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11 abr 10

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Teseo y el Minotauro,mosaico romano

Teseo (en griego antiguo Θησεύς) fue un mítico rey de Atenas, hijo de Etra y Egeo, aunque según otra tradición su padre fue Poseidón, el dios del mar, quien habría abusado sexualmente a Etra en el templo de Atenea.

Egeo, que no había tenido descendencia con sus otras esposas, consultó al oráculo de Delfos, que le respondió: «No abras tu odre hasta que regreses a Atenas.» Él no comprendió el oráculo pero Piteo, rey de Trecén y padre de Etra, sí lo entendió. Lo que el oráculo había querido decir era que si llegaba a Atenas sin haber tenido relación sexual alguna, la primera mujer con la que yaciera tendría un heredero suyo. Sin embargo, Piteo deseaba que su hija diera a luz al heredero del trono ateniense, así que emborrachó a Egeo, y así hizo que se uniera a Etra.

Tras la concepción de Teseo, Egeo, por temor a los Palántidas, quienes eran sus sobrinos y querían el trono, decidió que su hijo no pasara la niñez con él y escondió su espada y sus sandalias bajo una roca que el niño no debía de poder mover hasta que fuera lo suficientemente fuerte. Así que la infancia de Teseo transcurrió en compañía de su madre y de su abuelo en la ciudad de Trecén. Cuando cumplió los dieciséis años su madre le reveló el secreto de su paternidad y llegado a esta edad, Teseo pudo levantar la piedra, calzarse las sandalias y la espada de su padre e iniciar su viaje a Atenas para ser reconocido como hijo del rey.

Teseo fue un héroe fundador, como Perseo o Cadmo.

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Teseo vence al Minotauro de Creta en presencia de Atenea,

Viaje a Atenas

Teseo, que desde muy joven había destacado por su fuerza y su valentía, decidió dirigirse a Atenas en solitario para conocer a su progenitor sin temer los peligros que podía entrañar el viaje. Al contrario, deseaba emular las hazañas de su admirado Heracles, a quien le unió una buena amistad.

El primero en experimentar su valor fue Perifetes hijo de Hefesto, el salteador de caminos, que, a pesar de que era cojo, dominaba a la perfección una enorme maza de bronce con la que mataba a los viajeros: la misma maza que tan útil le sería a Teseo en el futuro, pues se quedó con ella tras darle muerte.

Otro de los bandidos a los que debió enfrentarse fue Sinis, el doblador de pinos, que tenía una manera peculiar de deshacerse de sus enemigos: doblaba dos pinos próximos, ataba las copas entre sí y un brazo de su víctima a cada una de ellas. Luego soltaba los árboles que, al enderezarse violentamente, desgarraban el cuerpo del desgraciado. Teseo, después de acabar con Sinis de la misma manera que él acababa a sus víctimas, mantuvo una relación amorosa con su hija Perigune de quien tuvo un hijo: Melanipo.

Después le tocó enfrentarse a Escirón, hijo de Pélope y descendiente de Tántalo, quién obligaba a los viajeros a lavarle los pies en el mar. Luego los arrojaba al mar donde una tortuga al servicio de Hades los devoraba. Teseo se negó y cogiéndolo por los pies lo tiró al mar.

Teseo mata a Procusto (kílix del siglo V a. C., Museo Británico).

Cerca del pueblo de Eleusis, un bandido llamado Cerción retaba a los viajeros a luchar con él en un duelo desigual y nadie le vencía. Solo Teseo lo hizo, levantándolo y arrojándolo fuertemente contra el suelo.

No lejos de ahí vivía Procustes, un bandido que tenía el hábito de tomar a los transeúntes y cambiarles el tamaño. A los altos les metía en una cama pequeña y los cortaba hasta que cabían. A los pequeños les metía en una cama grande y los estiraba. Teseo lo mató de la misma forma en que él mató a sus víctimas, metiéndolo en la cama más pequeña..

También mató a una cerda llamada Fea, que era una fiera hija de Tifón y Equidna.

Teseo continuó su viaje y llegó a Atenas, pero se encontró con un inconveniente: su padre se había casado con Medea, la que había sido esposa de Jasón. De esta unión había nacido un hijo al que llamaron Medo.

