26 mar 10

Esmeralda Guinness – Guinness Emerald Crystal

Con sus 1.759 quilates de peso, fue la esmeralda de mayor calidad Esmeralda Guinness | Guinness Emeraldencontrada en aquel momento.  Se extrajo en Coscuez o Cosquez, y el propio Banco Nacional de la República de Colombia jugó un importante esfuerzo económico para no dejar salir de sus fronteras a esta belleza de la naturaleza; así pudo rescatar y preservar parte del patrimonio del país.

Aunque en la actualidad ya ha sido superada por otras esmeraldas, aún se la conoce por su nombre original, ya que era y es un record entre las esmeraldas.

Collar Inquisición Española – Spanish Inquisition Necklace

Este collar se compone de quince esmeraldas de un tamaño considerable, de dieciséis diamantes, también de un buen tamaño, y de ciento veinte diamantes de menor tamaño.  La esmeralda central es espectacular: tiene un peso de 45 quilates, transparencia y un color verde intenso maravilloso, en opinión del Instituto Smithsoniano, el cual, sobre esta esmeralda central, dice literalmente: “el rico color aterciopelado y la excepcional claridad de la gran esmeralda… es, sin lugar a dudas, una de las mejores esmeraldas del mundo.  La talla se aproxima a la forma original hexagonal alargada del cristal esmeralda, lo que sugiere que el cristal se enfrenta simplemente y se redondea a la producción de una joya lo más grande posible a la forma original del cristal esmeralda…

Collar Inquisición Española, Smithsonian Institution | Spanish Inquisition Necklace, Smithsonian Institution

El collar es doble.  La tira superior consta de diamantes intercalados entre esmeraldas hexagonales alargadas; la inferior es igual, pero algo más larga.  Las dos tiras tienen ocho diamantes de gran tamaño colocados simétricamente a pares y cuatro grandes esmeraldas cada uno, pero el inferior, en su centro, aloja gran esmeralda de 45 quilates, de la cual cuelga un adorno que consta de cuatro esmeraldas más y varios diamantes.  La tira de sujeción al cuello esta compuesta únicamente de pequeños diamantes engarzados a pares, saliendo cada tira de la unión de las tiras centrales desde una gran esmeralda.

El origen del nombre “Collar Inquisición Española” es un enigma.  Se le ocurrió, cómo no, al ingenioso Harry Winston, el Rey de los Diamantes, y con este nombre se lo vendió en 1955 a la Sra. Cora Hubbard Willians, de la ciudad de Pittsburg.

Ciertamente, no se ha podido encontrar ninguna similitud o relación entre la Inquisición española y el collar.  Quizás, Harry Winston pudo llegar a relacionar o asimilar este collar con alguno de la monarquía española de la época, pero nadie sabe por qué intentar perpetuar el nombre de este collar con una de las épocas más oscuras y tenebrosas de la iglesia española.  Puede ser que el Sr. Winston pretendiera todo lo contrario: recordemos que esta penosa época abarca desde Collar Inquisición Española, Smithsonian Institution | Spanish Inquisition Necklace1478 hasta 1834; judíos y musulmanes tuvieron que convertirse forzosamente al catolicismo por temor a ser perseguidos, expulsados o, en los peores casos, quemados vivos, aunque la gran mayoría seguían practicando su fe a escondidas.  En este caso, los judíos -y, más concretamente, sus mujeres- llevaban un collar con un colgante central en forma de margarita.  A este collar se le conocía como “El Collar Mariposa”, y lo que no sabían los inquisidores españoles es que este collar podía doblarse y cerrase para poder formar el símbolo sagrado de la fe judía: la Estrella de David.

Una vez cerrada la etapa de la Inquisición, a estos collares se les llamaba “Collares de la estrella de David” y “Collares de la Inquisición Española”, y tal vez -pero es una especulación- Harrry Winston optó por poner este nombre al collar en alegoría a la insubordinación pacífica de los judíos españoles contra la Inquisición española y contra su intolerancia.

El origen de las quince grandes esmeraldas del collar Inquisición Española es colombiano.  El tallado muy posiblemente fue realizado en la India durante el período Mogul o Mogol, siglos XVI o XVII.  Sobre lo que sí persisten dudas es si proceden de Minas Muzo o de Minas Chivor, o quizás de las dos, ya que algunas de las esmeraldas poseen un color verde azulado, característico de Chivor, y otras, un verde profundo intenso característico de Muzo.  Ambas permanecieron abiertas hasta 1675, por lo que entra dentro de lo posible que las esmeraldas del collar Inquisición Española fueran extraídas de ambas minas colombianas.

