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13 dic 09

Los diferentes estratos de Wilusa-Troya,Turquia

Wilusa (URUWi-lu-ša )  fue una ciudad de la Edad del Bronce  final que perteneció a la Confederation  de Assuwa, de Anatolia occidental.

http://www.turkleronline.com/images/Resim_Galerisi/galeri/kucuk_resimler/troya/troya3b.jpg

Se la conoce por seis referencias de las fuentes hititas

entre ellas:

http://www.mlahanas.de/Greeks/Cities/Troas.jpg

  • 3. La carta de  Tawagalawa (ca. 1250 a.C.),dirigida al rey de  Ahhiyawa por Hattusil III, mencionando conflictos armados con Wilusa;
  • 4.La carta de  Milawata (de fines del siglo 13
  • a.C.) que se atribuye escrita por Tudhaliya IVde  Hatti, discutiendo la reinstalación de Walmu como rey de  Wilusa;

http://milibreria.files.wordpress.com/2009/01/caballo-de-troya.jpg

El caballo de Troya, de La Iliada

A menudo se  la identifica con la Troya VIIa en

arqueología (destruida hacia  1190 a.C.), y con la

legendaria Troya del ciclo griego (de acuerdo con la

cronologia de san Jerónimo datada en  1180s a.C.)

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9 dic 09

Troya,mito y realidad

La existencia de las macizas fortificaciones micénicas  o aqueasconstruidas en torno a los palacios  parece indicar que entre ellos no disfrutaban de mucha paz y concordia. El peligro que amenazaba a estos grandes señores no procedía tanto del mar como del propio continente. Las guerras entre ellos deben haber sido frecuentes y su poderío ya estaría muy debilitado y decadente cuando irrumpieron los dorios. Sin duda, el canto del cisne de esta civilización fue la expedición conjunta llevada a cabo contra Troya, al otro lado del Egeo.

La historia de Troya es, arqueologicamente hablando, una de lo más complicadas del mundo. Esta ciudadela, situada sobre una cadena de promontorios a pocos kilómetros del mar Egeo y los Dardanelos, que dominaba y gobernaba una fértil llanura adyacente, carece de restos del neolítico. Luego, a partir del 3.200 a.C. aproximadamente el lugar fue ocupado de manera ininterrumpida hasta el 1.100 a.C. De allí en adelante y hasta el 720 a.C. no volvió a ser habitado.

Se ha tomado la costumbre de distinguir en Troya ocho niveles arqueológicos diferentes cuya cronología aproximada es la siguiente:

Troya I 3.200 – 2.600 a.C. Troya IV 2.200 – 2.050 a.C. Troya VII a ’1.300 – 1.240 a.C.
Troya Il 2.600 – 2.300 a.C. Troya V 2.050 – 1.900 a.C Troya VII b 1.240 – 1.100 a.C.
Troya HI 2.300 – 2.200 a.C. Troya VI 1.900 – 1.300 a.C. Troya VIIII después del 720 a.C.


Durante toda su larga fase de la Edad del Bronce Antigua, hasta quizá el 1.800 a.C., la arqueología troyana revela una notable continuidad cultural. No es que los tiempos fueran completamente pacíficos; hubo una serie de catástrofes periódicas que explican la existencia de cinco estratos superpuesto, pero a cada ruptura parece haber seguido una reconstrucción inmediata y no se muestran indicios de la aparición de elementos nuevos en la población. De todas estas Troyas, la da es la más rica y floreciente como lo demuestran los abundantes tesoros hallados por Schliemann, quien, equivocadamente, los atribuyó a Príamo.