En Atenas

Ante esta situación inesperada, Teseo decidió esperar un poco antes de darse a conocer. Pero Medea, que era una hechicera, lo reconoció y vio en él un peligro para que su hijo accediera al trono de Atenas. Así que trazó un plan. El joven había acudido al palacio de incógnito precisamente para evitar los ardides de su madrastra, lo que aprovechó ésta para convencer a Egeo de que el recién llegado era un traidor. El rey se dispuso entonces a deshacerse de él ordenándole luchar contra el toro de Maratón.

Pero el toro fue derrotado y Teseo fue invitado a un banquete en el palacio para celebrar la victoria. Una vez allí Egeo puso veneno que le había dado Medea en la copa del muchacho pero la casualidad salvó su vida. Teseo había sacado la espada que le dio su madre para cortar la carne. Entonces Egeo reconoció el arma, comprendió lo que ocurría y arrebató a su hijo la copa de los labios. Habiendo fracasado en su empresa, Medea decidió huir con su hijo o fue expulsada por Egeo.

Teseo fue entonces reconocido oficialmente como hijo y sucesor del rey. Este hecho provocó la rebelión de los Palántidas, hijos de Palante que era hermano de Egeo, ya que uno de ellos hubiera sido el sucesor de Egeo en caso de que este no tuviera descendencia. Teseo, haciendo alarde de su astucia militar, consiguió acorralar a sus adversarios y dar muerte a gran parte de ellos, dándose a la fuga los restantes. Teseo fue entonces aclamado por todos los atenienses y reconocido como futuro rey.

Viaje de Teseo a Creta

Teseo y Etra, por Laurent de la La Hyre.

Atenas debía enviar un tributo al rey Minos de Creta, que consistía en el sacrificio de siete doncellas y siete jóvenes, que serían devorados por el monstruo Minotauro, y que fue una condición impuesta tras la expedición militar de Minos contra Atenas para vengar la muerte de Androgeo.

Teseo se presentó voluntariamente en el tercer envío ante su padre para que le permitiera ser parte de la ofrenda y le dejara acompañar a las víctimas para poder enfrentar al Minotauro.

Las naves en las que iban a viajar las personas ofrendadas llevaba velas negras como señal de luto, pero el rey pidió a Teseo que si regresaba vencedor, no olvidase cambiarlas por velas blancas, para que supiera, aún antes de que llegase a puerto, que estaba vivo. Teseo se lo prometió.

Durante la travesía, Minos, que iba también en la expedición, se enamoró de una joven llamada Eribea o Peribea, según las fuentes. Minos quiso unirse a ella por la fuerza y Teseo se le opuso. En la consiguiente disputa, Minos indicó a Teseo su filiación divina, y obtuvo de su padre Zeus truenos y relámpagos. Teseo replicó que el también tenía filiación divina, puesto que en realidad era hijo de Poseidón. Para probar esta filiación, Teseo tuvo que tirarse al agua y encontrar un anillo de oro que el rey Minos había arrojado al mar. Teseo , en el mar, fue conducido por delfines a presencia de Anfítrite, esposa de Poseidón, que le dio el anillo y una corona.

Teseo y el Minotauro

Al llegar a Creta, la princesa Ariadna se enamoró de él y propuso a Teseo ayudarle a derrotar a su hermano (el Minotauro) a cambio de que se la llevara con él de vuelta a Atenas y la convirtiera en su esposa. Teseo aceptó.

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Teseo y Ariadna

La ayuda de Ariadna consistió en dar a Teseo un ovillo de hilo que éste ató por uno de los extremos a la puerta del laberinto. Otra versión indica que la ayuda de Ariadna consistió en una corona que emitía un resplandor y que le había dado Dioniso como regalo de boda o bien que podría ser la misma corona que le había regalado Anfítrite durante el viaje a Creta.

Teseo y el Minotauro.

Así Teseo entró en el laberinto hasta encontrarse con el Minotauro, al que dio muerte a puñetazos. A continuación recogió el hilo y así pudo salir del laberinto e inmediatamente, acompañado por el resto de atenienses y por Ariadna, embarcó de vuelta a Atenas, tras hundir los barcos cretenses para impedir una posible persecución.

