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2 jun 10

File:Jezebel01.jpg

La reina Jezabel de Israel

Durante los dos siglos siguientes al principio del I milenio, la historia judía se reduce a una serie de luchas entre pequeños estados, tales como Israel, Judá, Moab, Edom y Damasco, que constantemente peleaban entre sí.

Durante los primeros años del siglo IX a.C., y bajo el reinado del rey Omri, Israel se transformó durante un tiempo en una poderosa fuerza (Omri reinó entre 876-869 a.C.).


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1 jun 10

Yo hay cosas que no entiendo.No entiendo las guerras y me gano la vida explicándolas. No entiendo los asesinatos ni los genocidios. No entiendo a Israel.Lo siento. ¿Genocidio?. ¿Cómo un pueblo que ha sufrido millones de muertos puede matar,colapsar, ahogar…a otros seres humanos?….

Flaco favor se están haciendo a si mismos,desde luego. Habrá que recordar cómo el pueblo de Israel (histórico) se asentó en Palestina…Debajo pongo el texto bíblico. La noticia actual es de hoy.

Descripción de la ruta de los barcos con destino a Gaza con ayuda humanitaria.

EL PAÍS 31-05-2010

Hay una veintena de heridos.- Algunos medios elevan la cifra de muertes a 19.- El convoy, que llevaba 10.000 toneladas de ayuda a la franja, estaba formado por seis barcos con 750 personas.- Entre los pasajeros viajaban tres españoles -dos cooperantes y un periodista- que están en buen estado.

El buque turco Mavi Marmara, campo de batalla principal del abordaje de soldados israelíes a la flotilla de ayuda a Gaza que ha costado la vida a una decena de activistas, ha atracado ya en el puerto de Ashdod. De las cerca de 750 personas que formaban la expidición flotilla de la libertad, unas 600 viajaban en el Mavi Marmara, última embarcación en atracar en Ashdod. El cerrojazo israelí dificulta el acceso a la información y por tanto a saber si todas las víctimas mortales han llegado en este barco. Según informa el diario israelí Haaretz, los activistas, tras el registro de las barcazas de la flotilla están siendo invitados a firmar un documento de deportación o, en caso de rechazo, a ir a prisión. Los tres españoles a bordo de la flotilla, David Segarra, Laura Arau y Manuel Tapial, se encuentran en buen estado. Algunos de los heridos están siendo trasladados al hospital de Bazilai, en la localidad de Ashkelon.

Grafico

Ataque israelí a la flotilla de apoyo a Gaza

GRAFICO – El Pais – 31-05-2010

Descripción de la ruta de los barcos con destino a Gaza con ayuda humanitaria. - EL PAÍS

El Ejército de Israel ataca la ‘Flota de la Libertad’

VIDEO – AGENCIA ATLAS – 31-05-2010

Esta madrugada la armada israelí ha abordado una flota de barcos que transportaba ayuda humanitaria hacia Gaza. - AGENCIA ATLAS

La noticia en otros webs

Desde Canadá, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, tras cancelar su viaje a Washington, ha lamentado las muertes, aunque han argumentado que sus soldados “se vieron forzados a defenderse”. El presidente estadounidense, Barack Obama -EE UU ha lamentado, pero no condenado la agresión-, ha instado a Netanyahu a investigar el ataque. Más tajantes han sido la ONU, UE y la Liga Árabe en la condena de la ofensiva israelí. De Jerusalén a Madrid, pasando por Atenas y Londres, cientos de personas han salido a las calles para protestar contra la ofensiva militar.

Condena internacional

Desde el “baño de sangre” pronunciado por el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, hasta el “terrorismo de Estado inhumano” lanzado por el primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan, la comunidad internacional ha denunciado de forma tajante la respuesta militar de Tel Aviv a la llamada flotilla de la libertad. En el horizonte, las reuniones de urgencia que celebran hoy el Consejo de Seguridad de la ONU, y mañana la Liga Árabe y la OTAN. El Mavi Marmara es de nacionalidad turca como lo es Insani Yardim Vakfi, la ONG que organizó la expedición a la franja.

Ankara ha advertido además a Israel de que tendrá”consecuencias irreparables” y ha llamado a consultas al embajadorisraelí en Ankara. Por su parte, Hamás ha llamado a la intifada contralas embajadas israelíes. El presidente palestino, Mahmud Abbás, hadecretado tres días de luto en los territorios palestinos. ElMinisterio de Exteriores español también ha llamado al embajador israelí Rafael Schutz,para pedirle explicaciones por los “inaceptables” y “gravísimos”hechos. Schutz ha justificado ante la prensa la respuesta israelí y hacalificado la actitud de los activistas de “violenta provocación”.

“Brutalidad innecesaria”

Paul Wilder, estadounidense de unos 40 años, ha sido uno de los primeros heridos en llegar a tierra. Pelo cano y gran envergadura física, Wilder ha podido al menos defenderse de las acusaciones de Israel, que sostiene que los activistas que viajaban en la misión atacaron a sus soldados con fuego, cuchillos y palos. “No somos violentos, han utilizado una brutalidad innecesaria”, ha subrayado mientras le bajaban de la ambulancia en una camilla. Fuentes oficiales israelíes han relatado incluso que sus soldados respondieron con fuego abierto tras arrebatar algunos activistas armas a los efectivos que abordaban las embarcaciones.

Con el ojo completamente morado, Paul Wilder, que viajaba el barco pequeño, el Sfendoni, ha agregado: “Somos todos palestinos, hace falta más libertad”. Unos minutos después, otros dos activistas, dos treintañeros, uno de origen marroquí y otro griego, han entrado en el mismo centro sanitario. Uno de ellos llevaba el brazo en cabestrillo; el segundo, con un collarín, ha logrado decir antes de ser ingresado: “Me han pegado. ¡Piratas!”. Poco después de las 22.00 (hora española) y tras la llegada del Mavi Marmara, cinco activistas más han sido ingresados al hospital Bazilai (Ashkelon). Todos varones y con aspecto abatido, uno de ellos llevaba el brazo ensangrentado, otro una mascarilla de oxígeno, y la mayoría sangre en las vestimentas.

Tel Aviv ha difundido dos vídeos montados en los que se muestra elabordaje y respuesta de los activistas a la llegada de los soldaos, y los momentos posteriores al ataque. En la segunda cinta, siempre según la versión elaborada por el Ejército, aparecen en la cubierta del barco tirachinas, canicas y unabarra de metal.

Ofrecimiento y deportaciones

El ataque del Ejército israelí se produjo esta madrugada en aguas internacionales, como ha reconocido el propio Ejército. Pese a que la cifra de muertos ofrecida por Netanyahu es de 10 -Defensa la rebaja a nueve-, algunos medios la elevan hasta 19. Las víctimas son activistas que viajaban en el buque turco Mavi Marmara. Los pasajeros españoles eran Laura Arau y Manuel Tapial, miembros de la organización Cultura, Paz y Solidaridad, y David Segarra, periodista del canal de televisión venezolano Telesur. Tapial ha estado durante los últimos días contando el viaje en su blog. El cooperante relataba detalles de la expedición. Pocos minutos antes del ataque, Segarra confesaba su inquietud ante la presencia de fragatas israelíes en torno a los barcos y el peligro de una ofensiva en plena noche.

Manuel Espinar, padre de Tapial, ha criticado la actitud del Gobierno español y la UE. “En los barcos había las mismas armas de destrucción masiva que en Irak”, ha manifestado en rueda de prensa. Pinina Feiler, madre de otro de los activistas israelíes de la flotilla, ha relatado a EL PAÍS que habló con su hijo por última vez a las 5.30:”Nos contó que estaban rodeados por barcos militares israelíes. Desde entonces no hemos vuelto a saber nada de él”.

La defensa de Israel

El Gobierno de Israel ha lamentado esta mañana, como ha hecho posteriormente Netanyahu, la muerte de los activistas pero ha asegurado que las intenciones de la flotilla eran “ilegales” y que desoyeron las advertencias hechas de “forma pacífica” por parte del Ejército para que abandonaran su intención de llegar hasta Gaza. Israel ha asegurado que dentro de los barcos interceptados han encontrado armas y que los militares israelíes han sido atacados por miembros del convoy, a los que acusan de pertenecer a “Hamás y Al Qaeda”, con “fuego real, cuchillos y palos”. Horas antes, el Ejército aseguró en una nota que no había atacado el convoy sino que se había limitado a hacer cumplir la orden del Ejecutivo de Tel Aviv de impedir cualquier entrada no autorizada al enclave palestino.

La confrontación se perfilaba anoche inevitable en el extremo este del Mediterráneo. El Ejército israelí ultimaba un impresionante dispositivo con el que pretendía interceptar a los cientos de activistas propalestinos que navegaban rumbo a la franja de Gaza a bordo de seis barcos. La tripulación de la llamada flotilla de la libertad reiteró que no tenían intención de rendirse. El Ejército insistió en que no permitiría a los activistas atracar en Gaza. Naciones Unidas y la Unión Europea habían llamado a la responsabilidad de las partes con el fin de evitar el incidente.

El objetivo de los activistas, de 60 nacionalidades distintas, era hacer llegar a la franja 10.000 toneladas de ayuda humanitaria. Las flota de barcos partió el 22 de mayo del puerto de Estambul y más allá de la entrega de materiales de construcción y de medicinas, a lo que aspiraban estos grupos de derechos humanos era a burlar el bloqueo que Israel mantiene sobre la población de Gaza desde que Hamás se hizo con el control de la franja hace tres años.

Un escritor sueco, una Nobel de la Paz y varios parlamentarios europeos

Los ocupantes de la flotilla atacada esta madrugada por el Ejército israelí pertenecen a más de 60 nacionalidades. Entre ellos se encuentran el escritor sueco Henning Mankell y varios parlamentarios de Alemania, Noruega, Suecia, Bulgaria e Irlanda. El autor de la saga del detective Wallander ha apoyado en ocasiones anteriores la causa palestina, la más reciente, el pasado día 9, cuando participó en un festival de literatura palestina en Jerusalén.

También viajaba a bordo de uno de los barcos la noirlandesa Mairead Corrigan Maguire. De 66 años y nacida en Belfast, ganó el Nobel de la Paz en 1976 junto con la activista Betty Williams, por su iniciativa The Peace People para lograr una salida no violenta al conflicto norirlandés.

Maguire ha viajado varias ocasiones a los territorios ocupados. De hecho, en 2007 recibió el impacto de una bala de plástico durante una protesta en la localidad palestina de Bilin. También participó en octubre de 2008 en el segundo viaje de Freegaza Movement, el movimiento que desde agosto de ese año ha organizado nueve flotillas con ayuda humanitaria -cinco de ellas lograron romper el bloqueo- con destino a Gaza.

LAS RAÍCES HISTÓRICAS

La antigua tierra de Canaán, situada al suroeste del llamado Creciente Fértil, fue desde antiguo tierra de tránsito y punto intermedio entre las florecientes civilizaciones del río Tigris y el Éufrates, por un lado, y el valle del Nilo por el otro. La región estuvo dividida en pequeñas Ciudades-estado o reinos locales independientes, como Moab, Edom, Judá, Israel, Aram o Fenicia, que hubieron de hacer frente a las sucesivas invasiones tanto de imperios limítrofes (Egipto, Asiria o Babilonia), como de nómadas arábigos o los Pueblos del Mar como los filisteos. En esa tierra vieron la luz dos de los mayores hitos de la civilización occidental: el alfabeto semítico, origen de muchos alfabetos antiguos y modernos, y un monoteísmo del que proceden las religiones abrahámicas, extendiéndose ambos logros por todo Occidente. También vio nacer las primeras ciudades del mundo (como Jericó), hace siete mil años, en plena revolución neolítica, así como uno de los primeros puertos del mundo, la antigua Jaffa.

Las doce tribus de Israel.

