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23 abr 11

Cornelia,madre de los Graco y sus hijos, Tiberio, Cayo y Sempronia.

Cayo Graco sólo tuvo una hija de su matrimonio con Licinia Crasa, una mujer llamada Sempronia, heredera de la cuantiosísima fortuna de los Graco, se casó con Fulvio Flaco.

De este matrimonio nació   nuevamente sólo  una única hija,  llamada Fulvia, que se casó tres veces:

En  en primeras nupcias con  Publio Cornelio Pulcro, en  segundas con Cayo Escribonio  Curio y  en terceras con  Marco Antonio.


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14 abr 10

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Augusto,el primer Principe romano

Cayo Julio César Augusto (Gaivs Ivlivs Caesar Augustus, 23 de septiembre de 63 a. C.19 de agosto de 14 d. C.) fue el primer y quizá más importante gobernante de Roma,  que  gobernó con pericia desde 27 a. C. hasta su muerte en 14 d. C.

Su  nombre era Cayo Octavio Turino y fue adoptado por su tío abuelo Julio César en su testamento, en el año 44 a. C. Desde ese momento pasó a llamarse Cayo Julio César Octaviano y consiguio hacerse con el poder de Roma al cabo de pocos años.
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17 mar 10

Idus de marzo

Archivo:Rimini083.jpg

Estatua de César en Rímini,Italia

Nombre real Gaius Julius Caesar
Nacimiento 13 de julio de 100 a. C.
Roma, República Romana
Fallecimiento 15 de marzo de 44 a. C.
Roma, República Romana

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/aa/Gerome_Death_of_Caesar.jpg

La muerte de César,Jean-Léon Gérôme (1824-1904)

En el calendario romano los idus de marzo caían en el 15 del mes de Martius. Los idus eran días de buenos augurios que tenían lugar los días 15 de marzo, mayo, julio y octubre y los días 13 del resto de los meses.

Archivo:Roman Lictor with fasces.JPG

Lictores portando las Fasces, haz de varas que significaba el poder de los magistrados romanos

Cada cónsul iba precedido por doce y el dictador por veinticuatro.

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Muerte de César, de Jean-Léon Gérôme, 1867.

La fecha es famosa porque Julio César fue asesinado en los idus de marzo del año 44 a. C. Según el escritor griego Plutarco, César había sido advertido del peligro, pero había desestimado la advertencia:

Lo que es más extraordinario aun es que un invidente le había advertido del grave peligro que le amenazaba en los idus de marzo, y ese día cuando iba al Senado llamó al invidente y riendo le dijo: “Los idus de marzo ya han llegado”; a lo que el invidente contestó compasivamente: “Sí, pero aún no han acabado”.

Archivo:RSC 0022.jpg

Julius Caesar. Febrero-Marzo 44 a.C. AR Denarius (3.95 gm). L. Aemilius Buca, monetal. CAESAR IM P M, cabeza laureada a la derecha; detras cresciente / L AEMILIVS BVCA, Venus a la izquierda, llevando una  Victoria y cetro en las manos.

Crawford 480/4; Sear, CRI 102; Alföldi pl. XXV, 19 = Banti 86/18 = Sydenham 1060; RSC 22.

A. Alföldi, “Der Denar des L. Aemilius Buca mit CAESAR.IM-P-M. Zur Auswertung der Münzquellen der Geschichte des Jahres 44 v.Chr.,” SM 58 (1965), pl. 3, 4

Archivo:Carl Theodor von Piloty Caesars Death.jpg

La muerte de César,Carl Theodor von Piloty

Aunque el calendario romano fue sustituido por los días de la semana modernos alrededor del siglo III, los idus se siguieron usando coloquialmente como referencia durante los siguientes siglos.

Shakespeare en su obra Julio César en 1599 los citaba al escribir la famosa frase: “¡Cuídate de los idus de marzo!”.

La leyenda cuenta que Calpurnia Pisonis, la mujer de César, después de haber soñado con un presagio terrible, advirtió a César de que tuviera cuidado, pero César ignoró su advertencia diciendo: «Sólo se debe temer al miedo». En otras se cuenta cómo un vidente ciego le había prevenido contra los Idus de Marzo; llegado el día, César le recordó divertido en las escaleras del Senado que aún seguía vivo, a lo que el ciego respondió que los idus no habían acabado aún(Suetonio, Vida de los doce Césares, César, 81)

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Lugar del Foro romano donde se quemó el cadáver de César

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Los funerales de César y Shakespeare

SHAKESPEARE, JULIO CÉSAR Y MARCO ANTONIO

El 20 de marzo del año 44 a.C., a los cinco días de su asesinato, se celebraron en Roma  los funerales de César. Los asesinos habían permitido la celebración pública de éstos al cónsul Marco Antonio. En el  Foro se montó un catafalco con un fondo de telas púrpura, bajo el cual estaba el lecho fúnebre de César con el cadáver a la vista. Junto a él, se había colocado la ropa ensangrentada que  el Dictador vestía el día del asesinato, así como muchos trofeos conquistados en sus campañas militares.