Referente a su historia, podemos saber que las esmeraldas fueron extraídas por los colonizadores españoles de Colombia y que, una vez en España, se vendieron a uno de los grandes consumidores de la época: el Imperio Mogol, el Imperio Persa o el Imperio Otomano (de aquí que la mayoría de las esmeraldas de esta época se encuentren en la actualidad en los museos de la India, Turquía e Irán).

Después, acabaron en la India, o fueron vendidas directamente a la India, y allí se tallaron, ya que la talla -tanto de las esmeraldas como de los diamantes- es característica de la época Mogol.

Lo que no se sabe a ciencia cierta es si el collar se montó en la India o en otro país.  Diversas teorías lo acercan a algún país europeo, en concreto España: la leyenda nos cuenta que las piedras fueron talladas en la India y se vendieron a la familia real española, y cuando ésta empezó a necesitar efectivo para poder cubrir todas las contiendas en la que España estaba enfrascada, vendió el collar a la realeza francesa y, posteriormente, se vendió a la familia imperial de la India.

Lo cierto es que no se vuelve a recuperar la pista del collar Inquisición Española hasta principios del siglo XX, siendo propiedad del mismo el Maharajá de Indore, Tukoji Rao III.

También se desconoce la cantidad que llegó a pagar Harry Winston al hijo del Maharajá de Indore, Yashvantrao II, por el collar.

Lo compró en 1946 ó 1947 y, aunque sea raro en él, no llevó a cabo ninguna modificación sobre el mismo, por lo que el collar Inquisición Española ha permanecido intacto desde su creación.

Antes de que Harry Winston vendiera el collar Inquisición Española a la Sra. Cora Hubbard Williams, presta esta joya a Catherine Hepburn para la gala de los Oscar del año 1947, y, ya en 1955, pasa a manos de la primera, y, posteriormente,  al Instituto Smithsoniano del Museo Nacional de Historia Natural de Washinton, donde puede ser admirado en la Galería de Geología de Janet Annenberg Hooker.

Esmeralda Sagrada de Buda – Sacred Emerald Buddha

No debe ser confundida con la conocida como “La Esmeralda de Buda”, que se encuentra en el templo de Wat Phra Kaew, dentro de los terrenos del Palacio Real de Bangkok.

La Esmeralda Sagrada de Buda es una de las esmeraldas más grandes talladas que existen.  Una vez tallada, fue dada a conocer en 2006 por la empresa tailandesa especializada en Esmeralda Sagrada de Buda | Sacred Emerald Buddhapiedras preciosas Primagem, fundada por el americano Jeffrey Bergman.  El nombre no precisa de excesivas aclaraciones: en la esmeralda está representada la propia escultura de Buda tallada en posición incorporada o de pie, y muestra a éste induciendo a sus fieles a abandonar las peleas y rencillas existentes entre ellos.

La Esmeralda Sagrada de Buda pesa 2.620 quilates.  La esmeralda madre con la que se realizó la talla pesaba 3.600 quilates y había sido extraída en Zambia en 1994.

La esmeralda cristal en bruto llegó a Tailandia en septiembre del mismo año.  La primera idea fue comprarla para tallar varias esmeraldas más pequeñas, pero al propietario, después de observar el color y la transparencia de la piedra, le pareció que era como desperdiciarla, por lo que, después de casi un año de estudio, se decidió tallar a Buda de pie para sacar el mayor provecho de la esmeralda.  El siguiente paso era encontrar un experimentado artesano que fuera capaz de tallar a Buda en la esmeralda.  La búsqueda fue exhaustiva y llevada a cabo en varios países asiáticos; finalmente, sin embargo, encontró la respuesta en Aung Nyein, un joven tallador de de origen birmano, de treinta y seis años de edad, afincado en Tailandia y con más de veinte años de experiencia en la talla de figuras de Buda en piedras diversas, incluidas aguamarinas, familia de los berilos.