La Tierra de Israel ha sido sagrada para el pueblo judío desde tiempos bíblicos, albergando los lugares más sagrados del judaísmo. De acuerdo con la Torá, fue prometida por Yahveh a los tres Patriarcas del pueblo judío como su patria;[20] [21] algunos estudiosos han situado este período en los inicios del segundo milenio a. C.[22] En tiempos de Akenatón (c. 1350 a. C.) existían numerosas tribus hebreas situadas en la ribera oriental del río Jordán, tratando de cruzarlo y asentarse en las tierras más fértiles de la ribera occidental. En los últimos tiempos de Ramsés II, con Canaán dividida entre egipcios e hititas, nuevas tribus hebreas llegaron a orillas del Jordán. Varias de ellas se aliaron para invadir Canaán, realizando esta coalición a la manera tribal, identificándose como los descendientes de los hijos de Jacob, Yisra’el, nieto del patriarca Abraham, por lo que se autodenominaron hijos de Israel.

Estas tribus hebreas, que tenían el mismo origen que los amorreos y hablaban un dialecto de la misma lengua semítica que ya se hablaba en Canaán, cruzaron el río Jordán alrededor del año 1240 a. C. y conquistaron Jericó, desde donde se extendieron por las regiones montañosas de la zona, adoptando el alfabeto semítico y muchos otros aspectos de la cultura cananea. Según la versión tradicional, a finales del siglo XI a. C. Saúl estableció el primero de una serie de reinos israelitas en Canaán, los cuales la gobernarían intermitentemente durante los siguientes mil años.[23] Hacia el año 1000 a. C. se establecieron dos reinos, Israel y Judá, que llegaron a formar una monarquía unida en oposición militar a los filisteos y otros pueblos limítrofes. Según la historia tradicional basada en las Escrituras, este reino unificado fue gobernado por los reyes David y Salomón antes de su separación definitiva (en el año 924 a. C.); la estela de Tel Dan es aceptada generalmente como la más antigua (y única hasta la fecha) evidencia arqueológica de la existencia de la dinastía de David.[24]

Posteriormente, bajo los sucesivos dominios extranjeros de Asiria, Babilonia, el Imperio aqueménida, Macedonia, y el Imperio seléucida, la presencia de judíos se vio sustancialmente disminuida a consecuencia de las sucesivas expulsiones de que fueron objeto. El pueblo de Israel fue independiente tan sólo tres veces después del exilio babilónico: la primera ocasión fue durante el dominio seléucida, cuando surgió la dinastía asmonea, una oligarquía formada por la familia sacerdotal de los Macabeos. La dinastía asmonea consiguió liberarse del yugo seléucida y gobernó al pueblo judío a lo largo de un siglo, desde el año 164 a. C. hasta el 63 a. C., cuando el país fue sometido a Roma por Pompeyo. La segunda etapa independiente se produjo durante la Primera Guerra Judeo-Romana (66-73), cuando los judíos se sublevaron por primera vez contra Roma (instaurada ya en imperio).

Durante esta guerra se produjo la conquista de Jerusalén y la destrucción del Segundo Templo, así como la muerte de más de un millón de judíos y el origen del éxodo de muchos supervivientes.

El último momento de plena independencia del pueblo judío fue el breve período de la rebelión de Bar Kojba. Durante tres años (132-135) las fuerzas judías resistieron al Imperio romano, hasta que finalmente la revuelta fue aplastada por el emperador Adriano. El fracaso de la revuelta ocasionó la expulsión definitiva de los judíos del país y la reconstrucción de Jerusalén como colonia romana con el nombre de Aelia Capitolina. Una vez destruido el Estado judío y exiliada la mayor parte de su población, los romanos cambiaron intencionadamente la denominación del país, que pasó a denominarse Siria Palestina o simplemente Palestina, un nombre derivado de los antiguos adversarios de los judíos, los filisteos. Curiosamente la Mishná y el Talmud, dos de los textos más importantes del judaísmo, fueron escritos en el exilio a partir de esta época.

Diáspora e inmigración

Después de diversas sublevaciones, los romanos destruyeron Jerusalén y obligaron a casi la totalidad de los judíos a huir de Israel, comenzando un largo periodo de exilio conocido como Diáspora. Los judíos de la diáspora anhelaron regresar a Israel durante siglos. Por ejemplo, en 1141 el sefardí Yehuda Halevi realizó un llamamiento a los judíos para regresar a Eretz Israel, efectuando él mismo el regreso a Sión, donde encontró la muerte. Un siglo después, el rabino español Nahmánides emigró a Jerusalén y desde entonces se mantuvo una presencia constante de judíos, especialmente en Jerusalén. El también sefardí Yosef Caro emigró a la gran comunidad judía de Safed en 1535. Oleadas migratorias tuvieron lugar, por ejemplo, en el periodo 1209-1211. Fue también famosa la «aliyá de los rabinos de Francia e Inglaterra» hacia Acre en 1258 y 1266. En 1260 Jehiel de París emigró a Acre junto a su hijo y un numeroso grupo de seguidores. Pequeñas olas migratorias judías tuvieron lugar durante el siglo XVIII, como la de Menachem Mendel de Vitebsk y 300 de sus seguidores, Judah he-Hasid y alrededor de 1000 discípulos y más de 500 discípulos (y sus familias) de Gaón de Vilna conocidos como Perushim. Oleadas de estudiantes rabínicos inmigraron en 1808-1809, aséntandose en Tiberíades, Safed y después en Jerusalén.

En 1860, la antigua comunidad judía de Jerusalén comenzó a construir barrios de viviendas fuera de los muros de la Ciudad Vieja. En 1878, se fundó el primer asentamiento agrícola moderno en Petaj Tikva.

UNA EXPLICACION

Primero fue Palestina-Canaán:Siglo XIV a.C.

Archivo:Ancient Levant routes.png

Luego llegaron los nómadas israelitas a sangre y fuego.


1. LA CONQUISTA DE CANAÁN (1.1–12.24)
Preparativos para la conquistade Canaán

1 [a] Aconteció después de la muerte de Moisés,[b] siervo de Jehová,[c] que Jehová habló a Josué hijo de Nun, servidor de Moisés,[d] y le dijo:

2 «Mi siervo Moisés ha muerto. Ahora, pues, levántate y pasa este Jordán, tú y todo este pueblo, hacia la tierra que yo les doy a los hijos de Israel.

3 Yo os he entregado, tal como lo dije a Moisés, todos los lugares que pisen las plantas de vuestros pies.[e]

4 Desde el desierto y el Líbano hasta el gran río Éufrates, toda la tierra de los heteos[f] hasta el Mar Grande donde se pone el sol, será vuestro territorio.

5 Nadie podrá hacerte frente en todos los días de tu vida: como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré ni te desampararé.[g]

6 Esfuérzate y sé valiente,[h] porque tú repartirás a este pueblo como heredad la tierra que juré dar a sus padres.

7 Solamente esfuérzate y sé muy valiente, cuidando de obrar conforme a toda la Ley que mi siervo Moisés te mandó; no te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que seas prosperado en todas las cosas que emprendas.

8 Nunca se apartará de tu boca este libro de la Ley, sino que de día y de noche meditarás[i] en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que está escrito en él, porque entonces harás prosperar tu camino y todo te saldrá bien.

9 Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente; no temas ni desmayes, porque Jehová, tu Dios, estará contigo[j] dondequiera que vayas».

10 Entonces Josué dio esta orden a los oficiales del pueblo:[k]

11 «Id por el campamento y dad esta orden al pueblo: “Preparaos comida, porque dentro de tres días pasaréis el Jordán para entrar a poseer la tierra que Jehová, vuestro Dios, os da en posesión”».

12 También habló Josué a los rubenitas y gaditas y a la media tribu de Manasés, y les dijo:

13 –Acordaos de lo que os mandó Moisés, siervo de Jehová, cuando dijo: “Jehová, vuestro Dios, os ha dado reposo, y os ha dado esta tierra.[l]

14 Vuestras mujeres, vuestros niños y vuestros ganados quedarán en la tierra que Moisés os ha dado a este lado del Jordán; pero vosotros, todos los valientes y fuertes, pasaréis armados delante de vuestros hermanos, y los ayudaréis

15 hasta tanto Jehová les haya dado reposo igual que a vosotros, y ellos también posean la tierra que Jehová, vuestro Dios, les da. Después volveréis a la tierra de vuestra herencia, la cual Moisés, siervo de Jehová, os ha dado a este lado del Jordán, hacia donde nace el sol, y entraréis en posesión de ella”.[m]

16 Entonces ellos respondieron a Josué:

–Nosotros haremos todas las cosas que nos has mandado, e iremos adondequiera que nos mandes.

17 De la manera que obedecimos a Moisés en todas las cosas, así te obedeceremos a ti; solamente que Jehová, tu Dios, esté contigo, como estuvo con Moisés.

18 Cualquiera que sea rebelde a tu mandamiento y no obedezca tus órdenes en todas las cosas que le mandes, que muera. Tú, solamente esfuérzate y sé valiente.[n]

Números

CAPÍTULO 33

50 Y habló Jehová a Moisés en los campos de Moab, junto al Jordán, frente a Jericó, diciendo:

51 Habla a los hijos de Israel y diles: Cuando hayáis pasado el Jordán a la tierra de Canaán,

52 aecharéis de delante de vosotros a todos los moradores del país, y destruiréis todas sus besculturas y todas sus imágenes de fundición, y destruiréis todos sus clugares altos;

53 y echaréis a los moradores de la tierra y habitaréis en ella, porque yo os la he dado para que la poseáis.

54 Y aheredaréis la tierra por suertes entre vuestras familias. A las más numerosas daréis mucho como su heredad, y a las menos numerosas daréis menos como heredad suya; donde le toque la suerte, allí la tendrá cada uno. Según las tribus de vuestros padres heredaréis.

55 Y si no echáis de delante de vosotros a los moradores del país, sucederá que los que de ellos dejéis serán como aaguijones en vuestros ojos y como espinas en vuestros costados, y os afligirán en la tierra en que vosotros habitaréis.

56 Y acontecerá que os haré a vosotros como yo pensé hacerles a ellos.

Pues ya se sabe: A por ellos dijo Yahvé.

Y así vamos.

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9 mar 10

El origen de los Sasanidas

www.imperiobizantino.com/sasanidas.htm

http://www.dearqueologia.com/oriente_pueblos/mapa_sasanidas.jpg

El   imperio Sasánida

LOCALIZACIÓN GEOGRÁFICA:

Irán e Iraq

TERRITORIO:

Tribus  de origen persa, clanes tribales

LENGUAJE:

Lengua persa, indoeuropeos

EL IMPERIO SASANIDA

El Imperio sasánida (en persa medio Eranshahr.svg, Erānshahr o Iranshæhr, “Dominios de los iranios” en español ) es el nombre que recibe el Segundo Imperio persa durante su cuarta dinastía irania (226-651). La dinastía Sasánida fue fundada por Ardachir I tras derrocar al último rey arsácida, Artabán IV de Partia,

Artabán IV (163227) fue el último rey de los partos, de la dinastía arsácida, titulado, como se hacía tradicionalmente en Persia, como Rey de reyes.

Era hijo de Volageso V, a quien sucedió en 213 tras luchar contra su propio hermano, Volageso VI. Su madre, Kujisuni era una princesa de la Iberia del Cáucaso.

Se enfrentó al Imperio romano, logrando vencer a las tropas de los emperadores Caracalla y Macrino. Pero en 224 Ardachir I, un gobernador de Fars (actual Irán), se rebeló contra el poderío parto y logró derrotarle en la batalla de Hormizdagán, poniendo punto final al imperio que había reinado en la zona durante más de cuatrocientos años, e instaurando el nuevo Imperio sasánida. Un usurpador, Artavasdes, intentó continuar el reinado de los partos, pero apenas sobrevivió un año más.

La tradición cuenta que una hija suya, Ziyanak, se casó con Ardacher, dando legitimidad a la nueva dinastía sasánida.

El fin de este Imperio ocurrio  cuando  el último Shahanshah (Rey de reyes) sasánida Yazdgerd III (632-651) perdió una prolongada guerra de 14 años contra el primero de los califatos islámicos.

