Etiqueta: guerras punicas



11 abr 10

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Reconstruccion de la ciudad de Cartago

Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios procedentes de Tiro en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez.[1] Existen numerosas fechas expuestas por los historiadores clásicos sobre la fecha fundacional de Cartago. La leyenda clásica cuenta que fue la princesa Dido quien la fundó en el año 814 a. C.

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Dido y Eneas

Si bien el consenso actual es afirmar que la ciudad fue fundada entre los años años 825 a. C. y 820 a. C. con el nombre de Qart Hadašt (en grafía hebrea קרת חדשת, y en púnica PhoenicianT-01.pngPhoenicianS-01.pngPhoenicianD-01.png PhoenicianH-01.pngPhoenicianT-01.pngPhoenicianR-01.pngPhoenicianQ-01.png, “qrt ħdʃt”), es decir, Ciudad Nueva.

Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un gran Estado, de carácter republicano con ciertas características monárquicas o de tiranía, que evolucionó a un sistema plenamente republicano. Los territorios controlados por Cartago la convirtieron en la capital de una próspera República, viéndose enriquecida por los recursos provenientes de todo el Mediterráneo occidental. Cartago fue durante mucho tiempo una ciudad más próspera y rica que Roma. Durante su mayor apogeo llegó a tener 400.000 habitantes, edificios de hasta seis y siete pisos de altura, un sistema de alcantarillado unificado y docenas de baños públicos.

La República Cartaginesa se enfrentó a la República Romana por la hegemonía en el Mediterráneo occidental, siendo derrotada totalmente en el 146 a. C., lo que comportó la desaparición del Estado cartaginés y la destrucción de la ciudad de Cartago.

En el 29 a. C. Octavio fundó en el mismo lugar la colonia romana Julia Cartago, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África, una de las zonas productoras de cereales más importantes del imperio. Su puerto fue vital para la exportación de trigo africano hacia Roma. La ciudad llegó a ser la segunda en importancia del Imperio con 400.000 habitantes.[10] En el año 425, los vándalos conquistaron Cartago durante el reinado del rey Genserico y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. La ciudad fue reconquistada por el general bizantino Belisario en el año 534, permaneciendo bajo influencia bizantina hasta el 705.

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Islote del almirantazgo punico, segun arqueologos britanicos.

El puerto civil era de forma rectangular. Allí fondeaban las naves comerciales, que en su mayoría importaban garum, trigo, púrpura, marfil, oro, estaño y esclavos de las factorías, de las colonias y de las explotaciones agrícolas creadas en numerosos enclaves costeros a lo largo del Mediterráneo. Las exportaciones a otras ciudades, colonias o pueblos costeros nativos de las costas del Mediterráneo occidental fueron mercancías manufacturadas, vidrios, cerámicas, objetos de bronce o hierro, y tejidos de púrpura.

Islote del almirantazgo en la época púnica, según los arqueólogos británicos (1978).

El puerto militar era de forma redonda y albergaba en su interior una isla artificial también circular. La isla era la sede del almirantazgo, y su acceso era restringido. El puerto militar según las fuentes clásicas podía albergar 220 barcos de guerra, y sobre los hangares se levantaron almacenes para los aparejos. Delante de cada rada se elevaban dos columnas jónicas, que dotaban a la circunferencia del puerto y de la isla el aspecto de pórtico. Los restos arqueológicos descubiertos han permitido extrapolar la capacidad de acogida del sitio: 30 diques en la isla del almirantazgo y de 135 a 140 diques en todo el perímetro. En total, de 160 a 170 diques, podían albergar tantos barcos de guerra como han sido identificados.

Por debajo de los diques de la dársena se situaban los espacios de almacenaje. Se ha supuesto que en cada dique podían tener cabida dos filas de barcos. En medio del islote circular, se situaba un espacio a cielo abierto, a cuyo lado se levantaba una torre. Los diques podían tener sobre todo la función de astillero naval.(Wiki)

Bibliografia

Vazquez Hoys,A.M.

HISTORIA DEL MUNDO ANTIGUO. EL MUNDO MEDITERRÁNEO HASTA AUGUSTO

Autora: Ana María Vázquez Hoys
Materia: Historia Antigua Grecia. Alejandro Magno, Helenismo, Cartago, Etruria, Roma
Editorial: Madrid 2005. Sanz y Torres
Nº págs: 810

ISBN: 84-96094-49-9
Descripción:

Completísima historia del Mundo Mediterráneo,   nuacion del tomo anterior de Historia de Grecia, ahora  desde el siglo IV, Macedonia , Filipo II, Alejandro Magno y el mundo helenístico , Cartago, Etruria y la República romana hasta Augusto, con numerosos mapas, esquemas, cuadros sinópticos e índices de figuras, mapas, cuadros y onomásticos etc…. Incluye una amplia Bibliografía por apartados y textos para conocer las fuentes así como un Índice de términos históricos , además de una sinopsis histórica. Obra obligada para todos los profesionales , estudiosos y estudiantes de Historia Antigua que quieran conocer en profundidad este amplio e importantísimo periodo, sobre todo las personalidades de Filipo II de Macedonia, Alejandro Magno y Olimpia, la gestación y desarrollo de los diferentes reinos helenísticos a la muerte de Alejandro Magno hasta su toma por Roma y la génesis y desarrollo de ésta potencia hasta la muerte de César y el comienzo del gobierno de Augusto, así como la historia de sus dos grandes rivales: Etruria y Cartago. Con numerosos cuadros sinópticos, esquemas, fotos a todo color y sobre todo los utilísimos Mapas, algunos de ellos desplegables a doble página

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28 dic 09

Diana
Diana cazadora de Itálica,Santiponce,Sevilla

martes, 22 de diciembre, 12.52

Europa Press

La vieja ciudad romana de Itálica se ubica debajo del actual pueblo de Santiponce, Sevilla.