Vuelta a Atenas

Durante el viaje de vuelta Teseo decidió desembarcar en la isla de Naxos o en otra isla llamada Día y de allí volvió a partir sin la presencia de Ariadna. El motivo de este abandono es controvertido: algunas versiones señalan que Teseo la abandonó por su propia voluntad, otros dicen que fue por orden de los dioses para que esta pudiera casarse con Dioniso.

Al divisar la nave desde la Acropolis de Atenas, el rey Egeo vio las velas negras puesto que Teseo había olvidado cambiarlas por velas blancas y, creyendo que su hijo había muerto, se suicidó lanzándose al mar, que a partir de entonces recibió el nombre de mar Egeo.

Teseo, a partir de entonces, heredó el trono de Atenas y años después se casaría con una hermana de Ariadna llamada Fedra.

Las amazonas

Después de que Heracles obtuviese en uno de sus doce trabajos el cinturón de la amazona Hipólita, Teseo, que participó en la expedición, secuestró a una amazona llamada Antíope, o bien Menalipa o bien Hipólita. Las amazonas atacaron entonces Atenas para rescatar a la raptada, pero fueron derrotadas por los atenienses, muriendo en algunas versiones la amazona raptada durante el ataque.

Teseo se casó con Antíope, con Menalipa o con Hipólita, teniendo un hijo llamado Hipólito. Pero después terminaría casándose con Fedra, tras haber abandonado a su anterior esposa. En la versión en la que Teseo está casado con Hipólita y la abandona, ésta intentó vengarse llevando a las amazonas a la boda de Teseo y Fedra con la intención de matar a todos, aunque fracasó al ser asesinada por los invitados de Teseo.

Hipólito

Hipólito, el hijo que Teseo había tenido con la amazona, se distinguía por su pasión por la caza y las artes violentas. Veneraba a Artemisa, diosa virgen de la caza, y en cambio detestaba a la diosa del amor Afrodita. La diosa, ofendida por el desprecio del chico suscitó una terrible pasión por el mismo en el corazón de Fedra, que se había convertido en esposa de Teseo y por lo tanto madrastra de Hipólito. Estando Teseo ausente, Fedra se ofreció al casto joven , pero éste la despreció. La mujer, despechada, se ahorcó dejando una nota inculpatoria en la que decía que Hipólito había tratado de violarla. Al regresar Teseo y ver la falsa acusación contra su hijo, cree en ella y clama venganza a Poseidón, que envió un toro que brotó del mar a Hipólito mientras éste cabalgaba en su carro. El carro volcó e Hipólito fue aplastado por sus propios caballos.

Apolodoro, en Epítome I, 18 nos dice:

Φαίδρα δὲ γεννήσασα Θησεῖ δύο παιδία Ἀκάμαντα καὶ Δημοφῶντα ἐρᾷ τοῦ ἐκ τῆς Ἀμαζόνος παιδὸς [ἤγουν τοῦ Ἱππολύτου] καὶ δεῖται συνελθεῖν αὐτῇ. ὁ δὲ μισῶν πάσας γυναῖκας τὴν συνουσίαν ἔφυγεν. ἡ δὲ Φαίδρα, δείσασα μὴ τῷ πατρὶ διαβάλῃ, κατασχίσασα τὰς τοῦ θαλάμου θύρας καὶ τὰς ἐσθῆτας σπαράξασα κατεψεύσατο Ἱππολύτου βίαν. Θησεὺς δὲ πιστεύσας ηὔξατο Ποσειδῶνι Ἱππόλυτον διαφθαρῆναι· ὁ δέ, θέοντος αὐτοῦ ἐπὶ τοῦ ἅρματος καὶ παρὰ τῇ θαλάσσῃ ὀχουμένου, ταῦρον ἀνῆκεν ἐκ τοῦ κλύδωνος. πτοηθέντων δὲ τῶν ἵππων κατηρράχθη τὸ ἅρμα. ἐμπλακεὶς δὲ <ταῖς ἡνίαις> Ἱππόλυτος συρόμενος ἀπέθανε. γενομένου δὲ τοῦ ἔρωτος περιφανοῦς ἑαυτὴν ἀνήρτησε Φαίδρα.