Archivo:Ardaschiri.jpg

Ardachir I

EL TERRITORIO DEL IMPERIO SASANIDA

El territorio del Imperio persa sasánida comprendía los actuales países de Irán, Iraq, Armenia, Afganistán y partes del este de Turquía y Siria, además de parte de Pakistán, el Cáucaso, Asia Central y Arabia. Además, durante el gobierno de Cosroes II (590-628), se anexionaron al imperio los territorios de los actuales Egipto, Israel, Jordania, Líbano y los Territorios Palestinos, llegando a ejercer un “protectorado” sobre territorios actualmente correspondientes a Omán y Yemen.

El periodo Sasánida, que comprende todo el periodo final de la antigüedad clásica e incluso le sobrevive unos siglos, se considera uno de los periodos históricos más importantes e influyentes de la historia de Irán. En muchos aspectos, el periodo Sasánida alcanzó los mayores logros de la cultura persa, y constituyó el último gran imperio iranio antes de la conquista islámica de Persia y la adopción del Islam como religión en todo el territorio. Persia tuvo una importante influencia sobre la civilización romana. Esta influencia cultural se extendió mucho más allá de los territorios fronterizos de ambos imperios, llegando hasta la Europa occidental,[3] África, China e India, y jugó un papel fundamental en la formación del arte medieval europeo y asiático. Esta influencia llegó también hasta el incipiente mundo islámico. La cultura aristocrática y exclusiva de la dinastía sasánida transformó la conquista islámica de Irán en un ‘renacimiento’ persa. Gran parte de lo que posteriormente sería conocido como ‘cultura islámica’ (arquitectura, escritura y otras habilidades) fueron adoptadas por el amplio mundo islámico a partir de los persas sasánidas.

EL ORIGEN DE LOS SASANIDAS

Las informaciones acerca del origen de esta dinastía, tal y como sucede con los relatos sobre los primeros movimientos de los Aqueménidas y de los Partos Arsácidas, están entrelazadas con leyendas. La versión más famosa la narra el gran poeta persa Firdusi: Sasán era el nombre de un humilde pastor que cuidaba los rebaños de Papak, soberano de la ciudad de Istakhr, en la provincia de Fars –la antigua Persia-. Sasán descendía en línea directa de los Aqueménidas, que habían mostrado el poder de los persas a todo el mundo conocido hasta entonces. Un día, Papak tuvo un sueño profético: sería justamente un hijo de Sasán, su pastor, quien restauraría el antiguo poder de los reyes persas. Confiando ciegamente en su sueño, ciertamente fruto de la voluntad divina, Papak dio a su propia hija como esposa a Sasán, y de esta pareja precisamente nació Ardashir, el restaurador del Imperio.

Otra versión, narrada por historiadores árabes y griegos, relata que  Sasán fue un pequeño señor de Fars, que Papak era su hijo y  Ardashir su nieto. Lo cierto es que los vínculos de parentesco y de descendencia entre estas tres figuras siguen siendo bastante oscuros; generalmente Sasán es designado en las inscripciones como señor, Papak como rey y Ardashir como rey de reyes (shah-an-shah).

Arco del Palacio de Cosroes I en Ctesifonte, al sur de Bagdad,Iraq

Ardahir

Sa sabe que después de su ascensión al trono de Persia (Fars), hacia el año 209 d.C., Ardashir conquistó Kerman, Isfahan y, finalmente, el reino de Elymais. Para entonces había amasado suficientes riquezas como para fundar una ciudad en Gur, la actual Firuzabad, en donde construyó una recia fortaleza en lo alto de una montaña y un magnifico palacio.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/8/87/Firuz_abad_iwan.jpg

Iwan del palacio de Ardachir en Firuzabad


Pero, aunque la batalla de Hormizdegan tuvo como resultado la derrota y muerte del rey de Partia, no acabó con la resistencia de los antiguos territorios partos. Algunas grandes familias feudales se sometieron, pero otras no. Finalmente, Ardashir consiguió derrotar a todos sus oponentes, excepto al rey arsácida de Armenia. No conocemos el alcance completo de las conquistas de Ardashir, pero ciertamente en el este controló el oasis de Merv, nombrando gobernador a un miembro de su familia, y también pudo haber conquistado a los kushanas. Según fuentes romanas, el propósito de Ardashir era establecer de nuevo el imperio aqueménida: “alardeaba de que reconquistaría todo lo que habían tenido los antiguos persas, llegando hasta el mar de Grecia, proclamando que tenía derecho a ello como herencia de sus antepasados” (Dion Casio). Este deseo, mantenido durante los 400 años de gobierno sasánida, no solo fue causa frecuente de guerras sino que, cuando finamente se consiguió en el siglo VII, produjo una extensión excesiva y la rápida caída del imperio.

Primero Ardashir desafió a los romanos, hacia finales de la década de 220, y salió inicialmente victorioso. Dion lo vio así: “El peligro no está en las consecuencias que él pueda acarrear, sino en que el estado de nuestros ejércitos es tal, que parte de las tropas se pasan a su lado y otros soldados no quieren defenderse. Están sumergidos en tal desenfreno, libertinaje y falta de disciplina, que los de Mesopotamia incluso se atrevieron a matar a su comandante”.

En el año 230 Ardashir sitió Nisibis (Nusaybin) y sus fuerzas hicieron incursiones penetrando profundamente en la provincia de Siria. Una iniciativa romana de paz no llegó a buen fin y los romanos contraatacaron en 232, con un éxito suficiente como para celebrar un triunfo en Roma. Ardashir volvió al frente de Mesopotamia a finales de la década de 230 y consiguió tomar Carras y Nisibis hacia el 238. También tomó y saqueó Hatra, que había resistido los asedios de Trajano, Septimio Severo y uno suyo anterior.

Después del saqueo, Hatra fue abandonada y el papel de los príncipes de Hatrene como “señores del desierto” pasó a la dinastía Lakhmida de Hira, vasalla de los Sasánidas.

————

La dinastía sasánida fue establecida por Ardacher I (226-241), descendiente de una línea de sacerdotes de la diosa Anahita en Istakhr, en la provincia persa de Fars, quienes a principios del siglo III habían accedido al gobierno de la provincia. El padre de Ardacher, de nombre Papag (también conocido como ‘Papak’ o ‘Babak’) era en principio el gobernante de un pequeño pueblo llamado Kheir, pero en el año 205 depuso al último rey de los Bazrangi, Gocihr (gobernante local que actuaba como cliente de los arsácidas), proclamándose como nuevo gobernante. Su madre, Rodhagh, era la hija del gobernador provincial de Peris. El fundador epónimo de la línea dinástica fue el abuelo paterno de Ardacher I, llamado Sasán, gran sacerdote del templo de Anahita.

Moneda de Ardachir I.

Los esfuerzos de Pabag en conseguir el poder de la provincia escaparon a la atención del emperador arsácida Artabán IV de Partia, que en aquellos días se encontraba envuelto en una confrontación dinástica con su hermano Vologases VI en Mesopotamia. Aprovechando la oportunidad que estas circunstancias le ofrecían, Pabag y su primogénito Sapor trataron de expandir su poder sobre toda Persia. Los acontecimientos que siguieron a esto son de dudoso origen, debido a lo incompleto de las fuentes, pero se cree que tras la muerte de Pabhag sobre el año 220, Ardacher, que era entonces gobernador de Darabgird, se vio envuelto en una disputa por el poder con su hermano mayor Sapor. Las fuentes nos dicen que en el 222 Sapor murió al derrumbarse el edificio donde iba a reunirse con su hermano.[8]

En ese momento, Ardacher trasladó su capital aún más al sur de Persis, fundando una ciudad en Ardashir-Khwarrah (antiguamente conocida como Gur y actualmente Firuzabad). La ciudad, ubicada entre altas montañas, era fácilmente defendible gracias a sus estrechos accesos, y se convirtió en el centro del poder sasánida. Esta ciudad estaba además rodeada por una alta muralla circular, copiada probablemente de la de Darabgid. Al norte de la ciudad se construyó un gran palacio del cual aún se conservan algunos restos.

Tras establecer su dominio sobre Persis, Ardachir I extendió rápidamente su territorio, exigiendo la lealtad de los príncipes locales de Fars y obteniendo el control sobre las provincias vecinas de Kermán, Isfahán, Susiana y Menese (la actual Kuwait). Esta rápida expansión llamó la atención de Artabán IV (216-224), del cual Ardachir era vasallo.

Inicialmente, Artabán ordenó al gobernador del Juzestán marchar contra Ardacher en el año 224, pero el enfrentamiento concluyó con una importante victoria de Ardachir. Posteriormente fue el mismo Artabán quien organizó una segunda campaña contra Ardachir, y ambos ejércitos se enfrentaron en Hormizdeghan, donde Artabán IV resultó muerto.

Ardacher marchó entonces para invadir las provincias occidentales del difunto Imperio Arsácida. En el año 226 era coronado en Ctesifonte como único gobernante de Persia y comenzó a utilizar el título de Shahanshah (Rey de reyes), terminando con cuatro siglos de imperio parto y dando inicio a otros cuatro siglos de gobierno sasánida.

Durante los años siguientes, y tras algunas rebeliones locales a lo largo del Imperio, Ardacher I trató de expandir aún más su nuevo Imperio hacia el este y noroeste, conquistando las provincias de Sistán, Gorgon, Jorasán, Margiana (en la actual Turkmenistán), Balj y Corasmia. Además, anexionó Bahrain y Mosul a las posesiones sasánidas. Posteriores inscripciones sasánidas afirman también la sumisión de los reinos de Kushan, Turán y Mekrán a Ardacher, aunque basándose en las pruebas numismáticas es más probable que estos reinos fueran sometidos por el hijo de Ardacher, Sapor I. al oeste, los asaltos contra Hatra, Armenia y Adiabene tuvieron un menor éxito.

El hijo de Ardachir, Sapor I (241-272), continuó la expansión iniciada por su padre, conquistando Bactria y Kushan, al tiempo que lideraba numerosas campañas contra Roma.

La leyenda que le hace hijo de una princesa arsacida (Ziyanak Arhakuni) no es histórica.

Archivo:Shapuri.jpg

Sapor I en una moneda

Penetrando profundamente en territorio romano, Sapor I conquistó Antioquía, en Siria (253 ó 256), y derrotó finalmente a los emperadores romanos Gordiano III (238-244), a Filipo el Árabe (244-249) y a Valeriano (253-260). Este último fue hecho prisionero en el 259 tras la Batalla de Edesa, una tremenda hecatombe sin parangón en la historia romana.[9] Sapor I conmemoró su victoria encargando la talla de los impresionantes relieves de Nakhsh-i-Rostam o Naqsh-e Rostam, así como una monumental inscripción en persa y griego en las proximidades de Persépolis. Entre 260 y 263, Sapor perdió algunos de los territorios recientemente conquistados a manos de Odenato, aliado de Roma.

Moneda de Sapor I.

Sapor I tenía un intensivo plan de desarrollo. Fundó un importante número de ciudades, habitadas algunas de ellas por emigrantes procedentes de territorio romano. Entre estos inmigrantes se incluían cristianos y judaístas, que podían ejercer su fe libremente bajo el gobierno sasánida. En el aspecto religioso Sapor favoreció particularmente el maniqueísmo; protegió a Mani y envió misioneros maniqueístas por doquier. Así mismo, Sapor trabó amistad con un rabino judaísta babilonio llamado Shmuel, una amistad que fue ventajosa para la comunidad judaísta, ya que les dio un respiro frente a las opresivas leyes dictadas hasta entonces contra ella.

Posteriores reyes invirtieron la política de tolerancia religiosa de Sapor. Su propio sucesor, Bahram I (273-276), persigió a Mani y sus seguidores. Mani fue encarcelado y Bahram I ordenó su ejecución, aunque según la leyenda, murió en prisión mientras esperaba ser ejecutado.

Bahram II (276-293) continuó la política religiosa de su padre. Fue un gobernante débil que perdió numerosas provincias occidentales a manos del emperador romano Caro (282-283). Durante su reinado, la mayor parte de Armenia, que había permanecido en manos persas durante medio siglo pasaron a control de Diocleciano (284-305).

Tras el breve reinado de Bahram III en 293, Narsés (293-302) se embarcó en una nueva guerra contra Roma. Tras el éxito inicial obtenido contra el futuro emperador romano Galerio (305-311) cerca de Callinicum, sobre el Éufrates en 296, Narsés fue derrotado en una emboscada mientras se encontraba con su harén en Armenia el año 297. En el tratado que concluyó esta guerra, los sasánidas cedieron todas las tierras al oeste del Tigris y acordaron no interferir en los asuntos de Armenia y Georgia.