Ciudad Romana de Itálica

El asentamiento romano en el valle del Guadalquivir se establece tras las II Guerras Púnicas. Fue Cornelio Escipión quien fundó la ciudad en el año 206 a.C. con carácter militar. Ocupaba un par de pequeñas colinas junto al río, actualmente se denominan Cerro de San Antonio y Cerro de los Palacios. Donde, a finales del siglo XVIII, se asentó la población de Santiponce.

http://www.trajano.org/trajano.jpg-

Marco Ulpio Trajano (   )


Con el tiempo, la ciudad fue tomando prestigio y aumentó su número de habitantes. El desarrollo se produjo en el siglo II d. C., con los emperadores Trajano y Adriano y se realizaron numerosas mejoras urbanísticas y arquitectónicas.

Mosaico figurado

El trazado de Itálica es ortogonal. Cuenta con una muralla y sus calles se cortan perpendicularmente formando manzanas rectangulares, donde se disponen viviendas de carácter residencial. Posiblemente estuvieron habitadas por las clases altas, debido al tamaño, a los materiales empleados y a una rica decoración a base de mosaicos. Algunos ejemplos son el Edificio del mosaico de Neptuno, la Casa del patio de Rodio, la Casa de los Pájaros o el Edificio de la Exedra.

http://www.educa.madrid.org/web/ies.garciamorato.madrid/Dep_Griego/trabajos_webquest/images/plano2.jpgPlano de Itálica

www.educa.madrid.org/…/italica.htm

El resto de los ciudadanos, con menos recursos , vivía fuera del recinto amurallado. Entre los edificios públicos, destacan el Traianeum, templo dedicado al emperador Trajano; las Termas Mayores; el Anfiteatro, y el Teatro.

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Venus

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El Ministerio de Fomento destina 307.951 euros, a cargo del 1 por ciento cultural, al Ayuntamiento de Santiponce para adecuar el cerramiento del borde sur del recinto arqueológico de Itálica, según el convenio firmado hoy en Madrid por el ministro José Blanco y el alcalde de la localidad, José Peña. Seguir leyendo el arículo

Según explicó a Europa Press el propio Peña, la actuación pretende la puesta en valor de una zona “un poco deteriorada”, dado que el cerramiento “no es todo lo adecuado que debiera”, y permitirá continuar con el que ya existe en el recinto desde la carretera de Extremadura y unirlo con el núcleo urbano.

Los más de 100.000 euros que restan entre la aportación que hace Fomento y el coste total del proyecto –410.601– serán financiados por el consistorio poncino que, en cualquier caso, intentará que la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía “eche una manita” al afectar la actuación al conjunto arqueológico, según indicó el alcalde.

http://www.nomaders.com/blog/wp-content/uploads/2009/08/castel-sant_angelo.jpg

Mausoleo de Hadriano,Castillo de Sant Angelo,Roma

CREACIÓN DE EMPLEO

Peña también señaló que prevé que las obras puedan empezar a “mediados o finales de febrero” y valoró que, pese a que no tienen “mucha envergadura”, facilitan la creación de empleo, algo que consideró “fundamental”.

En esa misma línea, el ministro de Fomento, defendió que, “en estos momentos de crisis”, es “más necesario que nunca” que aumente la inversión productiva, “aquella que genera actividad económica y favorece el empleo”. “Es necesario invertir cuando y donde más se necesita”, añadió.

Al respecto, detalló que su departamento “contribuye más que nunca” al objetivo marcado por este programa, la restauración y conservación de la herencia cultural y subrayó que éste ha recibido en 2009 un total de 67 millones de euros, la mayor financiación alcanzada en un año.

http://www.turismoyarte.com/regiones/andalucia/sevilla/italica/italica.jpg

¡Loados sean los dioses¡….¡Más vale tarde que nunca¡….

Blanco, que firmó hoy 27 actuaciones en las que aporta 13,8 millones de euros, mantuvo que en la pasada legislatura su departamento destinó 208 millones de euros al programa mientras que, para 2010, “gracias al volumen de inversión previsto en los Presupuestos Generales del Estado (PGE)”, prevé poder continuar “este compromiso inversor”

http://www.arteespana.com/ciudadromana/italica5.jpg

Mosaico de Itálica,Santiponce,Sevilla,Andalucia,España

EMPERADORES DE ITÁLICA

TRAJANO

Trajano (en latín, Marcus Ulpius Traianus), emperador romano desde el año 98 al 117, nació en el 53 d.C. en la ciudad de Itálica. Sucedió a Nerva y fue el primer emperador de origen no itálico. Bajo su reinado el Imperio alcanzó su mayor extensión y añadió a sus provincias la última conquista: la Dacia, la actual Rumanía. Algunos de los episodios de esta conquista los podemos ver esculpidos en la Columna de Trajano en Roma.