Fedra, después de haber engendrado con Teseo dos hijos, Acamante y Demofonte, se enamoró del hijo nacido de la amazona (Hipólita, Antíope o Melanipa), esto es, de Hipólito, y le pidió que se uniese a ella, pero como éste odiaba a todas las mujeres, rehuyó el encuentro. Fedra, temiendo que la acusara ante su padre, forzó las puertas de su alcoba, desgarró sus vestidos y acusó falsamente a Hipólito de atropello. Teseo la creyó y suplicó a Posidón que Hipólito pereciese. Así, cuando éste corría guiando su carro cerca del mar, Posidón hizo surgir del oleaje un toro y al espantarse los caballos el carro se estrelló. Hipólito, enredado con las riendas, murió arrastrado. Fedra, al hacerse manifiesta su pasión, se ahorcó.

Todas las traducciones de Apolodoro son de Margarita Rodríguez de Sepúlveda en Gredos.

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Muerte de Hipolito

Ovidio nos ofrece un pormenorizado relato de la muerte de Hipólito, en Metamorfosis XV 497 y siguientes:

‘Fando aliquem Hippolytum vestras si contigit aures

credulitate patris, sceleratae fraude novercae

occubuisse neci, mirabere, vixque probabo,

sed tamen ille ego sum. me Pasiphaeia quondam

temptatum frustra patrium temerare cubile,

quod voluit, finxit voluisse et, crimine verso

indiciine metu magis offensane repulsae?

damnavit, meritumque nihil pater eicit urbe

hostilique caput prece detestatur euntis.

Pittheam profugo curru Troezena petebam

iamque Corinthiaci carpebam litora ponti,

cum mare surrexit, cumulusque inmanis aquarum

in montis speciem curvari et crescere visus

et dare mugitus summoque cacumine findi;

corniger hinc taurus ruptis expellitur undis

pectoribusque tenus molles erectus in auras

naribus et patulo partem maris evomit ore.

corda pavent comitum, mihi mens interrita mansit

exiliis contenta suis, cum colla feroces

ad freta convertunt adrectisque auribus horrent

quadrupedes monstrique metu turbantur et altis

praecipitant currum scopulis; ego ducere vana

frena manu spumis albentibus oblita luctor

et retro lentas tendo resupinus habenas.

nec tamen has vires rabies superasset equorum,

ni rota, perpetuum qua circumvertitur axem,

stipitis occursu fracta ac disiecta fuisset.

excutior curru, lorisque tenentibus artus

viscera viva trahi, nervos in stipe teneri,

membra rapi partim partimque reprensa relinqui,

ossa gravem dare fracta sonum fessamque videres

exhalari animam nullasque in corpore partes,

noscere quas posses: unumque erat omnia vulnus.

Hablando, algún Hipólito a vuestros oídos si ha alcanzado,

que por la credulidad de su padre, por el fraude de su criminal madrastra

sucumbió a la muerte, te asombrarás y apenas te lo probaré,

pero aun así, ése soy yo. A mí la Pasifeia un día, tentándome       500

en vano a ultrajar de mi padre la alcoba,

aquello que quiso fingió haberlo querido y su delito tornando

-¿de la delación por miedo más, u ofendida por el rechazo?-,

me condenó, y al que merecía nada su padre echó de la ciudad

y con una hostil plegaria la cabeza impreca del que marchaba.    505

A la Pitea Trecén con prófugo carro me dirigía,

y ya del Corintíaco ponto cogía por los litorales,

cuando el mar se irguió y un cúmulo ingente de aguas,

de un monte en la apariencia, cuvarse y crecer parecía

y que daba mugidos y por su suprema cima se hendía. 510

Cornado, de ahí un toro es expelido, de las rotas ondas,

y hasta su pecho erigido hacia las auras suaves,

de sus narinas y anchurosa boca vomita una parte del mar.

Los corazones se llenan de pavor de mis acompañantes, mi mente impertérrita permanece,

con los exilios suyos contenta, cuando sus cuellos, feroces, 515

a los estrechos viran y erguidas sus orejas se espantan

mis cuadrípedes y del monstruo por el miedo se turban y precipitan

el carro de las altas peñas. Yo por conducir los vanos

frenos con mi mano, y de espumas blanquecientes embadurnados, lucho,

y hacia atrás tenso, boca arriba, las flexibles riendas,  520

y aun así a estas fuerzas la rabia no hubiese superado de los caballos,

si una rueda, por donde ella circungira perpetuo al eje,

de un tronco por el tropiezo, roto y deshecho no se hubiese.