Luego, hacia el 1.800 a.C., surge con Troya VI una nueva civilización que aparece sin prevío aviso, como aconteció en todo el Egeo con similares innovaciones importantes. Este período muestra una técnica militar avanzada, con murallas complejas y arquitectura en general perfeccionada, pero carece de tesoros y de obras estéticamente importantes. No es una coincidencia que las ruinas de Troya VI estén llenas de huesos de caballos, pues fue el caballo lo que dio a los nuevos ocupantes una ventaja militar decisiva sobre sus predecesores. Las cantidades de cerámica miniana primero y luego de la micénica encontradas en Troya VI indican una íntima vinculación con Grecia, hasta el punto que muchos arqueologos han lanzado la hipótesis de que en aquel momento Troya estaba en manos griegas o al menos de una clase dirigente griega.

http://usuarios.lycos.es/dominiohistoria/articulos/art_troya_files/troya6b.jpg


El más grande misterio que rodea a Troya es que los troyanos no parecen haber enterrado a sus muertos. No se ha descubierto más que un pequeño cementerio de umas funerarias a 500 m de la ciudadela, y que parece haber pertenecido a Troya V. En consecuencia, el largo tiempo de ocupación y de esplendor de Troya VI que dura 600 años implica seguramente más de un millón de muertos en ese lugar. ¿A donde han ido a parar sus restos? Es un misterio. En cualquier caso la ausencia de tumbas convierte a la reconstrucción de la historia troyana en algo particularmente difícil. Por lo demás, los troyanos no tenían escritura o, si escribían, lo hacían sobre materiales perecederos tales como la madera o el cuero. No nos ha quedado nada. La arquitectura de Troya VI es más cuidadosa y menos megalítica, que la de Micenas. Casi da una impresión de lujo. Los Aqueos construían de un modo utilitario, únicamente para defenderse; los soberanos de Troya eran más amantes de la apariencia.

Troya estaba aislada del mundo asiático con el cual no tenía buenas comunicaciones naturales. Particularmente los troyanos parecen haber ignorado y haber sido ignorados por los soberanos hititas. Salvo dos pequeños sellos cilíndricos, no se ha encontrado, en todos los trabajos efectuados en el nivel de Troya VI, ningún objeto de origen oriental. Todas las importaciones son micénicas y la mayor parte son objetos de lujo. Esto prueba la gran afinidad de cultura existente entre Troya y el mundo egeo.

Troya era un reino habitado por una población, si no griega, al menos fuertemente helenizada, que se dedicaba principalmente a la cría de caballos y de ganado menor. Esto le permitió desarrollar una floreciente industria textil a fin de intercambiar sus tejidos por los productos de lujo venidos del mundo micénico.

Según uno de los ciclos más célebres de la mitología griega, la ciudad de Troya (o Ilión), que tuvo como fundador a Dárdano, alcanzó la cumbre de su poder bajo el reinado de Priamo. Pero, como había predicho el oráculo, uno de los cincuenta hijos del rey, precisamente el más joven, Paris o Alejandro, provocaría su ruina.

Cuando, con escaso tacto, en una discusión entre las diosas, Paris confirió a Afrodita la palma de la belleza, frente a Atenea y a Hera, obtuvo a cambio el amor de la más bella de las mujeres, Helena, pero se ganó la cruel enemistad de las dos diosas postergadas.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menélao, un reino micénico del Peloponeso.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menéalo, por lo que el príncipe troyano tuvo que seducirla y raptarla durante una visita «de cortesía». Aquel episodio dio origen a la interminable guerra de Troya: Para vengar la ofensa y restituir a Helena a su legitimo consorte, los señores de las principales ciudades griegas (o, mejor, aqueomicénicas) se unieron y promovieron una expedición naval contra Troya. El asedio de la ciudad se prolongó en vano durante diez años. Solo el ardid imaginado por el astuto Ulises permitió poner fin a la expedición. Hizo construir un gigantesco caballo de madera, en cuyo vientre se escondieron los más fuertes guerreros aqueos y fingió levantar el cerco. Convencidos los troyanos de que se trata de un don reparador a los dioses, introducen imprudentemente el caballo tras los muros de la ciudad. Y al amparo de la noche salen del caballo los guerreros aqueos y abren desde el interior las puertas de Troya, que fue conquistada y arrasada. Entre los pocos supervivientes a la matanza se hallaba Eneas a quien el destino asignó el deber de fundar en el lejano Lacio la ciudad que perpetuará en los siglos la estirpe gloriosa de Dárdano, renovando la potencia troyana: la futura Roma. En esta última parte del mito se inspira la Eneida, el sagrado poema del latino Virgilio.