(53-117 d.C.), emperador romano (98-117 d.C.), conquistador de la Dacia y Mesopotamia, y primer emperador romano de origen hispano, gobernó con el nombre de César Divino hijo de Nerva, Nerva Trajano Optimo Augusto y también fue llamado César Nerva Trajano Germánico. Nacido en Itálica (cerca de la actual Sevilla, en la Bética), lo más probable es que su familia fuera de origen romano. De joven se instruyó en el Ejército romano y tomó parte activa en las campañas de Hispania, Siria y Germania, durante los reinados de los emperadores Tito y Domiciano. Se distinguió como general de inteligencia excepcional, y en el 91 fue elegido cónsul. En el 97, el emperador Nerva le adoptó y asoció al Imperio.

A la muerte de Nerva, un año después, Trajano, que estaba inspeccionando la frontera romana en Germania, le sucedió como emperador. Sin embargo, no regresó a Roma hasta algunos años más tarde haciendo entonces una entrada triunfal -acompañado de su esposa Plotina- siendo aclamado por la multitud por sus virtudes de modestia y nobleza de espíritu.

Celebró su entronización dando gratificaciones a sus soldados y también asegurando la manutención de los hijos de los hombres libres pobres en Roma y otras ciudades italianas; de esta manera continuó con el sistema de generosidad gubernativa iniciado por Nerva. En el 101, emprendió su primera campaña contra los dacios, en el sureste de Europa. La lucha fue larga y feroz, pero hacia el 106, los romanos habían sometido a todo el país, que se convirtió en la provincia romana de Dacia. Esta conquista se celebró con juegos que duraron cuatro meses. Se levantó la famosa Columna Trajana en el Foro de Trajano, en Roma (106-113 d.C.), para conmemorar la victoria.

Ver mapa ampliado del Imperio Romano en la época de Trajano



ADRIANO

http://www.numisjoya.com/Catalogos/monedas/210807/Hadriano.JPG

El emperador Adriano nació en el año 76 en una familia originaria de Itálica; fue criado y adoptado por Trajano, a quien sucedió en el año 117. Fue un hombre sumamente culto y gran amante de la cultura griega. Gran parte de su reinado la pasó recorriendo sus dominios afianzando las fronteras. De su paso por Britania son recuerdo las famosas Murallas de Adriano. A su paso por Egipto perdió a su esclavo y amigo favorito Antínoo, a quien el emperador divinizó. Sus restos reposan en el Mausoleo de Adriano, conocido hoy como castillo de Sant´Angelo.

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25 oct 09

Cartago fue una importante ciudad de la Antigüedad, fundada por los fenicios procedentes de Tiro en un enclave costero del norte de África, cerca de la actual ciudad de Túnez.[1] Existen numerosas fechas expuestas por los historiadores clásicos sobre la fecha fundacional de Cartago.[2] [3] [4] [5] La leyenda clásica cuenta que fue la princesa Dido quien la fundó en el año 814 a. C. Si bien el consenso actual es afirmar que la ciudad fue fundada entre los años años 825 a. C. y 820 a. C.[6] con el nombre de Qart Hadašt (en grafía hebrea קרת חדשת, y en púnica PhoenicianT-01.pngPhoenicianS-01.pngPhoenicianD-01.png PhoenicianH-01.pngPhoenicianT-01.pngPhoenicianR-01.pngPhoenicianQ-01.png, “qrt ħdʃt”), es decir, Ciudad Nueva.[7]

Archivo:Punic ports of Carthager. Carthage, Tunisia.jpg

Los puertos de Cartago(Wikipedia)

Tras la decadencia de Tiro, Cartago desarrolló un gran Estado, de carácter republicano con ciertas características monárquicas o de tiranía, que evolucionó a un sistema plenamente republicano.[8] [9] Los territorios controlados por Cartago la convirtieron en la capital de una próspera República, viéndose enriquecida por los recursos provenientes de todo el Mediterráneo occidental. Cartago fue durante mucho tiempo una ciudad más próspera y rica que Roma. Durante su mayor apogeo llegó a tener 400.000 habitantes, edificios de hasta seis y siete pisos de altura, un sistema de alcantarillado unificado y docenas de baños públicos.

  1. Repúblicas y ciudadanos: modelos de participación cívica en el mundo antiguo Autor Francisco Marco Simón, Francisco Pina Polo, José Remesal Rodríguez
  2. Cartago. Instituciones políticas. Carácter del gobierno
  3. Estrabón estimó la población de Cartago hacia 149 a. C. en 700.000 habitantes (17.3.15). B.H. Warmington lo considera imposible y sugiere unos 200.000, aunque “a principios del siglo III… sería sorprendente que no se acercara a los 400.000 habitantes” (Carthage,

La República Cartaginesa se enfrentó a la República Romana por la hegemonía en el Mediterráneo occidental, siendo derrotada totalmente en el 146 a. C., lo que comportó la desaparición del Estado cartaginés y la destrucción de la ciudad de Cartago.