Primagen acertó de pleno en la idea y en el tallador: la Esmeralda Sagrada de Buda no es sólo un esmeralda maravillosa, sino que, además de ser una obra maestra de la naturaleza, es también una obra maestra del tallado.  Podemos decir que Primagen es una de las empresas más serias del mercado de las piedras preciosas y una autoridad en gemología reconocida en todo el mundo.

Como se ha comentado anteriormente, no debe confundirse la Esmeralda Sagrada de Buda con “La Esmeralda de Buda”, también llamada “El Buda de Esmeralda”.  Hay que explicar que Phra Phuttha Maha Mani Ratana Patimakorn (que es su nombre oficial) no es realmente una esmeralda: está realizada en jade verde.

Corona de los Andes – Crown of Andes

La Corona de los Andes es, sin duda, una de las piezas más valiosas, célebres y representativas de la joyería colonial iberoamericana del siglo XVI.  Sólo en esmeraldas contiene más de 1.500 quilates de peso repartidos entre cuatrocientas cincuentra y tres de estas piedras, además del oro y de su historia.  La Corona de los Andes es la colección de esmeraldas más valiosa en una sola pieza de joyería.  Recordemos que su peso es de 2,250 kilogramos de oro puro o fino de 24 quilates.

Probablemente es una de las primeras piezas de joyería en las que se utilizó esmeraldas extraídas en Colombia.  Su nombre nos indica que se “engendró″ en los Andes, concretamente en Popayán, ciudad fundada por Sebastián de Belalcázar y por los españoles que le acompañaban en 1537.  La corona se realizó como exvoto, en agradecimiento a la Virgen María por salvar a los habitantes de Corona de los Andes | Crown of Andes | esmeralda tachonada Gold Crownla ciudad de Popayán de las terribles epidemias de peste y viruela importadas por los propios españoles.  La corona se pudo realizar gracias, sobretodo, a las donaciones de de oro y esmeraldas de la población indígena inca, animados a ello por el Obispo de Popayán.

Para poder realizar este trabajo, se contrató a veinticuatro orfebres españoles, con la condición literal del Obispo de que “la corona debe exceder en belleza y fastuosidad a la de cualquier monarca. De otra forma, no podría ser un regalo digno de la reina del cielo”.  Además de las esmeraldas donadas por la población y nobles de Popayán, también se añadieron otras que se habían decomisado en la captura del último rey inca, Atahualpa, en el año 1532.  La leyenda cuenta que la esmeralda más grande de la corona era que la llevaba colgada del cuello el propio Atahulpa en el momento de su detención; pesa la considerable cifra de 45,00 quilates.  Cabe destacar también las diecisiete esmeraldas de talla de lágrima o pera que pertenecían a las familias de los Hurtado y Olano.  La corona se comenzó en 1593 y, después de seis años de trabajo, se concluyó en 1599. Sin duda es la corona más imponente y majestuosa que jamás se haya realizado.  El Obispo de Popayán organizó una fenomenal ceremonia para coronar a la Virgen María y darle las gracias por salvarles de la epidemia.  La historia nos narra que la Corona de Los Andes fue llevada en un caballo blanco, sobre un cojín, hasta el lugar donde debía coronarse a la Virgen.  Pensamos que fue el 8 de diciembre de 1599.  Todos los habitantes de Popayán se vistieron con trajes blancos resplandecientes, y cada uno de ellos portaba un vela encendida entre sus manos.  El recorrido de la corona se cubrió con pétalos de flores y en el preciso instante en que la corona llegaba a su destino, la coronación de la Virgen, se entonó O Salutaris y Tantum Ergo.

Aunque si vemos lo que ocurrió, nos daremos cuenta de que poca o ninguna intervención mariana ocurrió en Popayán: después de conquistar Nicaragua, Sebastián Belalcázar se unió a Pizarro en la conquista de Perú y, en 1533, conquista Ecuador.  En 1535, funda la ciudad de Guayaquil y, en plena busca de El Dorado, funda la ciudad de Popayán -concretamente, el 15 de agosto de 1537-, a casi dos mil metros de altura sobre el nivel del mar.  Ya en 1540, Belalcázar es nombrado gobernador de la región.  En 1547, Popayán se convirtió en un obispado, y también se fundó una universidad gracias a los jesuitas y, poco después, una catedral.