Marco Antonio pronunció un discurso al parecer bastante breve y leyó el testamento de César, algo que hizo enfurecer a la multitud contra los asesinos, porque no sólo dejaba un legado importante a los ciudadanos romanos, sino que tambien dejaba legados a algunos de quienes habían sido sus asesinos. Incluso a uno de ellos lo nombraba tutor de su hijo, el joven Octaviano (más tarde convertido en Augusto).
Eso ponía de manifiesto la magnitud de la traición. El  pueblo romano, enfurecido, decidió incinerar allí mismo el cadáver de César e incendiar las casas de sus asesinos.
William Shakespeare, en su drama “Julio César”  escribió para Marco Antonio un magnífico discurso,  considerado como uno de los mejores de la historia. Es una pieza maestra de cómo, con un discurso aparentemente favorable a los asesinos, logra volver al público contra ellos.

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El  Foro romano

ANTONIO: “¡Amigos, romanos, compatriotas, prestadme atención! ¡Vengo a inhumar a César, no a ensalzarle! El mal que hacen los hombres perdura sobre su memoria. Frecuentemente el bien queda sepultado con sus huesos. ¡Sea así con César! El noble Bruto os ha dicho que César era ambicioso. Si lo fue, era la suya una falta grave, y gravemente la ha pagado. Con la venia de Bruto y los demás, pues Bruto es un hombre honrado, como son todos ellos, hombres todos honrados, vengo a hablar en el funeral de César. Era mi amigo, para mí leal y sincero; pero Bruto dice que era ambicioso. Y Bruto es un hombre honrado. Infinitos cautivos trajo a Roma, cuyos rescates llenaron el tesoro público. ¿Parecía eso ambición en César? Siempre que los pobres dejaban oír su voz lastimera, César lloraba. ¡La ambición debería ser de una sustancia más dura! No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y Bruto es un hombre honrado. Todos visteis que en las Lupercales le presenté tres veces una corona real, y la rechazó tres veces. ¿Era esto ambición? No obstante, Bruto dice que era ambicioso, y, ciertamente, es un hombre honrado. No hablo para desaprobar lo que Bruto habló. Pero estoy aquí para decir lo que sé. Todos le amasteis alguna vez, y no sin causa. ¿Qué razón, entonces, os detiene ahora para no llevarle luto? ¡Oh raciocinio! Has ido a buscar asilo en los irracionales, pues los hombres han perdido la razón… ¡Perdonadme un momento! Mi corazón está ahí, en ese féretro, con César, y he de detenerme hasta que torne a mí.”

(Los ciudadanos hablan entre sí dando la razón a Antonio)

“Ayer todavía, la palabra de César hubiera podido prevalecer contra el universo. Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le reverencie. ¡Oh señores! Si estuviera dispuesto a excitar al motín y a la cólera a vuestras mentes y corazones, sería injusto con Bruto y con Casio, quienes, como todos sabéis, son hombres honrados. ¡No quiero ser injusto con ellos! Prefiero serlo con el muerto, conmigo y con vosotros, antes que con esos hombres tan honrados. Pero he aquí un pergamino con el sello de César. Lo hallé en su gabinete, y en su testamento ¡Oiga el pueblo ésta su [última] voluntad (aunque con vuestro permiso, no me propongo leerlo), e irá a besar las heridas de César muerto y a empapar sus pañuelos en su sagrada sangre! ¡Sí! ¡Reclamará un cabello suyo como reliquia y, al morir, lo transmitirá por testamento como un rico legado a su posteridad! “

(Los ciudadanos exigen conocer el testamento de César)

“¡Sed pacientes, amables amigos! ¡No debo leerlo! No es conveniente que sepáis hasta qué extremo os amó César. Pues siendo hombres, al oír el testamento de César os enfureceríais llenos de desesperación. Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus herederos, pues, si lo supierais, ¡Oh! ¿Qué no habría de acontecer?”

(Más voces exigiendo la lectura del testamento)

“¿Tendréis paciencia? ¿Permaneceréis un momento en calma? He ido demasiado lejos en deciros esto. Temo agraviar a los honrados hombres cuyos puñales traspasaron a César. ¡Lo temo!”

(Siguen las exigencias de los ciudadanos)

“¿Queréis obligarme, entonces, a leer el testamento? Pues bien, formar círculo en torno al cadáver de César y dejadme mostraros al que hizo el testamento. ¿Descenderé? ¿Me dais vuestro permiso?”