En el 29 a. C. Octavio fundó en el mismo lugar la colonia romana Julia Cartago, que se convirtió en la capital de la provincia romana de África, una de las zonas productoras de cereales más importantes del imperio. Su puerto fue vital para la exportación de trigo africano hacia Roma. La ciudad llegó a ser la segunda en importancia del Imperio con 400.000 habitantes.[10] En el año 425, los vándalos conquistaron Cartago durante el reinado del rey Genserico y la convirtieron en la capital de su nuevo reino. La ciudad fue reconquistada por el general bizantino Belisario en el año 534, permaneciendo bajo influencia bizantina hasta el 705.

  1. La verdad Digital
  2. Cicerón (Rep., II, 23) dice que Cartago fue fundada sesenta años antes que Roma y treinta y nueve antes de la Primera Olimpiada.
  3. Trogo Pompeyo (Justino, XVIII,6, 9 y Orosio; IV, 6, 1) la sitúa setenta y dos años antes que la de Roma.
  4. Veleyo Patérculo (I, 6, 4) dice que Cartago es anterior a Roma en sesenta y cinco años.
  5. Servio (Aen., I, 12) considera que son setenta años los que separan ambas fundaciones.
  6. Todo ello proporciona una cierta seguridad para la fecha de la fundación de Cartago, que se ve reforzada por el hecho de que Flavio Josefo (Contra Apion, I, 18), autor judío del siglo I, que sigue a Menandro de Efeso, trasmite la noticia de que Cartago fue fundada en el séptimo año del reinado de Pigmalión en Tiro. La confrontación de este dato con la lista de los reyes de Tiro y sus años de reinado, que recoge también Josefo, y las sincronías con los reyes de Israel nos permite situar la fundación de Cartago en el último cuarto del siglo IX a. C. Se habría producido, concretamente, ciento cincuenta y cinco años y ocho meses después de la subida al trono de Hiram, aliado y amigo de Salomón, en Tiro, lo que proporciona la fecha del 826 a. C, muy cercana a la de Timeo. La diferencia entre ambas puede explicarse por la imprecisión de los métodos cronológicos usados por los escribas, así como del cálculo por generaciones que usaban los historiadores griegos. Se puede aún establecer otra sincronía a partir de una inscripción de Salmanasar III (IM 55644, col. IV, 1, 10) que permite fijar la fundación de Cartago entre los años 825 y 820 a. C.(Wikipedia)
  7. Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano (1887-1910)

Ubicación

http://media.wwte.com/hotels/maps/T/Tunis_and_vicinity_ES.gif

Túnez y Cartago,en el norte de África


Descripción

http://www.escuderos4x4.com/images/Cartago_redimensionar.jpg

La ciudad de Cartago.Reconstrucción

www.escuderos4x4.com/territorio_y_recursos.htm-


La descripción de la ciudad  en época de las guerras púnicas la proporciona el historiador  Polibio (I, 73-75), que la visitó en el curso de la última guerra contra Roma:

La ciudad de Cartago está emplazada en un golfo. Por su posición tiene forma alargada, como una península, rodeada de mar en su mayor parte, y también por un lago. El istmo que la uno al continente africano tiene unos veinticinco estadios de anchura. No lejos de este sitio y por el lado que da al mar, está la ciudad de Utica, por el otro lado, el del lago está Túnez…el istmo que une Cartago al Africa está flanqueada por colinas de difícil tránsito, cuyos pasos hacia la región están tallados en la roca”.

La descripción de Apiano (Lib., 95), autor griego del siglo II nacido en Alejandría, aunque más sucinta, es similar:

“La ciudad se encontraba en el seno de un gran golfo y se asemejaba mucho a una península, pues la separaba del continente un istmo de veinticinco estadios de ancho. Desde este istmo, una lengua de tierra estrecha y alargada, de medio estadio de ancho, avanzaba hacia el oeste entre la laguna y el mar”.

A medida que la aglomeración urbana se fue ampliando con el paso de los siglos, el primitivo asentamiento arcaico en la colina de Byrsa quedo convertido en la acrópolis o ciudadela de la ciudad, tal y como mencionan una serie de textos. Así, Estrabón (XVII, 3,4):

“…en medio de la ciudad se encontraba la acrópolis, a la que llamaban Byrsa”

y Servio (In Aeneid., I, 368), gramático latino de finales del siglo IV en su comentario a la Eneida de Virgilio:

“Cartago tenía el aspecto de una ciudad doble, la parte interior era llamada Byrsa, la parte exterior que rodeaba a la otra Magalia”.

Apiano (Lib., 117) menciona también Mégara, un lugar de huertos bien irrigados al abrigo de las murallas de la ciudad, al norte de las colinas de la ciudad:

“Mégara era un suburbio muy extenso de la ciudad adyacente a la muralla…estaba plantada de huertos y llena de árboles frutales separados por cercados de piedra y setos de zarzas y espinos, además de canales profundos de agua que corrían en todas direcciones….”.