Salgo despedido del carro y, como las correas sujetaban mis miembros,

mis entrañas vivas arrastrar, y mis nervios en el tronco ser retenidas, 525

mis miembros ser arrebatados en parte, en parte enganchados quedar,

mis huesos dar, rotos, un grave sonido, y vieras, agotado,

mi aliento expirar, y ningunas partes en mi cuerpo

que reconocer pudieras: una sola herida era todo.

Higino en su Fábula 47  habla tambien de Hipólito:

HIPPOLYTVS.

Ph<ae>dra Minois filia Thesei uxor Hippolytum priuignum suum adamauit; quem cum non potuisset ad suam perducere uoluntatem, tabellas scriptas ad suum uirum misit, se ab Hippolyto compressam esse, seque ipsa suspendio necauit. Et Theseus re audita filium suum m<oe>nibus exc<e>dere iussit et optauit a Neptuno patre filio suo exit<i>um. Itaque cum Hippolytus equis iunctis ueheretur, repente e mari taurus apparuit, cuius mugitu equi expauefacti Hippolytum distraxerunt uitaque priuarunt.

Fedra, la hija de Minos y esposa de Teseo, se enamoró de su hijastro Hipólito; al no poder atraerlo a su propia voluntad, envió a su esposo una tablilla escrita en la que decía que había sido forzada por Hipólito y ella misma se mató por ahorcamiento. Y Teseo, enterado del hecho, ordenó a su hijo salir de las murallas y pidió a su padre Neptuno la destrucción de su propio hijo. Y así, cuando Hipólito circulaba con su carro, de repente surgió del mar un toro, cuyo mugido asustó a los caballos que arrastraron a Hipólito y le privaron de la vida.

nihilnovum.wordpress.com/…

En algunas versiones fue en este momento cuando Fedra se suicidó, al ver el mal que había causado.

Teseo y Pirítoo

Pirítoo había oído hablar de la fama de Teseo y para comprobarla robó ganado que pertenecía a este último. Cuando Teseo lo persiguió, Pirítoo estaba dispuesto a enfrentarse a él pero antes de ello surgió entre ellos una admiración mutua que hizo que se juraran amistad eterna.

Teseo y Pirítoo fueron amigos inseparables, y participaron juntos en hazañas bélicas de su época: participó en la expedición de los Argonautas para conquistar el Vellocino de oro y tomó parte en la caza del jabalí de Calidón, también estuvo en la lucha de los lapitas contra los centauros, que tuvieron lugar en la boda de Pirítoo, cuando los ebrios centauros decidieron raptar a las mujeres.

Decidieron casarse cada uno con una hija de Zeus: Teseo con Helena, que aún era una niña, y Pirítoo con Perséfone. Primero raptaron a Helena y la dejaron bajo la custodia de Etra, y luego decidieron bajar al Hades en busca de Perséfone. Pero el dios Hades les tendió una trampa: les invitó a un banquete y una vez que los tuvo sentados a la mesa, los dejó adheridos a los asientos. Cuando Heracles, en su duodécimo trabajo fue en busca de Cerbero, estando en el Hades, los encontró encadenados. Al ver a Heracles, tendieron sus manos hacia él, como si fuesen a ser resucitados gracias a la fuerza de éste. A Teseo, agarrándolo de la mano, logró alzarlo, pero tuvo que abandonar a Pirítoo ya que, al intentar levantarlo, tembló la tierra, por lo que éste se quedó para siempre en el Hades.

Mientras Teseo estaba en el Hades, los Dióscuros, hermanos de Helena, liberaron a su hermana, se llevaron a Etra, la madre de Teseo, como esclava, hicieron huir a Demofonte y Acamante, los hijos que Teseo había tenido con Fedra, y pusieron en el trono de Atenas a Menesteo.

Muerte [editar]

Después de ser rescatado por Heracles del inframundo, volvió a Atenas, pero fue expulsado de allí por Menesteo y decidió establecerse en Esciros, donde además tenía posesiones.

Los habitantes de Esciros lo recibieron aclamándolo, por lo cual Licomedes, rey de la isla, decidió darle muerte. Para ello, hizo que se despeñara desde lo alto de un precipicio.

En otras versiones, la muerte de Teseo fue accidental.