(Baja de la tribuna y se sitúa junto al catafalco con los despojos de César)

“Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas. ¡Todos conocéis este manto! Recuerdo cuando César lo estrenó. Era una tarde de estío, en su tienda, el día que venció a los nervios. ¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio! ¡Ved qué brecha abrió el envidioso Casca! ¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto! ¡Y al retirar su maldecido acero, observad cómo la sangre de César parece haberse lanzado en pos de él, como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta! Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César. ¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César! Ese fue el golpe más cruel de todos, pues cuando el noble César vio que él también le hería, la ingratitud, más potente que los brazos de los traidores, lo anonadó completamente. Entonces estalló su poderoso corazón y, cubriéndose el rostro con el manto, el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo que se inundó chorreando sangre… ¡Oh, qué caída, compatriotas! En aquel momento, yo y vosotros y todos, caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nosotros. Oh, ahora lloráis, y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad. Esas lágrimas son generosas ¡Almas compasivas! ¿Por qué lloráis, cuando aún no sabéis visto más que la desgarrada vestidura de César? ¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, desfigurado, como veis, por los traidores! “

(Los ciudadanos claman venganza)

“Buenos amigos, apreciables amigos, no os excite yo con esa repentina explosión de tumulto. Los que han consumado esta acción son hombres dignos. ¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo? ¡Ay, lo ignoro! Ellos son sensatos y honorables, y no dudo que os darán razones. ¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones! Yo no soy orador como Bruto, sino como todos sabéis, un hombre franco y sencillo, que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron licencia para hablar de él. Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes, ni el poder de la oratoria, que enardece la sangre de los hombres. Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis. Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen por mí. Pues si yo fuera Bruto y Bruto Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas y pondría una lengua en cada herida de César capaz de conmover y levantar en motín las piedras de Roma. “

(El público quiere oír el testamento)

“Aquí está, y con el sello de César. A cada ciudadano de Roma, a cada hombre, individualmente, lega setenta y cinco dracmas.”

(Voces de satisfacción)

“Os lega, además, todos sus paseos, sus quintas particulares y sus jardines recién plantados a este lado del Tíber. Los deja a perpetuidad a vosotros y a vuestros herederos como parques públicos para que os paseéis y recreéis ¡Este era un César! ¿Cuándo tendréis otro semejante?”

(Los ciudadanos deciden incinerar allí mismo el cadáver de César y, con esas llamas, prender antorchas para incendiar las casas de los traidores)

“¡Ahora prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que quieras!”

TRADUCCIÓN: Luis Astrana Marín.


NOTA: En el lugar donde fue incinerado César se levantó, en un primer momento, una columna conmemorativa. Luego, se levantó sobre ella un templo dedicado a Cesar. Dada la cantidad de gente que acudía a la columna, Augusto ordenó tapiar ese espacio. Del templo quedan únicamente ruinas: el podium, la columna tras el muro que levantó Augusto y poco más. Con todo, sigue siendo un lugar muy apreciado. Ni que decir tiene que no estoy de acuerdo con la última frase que atribuye Shakespeare a Marco Antonio, y que implica que el dramaturgo consideraba que la actuación contra los asesinos era una maldad. A mí la maldad me la pareció el asesinato.

* Estatua de César, en el Salón Giulio Cesare del Palacio Senatorio, sede del Ayuntamiento de Roma. Emociona ver a sus pies la bandera de la unión europea. Roma.

**Vista del Foro romano desde los Museos Capitolinos (justo bajo el Palacio Senatorio). Si dividis por la mitad longitudinal la foto, veréis una construcción a la izquierda, plana y baja, con un pequeño tejadillo en ángulo en el centro, ese es el templo de César. Coloco la foto para que os situeis en el foro, pues allí es donde estuvo expuesto su cadáver y fue luego incinerado. Foro romano. Roma.

***Las ruinas en primer plano son del templo de César. Desde ahí podeis ver también su ubicación en el foro, justo en la dirección contraria de la antrerior. Foro romano. Roma.

**** Restos del muro que ordenó construir Augusto para aislar la columna que marcaba el lugar de la incineración de César. Está, como es lógico, en el templo de César. Foro romano. Roma.

***** Retrato de un varón romano.Podría tratarse de Marco Antonio. Museo Centrale Montemartino. Roma.

******Restos de la columna que marcaba el lugar exacto de la incineración de César. Siempre hay pequeñas ofrendas florales. Foro romano. Roma.

*******Inscripción de mármol situada en las ruinas del templo de César, que recoge un texto de Apiano sobre el funeral. Traduzco: “Depusieron [los despojos de César] en el foro, allí donde estaba la antigua Regia de los romanos y acomodaron encima mesas,asientos y cuantas cosas de madera había allí, encendieron el fuego y todo el pueblo estuvo ante la pira funeraria durante la noche. En aquel lugar se erigió primero una columna y una ara; ahora allí está el templo del mismo César, en el cual es honrado como un dios.”

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