El mismo autor (Lyb., 95) nos habla sobre el sistema de fortificaciones de la ciudad, semejante al que se ha encontrado en Kerkouane y Cartagena:

“La parte de la ciudad que daba al mar, al borde de un precipicio, estaba protegida por una muralla simple. La parte que miraba hacia el sur, hacia el continente, donde estaba la ciudad de Birsa, estaba guarnecida en el istmo por una triple muralla. La altura de cada una de estas murallas era de treinta codos, sin contar las almenas y las torres, que estaban colocadas por toda la muralla a intervalos de dos pletros; cada uno tenía cuatro pisos y su profundidad era de treinta pies. Cada lienzo de muralla estaba dividido en dos pisos. En las parte inferior, cóncava y estrecha, había establos para trescientos elefantes y, a lo largo de ellos, estaban los abrevaderos; encima había establos con capacidad para cuatrocientos caballos y almacenes para el forraje y el grano. También había barracas para veinte mil soldados de infantería y cuatro mil jinetes. Tan gran preparativo para la guerra estaba distribuido para albergarse solo en el interior de la muralla. El ángulo que se curva desde esta muralla hasta el puerto, a lo largo de la lengua de tierra mencionada, era el único punto débil y bajo…” .

Fuentes

  • Aristóteles. Política, libro segundo capítulo VIII Examen de la Constitución de Cartago. ISBN.
  • Polibio de Meglópolis. Historia universal bajo la República Romana, Tomo I Libro primero. ISBN.
  • Diodoro Sículo. Volumen III: Libros IX-XII. Traducción de Juan José Torres Esbarranch, 2006. ISBN 978-84-249-2858-2.
  • Plutarco. Volumen III: Coriolano & Alcibíades; Paulo Emilio & Timoleón; Pelópidas & Marcelo. 2006. ISBN 9788424928605.

Los puertos de Cartago.
Apiano también nos informa sobre los puertos de Cartago (Lib., 96):

“Los puertos comunicaban entre ellos y tenían una entrada común desde el mar, de setenta pies de ancho, que podían cerrar con cadenas de hierro. El primer puerto era para barcos mercantes y había en él gran cantidad y variedad de aparejos; en el interior del segundo puerto, en su parte central, había una isla, y la isla y el puerto estaban interceptados a intervalos por grandes diques, los cuales albergaban astilleros con capacidad para doscientas naves, y adosados a los astilleros, había almacenes para los aparejos de las trirremes. Delante de cada astillero había dos columnas jónicas que daban el aspecto de un pórtico continuo al puerto y a la isla. En la isla estaba la residencia del almirante, desde la cual el trompetero daba las señales y el almirante los inspeccionaba todo. La isla estaba situada a ala entrada del puerto y tenía gran altura, de manera que el almirante veía todo lo que sucedía en mar abierto y, a su vez, los que penetraban en el puerto no podían tener una visión clara del interior. Ni siquiera eran visibles, en su conjunto, los astilleros para los barcos mercantes cuando entraban en el puerto, pues los rodeaba una muralla doble con puertas que llevaban a los barcos desde el primer puerto a la ciudad sin atravesar los astilleros”

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El puerto militar de Cartago

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La expansión marítima.
Según una noticia de Diodoro de Sicilia (V, 16, 2-3) los cartagineses habrían fundado una colonia en la isla de Ibiza en el año 653 a. C.:

“….hay una isla llamada Pitiusa que recibe esta denominación por la gran cantidad de pinos que crecen en ella. Se encuentra en medio del mar y dista de las Columnas de Heracles una travesía de tres días y otras tantas noches, de Libia un día y una noche, desde Iberia un sólo día. En cuanto a extensión es casi igual a Córcira. Aunque es de moderada fertilidad, tiene, no obstante, una pequeña comarca con viñas y olivos injertados en acebuches. Dicen que, de sus productos, destacan las lanas por su suavidad. La entrecortan campos y colinas y tiene una ciudad que se llama Ebussus, colonia de los cartagineses. Tiene también importantes puertos y considerables murallas y un gran número de casas bien construidas. La habitan toda clase de bárbaros, pero los más numerosos son los fenicios. Su fundación tuvo lugar ciento sesenta años después que la de Cartago”.

Hacia mediados del siglo V a. C., según unos o hacia finales del VI, según otros, Hanón, el cartaginés, realizó un viaje por las costas del Africa atlántica, con el propósito de fundar colonias y descubrir nuevos territorios. El relato de la expedición se conservó en uno de los principales templos de Cartago. Una versión griega posterior, que lo amplifica desmesuradamente con importantes añadidos en su segunda parte, se ha descubierto en un manuscrito medieval hallado el pasado siglo en Heidelberg (G.G.M., 3-10) :

