el cual ofreció sus servicios e hizo revivir el espíritu militar entre los romanos, según Polibio. xxxv. 3, 4, Livio, Epit. xlviii; Apiano, Hisp. 49, Orosio  iv. 21

Antes de su llegada a Hispania, Marcelo ya había acabado la guerra y todas las tribus sublevadas se habían sometido. El nuevo cónsul, decidió atacar a los vacceos, según Apiano por puro interés, sin el aval del Senado romano y sin que los vacceos hubieran dado motivos para la guerra. Atravesó el Tajo y obligó al oppidum de Cauca, donde sospechaba que acumulaba grandes riquezas, a capitular bajo falsas promesas de piedad, masacrando después a gran parte de la población (en un número estimado de 20.000); esclavizando a los supervivientes.

A partir de aquí, Lúculo avanzó hasta el corazón del país, cruzó el Duero, y puso sitio a la fortaleza vaccea de Intercatia, que durante un tiempo resistió el cerco romano, pero fue finalmente inducida a presentar, en condiciones favorables garantizadas por Escipión Emiliano, para la retirada de los romanos. Lúculo obtuvo de esta ciudad la cantidad de 10.000 sagos pero nada de plata.

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Viriato y guerreros lusitanos en Viseu(Wikipedia)

Un ataque posterior contra Palantia)(Palencia )  fue rechazado, y finalmente, careciendo  de provisiones, Lúculo·tuvo que retirarse , presionado por los vacceos y volvió a cruzar el Duero, estableciendo sus cuarteles de invierno al sur de la península. Aunque la expedición contra los vacceos no tenía autorización, no fue juzgado por el Senado y Lúculo continuó en Hispania, con el rango de procónsul, según Apiano., Hisp. 50-55; Livio. Epit. xlviii y  Plinio,. N .H, ix. 30. § 48.

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Pasó el invierno en Turdetania y la primavera del año 150 a. C. entró al territorio de los lusos junto con Sulpicio Galba con él que compartió, según el relato de Apiano, los actos de crueldad y traición que se hicieron contra el pueblo de los lusitanos; aún así fue más afortunado que Galba, puesto que no fue juzgado a su regreso a Roma, según Apiano, op. cit. 55, 59, 61.


- Escena de la vida de Viriato (Historia de España, Segundo Grado. Barcelona, Luis Vives, 1952, p. 81)

Durante este periodo Lúculo amasó una pequeña fortuna a pesar de que la guerra contra los vacceos no fue muy productiva y con parte del dinero recogido construyó un templo a la Buena Fortuna (Felicitas); para la consagración pidió a Lucio Mummio unas estatuas que este había traído de Corinto y cuando estuvo consagrado se negó a devolverlas alegando que habían sido consagradas a la diosa según relatan Dion Cassio,  fragm. 81 y  Estrabon,  viii. p. 381.

Referencias

  1. Plut. Lucull 1; Cic. Acad. pr. ii. 45
  2. ↑ Xxxv Polyb. xxxv. 3, 4, Liv. Epit. xlviii; Apiano, Hisp. 49, Oros. iv. 21
  3. ↑ Apia., Hisp. 50-55; Liv. Epit. xlviii; Plin. H . N ix. 30. § 48
  4. Apia., Hisp. 55, 59, 61
  5. ↑ Dion Cass. fragm. 81; Strab. viii. p. 381

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Escena de la vida de Viriato .
(Historia de España, Segundo Grado. Barcelona, Luis Vives, 1952, p. 82)

C. Viriato


En el 146 a. C., los lusitanos encontraron un nuevo líder,  llamado Viriato, fue ganando renombre entre los romanos como un gran jefe de guerrillas. En palabras de Theodor Mommsen, “Se parecía a uno de los héroes de Homero”. En el 145 a. C., el general Quinto Fabio Máximo Emiliano realizó una campaña con éxito contra los lusitanos, pero falló en su objetivo de arrestar a Viriato. En el 143 a. C., Viriato formó una coalición contra los romanos con varias tribus celtíberas.