Después de esta aplastante derrota, Narsés abdicó en 301, muriendo un año más tarde. El hijo de Narsés, Ormuz II (302-309), asumió entonces el trono. Aunque suprimió las revueltas en Sistán y Kushan, Ormuz II fue otro monarca débil e incapaz de controlar a los nobles. Hormizd fue asesinado el año 309 por unos beduinos mientras cazaba.

La primera edad de oro (309-379) [editar]

Árbol genealógico de los reyes sasánidas de Persia. Los nombres están en grafía persa en lugar de la griega habitual. Así, Hormizd corresponde a Ormuz, Shapur a Sapor y Khosrau a Cosroes. Algunos reyes no están representados, bien porque no pertenecían a la dinastía sasánida, bien porque se desconoce su filiación.

La muerte de Ormuz II dio inicio a una serie de incursiones de los árabes desde el sur, atacando algunas de las ciudades meridionales del Imperio e incluso entrando en la provincia de Fars, cuna de los reyes sasánidas. Mientras tanto, los nobles persas asesinaron al primogénito de Ormuz II, cegaron a su segundo hijo y encarcelaron al tercero (quien posteriormente huyó a territorio romano). El trono fue reservado para el hijo no nacido de una de las viudas de Ormuz II.

Se dice que Sapor II (309-379) podría haber sido el único rey de la historia coronado antes de nacer. De hecho, colocaron la corona sobre el vientre de su madre. este niño, llamado Sapor, nació por lo tanto siendo ya rey. Durante su juventud, el Imperio estuvo controlado por su madre y los nobles. Al alcanzar Sapor II la edad adulta, asumió el poder y demostró con rapidez que era un gobernante activo y capaz.

En primer lugar, Sapor II llevó a su pequeño aunque disciplinado ejército a luchar contra los árabes, derrotándoles y asegurando las áreas meridionales del Imperio. Tras esto comenzó su primera campaña contra los romanos en el oeste, donde obtuvo algunos éxitos iniciales. Tras el asedio de Singara, sin embargo, tuvo que detener sus conquistas por culpa de las incursiones nómadas a lo largo de las fronteras orientales del Imperio. Estas incursiones pusieron en peligro Transoxiana, una zona estretégica y vital para el control de la Ruta de la seda. Además, las fuerzas de Sapor II eran insuficientes para conservar todo el territorio conquistado en el oeste; por lo tanto, Sapor firmó un tratado de paz con Constantino II (353-361) por el que ambas partes se comprometían a no atacar el territorio del otro durante un periodo limitado de tiempo.

Hecho esto, Sapor II marchó al este hacia Transoxiana, al encuentro de los nómadas orientales. Aplastó a las tribus de Asia Central y anexionó el área como una nueva provincia. tras la victoria siguió la expansión cultural, y el arte sasánida penetró en Turquestán, llegando incluso hasta China. Sapor II, junto al rey nómada Grumbates, inició una nueva campaña contra los romanos en el 359, y esta vez acompañado por todo su poderío militar y el apoyo de los nómadas. fue una campaña tremendamente exitosa en la que un total de cinco provincias romanas pasaron a manos persas.

Sapor II siguió una rígida política religiosa. Durante su reinado se completaron los Avesta, los textos sagrados del zoroastrismo, mientras se castigaba la herejía y la apostasía y se perseguía de nuevo a los cristianos y también a los judaístas (estas persecuciones anticristianas y también antijudaístas fueron parte de una reacción contra la cristianización y legalización del judaísmo dentro del imperio Romano efectuada por Constantino I el Grande (324-337). Pero sin embargo Sapor II (al igual que Sapor I) fue un monarca amistoso con los judíos étnicos (quienes vivieron en relativa libertad y obtuvieron muchas ventajas durante este período).

A la muerte de Sapor II, el Imperio persa era más fuerte que nunca, habiendo pacificado a sus enemigos del este y con Armenia bajo control persa.

Época intermedia [editar]

Desde la muerte de Sapor II y hasta la primera coronación de Kavad I, Persia disfrutó de una relativa estabilidad, con sólo algunas guerras contra el Imperio bizantino. A lo largo de esta época, la política religiosa del Imperio sasánida cambió radicalmente de un rey a otro. Con la excepción de una serie de monarcas débiles, el sistema administrativo establecido por Sapor II permaneció fuerte, y el Imperio siguió funcionando con normalidad.

Sapor II dejó a su muerte en 379 el poderoso Imperio persa a su hermanastro Ardacher II (379-383), hijo de Vahram de Kushan, y posteriormente heredaría su hijo Sapor III (383-388). Ninguno de ellos demostró tener el talento de su insigne predecesor.

Ardacher II, quien fue elevado al poder por ser hermanastro del emperador, fracasó al tratar de ocupar el hueco dejado por éste, siendo lo más célebre de su reinado la construcción de una nueva capital en Taq-I Bustán, y Sapor III tenía un carácter demasiado débil como para alcanzar grandes logros.

Bahram IV (388-399), aunque fue un monarca más activo que su padre, tampoco supo proporcionar al imperio logros de importancia. Durante este tiempo, Armenia fue dividida por un tratado entre los imperios romano y sasánida. Los sasánidas restablecieron su dominio sobre la mayor parte de Armenia, mientras los bizantinos obtuvieron una pequeña porción del occiedente de Armenia.

Al hijo de Barham IV, Yazdegerd I (399-421) se le compara con frecuencia con Constantino I. Como él, fue un personaje fuerte, tanto física como diplomáticamente. Como su contraparte romana, Yazdegerd I uso el poder de una forma oportunista. Al igual que Constantino el Grande, Yazdegerd practicó la tolerancia religiosa y dio libertad al auge de las religiones minoritarias. Detuvo la persecución contra los cristianos, castigando a los nobles y sacerdotes que les persiguieran. Su reino abarcó una época de relativa paz. Hizo la paz con los romanos e incluso tuvo al joven Teodosio II (408-450) bajo su custodia. También se casó con una princesa judía, quien le dio un hijo llamado Narsi.

A Yazdegerd I le sucedió su hijo Bahram V (421-428), que es uno de los reyes sasánidas mejor conocidos, y héroe de numerosos mitos. Estos mitos persistieron incluso después de la destrucción del Imperio sasánida por los árabes. Bahram V, obtuvo la corona tras la repentina muerte (o asesinato) de su padre Yazdegerd I, y ello con la oposición de la nobleza del reino, que contaba con la ayuda de Al-Mundhir, de la dinastía árabe (lajmida) de al-Hirah. La madre de Bahram V era Soshandukht, hija de exiliados judíos.

En el año 427, Bahram V aplastó la invasión de los nómadas heftalitas en el este, extendiendo su influencia por Asia Central, donde su retrato sobrevivió durante siglos en las monedas de Bujará (la actual Uzbekistán). Bahram V depuso también el reino vasallo de la Armenia persa, convirtiendo la región en otra provincia.

Plato decorado iraní donde se representa una escena de caza de Bahram-e Gur (siglo XII o principios del XIII)

Bahram V es un referente en la tradición persa, que relata muchas historias sobre su valor y belleza, de sus victorias sobre romanos, turcos, hindúes y etíopes axumitas, y sobre sus aventuras en la caza y el amor. Se le llamó Bahram-e Gur (Gur significa en persa onagro), por su amor a la caza y en particular a la caza del onagro. Bahram V es el paradigma de un rey en la cúspide de una edad de oro. Obtuvo su corona disputándola a su hermano, y aunque pasó bastante tiempo combatiendo a sus enemigos exteriores, prefería estar de caza y organizando fiestas en la corte con su famoso grupo de damas y cortesanas. Personalizaba la prosperidad real. Durante su reinado se escribieron las mejores obras de la literatura sasánida, se compusieron notables obras musicales y deportes como el polo se convirtieron en el pasatiempo real, una tradición que continúa todavía en muchos reinos.

Yazdegerd II (438-457), hijo de Bahram V, fue un gobernante justo y moderado, aunque en contraste con Yazdegerd I, practicó una política religiosa represiva con las minorías, especialmente con los cristianos.

Al inicio de su reinado, Yazdegerd II reunió un ejército integrado por varias naciones, incluyendo a sus aliados hindús, y atacó al Imperio romano de Oriente, que estaba construyendo fortificaciones en territorio persa, cerca de Carrae (una estratagema usada por los romanos para lanzar expediciones desde ellas). Los persas tomaron a los romanos por sorpresa, y de no haber sido por una fuerte inundación, Yazdegerd podría haberse internado mucho más en territorio romano. El emperador bizantino Teodosio II pidió la paz enviando a su comandante a negociar al campamento de Yazdegerd. En 441, ambos imperios se comprometían a no construir más fortificaciones en la frontera. Sin embargo, Yazdegerd II estaba en mejor situación que los bizantinos para negociar, y si no exigió más concesiones se debió a las incursiones de los kidaritas en Partia y Corasmia. Reunió sus fuerzas en Neishabur en 443, lanzando una prolongada campaña contra los kidaritas. Finalmente, y tras algunas batallas, aplastó a los kidaritas, expulsándoles más allá del río Oxus en 450.

Durante su campaña en el este, Yazdegerd II empezó a sospechar de los cristianos que componían su ejército, lo que hizo que fueran expulsados tanto del ejército como del gobierno. Entonces comenzó una persecución contra los cristianos y, en menor medida, también contra los judaístas. Para restablecer el zoroastrismo en Armenia, aplastó un levantamiento de cristianos armenios en la Batalla de Vartanantz, en 451. Sin embargo, los armenios siguieron siendo mayoritariamente cristianos. En sus últimos años, se enfrentaría de nuevo con los kidaritas, hasta que murió en 457.

Hormizd III (457-459), el hijo menor de Yazdegerd II, ascendió entonces al trono. Durante su corto reinado luchó continuamente contra su hermano mayor Peroz, que tenía el apoyo de la nobleza, y contra los heftalitas en Bactriana. Finalmente fue asesinado en 459 por su hermano.

A principios del siglo V, los heftalitas (hunos blancos), junto con otros grupos nómadas, atacaron Persia. Al principio, Bahram V y Yazdegerd II infligieron decisivas derrotas a estos grupos, haciéndoles retroceder hacia el este. Los hunos volvieron a finales del siglo V y derrotaron a Peroz I (457-484) en el año 483. Tras esta victoria, los hunos invadieron y saquearon partes del este de Persia durante dos años, e incluso recaudaron fuertes impuestos durante varios años más tras estos saqueos.

Los ataques hunos trajeron inestabilidad y caos al reino. Peroz I intentó de nuevo expulsar a los heptalitas, pero en el camino hacia Herat, él y su ejército fueron emboscados por los hunos en el desierto. Peroz I fue asesinado, y su ejército destruido. Tras esta victoria, los heftalitas avanzaron hacia la ciudad de Herat, convirtiendo el imperio persa en un caos.

Un noble persa de la antigua familia de Karen: Zarmihr (o Sokhra), restauró un poco el orden. Elevó a Balash, uno de los hermanos de Peroz I al trono, a pesar de que la amenaza de los hunos persistió hasta el reinado de Cosroes I Anusarvan.

Balash I (484-488) fue un monarca suave y generoso, que hizo concesiones a los cristianos, aunque no tomó medidas contra los enemigos del Imperio, en especial contra los hunos blancos. Tras un reinado de cuatro años, Balash fue cegado y depuesto, y su sobrino Kavadh I fue elevado al trono.

Kavadh I (488-531) fue un gobernante enérgico y reformista. Dio su apoyo a la secta comunista fundada por Mazdak, hijo de Bamdad, quien propugnaba que los ricos debían compartir sus mujeres y propiedades con los pobres.[10] La intención de Kavadh era, por supuesto. terminar con la influencia de los magnates y de la emergente aristocracia. Estas reformas llevaron a su derrocamiento y su encarcelación en el “Castillo del olvido”, en Susa, y su hermano menor, Djamasp fue elevado al trono en 496. Sin embargo, Kavadh escapó de prisión en 498 y encontró refugio junto al rey de los hunos blancos.