“Esta es la historia del largo viaje de Hanón, basileus de Cartago, a las tierras libias, más allá de las Columnas de Hércules, que él mismo dedicó al templo de Kronos en una tablilla.
I. Los cartagineses decidieron que Hanón había de navegar más allá de las Columnas de Hércules y fundar ciudades de libiofenicios. Se hizo a la mar con sesenta pentecónteras y unos treinta mil hombres y mujeres, así como provisiones y todo lo necesario.
II. Después de navegar dos días más allá de las Columnas, fundamos la primera ciudad que llamamos Thimiaterion. Detrás de ella había una gran llanura.
III. Navegando desde allí hacia Occidente, llegamos a Soloeis, un promontorio libio cubierto de árboles. En él fundamos un templo a Poseidón.
IV. Caminamos medio día hacia el este y encontramos un lago, no lejos del mar, cubierto de una gran aglomeración de altas cañas, en las que pacían elefantes y muchos otros animales salvajes.
V. A una jornada de este lago, fundamos ciudades en la costa, que se llamaron Karikón Teijos, Gytte, Akra, Melitta y Arambys.
VI. Dejando aquello, llegamos al ancho río Lixos, que viene de Libia, junto al que unos nómadas, llamados lixitas, hacían pastar sus rebaños. Estuvimos algún tiempo con ellos y quedamos amigos.
VII. De allí hacia el interior habitan los inhospitalarios etíopes en un país cercado por altas montañas y lleno de animales salvajes. Dicen ellos que el río Lixos nace allí, y que entre las montañas viven trogloditas de raro aspecto, y que, según los lixitas, pueden correr más rápidamente que los caballos.
VIII. Tras tomar a algunos lixitas como intérpretes, navegamos hacia el sur, a lo largo de la costa del desierto, durante dos días, y después, un día más, hacia el este, y encontramos una isleta de cinco estadios (un kilómetro aproximadamente) de circunferencias, en el extremo más lejano de un golfo. Nos establecimos allí y le llamamos Cerne. Por nuestro viaje consideramos que el lugar estaba completamente opuesto a Cartago, ya que el viaje desde éste a las Columnas y desde éstas a Cerne era completamente semejante.
IX. De allí, remontando un gran río llamado Jretes, llegamos a un lago en el que había tres islas más grandes que Cerne. Para terminar la jornada, llegamos desde allí al final del lago, dominado por algunas altas montañas pobladas por salvajes vestidos con pieles de fieras, que nos apedrearon y nos golpearon, impidiéndonos desembarcar.
X. Navegando desde allí llegamos a otro amplio río lleno de cocodrilos e hipopótamos. Desde allí volvimos atrás y regresamos a Cerne.
XI. Desde allí navegamos doce días al sur, pegados a la costa, que estaba toda habitada por los etíopes, quienes no se quedaban en sus tierras, sino que huían de nosotros. Su lengua era ininteligible, incluso para nuestros lixitas.
XII. El último día echamos el ancla junto a unas altas montañas cubiertas de árboles cuya madera era de suave aroma.
XIII. Durante dos días las rodeamos y llegamos a un inmenso golfo, en cada una de cuyas orillas había una llanura, en las que, de noche, veíamos hogueras grandes y pequeñas que ardían a intervalos por todas partes.
XIV. Hicimos aguada allí, y navegamos durante cinco días a lo largo de la costa hasta llegar a una gran bahía que nuestros intérpretes llamaban El Cuerno del Oeste. En ella había una amplia isla, y en la isla un lago de agua salada dentro del que había otra isla en la que desembarcamos. De día no podíamos ver nada más que el bosque más por la noche distinguíamos muchas hogueras y oíamos sonido de flautas, tañer de címbalos y tímpanos, y gran estrépito de voces. El terror se apoderó de nosotros y los adivinos aconsejaron abandonar la isla.
XV Navegamos, pues, apresuradamente y pasamos frente a una costa ígnea llena de incienso ardiente, grandes corrientes de fuego y lava fluían hasta el mar, y era imposible acercarse a tierra a causa del calor.
XVI. Dejamos aquello de prisa, por temor, y durante cuatro días de navegación vimos de noche la tierra envuelta en llamas. En medio había una llama altísima. mucho más que las otras, que llegaba, al parecer, a las estrellas. De día vimos que se trataba de una montaña muy alta, llamada el Carro de los Dioses.
XVII. Navegando desde allí durante tres días, pasamos corrientes ardientes de lava, y llegamos a un golfo llamado el Cuerno del Sur.
XVIII. En el extremo más lejano de esta bahía había una isla como la anterior, también con un lago en el cual había otra isla llena de salvajes. Desde lejos, la mayor parte eran mujeres con cuerpos peludos, a las que nuestros interpretes llamaron gorilas Las perseguimos, pero no pudimos capturar a ningún hombre, pues todos ellos, acostumbrados a trepar por los precipicios, se escaparon, defendiéndose tirándonos piedras. Cazamos tres mujeres, que mordieron y magullaron a los que las cogían, no dispuestas a seguirles. Las matamos al fin y, desollándolas, llevamos sus pieles a Cartago. No navegamos más allá porque se acababan nuestras reservas”.