Se dice que un oráculo había ordenado en 476 a. C. llevar los huesos de Teseo desde la isla a Atenas. Efectivamente los supuestos huesos fueron llevados a Atenas por Cimón y guardados en el Teseion.

Bibliografía

Fuentes primarias
Fuentes secundarias

Y las magnificas novelas de Mary Renault :

Teseo. El rey debe morir y El toro del mar

Mary Renault

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Publicada anteriormente en dos volúmenes independientes (El rey debe morir y Teseo, rey de Atenas), Mary Renault convierte en una magnífica novela una de las historias más emocionantes, maravillosas y sorprendentes de la Antigüedad clásica: El mito de Teseo. Fundador de la dinastía ateniense, reformador religioso, gran navegante y hasta pirata, a Teseo también se le atribuye el sinecismo ateniense. Pero Mary Renault va más allá, y nos muestra al héroe no sólo en los episodios más conocidos, como su lucha contra el Minotauro de Creta, sino también en sus relaciones personales, sus amorías y todo su mundo interior. Mary Renault pertenece al selecto y restringido grupo de cultivadores de novela histórica que han alcanzado un estatus de clásicos de la literatura y sólo ella puede acometer un tema como éste y salir airosa en su empresa.

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Vazquez Hoys,Ana Maria; Historia del Mundo Antiguo. Tomo II. Grecia. Editorial Sanz y Torres, Noviembre 2007

http://www.uned.es/geo-1-historia-antigua-universal/new%20website/Libros%20images/Libro5.gif

Vazquez Hoys,Ana Maria: Introducción a la Historia Antigua II. El mundo griego tomo II. Grecia desde el siglo IV. Alejandro Magno. El Helenismo. CU 118, UNED, Madrid 1994.

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9 dic 09

Troya,mito y realidad

La existencia de las macizas fortificaciones micénicas  o aqueasconstruidas en torno a los palacios  parece indicar que entre ellos no disfrutaban de mucha paz y concordia. El peligro que amenazaba a estos grandes señores no procedía tanto del mar como del propio continente. Las guerras entre ellos deben haber sido frecuentes y su poderío ya estaría muy debilitado y decadente cuando irrumpieron los dorios. Sin duda, el canto del cisne de esta civilización fue la expedición conjunta llevada a cabo contra Troya, al otro lado del Egeo.

La historia de Troya es, arqueologicamente hablando, una de lo más complicadas del mundo. Esta ciudadela, situada sobre una cadena de promontorios a pocos kilómetros del mar Egeo y los Dardanelos, que dominaba y gobernaba una fértil llanura adyacente, carece de restos del neolítico. Luego, a partir del 3.200 a.C. aproximadamente el lugar fue ocupado de manera ininterrumpida hasta el 1.100 a.C. De allí en adelante y hasta el 720 a.C. no volvió a ser habitado.

Se ha tomado la costumbre de distinguir en Troya ocho niveles arqueológicos diferentes cuya cronología aproximada es la siguiente:

Troya I 3.200 – 2.600 a.C. Troya IV 2.200 – 2.050 a.C. Troya VII a ’1.300 – 1.240 a.C.
Troya Il 2.600 – 2.300 a.C. Troya V 2.050 – 1.900 a.C Troya VII b 1.240 – 1.100 a.C.
Troya HI 2.300 – 2.200 a.C. Troya VI 1.900 – 1.300 a.C. Troya VIIII después del 720 a.C.


Durante toda su larga fase de la Edad del Bronce Antigua, hasta quizá el 1.800 a.C., la arqueología troyana revela una notable continuidad cultural. No es que los tiempos fueran completamente pacíficos; hubo una serie de catástrofes periódicas que explican la existencia de cinco estratos superpuesto, pero a cada ruptura parece haber seguido una reconstrucción inmediata y no se muestran indicios de la aparición de elementos nuevos en la población. De todas estas Troyas, la da es la más rica y floreciente como lo demuestran los abundantes tesoros hallados por Schliemann, quien, equivocadamente, los atribuyó a Príamo.