Djamasp (o Ŷamasp, 496-498) se instaló en el trono sasánida tras el derrocamiento de Kavadh I por miembros de la nobleza. Djamasp fue un buen rey que redujo los impuestos para favorecer a los campesinos y los pobres. También profesó cierta simpatía por la secta de los Mazdakitas, simpatías que a su hermano le habían costado el trono y la libertad. Su reinado duró poco, ya que su hermano Kavadh regresó al frente de un gran ejército cedido por el rey de los heftalitas. Los leales a Djamasp depusieron sus armas y restauraron en el trono sasánida a Kavadh I. No se vuelve a mencionar en las fuentes a Djamasp tras la restauración de su hermano, aunque se presume que fue bien tratado en la corte de Kavadh I.

La segunda edad de oro (498-622) [editar]

La segunda edad de oro comenzó tras el inicio del segundo reinado de Kavadh I. Con el apoyo de los heftalitas, Kavadh lanzó una campaña contra los romanos. En el año 502 tomó Teodosiópolis (Erzurum), en Armenia. En 503 tomó Amida (Diarbekir), junto al Tigris. En 505, una invasión de Armenia por parte de los hunos occidentales desde el Cáucaso dio lugar a un armisticio. Durante este armisticio, los romanos pagaron tributo a los persas por el mantenimiento de las fortificaciones en el Cáucaso. En el año 525, Kavadh acabó con las revueltas producidas en Lazica (al sudoeste de Georgia), y volvió a capturar Georgia. Su ejército, con ayuda de los árabes nestorianos lakhmidas , de Hira una reino vasallo de los sasánidas, derrotó al ejército bizantino comandado por el famoso general de Justiniano llamado Belisario en dos ocasiones: una en el año 530, en la Batalla de Nísibis, y otra en el 531, en la Batalla de Callinicum. aunque no podía librarse del yugo de los heftalitas, Kavadh consiguió restablecer el orden dentro del Imperio y llevar a cabo exitosas campañas contra los romanos, fundar muchas ciudades, algunas de las cuales adoptaron su nombre, y comenzó a regular los impuestos.

Tras Kavadh I, su hijo Cosroes I, también llamado Kusro I Anosharvan, (Alma inmortal),[11] que gobernó entre 531 y 579, ascendió al trono de Persia. Es el más famoso de los reyes sasánidas. Cosroes I se hizo famoso por sus reformas en el aparato de gobierno sasánida. En ellas introdujo un sistema racional de impuestos basado en la inspección de las posesiones en tierras, labor iniciada por su padre, y también trató por todos los medios de incrementar la beneficencia y los ingresos de su Imperio. Los anteriores grandes señores feudales equipaban sus propios ejércitos, a sus seguidores y criados. Cosroes I desarrolló una nueva fuerza de dekhans o “caballeros”, pagados y equipados por el gobierno central. Acercó al ejército y a la burocracia hacia el poder central, alejándolos de la influencia de los señores locales.

A pesar de que el emperador bizantino Justiniano I (527-565) había pagado la suma de 440.000 piezas de oro para mantener la paz, en 540 Cosroes I rompìó la “paz eterna” firmada en 532 e invadió Siria, donde capturó y saqueó la ciudad de Antioquía. Durante su camino de regreso, recaudó dinero de diferentes ciudades bizantinas.

En 565 murió Justiniano I, siendo sucedido en el trono bizantino por Justino II (656-578), quien decidió dejar de pagar a los cabecillas árabes para impedir que siguieran efectuando incursiones en territorio bizantino en Siria. Un año antes, el gobernador sasánida de Armenia, de la familia Suren, había construido un templo consagrado al fuego en Dvin, cerca de la moderna Yereván, matando además a un influyente miembro de la familia Mamikonia, lo que provocó una revuelta que condujo a la masacre del gobernador persa y toda su guardia en 571. Justino II se aprovechó de la revuelta en Armenia para terminar con los pagos anuales a Khosrau I por la defensa de los pasos del Cáucaso. Los armenios fueron recibidos como aliados y se envió un ejército al territorio persa que asedió Nísibis en 572. Sin embargo, las discrepancias entre los generales bizantinos no sólo llevó al abandono del asedio, sino que además el ejército bizantino fue asediado a su vez en la ciudad de Dara, que finalmente fue tomada por los persas.

Posteriormente el ejército persa saqueó Siria, provocando una nueva petición de paz por parte de Justino II. La rebeliíon armenia terminó con una amnistía general otorgada por Cosroes I, que devolvió a Armenia al control sasánida.

Sobre el 570, Ma al-Karib, hermanastro del rey de Yemen, pidió la intervención de Cosroes I en su país contra la intervención del reino cristiano de Etiopía, enviando Cosroes I una flota y un pequeño ejército bajo el mando de un comandante llamado Vahriz a las cercanías de la actual Adén que marchó contra la capital del país, Sanaa, la cual ocuparon. Saif, hijo de Mard-Karib, que había acompañado a la expedición, se convirtió en rey entre 575 y 577. Además, los sasánidas establecieron una base en el sur de Arabia para controlar el comercio marítimo con el este. Posteriormente, los reinos del sur de Arabia renunciaron al vasallaje que les ataba con los sasánidas, y hubo de enviarse una nueva expedición persa en el 598 que consiguió anexionarse el sur de Arabia como otra provincia del Imperio. Estas provincias se conservaron hasta la problemática época que siguió a la muerte de Cosroes II.

El reinado de Cosroes contempló el auge de los dighans (literalmente, “señores de las villas”), la pequeña nobleza terrateniente, que constituyeron el esqueleto de lo que luego se convirtió en la administración provincial sasánida y el sistema de recaudación de impuestos. Cosroes I fue un gran constructor que embelleció su capital, fundando nuevos barrios y construyendo nuevos edificios. Reconstruyó los canales y repuso las granjas destruidas en las guerras. También construyó poderosas fortificaciones en los pasos, y emplazó a ciertas tribus en pueblos cuidadosamente seleccionados de las fronteras para que hicieran de guardianes contra posibles invasiones. Fue un monarca tolerante con todas las religiones, a pesar de decretar la oficialidad del zoroastrismo para todo el estado. Tampoco pareció molestarse cuando uno de sus hijos se convirtió al cristianismo.

Tras Cosroes I, Ormuz IV (579-590) tomó el trono. Ormuz IV fue un gobernante enérgico que mantuvo la prosperidad iniciada por sus predecesores. Durante el reinado de su sucesor, Cosroes II (590-628), la revuelta del general Bahram Chobin (proclamado como Bahram VI en oposición al monarca oficial) provocó una breve crisis en el reino, aunque Cosroes II consiguió restablecer su control sobre el Imperio. Además, y aprovechando la guerra civil que sacudía al Imperio bizantino, lanzó una invasión a gran escala. El sueño sasánida de restablecer el dominio persa sobre Armenia estuvo cerca de cumplirse cuando cayeron Damasco y Jerusalén. Egipto cayó poco después. en 626, Cosroes II sitió Constantinopla con la ayuda de fuerzas eslavas y ávaras, sólo para contemplar, como otros antes y después también lo harían, las inexpugnables murallas de la capital bizantina.

Esta importante expansión vino acompañada de un período igualmente brillante del arte persa, de la música y de la arquitectura.

Decadencia y caída (622-651) [editar]

Artículo principal: Conquista musulmana de Persia

Aunque muy exitosa, la campaña de Cosroes II se realizó a costa de una importantísima presión fiscal. El emperador bizantino Heraclio (610-641) contraatacó con un movimiento táctico, abandonando su sitiada capital y navegando hasta el Mar Negro para atacar Persia desde la retaguardia. Mientras tanto, la mutua desconfianza entre Cosroes II y su general Shahrbaraz, agravadas por las cartas falsas que agentes bizantinos hicieron llegar hasta el general persa, y donde supuestamente Cosroes II planeaba su ejecución, hicieron que Shahbaraz permaneciera neutral durante este periodo crítico. Persia perdió el apoyo de uno de sus mayores ejércitos y de uno de sus mejores generales. Para mayor infortunio de Cosroes, Shanin, el otro gran sostén del ejército sasánida, que había conquistado el Cáucaso y Anatolia, murió de forma repentina, lo que acabó de desequilibrar la balanza en favor de los bizantinos.

Heraclio, con ayuda de los kázaros y otras tropas turcas, aprovechó la ausencia de Shanin y Shabaraz para obtener varias victorias devastadoras contra el estado sasánida, debilitado por quince años de guerras.

La campaña de Heraclio culminó el la Batalla de Nínive, donde los bizantinos (ya sin la ayuda de los kázaros, que habían abandonado a Heraclio) derrotaron al ejército persa comandado por Rhahzadh. Entonces Heraclio marchó hacia Mesopotamia y el oeste de Persia, saqueando Takht-e Soleiman y el palacio de Dastugerd, donde recibió noticias del asesinato de Cosroes II.

Tras el asesinato de Cosroes II en 628 se produjo el caos y la guerra civil. Durante un período de cuatro años (628-632) se sucedieron entre doce y catorce soberanos/as, incluyendo dos hijas de Cosroes II y el mismo general Shahbaraz. El Imperio sasánida se debilitó considerablemente. El poder central pasó a manos de los generales. Pasaron muchos años hasta la aparición de un rey fuerte, y desde entonces, el Imperio no volvió a recuperarse por completo.

En la primavera de 632, un nieto de Cosroes II, Yezdegard III, quien había vivido escondido, ascendió al trono y fue el último soberano sasánida. Aquel mismo año, los primeros escuadrones árabes efectuaron incursiones en territorio persa. Los años de guerra habían agotado tanto a los bizantinos como a los persas. Los sasánidas se encontraban aún más debilitados por el declive económico, los altos impuestos, los problemas religiosos, la rígida estratificación social, el creciente poder de los terratenientes y los sucesivos cambios de gobierno, factores todos ellos que facilitaron la invasión árabe.

En realidad, los sasánidas nunca opusieron una verdadera resistencia a la presión ejercida por los primeros ejércitos árabes. Yezdegard III era sólo un muchacho a merced de sus consejeros, e incapaz de unir a un vasto país reducido a un grupo de pequeños reinos feudales, a pesar de que los bizantinos, sometidos a similar presión por parte de los árabes, ya no constituían una amenaza. El primer encuentro entre los sasánidas y los musulmanes árabes se produjo en la Batalla del Puente de 634, que se saldó con una victoria persa que, sin embargo, no detuvo la conquista árabe. Estos reaparecieron poco después, comandados por el gran estratega Khalid ibn Walid, uno de los antiguos compañeros de Mahoma y líder del ejército árabe.[12]

Bajo el mando del califa Omar ibn al-Khattab, un ejército musulmán derrotó al más numeroso ejército persa liderado por el general Rostam Farrokhzad en las llanuras de al-Qadisiyyah en 637, asediando luego Ctesifonte, que terminó cayendo tras un prolongado sitio. Yazdegard huyó entonces hacia el este, dejando tras de sí la mayor parte del enorme tesoro del Imperio.

Es presumible que, de no haberse encontrado el Imperio sasánida exhausto, dividido y sin un gobierno eficiente en el momento de la invasión árabe, la caballería asawara persa habría podido derrotarles con toda seguridad. Sin embargo, las fuerzas persas nunca llegaron a unirse a tiempo, y se movían bajo el vacío de poder imperante. el resultado de esta debacle fue la conquista islámica. Cierto número de gobernadores sasánidas intentaron combinar sus fuerzas para hacer retroceder a los invasores, pero estos esfuerzos resultaron baldíos debido a la falta de una autoridad central, y los gobernadores fueron derrotados en la Batalla de Nihawand. A partir de entonces, el Imperio, con sus estructuras de mando militar inexistentes, sus tropas diezmadas, con sus recursos económicos destruidos y la casta de caballeros asawara desaparecida, se mostraba indefenso ante su invasor.