Los investigadores suelen admitir que al menos una parte de este relato, la primera, es auténtica. No cabe dudar, por otra parte, de la empresa de Hanón, que es citada por Plinio (N.H., VI, 200 ss) y el pseudo Aristóteles y cuyos ecos parecen reconocerse también en Heródoto. Según el naturalista:

“Frente a este promontorio se citan también las islas Górgades, en otro tiempo mansión de las Gorgonas, a dos días del continente, según Jenofonte de Lámpsaco. El general cartaginés Hanón penetró en ellas y refirió que los cuerpos de las mujeres eran hirsutos y que los hombres habían logrado escapársele gracias a la velocidad de sus pies. Como prueba de ésto y para suscitar admiración, puso en el templo de Juno las pieles de dos mujeres de las Górgades, que estuvieron expuestas hasta la toma de Cartago”.

Más o menos por la mismas fechas, según Plinio (N.H., IV, 120) en que Hanón realizaba su viaje por las costas atlánticas africanas, otro cartaginés, Himilcón, navegó durante cuatro meses por aguas del Atlántico en busca de las Islas del estaño, las fabulosas Casitérides, también conocidas como Estrimnidas:

“Y cuando el poderío de Cartago era floreciente, Hanón hizo el periplo desde Gades hasta las fronteras de Arabia y publicó el relato de su viaje como hizo también Himilcón, enviado por esa misma época a explorar las costas de Europa”.

El relato de este periplo se ha perdido en su totalidad, si bien se conservan algunas breves alusiones como las que, siglos más tarde, recogerá el poeta Rufo Festo Avieno (Ora Marítima , 90 ss):

“Y aquí surge la cumbre de un cabo prominente -la
Antigüedad más remota lo llamó Estrimnis-, y la mole
excelsa de su pedregosa cima se dirige toda entera hacia
el cálido Noto. Pero, al pie del vértice de se cabo, se
abre a sus habitantes el golfo Estrímnico, en el que
surgieron las islas Estrímnidas, extendidas en una vasta
amplitud y ricas en metal de estaño y plomo.
Aquí está el gran poder de un pueblo, un espíritu
altivo, una destreza eficaz; a todos les posee un
constante afán por negociar. Y, en esquifes, surcan, a
grandes distancias, el mar zarandeado por los vientos
Noto y el abismo del Océano, poblado por monstruos…
Desde aquí, sin embargo, hasta la isla Sagrada – así
la llamaron los antiguos-, una nave emplea una
singladura de dos soles. La isla, en medio del oleaje, se
extiende con una gran superficie de tierra, y el pueblo
de los hiernos la habita ampliamente.
Cercana aparece, a la vuelta, la isla de los albiones.
También los tartesios acostumbraban a comerciar hasta los
límites de las Estrímnidas. También colonos de Cartago y
el pueblo establecido alrededor de las Columnas de
Hércules llegaba hasta estos mares.
El cartaginés Himilcón asegura que estos mares apenas se
pueden atravesar en cuatro meses, tal como el mismo contó
que lo había comprobado navegando personalmente. Así,
ningún viento empuja la nave a una gran distancia;
asimismo el agua del mar perezoso no se mueve en sus
dominios. Se añadirá a esto el hecho de que sobresale, en
medio de las aguas marinas, gran cantidad de algas, y de
que, la mayoría de las veces, retiene la popa al formar
grandes malezas. Dice él, nada menos, que aquí las
espaldas del mar no se hunden en la profundidad y que el
fondo apenas queda cubierto por un palmo de agua, que
las fieras marinas circulan de una lado a otro, que
unos monstruos nadan por entre las naves mientras avanzan
lentas y sin fuerza”.

Aún hay otros pasajes de su obra (Ora Marítima, 375 ss) en los que menciona el viaje de Himilcón:

“Más allá de estas Columnas, en las costas de Europa,
los habitantes de Cartago poseyeron, en otro tiempo, aldeas y
ciudades, pero tenían esta costumbre, que construían
embarcaciones con el fondo más llano, para que la nave
dotada de mayor anchura pudiera deslizarse por el mar
menos profundo.
Además, Himilcón dice que, desde estas Columnas hacia la
región occidental, hay un abismo inacabable, que el
piélago se abre ampliamente, que el mar se
ensancha. Nadie se ha dirigido hacia estos mares, nadie
ha introducido las quillas en esta llanura marina, ya
porque falten, en alta mar, los vientos que empujen, ya
porque ningún soplo del cielo ayude la popa, ya, además,
porque la niebla cubra la atmósfera con una especie de
velo, ya porque las tinieblas escandan siempre el abismo
y haya continuamente un cielo de una luz más oscura.
Este es el Océano que ladra, en la lejanía, alrededor del
vastísimo orbe…
Su abismo se despliega con un largo contorno y se prolonga
dilatadamente por un vago flanco, Además, a menudo
el mar se extiende con tan poco calado, que apenas si
cubre las arenas subyacentes. Pero abundantes algas
flotan sobre la superficie, y el oleaje es aquí impedido por
la densidad del agua: la violencia o un piélago voluble
señorean por doquier, y un terror inmenso causado por monstruos
invade las aguas. El púnico Himilcón contó que, en otro tiempo,
él mismo lo había visto en el Océano y lo había experimentado.”