Sexto Junio Bruto, mientras intentaba capturar a Viriato, observó que las ciudades de Lusitania estaban defendidas por mujeres guerreras.

En el 139 a. C., Viriato fue finalmente asesinado mientras dormía por tres de sus colegas, Audax, Ditalco y Minuro, que habían sido enviados como emisarios a Roma y sobornados por Marco Popilio Laenas. Sin embargo el general Quinto Servilio Cepio los ejecutó argumentando que “Roma no paga a los traidores”.

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La novelería romántica ha hecho que Viriato, enemigo de Roma, figure en nuestro panteón imaginario con más méritos que Sertorio, Pompeyo o Julio César. Cuando antaño se enseñaba Historia en píldoras mitológicas, Viriato era «un pastor lusitano». Pero aun en el caso de que alguna vez cuidara ovejas o cabras, fue bastante más que pastor (con ser nobilísima esta profesión) y no un lusitano cualquiera. Cuando el historiador Apiano de Alejandría, en su libro sobre Iberia -VI de su Historia Romana-, cita por primera vez a Viriato, dice: «Aniquiló a numerosos romanos y dio muestra de grandes hazañas».

En realidad, Viriato tuvo en jaque durante varios años a las legiones, les infligió media docena de derrotas humillantes, recorrió, revolvió y casi dominó las dos Hispanias, la ulterior y la Citerior, mató a miles de soldados romanos o aliados y murió de confianza, veneno anterior al de la traición. Puede decirse también que murió por pactar, pero eso no lo acredita como centrista póstumo. Hay sabios que lo consideran sólo un aspirante a reyezuelo cuya ambición tropezó con la implacable Roma, hecho que celebran.

LA BODA DE VIRIATO

Cuenta Diodoro de Sicilia que un hombre rico llamado Astipas concedió la mano de su hija a un tal Viriato y organizó el ya entonces forzoso banquete nupcial.

Pero el novio no apreció la vajilla de oro que en su honor se exponía, sino que, apoyado en su lanza, soltó un discurso sobre lo poco que valían las riquezas cuando otros -es decir, los romanos- decidían su destino, se negó a lavarse las manos, repartió a su escolta algo de comer, reclamó a la novia, la subió a la grupa de su caballo y partió sin despedirse hacia su guarida en las montañas. Reconózcase la plasticidad de la estampa. Pero su majeza incluía no poca crueldad. Años más tarde, cuando Astipas era voluntario rehén de los romanos, lo reclamó y le cortó el cuello.

Viriato pudo nacer en la Sierra de la Estrella, al norte de la Lusitania, que se extendía por la mitad de lo que ahora es Portugal y las tierras limítrofes entre Zamora y Badajoz. Estrabón tenía a los lusitanos por la nación más poderosa entre las ibéricas, pero indudablemente no era la más próspera. El bandidismo endémico muestra una clara dependencia del pillaje como modo de mantenimiento, así como escasez de tierras fértiles para una población que no se bastaba con el pastoreo y recurría a la guerra para alimentarse. Los tributos que probablemente cobraban desde antiguo entre la población de los valles del Guadiana y Guadalquivir les llevaron al enfrentamiento con los romanos cuando éstos empezaron a repartir tierras de la Bética entre sus colonos, sobre todo tras la Segunda Guerra contra Cartago.

Cultivó Viriato tres cualidades básicas del guerrillero: el aprovechamiento sistemático del terreno para las emboscadas, la audacia para cambiar el escenario de los combates, gracias a la movilidad de sus tropas, y la capacidad de actuar muy lejos de sus bases de aprovisionamiento, lo cual suponía también mucha mano izquierda para lograr alianzas sobre la marcha y pactos de manutención sobre el terreno.