Al tener noticias de las derrotas en Nihawand y en Al-Qadisiyyah, Istijerdes tercero/Yezdegard III, con la mayor parte de la nobleza persa, huyó aún más hacia el noreste (huyendo de provincia en provincia de lo que quedaba de su antiguo imperio), a la provincia de Jorasán. Yezdegard fue asesinado por un molinero en Merv (Sogdiana), a finales del 651, mientras el resto de los nobles se asentaban en Asia Central (principalmente en Corasmia), donde contribuyeron en gran medida a la difusión de la cultura persa y su lengua en aquella región, estableciendo la primera dinastía nativa iraní: la dinastía samánida, que resucitó las tradiciones y la cultura sasánida tras la invasión del islam.

La abrupta caída del Imperio sasánida se completó en un periodo de cinco años, y la mayor parte de su territorio fue absorbido en el califato islámico de los omeyas. Sin embargo, muchas ciudades iraníes resistieron, luchando contra los invasores en multitud de ocasiones. La población aceptó el islam, una religión cuyo mensaje basado en la igualdad y la justicia, por lo que la población lo aceptó sin remordimiento al compararlo con el despotismo de del reyes que gobernaban Persia. Los árabes respetaron la cultura persa y tradujeron muchos de sus libros al árabe.

Gobierno [editar]

Los sasánidas establecieron su imperio cubriendo aproximadamente el mismo territorio de los aqueménidas, con capital en Ctesifonte, en la provincia de Khvarvaran. Los gobernantes sasánidas adoptaron el título de Shahanshah (rey de reyes), convirtiéndose a un tiempo en señores supremos y en guardianes del fuego sagrado, símbolo de la religión nacional. Esta simbología se muestra en las monedas sasánidas, donde el monarca reinante, con su corona y los atributos de su cargo, aparece en una de las caras mientras ocupa el reverso de la moneda la llama sagrada. Las reinas sasánidas tenían el título de Banebshenan barebshen (reina de reinas).

A menor escala, el territorio era gobernado por gobernadores pertenecientes a la familia real sasánida, conocidos como Shahrdar (شهردار), bajo la supervisión directa del Shahanshah. El gobierno sasánida se caracterizaba por una considerable centralización, por sus ambiciosos planes urbanísticos, el desarrollo de la agricultura y la investigación tecnológica. A las órdenes del rey, una poderosa burocracia se encargaba de la mayor parte de los asuntos del gobierno. La cabeza de esta burocracia y vice-canciller era el “Vuzorg (Bozorg) Farmadar” (بزرگ فرمادار). Dentro de este aparato burocrático, los sacerdotes zoroastrianos eran inmensamente poderosos. La cabeza de la clase sacerdotal era el Mobadan (موبدان), quien junto con el comandante en jefe, el Iran (Eran) Spahbod (ايران سپهد) y el jefe del sindicato de comerciantes, “Ho Tokhshan Bod” (هوتوخشان بد), que era también ministro de agricultura “Vastrioshansalar” (واستریوشانسالار) y jefe de los granjeros eran los hombres más poderosos del estado sasánida, sólo por debajo del emperador.

Los monarcas sasánidas actuaban frecuentemente como asesores de sus ministros, los cuales componían un consejo de estado. El historiador musulmán Masudi alababa la “excelente administración de los reyes sasánidas, su ordenada política, el cuidado de sus súbditos y la prosperidad de sus dominios”.

En tiempos normales, el cargo imperial era hereditario, aunque podía ser transmitido por el rey a un hijo menor. En dos momentos de su historia, el poder supremo estuvo en manos de sendas reinas. Cuando no existía un heredero directo disponible, los nobles y prelados elegían a un gobernante, aunque esta elección estaba restringida a los miembros de la familia real.

La nobleza sasánida era una mezcla de los antiguos clanes partos, las familias aristocráticas persas y las familias nobles de los territorios súbditos del Imperio. Tras la disolución de la dinastía parta surgieron muchas familias nobles, al tiempo que los que una vez fueron los siete clanes partos dominantes conservaban una gran improtancia social. En al corte de Ardacher I, las viejas familias arsácidas de Suen-Pahlav y Karen-Pahlav, junto con numerosas familias persas, los Varazes y Andiganos, ostentaban puestos de gran honor. El sucesor de Ardacher, Sapor I, utilizó como símbolo el blasón de Gondophar (un círculo rodeado por un creciente), que podría indicar la relación de este monarca a través de su madre con la casa de Suran-Pahlav.

Por regla general, las familias de clase más alta (Bozorgan), ostentaban los cargos de mayor poder en la administración imperial, incluyendo a los gobernadores de las provincias fronterizas (Marzban, مرزبان). La mayor parte de estos cargos eran patrimoniales, y en muchos casos eran heredados dentro de la misma familia durante generaciones. A los Marzban de más veteranía se les permitía tener un trono de plata, mientras a los de las provincias de mayor importancia estratégica como el Cáucaso se les permitía un trono de oro. Durante las campañas militares, los Marzban podían actuar como mariscales de campo, mientras los menos numerosos Spahbods podían comandar los ejércitos.

Culturalmente, los sasánidas implementaron un sistema de estratificación social. Este sistema tenía su base en el zoroastrismo, establecido como la religión oficial del estado. El resto de las religiones fueron tratadas con bastante tolerancia (aunque este punto es objeto de encendidas discusiones). Los emperadores sasánidas buscaron de forma consciente resucitar las tradiciones persas, tratando de borrar la influencia cultural griega.

El ejército sasánida [editar]

La columna vertebral del ejército persa (Spah) en la época sasánida estaba compuesta por la caballería pesada, evolucionada desde la época de los partos: los caballeros savaranos. Esta fuerza de caballería, compuesta por la élite de la nobleza, entrenada desde su juventud para el servicio militar, estaba apoyada por la caballería ligera, la infantería y los arqueros. Las tácticas sasánidas se centraban en la distracción y debilitamiento del enemigo mediante el uso de los arqueros, montados o a pie, para así permitir a los savaranos maximizar el poder de su carga.[13]

Al contrario que sus predecesores partos, los sasánidas desarrollaron técnicas avanzadas de asedio. Este desarrollo le proporcionó ventaja en sus conflictos con Roma; una ventaja basada en la capacidad de asediar ciudades y puestos fortificados. Inversamente, también desarrollaron técnicas para defender sus propias ciudades de un ataque. El ejército sasánida era famoso por su caballería pesada, heredada del anterior ejército parto, aunque mucho más avanzada y letal. El historiador griego Amiano Marcelino describió a la caballería de Sapor II, manifestando su alto nivel de equipamiento:

Todas las compañías estaban revestidas de hierro, y todas las partes de sus cuerpos estaban cubiertas por gruesas placas encajadas rígidamente y ajustadas a sus miembros, y llevaban formas de caras humanas encajadas en sus cabezas, de tal forma que todos sus cuerpos estaban cubiertos por entero de metal, y las flechas que cayeran sobre ellos sólo podrían clavarse por los orificios de la máscara por donde veían o por donde podían respirar. De ellos, algunso estaban armados con picas, tan firmemente sujetas que se podría pensar que las sostenían con abrazaderas de bronce.

Amiano Marcelino

La cantidad de dinero necesaria para mantener a un guerrero de la casta Asawara hacía necesario que estos dispusieran de tierras, y en efecto, los caballeros savaranos (asawara) las obtuvieron de la corona. A cambio, fueron los más notables defensores de la corona en tiempos de guerra.

Conflictos [editar]

Los sasánidas, al igual que los partos, mantuvieron una constante hostilidad contra el Imperio romano. Tras la división del Imperio romano en el 395, el Imperio romano de Oriente, con capital en Constantinopla, reemplazó al Imperio romano como principal enemigo de Persia. Las hostilidades entre ambos imperios se hicieron aún más frecuentes. Los sasánidas, al igual que los romanos, estaban en constante conflicto con los reinos vecinos y con las hordas nómadas. A pesar de que el peligro de las incursiones nómadas nunca llegó a ser completamente resuelto, los sasánidas tuvieron con éstas más éxito del que tuvieron en su lucha contra los romanos, ya que su política militar estuvo más centrada en la coordinación de las campañas contra el peligro nómada.

En el oeste, el territorio sasánida lindaba con el extenso y estable Imperio romano, pero en el este sus vecinos más cercanos eran el Imperio Kushān y tribus nómadas, como los hunos blancos. La construcción de fortificaciones como Tus Citadel o la ciudad de Nishapur, convertida posteriormente en centro de estudios y comercio, ayudaron a defender las provincias orientales de los ataques.

Al sur, en Arabia central, las tribus beduinas incursionaban de forma ocasional en el Imperio sasánida. El reino de Al-Hirah, vasallo del Imperio sasánida, fue establecido a modo de estado tapón entre el territorio del Imperio y las tribus beduinas. La disolución del reino de Al-Hirah por Cosroes II en 602 contribuyó en gran medida a la derrota sasánida frente a los beduinos árabes al final de ese mismo siglo. Estas derrotas resultaron en la anexión del Imperio sasánida por las tribus beduinas bajo la bandera del Islam.

Al norte, los jázaros y otras tribus turcas asaltaban con frecuencia las provincias septentrionales del imperio. Estas tribus saquearon el territorio de los medos en 634. Poco más tarde, el ejército persa les derrotó y expulsó. Los sasánidas construyeron numerosas fortificaciones en la región del Cáucaso para detener estos ataques.

Interacciones con Oriente

Relaciones con China

Como sus predecesores partos, el Imperio sasánida emprendió una relación exterior muy activa con China, y los embajadores persas viajaban con frecuencia a China. Los documentos chinos dan cuenta de trece embajadas sasánidas enviadas a China. Comercialmente, el comercio terrestre y marítimo con China fue importante tanto para los sasánidas como para los chinos. Al sur de China se ha encontrado una gran cantidad de monedas sasánidas, confirmando este comercio marítimo.

En diferentes ocasiones, los reyes sasánidas enviaron a sus más dotados músicos y bailarines a la corte imperial china. Ambos imperios se beneficiaron del comercio a lo largo de la ruta de la seda, compartiendo un interés común en preservar y proteger este comercio. Cooperaron en la custodia de las rutas comerciales a través de Asia Central, y ambos construyeron puestos avanzados en las áreas fronterizas para mantener a las caravanas a salvo de las tribus nómadas y los bandidos.

Políticamente, se conocen los esfuerzos de sasánidas y chinos por forjar alianzas contra sus enemigos comunes: los heptalitas. Dado el creciente control de Asia Central por parte de los nómadas de origen turco, también se produjo una colaboración entrre China y el Imperio sasánida para rechazar los avances turcos.

Tras la invasión del Imperio por los árabes musulmanes, Peroz, hijo de Yazdegard III, escapó junto con algunos nobles persas y se refugió en la corte imperial china. Piroz y su hijo Narseh obtuvieron títulos de nobleza en la corte china. Al menos en dos ocasiones, la última probablemente en 670, fueron enviadas tropas chinas al mando de Peroz para restaurarle en el trono sasánida, con resultados mediocres. Uno de estos intentos concluyó con un corto periodo de gobierno de Peroz en Sistán, del que se conserva un escaso registro numismático. Narseh alcanzó más tarde el cargo de comandante de la guardia imperial china, y sus descendientes vivieron en China como respetados príncipes.

Expansión a la India [editar]

Tras haber asegurado Irán y sus regiones vecinas bajo el gobierno de Ardacher I, el segundo emperador, Sapor I (240-270), extendió su autoridad más aún al este, dentro de lo que hoy es Pakistán y la parte noroccidental de la India. Los anteriormente autónomos Kushans se vieron obligados a aceptar su soberanía. A pesar de que el Imperio Kushan estaba en decadencia hacia el fin del siglo III para ser reemplazado por el Imperio Gupta en el siglo IV, está claro que la influencia sasánida siguió siendo relevante en la parte noroccidental de la India durante este periodo.

Persia y el noroeste indio entablaron un intercambio cultural y político durante este periodo, y ciertas prácticas sasánidas se extendieron dentro del territorio Kushan. En particular, la influencia sasánida se dejó notar en su concepto de realeza, sobre todo en el comercio de la plata y los textiles. Este intercambio cultural no incluyó sin embargo las prácticas religiosas sasánidas o su actitud hacia los kushan. Mientras los sasánidas siempre tuvieron un concepto religioso ligado a la política proselitista estatal, y esporádicamente perseguían o forzabanb la conversión de las minorías religiosas, los kushan eran más partidarios de la tolerancia religiosa.