Como si la colonización no hubiera sido suficiente para destruir y doblegar a las civilizaciones existentes, los españoles importamos también un sinfín de microorganismos a los que jamás habían estado expuestos los habitantes originarios de las zonas conquistadas o “colonizadas”.  Las enfermedades que con más virulencia atacaron a la población fueron la viruela y la peste bubónica, las cuales diezmaron y aniquilaron a millares de nativos indígenas.  Uno de los focos más importantes de la epidemia fue Ecuador.  Empezó a expandirse en el año 1590 y, en breve plazo de tiempo, llegó a Perú, Colombia y Brasil.  Cuando la noticia de la terrible plagaLocalización de Popayán en el mapa llegó a Popayán, sembró el pánico y la población intentó huir de la ciudad y de la enfermedad, pero el Obispo les enmendó a rezar a la Virgen María y a rogarle que les salvara de ésta.  Los nativos, aterrorizados por las noticias y afectados por tanta muerte, no dudaron en rogar una intervención divina de la Virgen, y mientras en el resto del país la población caía a miles -sobretodo, en las ciudades costeras- en Popayán, aislados y a una gran altitud, escaparon de la enfermedad, gracias, precisamente a este aislamiento e incomunicación con el resto de la región.  Cuando remitió la epidemia, el Obispo de Popayán expuso ofrecer una corona sin parangón a la Virgen María, y toda la ciudad en masa donó oro y piedras preciosas para agradecer a la Virgen su salvación.  De ese modo, en 1593 se empezó a fraguar la corona más hermosa y valiosa que nunca haya sido realizada, y que fue finalizada en 1599, año en el que se coronó a la Virgen María en la Catedral de Popayán.  Desde entonces, la corona sólo abandonaría la catedral una vez al año, durante la Semana Santa.

En poco tiempo, corrió la voz de tan majestuosa joya, y La Corona de Los Andes adquirió una fama formidable, por lo que un sinfín de ladrones, piratas, buscadores de tesoros y mercenarios se quisieron hacer con tan singular botín.  Después de varios intentos de robo, se optó por crear una cofradía que velara por la seguridad de la corona, que fue llamada La Cofradía de la Inmaculada Concepción; sin embargo, a pesar de sus férreos esfuerzos, la corona fue robada en 1560  por un corsario inglés y sus secuaces, aunque se consigue dar con ellos y, después de tres días de lucha, la cofradía se hace de nuevo con la corona.  Ya en 1812, Simón Bolívar, después de liberar las colonias que estaban bajo el yugo español, se queda con la corona y, no se sabe bien por qué, la devuelve, más tarde, a Popayán.  La cofradía opta por una solución drástica: dividir la corona en varias partes, haciéndose cada cofrade cargo de una de ellas.  Estas partes se escondían y nadie sabía dónde el otro cofrade escondía la suya.  Luego, durante cada Semana Santa, se unían los trozos para la celebración, y al acabar ésta, se volvía a realizar la misma operación.  Gracias a esta artimaña de la cofradía, la Corona de los Andes ha sobrevivido hasta nuestros días.

Ya en el año 1914, el Arzobispo de Popayán, monseñor Maximiliano Crespo (otras fuentes dicen que fue el Mayordomo Mayor de la Cofradía, Manuel José Olano Borrero, descendiente del fundador de la cofradía, el sacerdote Manuel Ventura Hurtado del Águila y Arboleda, que era su tío abuelo), sin consentimiento del arzobispo de Popayán, pidió permiso a Roma para la venta de la corona.  Fuera quien fuera, se solicitaba autorización al Papa Pío X para vender la Corona de los Andes y, con el dinero que se consiguiera de la venta, construir un hospital y un orfanato para la ciudad.  Al poco, el Papa contestó concediendo el permiso.  Según datos que hemos estudiado, fue realmente Olano quien pidió poder vender la corona.  Entre los motivos que le empujaron a realizar esta acción, se encontraban, desde luego, que era realmente necesaria la construcción en Popayán de un hospital y de un orfanato en Popayán, pero, también, que cada vez era más difícil y peligroso custodiar la corona.  La pena es que… al final, el dinero de la venta fue a parar a la edificación de un nuevo arzobispado: una vez que se pudo finalizar el escabroso proceso de venta, el arzobispo demandó a Olano, y éste tuvo que entregar al arzobispo la cantidad cobrada.  El arzobispo no tuvo reparos, ni dudó en malgastar el dinero en construir un nuevo palacio para su institución.