LA BATALLA DE TRIBOLA

La primera victoria de Viriato fue junto a la ciudad de Tríbola, al sureste del Guadalquivir, donde fingió una retirada que terminó en copo y destrucción de las tropas de Vetilio. El ejército romano con caballería y elefantes les siguió y cuando se adentraron en el desfiladero comprendieron que habían caido en una trampa, pero ya era demasiado tarde. Los romanos, dentro del desfiladero, no tenían  escape y Viriato desde lo alto del desfiladero lanzó un monton de bolas ardiendo que acabaron con el ejército enemigo. El fuego asustó a los caballos y elefantes, lo que provocó un gran desorden enlas filas romanas que aprovehó Viriato para atacar de nuevo y acabar con la vida de mas de 4000 legionarios. Era el año 147 antes de Cristo. Batió entonces la Carpetania, combatiendo incansablemente hacia el norte y el este hasta tomar Segóbriga, ciudad clave de los olcades. Se retiró entonces al Monte de Venus, cabe la inaccesible fragosidad de Gredos, y desde allí se convirtió en el terror de la Hispania Citerior tras haber dominado la Ulterior. Plancio, Unimanio y Nigidio sucedieron a Vetilio en la lista de víctimas viriatenses.

Comienza entonces una lenta e implacable reconquista romana de los territorios perdidos. La liquidación de la guerra de Cartago permitió al Senado allegar más hombres y recursos para luchar contra los insoportables lusitanos, que exhibían además una gran capacidad diplomática con diversas tribus ibéricas como los vettones y otros feroces vecinos. El mérito suele atribuírsele a Viriato, aunque el enemigo común había levado a las tribus peninsulares a una especie de confederación político-militar nada desdeñable.

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Lo que no podía el guerrero del Monte de Venus era hacer milagros. En el año 144 a.d.C. los romanos recuperaron el control del valle del Guadalquivir. Algunos historiadores creen que Quinto Fabio Máximo derrotó a Viriato en Bailén, si era ése el lugar de Baecula. Otros lo sitúan en los Arapiles, así que no salimos de la imprecisión evocadora de tantos combates peninsulares trascendentes, siempre en los mismos sitios.

Tras la derrota ante Fabio Máximo, el caudillo lusitano se refugió en Sierra Morena, faltaría más, y desde allí hizo frente a la gran expedición de Serviliano y unos 20.000 soldados. Viriato consiguió batir a las legiones en una sorda guerra de desgaste y mantener hasta el año 142 sus posiciones en torno a lo que hoy es Martos (Jaén), entonces llamado Tucci. Pero Serviliano y Fabio Máximo fueron privándole de sus bases de apoyo y en el 140 tuvo que retirarse a Lusitania. Consiguió rehacerse, que es el sino de todos los grandes generales antes de la derrota definitiva, y vengarse de Serviliano en el campo de batalla. Pero tras la victoria se avino a firmar la paz y ésa fue su ruina.

Otra gran victoria fue la de la Carpetania, donde los legonarios muertos tras el combate ascendieron hasta 10000. Esta victoria le dio muchos ánimos para enfrentarse al gran general romano Quinto fabio Maximo, que había sido enviado por el senado de Roma al frente de 15000 legionarios y 2000 jinetes. Pero Fabio Maximio también encontro la derrota de manos de Viriato en la batalla de Osuna.

Roma comenzó a desesperar así que decidió enviar a Hispania un ejército de 18000 legionarios y 1600 caballos al mando del cónsul Serviliano. Este Consúl decidió adoptar la táctica de viriato, y en lugar de ir a buscarlo para presentarle batalla, decidió encontrar a sus partidiarios y ir ejecutándolos poco a poco. Cuando Serviliano llegó a la ciudad de Porcuna mandó ejecutar a 500 celtíberos y otros 9500 fueron capturados como esclavos. Estó fue haciendo Serviliano ciudad tras ciudad hasta que topó con la furia de Viriato en Bailén. Viriato derrotó al ejército de Serviliano, pero en lugar de matarlo decidió pactar con él. Le dijo que tenía que ir a roma y decirle lo siguiente: “Vosotros los romanos ya habéis sufrido bastante en estas tierras, mi pueblo desea la paz, así que reconocerme como rey de estas tierras compartidas por ambos y todo habrá acabado”.
Roma tuvo que pactar a disgusto y el Senado nombró a Viriato como amicus pupuli romani ( atitulo otorgado a los reyes de tierras compartidas por los romanos ).