También tuvieron lugar durante este periodo intercambios culturales de menor nivel entre la India y Persia. Por ejemplo, los persas importaron el juego del ajedrez, cambiando el nombre del juego de chaturanga a shatreng; a cambio, los persas introdujeron el Backgammon en la India.

Durante el reinado de Cosroes I se llevaron a Persia numerosos libros indios, siendo traducidos al Pahlevi, el idioma del Imperio sasánida. Algunos de estos volúmenes fueron luego incorporados a la literatura del mundo islámico. Un ejemplo notable de este tráfico literario fue la traducción del Panchatantra indio por uno de los ministros de Cosroes, Burzoe. Esta traducción, conocida como el Kelileh va Demmeh, llegó con posterioridad a Arabia y Europa. Los detalles del viaje legendario de Burzoe a la India y su atrevida adquisición del Panchatantra se describe con todo detalle en la obra de Ferdowsi Shahnameh.

La sociedad iraní bajo el gobierno sasánida

La sociedad y la civilización propiciada por los sasánidas fue de las más florecientes de su tiempo. En su ámbito geográfico sólo rivalizaba con la sociedad bizantina. La importancia de los intercambios científicos e intelectuales entre ambos imperios es un ejemplo de competición y cooperación de estas cunas de civilizaciones.

La diferencia fundamental entre la sociedad parta y la sasánida fue el énfasis que la última puso en conseguir un gobierno centralizado y carismático. En la teoría social sasánida, la sociedad ideal era aquella que podía mantener la estabilidad y la justicia, y el instrumento necesario para ello era una monarquía fuerte.

La sociedad sasánida era tremendamente compleja, con sistemas de organización separados gobernando numerosos grupos diferentes a lo largo del Imperio. Los historiadores consideran que la sociedad estaba dividida en cuatro clases: la sacerdotal (Atorbanan, en persa: آتروبانان), los guerreros (Arteshtaran, en persa: ارتشتاران), los escribas (Debiran, en persa: دبيران) y los plebeyos o campesinos (Vasteryoshan-Hootkheshan, en persa: هوتخشان-واستريوشان). Como centro del sistema de castas sasánida se encontraba el Shahansha, gobernando sobre todos los nobles. Las princesas reales, los pequeños mandatarios, los grandes terratenientes y los sacerdotes constituían un estamento privilegiado, y se les conocía como Bozorgan (بزرگان) o nobles. Al parecer, era un sistema social bastante rígido.

La pertenencia a una clase social se basaba en el nacimiento, si bien era posible de forma excepcional que una persona cambiara de clase al obtener ciertos méritos. La función del rey era asegurarse de que cada clase se mantuviera dentro de sus propios límites, es decir, que los fuertes no oprimieran a los débiles, y los débiles no derrocaran a los fuertes. Mantener este equilibrio social era la esencia de la justicia del rey, y de esta justicia dependía la glorificación de la figura del monarca sobre las otras clases.

A un nivel más bajo, la sociedad sasánida estaba dividida entre los Azatan u hombres libres (آزادان) y la masa de campesinado de origen no ario. Los azatan formaban una amplia aristocracia de administradores de bajo nivel que vivían principalmente en pequeñas propiedades, guardando celosamente su estatus de descendientres de los antiguos conquistadores arios. Militarmente, los azatan constituían la columna vertebral de la caballería sasánida.

Arte, ciencia y literatura [editar]

Los reyes sasánidas fueron mecenas de las letras y la filosofía. Cósroes I dispuso de los trabajos de Platón y Aristóteles traducidos al Pahlevi y que se enseñaban en Gundishapur, e incluso él mismo los leyó. Durante su reinado fueron compilados gran cantidad de anales históricos, de los cuales sólo se conserva el Karnamak-i Artaxshir-i Papakan (Los hechos de Ardacher), una mezcla de historia y romance que sirvió como base para la épica nacional iraní, el Shahnama. Cuando Justiniano I cerró las escuelas de Atenas, siete de sus profesores huyeron a Persia y encontraron refugio en la corte de Cósroes. Con el tiempo, sintieron nostalgia de su tierra, y en los tratados de 533 entre Justiniano y el rey sasánida se estipuló que se permitiera a los sabios griegos regresar a su tierra libres de cualquier persecución.

Bajo Cósroes I, el colegio de Gundishapur, fundado en el siglo IV, se convirtió en “el mayor centro intelectual del mundo”, acudiendo a él estudiantes y maestros de todas las partes del mundo. Incluso los cristianos nestorianistas fueron recibidos en Gundishapur, aportando las traducciones al sirio de los trabajos griegos sobre medicina y filosofía. También acudieron a Gundishapur los neoplatónicos, quienes plantaron la semilla del misticismo sufí, así como los eruditos de la India, Persia, Siria y Grecia, que se mezclaron para dar lugar al una floreciente escuela de medicina.

Artísticamente, el periodo sasánida fue testigo de los mayores avances de la civilización persa, gran parte de los cuales se fundieron con lo que se conoció como cultura islámica, incluyendo la arquitectura y la literatura. En su punto álgido, el Imperio sasánida se etandía desde Siria hasta el norte de la India, pero su influencia llegó mucho más allá de sus límites políticos. Se han hallado motivos sasánidas en el arte de Asia Central y China, en el Imperio bizantino, e incluso en la Francia merovingia. Sin embargo, el verdadero heredero del arte sasánida fue el arte islámico, que asimiló sus conceptos y al mismo tiempo, les insufló nueva vida y un vigor renovado. Como expresa el historiador americano Will Durant:

El arte sasánida exportó sus formas y motivos hacia el este, dentro de la India, Turkestán y China, y hacia el oeste dentro de Siria, Asia menor, Constantinopla, los balcanes, Egipto y España. Probablemente su influencia ayudó a cambiar el énfasis en el arte griego desde las representaciones clásicas al ornamento bizantino, y en el arte cristiano latino desde los techos de madera a las bóvedas y cúpulas de ladrillo o piedra y los muros apoyados en arbotantes

William James Durant

Relieves sasánidas de Naqsh-e Rustam.

Los relieves sasánidas de Taq-e Bostan y Naqsh-e Rustam fueron en su origen policromadas, al igual que gran parte de los palacios, aunque sólo se conservan trazas de aquellos colores. La literatura, en cambio, deja claro que la pintura fue un arfte floreciente en la época sasánida. Se sabe que el profeta Mani fundó una escuela de pintura; Firdowsi cuenta cómo los magnates persas adornaban sus mansiones con pinturas de los héroes iraníes, y el poeta al-Buhnturi describe los murales del palacio de Ctesiphon. A la muerte de los reyes sasánidas, los mejores pintores del momento eran convocados para pintar un retrato del difunto rey para la colección del tesoro real.

Pieza textil sasánida del siglo IV.

La pintura, escultura, alfarería y otras formas de decoración compartieron sus diseños con el arte textil sasánida. Sedas, bordados, brocados, damasquinados, tapices, tapicerías, doseles, techados y alfombras se tejían con paciencia servil por manos maestras, y eran introducidas en tintes calientes de amarillo, azul y verde. Casi cada persa, exceptuando los campesinos y los sacerdotes, aspiraban a vertir por encima de los de su clase. Los regalos se hacían frecuentemente en forma de suntuosas prendas de vestir, y las alfombras de vistosos colores eran señal de riqueza en el este desde los días de los asirios.

Las dos docenas de tejidos sasánidas que escaparon a la acción del tiempo están entre las fabricaciones humanas más valoradas. Incluso en su tiempo, el textil sasánida era admirado e imitado desde Egipto al lejano oriente, y durante las cruzadas, estos productos paganos eran apreciados para vestir las reliquias de los santos cristianos. Cuando Heraclio capturó el palacio de Khosru Parvez en Dastagird, los delicados bordados y las inmensas alfombras estaban entre sus más preciados despojos. Era famosa la “alfombra de invierno”, también conocida como “la primavera de Cósroes” (قالى بهارستان) o Khosru Anushirvan, diseñada para hacerle olvidar el invierno con sus escenas primaverales y veraniegas: flores y frutos hechos con rubíes y diamantes, además de caminos de plata y arroyos de perlas trazados sobre un fondo de oro. Harun al-Rashid se mostraba orgulloso sobre su espaciosa alfombra sasánida, intrincadamente labrada con joyas. Los persas incluso escibieron poemas de amor acerca de sus alfombras.

La influencia de los tejidos sasánidas, además de impregnar al arte textil del Imperio bizantino, se extendió tras la caída del Imperio a manos musulmanas por todos los dominios árabes, llegando hasta Al-Andalus, en el extremo oriental de estos dominios.[14]

Los estudios sobre los restos muestran que los reyes sasánidas utilizaron alrededor de cien tipos de coronas. Las diferentes coronas sasánidas muestran la situación cultural, económica, social e histórica de cada periodo. También muestran el carácter de cada rey. Los diferentes símbolos y signos sobre las coronas, la luna, las estrellas, el águila y la mano nos ilustran acerca de las creencias religiosas de sus propietarios.

La dinastía sasánida, al igual que la aqueménida, se originó en la provincia de Persis (Fars). Los sasánidas se veían a sí mismos como sucesores de los aqueménidas tras el interludio de dominio helenístico y parto, y estaban convencidos de que su destino último era restaurar la grandeza de Persia.

Al revivir las glorias del pasado aqueménida, los sasánidas no fueron unos meros imitadores. El arte de este periodo revela una asombrosa virilidad, anticipándose en ciertos aspectos a las aspectos claves del arte islámico. El arte sasánida combinaba elementos del arte tradicional persa con elementos e influencias helenísticas. La conquista de Persia por Alejandro el Grande inició la expansión del arte helenístico en asia occidental. Aunque el este aceptó estas influencias artísticas de forma externa, nunca asimiló realmente al espíritu de las mismas. Incluso en el periodo parto, el arte helenístico era interpretado libremente por los pueblos del cercano oriente. Así, el periodo sasánida fue una reacción contra estas formas artísticas. El arte sasánida resucitó formas y tradiciones nativas de Persia, y ya en el periodo islámico, estas formas alcanzaron las costas del Mediterráneo. Según Fergusson:

Con el auge de los sasánidas, Persia recuperó gran parte del poder y la estabilidad que durante largo tiempo le había sido extraña(…) Los avances de las artes en el terreno doméstico sin un indicativo del regreso a la prosperidad y a un grado de seguridad desconocido desde la caída de los aqueménidas.[15]

Los palacios supervivientes ilustran el esplendor en el que vivían los monarcas sasánidas. Sirvan como ejemplo los palacios de Firouzabad y Bishapur en Fars y en la capital del Imperio en Ctesiphon, en la provincia de Khvarvaran, en Iraq. Además de las tradiciones locales, la arquitectura parta ejerció también influencia sobre las características de la arquitectura sasánida. Ambas se caracterizan por las bóvedas de medio cañón, introducidas durante el periodo parto. En el periodo sasánida, éstas alcanzaron enormes proporciones, especialmente en Ctesiphon. Allí, el arco el gran salón abovedado, atribuido al reinado de Sapor I (241-272) tenía un ancho de más de 26 metros, alcanzando una altura de casi 40. Esta magnifica estructura fascinó a los arquitectos de los siguientes siglos, y está considerada como uno de los más importantes ejemplos de la arquitectura persa. Muchos de los palacios contenían un salón de audiencias interior consistente, como en el de Firuzabad, en una cámara cubierta por una cúpula. Los persas resolvieron el problema de construir una cúpula circular sobre un edificio cuadrado empleando arcos construidos en cada esquina del cuadrado, convirtiendo a éste de hecho en un octógono sobre el cual era más sencillo emplazar la cúpula. La cúpula de la cámara del palacio de Firouzabad es el ejemplo más antiguo que se conserva del uso de estos arcos, lo que sugiere que esta técnica arquitectónica es, probablemente, original de Persia.