Uno de los primeros interesados en comprar la corona fue el Zar Nicolás II, pero mientras se negociaba el precio de la misma, estalló la revolución rusa de 1917.  Después de Nicolás, los pujadores no ofrecían la cifra suficiente para la compra de la joya, por lo que pasaron varios años hasta que, en 1928, el joyero Warren J. Pipper viajó a Popayán para ver la famosa corona y adquirirla.  Sin embargo, sucedió una circunstancia análoga al primer intento, en del Zar Nicolás II: en medio de las negociaciones del precio, se declaró el crack de 1929, y la bolsa de Wall Street se hundió, por lo que el Sr. Pipper desistió al momento de comprar la corona.  No fue hasta 1935 que la Corona de los Andes salió de Popayán, a manos del abogado Luís Carlos Iragorri Peña, que llevó la corona hasta Nueva York y la depositó en la caja fuerte de Hannover Trust Company.  Fue en ese instante cuando el arzobispo de Popayán demandó a Olano, requiriéndole el importe de la venta.  Olano se negó, aduciendo que la corona pertenecía a la cofradía y no a la Iglesia.  El caso es que la sentencia judicial comunicó que el importe de la venta se tenía que reintegrar al arzobispo de Popayán y que parte de ese dinero correspondería a Olano, como descendiente directo del fundador de la cofradía.  La sentencia fue firme en 1937, y la corona se logró vender en 1936.  El arzobispo amenazó a Olano con excomulgarlo a él y a toda su familia si no pagaba.  Olano, con la justicia en su contra y la excomunión amenazando su alma y las de su familia, optó por reintegrar el importe de la venta de la corona al arzobispo.

Un detalle, anecdótico pero de importancia, es que, finalmente, el dinero que el arzobispo debía entregar a Olano nunca llegó a éste: una vez que se concluyó el nuevo palacio, el arzobispo invirtió el dinero sobrante en bonos y en acciones de bolsa, por lo que Popayán se quedó sin hospital y sin orfanato, y la Virgen, descoronada.

Volviendo a los detalles de la venta, su primer comprador fue Guillermo Rodríguez Fonnegra; pagó en tres letras del Anglo South American Trust Co. de Nueva York y, amparadas por una póliza de seguro otorgada por la Saint Paul Minessota Insurance Co., la cantidad de ochenta y cinco mil dólares.  Rodríguez Fonnegra era únicamente un intermediario, antes de que la corona pasara a las manos de Warren J. Pipper, quien, cuando consiguió el efectivo suficiente, compró la corona a Fonnegra por la cantidad de ciento veinticinco mil dólares, aunque el propio Pipper la tasó después en más de un millón de dólares.  Eso sí, después de haberla comprado.

La primera idea era desmontar la corona y vender las esmeraldas por separado, pero descubrieron que alquilándola para eventos ganarían más dinero.  Así, entre los años 1936 y 1959, la corona no dejó de viajar y de exponerse en todo tipo de actos públicos o privados, convirtiéndose en un negocio de lo más lucrativo para sus dueños y recorriendo todos los Estados Unidos, primero, y, después, varias ciudades del mundo, entre ellas, Londres, Roma y Tokio.

Después de varios años, se decidió vender la corona al mejor postor, por lo que, en 1963, fue subastada en Londres por Sotheby´s.  La puja más alta fue de ciento cincuenta y cuatro mil dólares, que fue realizada por Asscher, una empresa de diamantes holandesa, en representación de una tercera persona que prefirió quedar en el anonimato.  Casi treinta y dos años sin pista alguna sobre La Corona de los Andes y, en 1995, Christie´s anuncia que tiene la corona para venderla, y que su precio de salida será de tres millones de dólares.  Antes de que se consiguiera vender, un descendiente de Olano entró en litigios con Christie´s, lo que retrasó la subasta.  Esclarecido todo y desestimada la demanda, se logra poner a la venta, sin que ningún comprador, sin embargo, alcance los tres millones solicitados por Christie’s, por lo que es retirada y devuelta a su “legítimo” dueño, en manos del cual permanece hasta el día de hoy.