En algunos lugares del norte del Africa atlántica el comercio cartaginés parece haber adquirido un carácter especial, como leemos en Herodoto (I, 196 ss):

“Los cartagineses cuentan también la siguiente historia: en Libia, allende las Columnas de Heracles hay cierto lugar que se encuentra habitado, cuando arriban a ese paraje, descargan sus mercancías, las dejan alineadas a lo largo de la playa y acto seguido se embarcan en sus naves y hacen señales de humo. Entonces los indígenas, al ver el humo, acuden a la orilla del mar, y, sin pérdida de tiempo, dejan oro como pago de las mercancías y se alejan bastante de las mismas. Por su parte, los cartagineses desembarcan y examinan el oro; y si les parece un precio justo por las mercancías, lo cogen y se van; en cambio, si no lo estiman justo, vuelven a embarcarse en las naves y permanecen a la expectativa. Entonces los nativos, por lo general, se acercan y siguen añadiendo más oro hasta que los dejan satisfechos. Y ni unos ni otros faltan a la justicia; pues ni los cartagineses tocan el oro hasta que, a su juicio, haya igualado el valor de las mercancías, ni los indígenas tocan las mercancías antes de que los mercaderes hayan cogido el oro”.

La confederación marítima.
En el año 535 a. C. tenía lugar, frente a las costas de Córcega, la batalla de Alalia entre los foceos que, huyendo de los persas se habían asentado un poco antes en lugares como Alalia y Olbia, y una coalición marítima de etruscos y cartagineses:

“Cuando llegaron a Córcega, vivieron por espacio de cinco años en compañia de los que habían llegado anteriormente y allí erigieron santuarios. Pero, como resulta que se dedicaban a pillar y saquear a todos sus vecinos, ante ello, los tirrenios y los cartagineses, puestos de común acuerdo, entraron en guerra contra ellos con sesenta naves por bando. Los focenses equiparon también sus navíos en número de sesenta y salieron a hacerles frente al mar llamado Sardonio. Libraron entonces un combate naval y los focenses obtuvieron una victoria cadmea, pues cuarenta de sus naves fueron destruidas y las veinte restantes quedaron inservibles, al haber resultado doblados sus espolones. Se volvieron, pues, a Alalia, recogieron a sus hijos, a sus mujeres y todos aquellos enseres que sus naves podían trasportar y, sin demora, abandonaron Córcega poniendo rumbo a Regio”. Herodoto I, 165 ss.

A pesar de todos los intentos posteriores de convertir Alalia en el primer episodio de un enfrentamiento entre cartagineses y griegos en el Mediterráneo, Heródoto es muy claro al respecto, se trataba de erradicar la piratería focea en aquellas aguas. Este episodio de pirateria no es un caso aislado, como podemos observar en el siguiente texto del mismo autor:

“Por su parte, el foceo Dionisio, al percatarse de que la causa de los jonios estaba perdida, se hizo a la vela después de haber capturado tres naves enemigas, pero no con rumbo a Focea -pues sabía perfectamente que dicha ciudad, al igual que el resto de Jonia iba a ser esclavizada-, sino que, con los efectivos que disponía, puso proa a Fenicia. En aquellas aguas hundió varios gaulos, haciéndose con un cuantioso botín y, posteriormente, se dirigió a Sicilia, donde estableció su base y estuvo dedicado a la piratería en detrimento de cartagineses y tirrenos, pero no de los griegos”. (VI, 17).

Las relaciones de Cartago con las ciudades etruscas en el seno de la confederación marítima no parecen haberse reducido a una alianza puntal contra la amenaza que representaba la piratería focea en el Tirreno y en aguas de Sicilia. Los documentos arqueológicos demuestran, tanto en Cartago como en la misma Etruria, la intensidad y permanencia de estas relaciones. El testimonio de Arístóteles resulta igualmente significativo:

“…pues en este caso los etruscos y los cartagineses y todos los que tienen esa clase de acuerdos entre sí serían como ciudadanos de una sola ciudad; y estos tienen desde luego acuerdos sobre las importaciones y pactos de no agresión; pero ni se han creado magistraturas comunes a todos para esos asuntos, sino que son diferentes las de unos y otros, ni se cuidan unos de como deben ser los otros, de que ninguno de los sujetos a esos tratados sea injusto ni cometa infamia alguna, sino solamente de que no se dañen unos a otros…”. (Pol., III, 9, 1280a)

El descubrimiento arqueológico, de excepcional importancia, efectuado durante 1964 en Pirgos, uno de los puertos de Ceres, de unas láminas de oro y bronce con una inscripción bilingue en etrusco y en lengua púnica, aporta una confirmación de las palabras del filosófo ateniense. El texto fenicio de la inscripción, que se fecha hacia el 500 a. C., es el siguiente:

“A la señora, a Ashtarte lugar sagrado
este que ha hecho y que ha dado
Theferie Velianas reinante sobre
Caere en el mes del sacrificio
del sol en don en el santuario y ha construido
una capilla porque Ashtarte ha requerido de él
para su reino en el año tres en el
mes de krr en el día de la sepultura
de la divinidad y los años para la ofrenda de la divinidad
en su santuario son años como esta estrella….”

En la versión etrusca de la inscripción, que fue hallada en una pequeña esedra rectangular entre los llamados templos A y B, Astarte es identificada con Uni, o sea Hera/Juno.

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