La característica exclusiva de la arquitectura sasánida es el uso distintivo del espacio. Los arquitectos sasánidas concibieron sus edificios en términos de masas y superficies. Esto dio lugar al uso en abundancia de muros de ladrillo decorados con estuco moldeado o tallado. Las decoraciones sobre muros de estuco aparecen en Bishapur, aunque se dan mejores ejemplos de la misma en Chal Tarkhan, cerca de Rayy (del sasánida tardío o inicios de la época islámica), y en Ctesiphon y Kish, en Mesopotamia. Los paneles muestran figuras animales en corro, bustos humanos y motivos geométricos o florales.

En Bishapur, algunos de los suelos fueron decorados con mosaicos que muestran escenas de júbilo, como en un banquete. Aquí, la influencia romana aparece clara, y los mosaicos podrían haber sido creados por prisioneros romanos. Los edificios fueron decorados con pinturas murales, de las que se dan buenos ejemplos en las encontradas en Kuh-i-Khwaja, en Sistan.

Industria y Comercio [editar]

La industria persa bajo el gobierno sasánida se desarrolló desde el ámbito doméstico hasta el urbano. Se crearon numerosos gremios, y algunos pueblos contaron incluso con un proletariado revolucionario. Las vestiduras de seda fueron introducidas desde China, y las sedas sasánidas llegaron a todas partes, sirviendo como modelo para las artes textiles en Bizancio, China y Japón. La influencia de los productos textiles y la platería sasánida llegó a lugares tan lejanos como Hispania.[16] Los mercaderes chinos llegaban a Irán para vender seda en bruto y comprar alfombras, joyas, maquillajes… Armenios, sirios y judíos contactaron Persia con Bizancio y Roma en un lento intercambio. Las buenas carreteras y puentes, bien vigilados, permitían eñ establecimiento de postas y caravanas de mercancías que unían Ctesiphon con todas las provincias. Se construyeron puertos en el Golfo Pérsico para facilitar el comercio con la India. Los mercantes sasánidas llegaron lejos y a muchas partes, desplazando a los romanos de las lucrativas rutas comerciales oceánicas con la India. Recientes descubrimientos arqueológicos muestran un hecho interesante: los sasánidas usaban etiquetas especiales sobre sus mercancías como forma de promocionar sus marcas y distinguir entre diferentes calidades.

Cósroes I extendió aún más la ya vasta red comercial. El estado sasánida pretendió tomar el control monopolístico del comercio, con las mercancías lujosas asumiento un papel primordial en el mismo, y una gran actividad en construcción de puertos, puestos de caravanas, puentes, y donde el objetivo era unir el comercio con la urbanización. Los persas dominaron el comercio internacional, tanto con el Océano Índico como en Asia Central y el sur de Rusia en tiempos de Cósroes, a pesar de que la competencia con los bizantinos en aquel tiempo era intensa. os asentamientos sasánidas en Oman y Yemen dan fe de la importancia del comercio con la India, aunque el comercio de la seda con China estuvo principalmente en manos de los vasallos de los sasánidas y de los pueblos iranios como los Sogdianos.

Las principales productos exportados por los sasánidas fueron los tejidos de seda, lana y dorados, las alfombras y tapices, las pieles y cueros y las perlas del Golfo Pérsico. También hubo tráfico de mercancías procedentes de China (papel, seda) y la India (especias) sobre las que las aduanas sasánidas imponían arranceles y que eran reexportadas desde el Imperio a Europa.

Esta etapa suspuso también un incremento de la producción metalúrgica, de tal forma que Irán se ganó la reputación de ser la “armería de Asia”. Gran parte de los centros de minería sasánida se encontraban en la periferia del Imperio: en Armenia, en el Cáucaso, y sobre todo, en la Transoxiana. La extraordinaria riqueza mineral de las montañas de Pamir, en las fronteras orientales del Imperio, originó la leyenda sobre los Tajiks, el pueblo iranio que allí habitaba y cuya leyenda aún perdura. Se dice que cuando Dios creó el mundo, viajó sobre los montes Pamir, dejando caer su jarra de minerales que se esparcieron a lo largo de la región.

Religión [editar]

La religión del estado sasánida era el zoroastrismo, si bien el zoroastrismo sasánida tenía claras diferencias sobre las prácticas reflejadas en el Avesta, el libro sagrado del zoroastrismo. El clero zoroastrista sasánida modificó la religión de forma que satisficiera sus intereses, provocando una sustancial intranquilidad religiosa. Las políticas religiosas sasánidas contribuyeron al florecimiento de numerosos movimientos reformistas religiosos, los más importantes de los cuales fueron las religiones de Mani y Mazdak.

El extremado y pronunciado dualismo constituyeron la característica más reseñable del zoroastrismo. Ormazd y Ahriman, los principios del bien y del mal, eran considerados como gemelos, que vinieron en un principio para crear la vida y la muerte, y para establecer cómo sería el mundo. No había prioridad en la existencia de uno sobre el otro, y tampoco una decidida superioridad. Ambos, siendo contemporáneos, contendían desde el principio de los tiempos y seguirían haciéndolo por toda la eternidad, no siendo ninguno de ellos capaz de desbancar al otro.

Reverso de una moneda de Sapor I, donde aparece el altar del fuego, con la llama surgiendo del mismo.

Reverso de una moneda de Ormuz II, donde además de la llama sagrada, aparece una cabeza humana.

Estos dos principios eran representados como personas. Ormazd era el creador de vida, terrenal y espiritual, creador de los cuerpos celestiales, la tierra, el agua y los árboles. Ormazd era bueno, sagrado, puro, verdadero. Significaba la suprema felicidad, y estaba en posesión de todas las bendiciones: salud, riqueza, virtud, sabiduría e inmortalidad. De él procedían todos los dones de los que el hombre podía disfrutar. Al igual que recompensaba la bondad, también castigaba la maldad, si bien éste era un aspecto de su esencia raramente representado.

El culto zoroastrista estaba íntimamente conectado con los templos y altares dedicados al fuego. En todas las ciudades importantes del Imperio se mantenía un templo del fuego, y en cada uno de ellos se veneraba a una llama sagrada, de la que se creía que había sido encendida desde los cielos y se mantenía perpetuamente encendida por los sacerdotes. Se decía de esta llama que era “inextinguible”. Es probable que los altares del fuego también existieran de forma independiente de los templos. A lo largo de la historia de los sasánidas, el altar del fuego tuvo un lugar prominente en la numismática como la más frecuente impresión del reverso de las monedas. Se representaba este altar con la llama surgiendo del mismo, y en ocasiones con una cabeza en la llama. El pie de este altar solía ornamentarse con guirnaldas o cintas, y a cada lado, como protectores o devotos, se representaban dos figuras, en ocasiones mirando la llama, y en otras vueltos de espaldas a ésta, como guardándola de los enemigos externos.

Además del zoroastrismo, coexistían en la sociedad sasánida otras religiones, principalmente el judaísmo, el cristianismo y el budismo, las cuales fueron en muchos periodos libres de practicar sus cultos y de predicar sus creencias.

La idea cristiana de un Cristo Humano y divino pero separado en dos personas se conoce como nestorianismo .Cuando tras el Concilio de Éfeso (año 431) el nestorianismo fue considerado herejía, y por tanto fue desterrado del Imperio romano, la diáspora de los cristianos nestorianos encontró refugio en el Imperio sasánida. Gran parte de los habitantes del imperio persa (en especial en Iraq) y los Lajmidas abrazaron la denominación cristiana conocida en Occidente (incluyendo aquí a Siria y al Imperio bizantino como partes del Occidente) con el citado adjetivo de “nestorianismo”.

Bajo el gobierno sasánida floreció una populosa comunidad judía, cuyos centros más prósperos eran Isfahán, Babilonia y Jorasán, y con una autoridad religiosa semiautónoma establecida en Mesopotamia. Esta comunidad, de hecho, continuó siendo floreciente hasta la llegada del sionismo. Las comunidades judías sufrieron, sin embargo, persecuciones ocasionales, aunque en términos generales, disfrutaron de una relativa libertad religiosa, y gozaban de privilegios que se le negaban a otras comunidades religiosas minoritarias. Sapor I (Shabur Malka en arameo) fue particularmente amistoso con los judíos. Su amistad con Shmuel conllevó muchas ventajas para la comunidad judía. Incluso ofreció a los judíos del Imperio sasánida un magnífico caballo, por si llegara el Mesías, de quien se pensaba que llegaría a lomos de un burro o una mula.

Sapor II, cuya madre era judía, conservó una amistad parecida con el rabino babilonio Raba. La amistad con Raba aseguró a los judíos la relajación de las opresivas leyes dictadas contra los judíos en el Imperio persa. En esta coyuntura de tolerancia, en los territorios orientales del Imperio, varios lugares de adoración budista, especialmente Bamiyán experimentaron cierto áuge a medida que el budismo se hacía más popular en la región.

Cronología [editar]

  • 226. El rey Ardashir se subleva y destruye el Reino Parto, fundando en su lugar el Imperio sasánida.
  • 260. Batalla de Edesa. El rey Sapor I derrota al Emperador romano Valeriano tomándolo como prisionero. Los sasánidas se hacen con el control del Próximo Oriente, aunque pronto deberán disputarlo con el ascendiente poder de Zenobia de Palmira.
  • 296. El ejército invasor del rey Narsés es aniquilado por Maximino Daya provocando la pérdida de los territorios de Armenia, Asiria y Mesopotamia.
  • 310. Sapor II derrota en tres ocasiones a los romanos y los obliga a abandonar Armenia y Mesopotamia.
  • 390. Periodo de decadencia marcado por la mediocridad de los reyes Ardacher II, Sapor III, Bahram III y Peroz, durante el cual hubo luchas internas contra la aristocracia.
  • 590. Cosroes II el Grande declara la guerra al Imperio bizantino, y se enreda en una inacabable guerra contra Heraclio.
  • 622. A las continuas derrotas que el Imperio sasánida sufre a manos bizantinas, se suma una peste que origina una profunda crisis demográfica que provoca el asesinato de Cosroes II Parviz y la entronización de sus hijos Ardashir III y Kavad II con los cuales el poderoso imperio sasánida entra en una fase de descomposición y pérdida de territorios a manos de las incursiones árabes.
  • 651. El Imperio sasánida sucumbe a manos del Califato Omeya tras la muerte de su último rey, Yazdegerd III.

Véase también [editar]

Referencias [editar]

  1. Garthwaite, Gene R., The Persians, p. 2 ISBN 1-55786-860-3
  2. Bury, p. 109.
  3. a b Durant.
  4. Comparetti, Matteo “Los sasánidas en Africa“, en Transoxiana 4 (julio 2002). El artículo original en inglés posee sus citas correspondientes.
  5. Sarfaraz, pp. 329–330
  6. Iransaga: The art of Sassanians
  7. Zarinkoob, p. 305.
  8. Zarinkoob, p. 194-198.
  9. Rostovtzeff, M. “La crisis del Imperio romano en el siglo III d. C.“, en webhistoria (extracto de Roma. De los orígenes a la última crisis, ed. Eudeba)
  10. Mazdekismo : herejía y utopía en la Persia Sasánida (484-528), en Universidad Nacional de Cuyo
  11. Fernández, Gonzalo (Universitat de València), “La controversia historiográfica en torno al fin de la Edad Antigua” p.591, en Gerión Vol. 20 Núm. 2 (2002). ISSN 0213-0181
  12. Ivorra, Carlos, La Expansión Árabe. Universitat de València
  13. Wilcox, Peter, Rome’s enemies (3) – Parthian and Sassanid Persians, Osprey publishing, 2001. ISBN 0-85045-688-6
  14. Ángela Arteaga et al. TEJIDOS HISPANO MUSULMANES. ESTUDIO TÉCNICO Y ANALÍTICO. Ministerio de Cultura de España
  15. Fergusson, History of Architecture, vol. i, 3ra edición, pp. 381−3
  16. Blázquez Martínez, José MaríaEl mosaico de Dulcitius (Villa El Ramalete), Navarra, y las copas sasánidas“, en Antigua: Historia y Arqueología de las civilizaciones (página de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes). Publicado anteriormente en M.A. Ladero (ed.), Estudios en memoria del prof. D. Salvador de Moxó, vol. I, Madrid 1982

Bibliografía relacionada


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