Luego, hacia el 1.800 a.C., surge con Troya VI una nueva civilización que aparece sin prevío aviso, como aconteció en todo el Egeo con similares innovaciones importantes. Este período muestra una técnica militar avanzada, con murallas complejas y arquitectura en general perfeccionada, pero carece de tesoros y de obras estéticamente importantes. No es una coincidencia que las ruinas de Troya VI estén llenas de huesos de caballos, pues fue el caballo lo que dio a los nuevos ocupantes una ventaja militar decisiva sobre sus predecesores. Las cantidades de cerámica miniana primero y luego de la micénica encontradas en Troya VI indican una íntima vinculación con Grecia, hasta el punto que muchos arqueologos han lanzado la hipótesis de que en aquel momento Troya estaba en manos griegas o al menos de una clase dirigente griega.

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El más grande misterio que rodea a Troya es que los troyanos no parecen haber enterrado a sus muertos. No se ha descubierto más que un pequeño cementerio de umas funerarias a 500 m de la ciudadela, y que parece haber pertenecido a Troya V. En consecuencia, el largo tiempo de ocupación y de esplendor de Troya VI que dura 600 años implica seguramente más de un millón de muertos en ese lugar. ¿A donde han ido a parar sus restos? Es un misterio. En cualquier caso la ausencia de tumbas convierte a la reconstrucción de la historia troyana en algo particularmente difícil. Por lo demás, los troyanos no tenían escritura o, si escribían, lo hacían sobre materiales perecederos tales como la madera o el cuero. No nos ha quedado nada. La arquitectura de Troya VI es más cuidadosa y menos megalítica, que la de Micenas. Casi da una impresión de lujo. Los Aqueos construían de un modo utilitario, únicamente para defenderse; los soberanos de Troya eran más amantes de la apariencia.

Troya estaba aislada del mundo asiático con el cual no tenía buenas comunicaciones naturales. Particularmente los troyanos parecen haber ignorado y haber sido ignorados por los soberanos hititas. Salvo dos pequeños sellos cilíndricos, no se ha encontrado, en todos los trabajos efectuados en el nivel de Troya VI, ningún objeto de origen oriental. Todas las importaciones son micénicas y la mayor parte son objetos de lujo. Esto prueba la gran afinidad de cultura existente entre Troya y el mundo egeo.

Troya era un reino habitado por una población, si no griega, al menos fuertemente helenizada, que se dedicaba principalmente a la cría de caballos y de ganado menor. Esto le permitió desarrollar una floreciente industria textil a fin de intercambiar sus tejidos por los productos de lujo venidos del mundo micénico.

Según uno de los ciclos más célebres de la mitología griega, la ciudad de Troya (o Ilión), que tuvo como fundador a Dárdano, alcanzó la cumbre de su poder bajo el reinado de Priamo. Pero, como había predicho el oráculo, uno de los cincuenta hijos del rey, precisamente el más joven, Paris o Alejandro, provocaría su ruina.

Cuando, con escaso tacto, en una discusión entre las diosas, Paris confirió a Afrodita la palma de la belleza, frente a Atenea y a Hera, obtuvo a cambio el amor de la más bella de las mujeres, Helena, pero se ganó la cruel enemistad de las dos diosas postergadas.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menélao, un reino micénico del Peloponeso.

Había un pequeño inconveniente: Helena era la esposa del rey de Esparta Menéalo, por lo que el príncipe troyano tuvo que seducirla y raptarla durante una visita «de cortesía». Aquel episodio dio origen a la interminable guerra de Troya: Para vengar la ofensa y restituir a Helena a su legitimo consorte, los señores de las principales ciudades griegas (o, mejor, aqueomicénicas) se unieron y promovieron una expedición naval contra Troya. El asedio de la ciudad se prolongó en vano durante diez años. Solo el ardid imaginado por el astuto Ulises permitió poner fin a la expedición. Hizo construir un gigantesco caballo de madera, en cuyo vientre se escondieron los más fuertes guerreros aqueos y fingió levantar el cerco. Convencidos los troyanos de que se trata de un don reparador a los dioses, introducen imprudentemente el caballo tras los muros de la ciudad. Y al amparo de la noche salen del caballo los guerreros aqueos y abren desde el interior las puertas de Troya, que fue conquistada y arrasada. Entre los pocos supervivientes a la matanza se hallaba Eneas a quien el destino asignó el deber de fundar en el lejano Lacio la ciudad que perpetuará en los siglos la estirpe gloriosa de Dárdano, renovando la potencia troyana: la futura Roma. En esta última parte del mito se inspira la Eneida, el sagrado poema del latino Virgilio.