En una de las diversas treguas que acordaban sin convicción ambas partes desde el año 140 a.d.C., Viriato mató a su suegro, miembro de la clase dirigente lusitana que tal vez había decidido ya el pacto con los romanos. Y finalmente, en el 139 a.d.C., pudo recibir la oferta de ser rey de una Lusitania independiente y aliada de Roma. O tal vez la propuesta fue suya y los romanos fingieron aceptarla; sobre eso no hay acuerdo.

El hecho es que tres de sus enviados, Ditalcón, Audax y Minuro, volvieron del campamento romano con más oro del que llevaban y se lo ganaron apuñalando a Viriato. Cuenta la leyenda que, muerto el héroe, los asesinos volvieron a por lo suyo y los romanos, avarientos, le respondieron: «Roma no paga traidores». La frase es notable pero apócrifa. Los lusitanos no se metían en magnicidios gratis.

Muerto Viriato, sus guerreros le rindieron homenaje cantando himnos, degollando animales y combatiendo por parejas sobre su tumba, fórmula del entierro de primera en aquellos siglos tremendos. Una vez quemado su cadáver en la pira ritual, aventadas sus cenizas y apagado el gran fuego nocturno, los lusitanos no encontraron -tal vez por no quererlo buscar- sucesor para Viriato y fueron entrando en la órbita romana.

Abrían así el camino para la inmediata dominación de los celtíberos de la meseta septentrional, clave estratégica de la península y cuyo último foco de resistencia fue Numancia, que se rindió, en términos menos heroicos de los que cuenta la leyenda, apenas cinco años después de la muerte de Viriato. Por eso puede decirse que con él se extinguió la antigua Iberia y que Hispania, aunque algo chamuscada, entró definitivamente en la Historia. A golpes, sin duda. Pero entró, entró.

VIRIATO: EL HEROE HISPANO QUE LUCHO POR LA LIBERTAD DE SU PUEBLO
de PASTOR MUÑOZ, MAURICIO

LA ESFERA DE LOS LIBROS
Imprescindible

17.0×24.0 cm      290 pags
Lengua: CASTELLANO
Encuadernación: Tapa dura
ISBN: 9788497341783
Nº Edición:1ª
Año de edición:2004
Plaza edición: MADRID

Excelente estratega y líder carismático, Viriato ha pasado a la historia envuelto en los ropajes del mito. Poco después de sobrevivir a la horrible matanza ordenada por el pretor Galba, a mediados del siglo II a. C., este héroe milenario -apodado por algunos «Rómulo de Hispania»- comenzó su andadura como jefe de un grupo de guerreros lusitanos y dedicó su vida a hostigar al ejército romano, supliendo la inferioridad numérica y técnica de sus tropas con grandes dosis de astucia: convirtió la llamada «guerra de guerrillas» en una perfecta maquinaria de lucha y sus tácticas revolucionaron para siempre la concepción de la estrategia militar. Sus continuas victorias sobre el poderoso ejército imperial terminaron con un acuerdo de paz, por el que el Senado romano reconocía su condición de «rey de los lusitanos». Sólo la traición de tres de sus colaboradores más cercanos conseguiría poner fin a la exitosa carrera política y militar del héroe, cuyas magníficas exequias fueron el preludio de múltiples leyendas inmortales. Fruto del análisis riguroso de las fuentes antiguas y de la revisión de los distintos mitos que han adornado la trayectoria de Viriato a lo largo de los siglos, el historiador Mauricio Pastor , profesor de Historia Antigua en la Universidad de Granada, nos ofrece en estas vibrantes páginas no sólo la biografía definitiva de uno de los grandes héroes de la historia de la península Ibérica, sino también el retrato de una época y un mundo en permanente convulsión, así como las pruebas inequívocas de que el valor de unos pocos puede hacer tambalear hasta al más arrogante de los imperios

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