Hemos escrito legítimo entre comillas, porque, desde joyaestilo, creemos que es el pueblo de Colombia su legítimo dueño, y más concretamente, Popayán, y porque desearíamos que la Corona de Los Andes regresara al lugar que nunca debería haber abandonado.

enlace a vídeo de La Corona de los Andes

Esmeralda Reina Carolina – Carolina Queen Emerald

La Esmeralda Reina Carolina es la esmeralda más grande y de mejor calidad que se haya encontrado nunca en Norteamérica; es una digna competidora de las esmeraldas de Colombia.  Se encontró en Carolina del Norte en 1998.  La esmeralda madre pesaba 71,00 quilates y, una vezEsmeralda Reina Carolina | Carolina Queen Emerald tallada en talla de pera o lágrima, su peso fue de 18,88 quilates.  De la piedra madre aún se obtuvieron dos esmeraldas más: Príncipe de Carolina -con un peso de 7,85 quilates- y Princesa de Carolina -con un peso de 3,37 quilates-.  Todas ellas tienen un profundo color verde azulado, muy parecido a las esmeraldas extraídas en Chivor o incluso a las encontradas recientemente en Zambia.  Su claridad es excepcional y con muy pocos jardines o inclusiones internas.

El origen de su denominación es consecuencia del afán de iniciar una serie con nombres reales para las esmeraldas extraídas de las minas de Carolina del Norte y, más concretamente, de las ubicadas en la ciudad de Hiddenite (según diversos geólogos, una de las zonas geológicas más complejas del mundo; en estas pequeñas minas se han descubierto varios tipos de piedras preciosas, más de sesenta.  Aquí, se ha descubierto, incluso, un nuevo mineral, que ha adoptado el nombre de la propia ciudad.  El descubridor de la esmeralda Reina Carolina fue James K. Hill, quien, además, es el descubridor de otra esmeralda de 858 quilates -eso sí, de peor calidad- a la que denominó Emperatriz Carolina.

La esmeralda madre de 71,00 quilates fue comprada por el joyero Rick Gregory, de la cadena de joyerías R. Gregory Jewelers Inc., y fue él quien mandó tallar Reina Carolina y sus hijos, Príncipe de Carolina y Princesa de Carolina.  La tasación actual de R. Gregory para la Esmeralda Reina Carolina es de más de un millón de dólares.

Hombre Esmeralda – Emerald Man

Hombre Esmeralda es un pequeña figura tallada en una esmeralda.  Representa a un ser humano masculino y está considerada como la esmeralda tallada de Centroamérica más antigua conocida hasta la fecha.  Se ha datado entre el año 500 a.C. y el 250 d.C.  Se piensa que su uso, además del ornamental, podría haber sido religioso.

Esta representación de un hombre- o un guerrero- orando en posición vertical está realizada sobre una sola esmeralda.  Sus dimensiones son 5,63 centímetros de altura, 2,85 Hombre Esmeralda | Emerald Mancentímetros de anchura y 1,37 centímetros de grosor.  Su peso es de 118,50 quilates (23,70 gramos) y se cree que pudiera ser de origen olmeca (cultura que se desarrolló en Mesoamérica durante el Preclásico Medio) por su similitud con otras esculturas de dicha civilización.

El alumno de Maine, William P. Palmer, donó la esmeralda tallada, junto con otras piezas mesoamericanas, a esa universidad en Marzo de 1968, pero, en el mes de octubre del mismo año, la talla desapareció del museo.  Se desconoce qué ocurrió; Palmer, sin embargo, logró recuperar el Hombre Esmeralda, que, actualmente, puede visitarse en el Museo de Hudson, en la propia Universidad de Maine.

Esmeralda Mackay – Mackay Emerald

La Esmeralda Mackay tiene un peso de 167,97 quilates, está tallada en forma ovalada de talla cabujón y es de un color verde profundo.  Su tallado cabujón probablemente se deba a que tiene muchas inclusiones o jardines internos, por lo que, a pesar de ser traslúcida, su interior no puede ser visionado.  Se extrajo en Colombia, en Minas Muzo.

Collar de la Esmeralda Mackay | Mackay Emerald NecklaceEl nombre de Mackay proviene de su antigua propietaria Anna Mackay, esposa de Clarence H. Mackay, quien se la regaló el día de su boda, en 1931.

La Sra. Mackay la donó en el año 1984 al Instituto Smithsoniano del Museo Nacional de Historia Natural de Washington, donde puede visitarse en la Galería de Geología de Janet Annenberg Hooker.

La Esmeralda Mackay había sido adquirida anteriormente por Cartier.  Se optó por montarla en un collar con un centro cuadrado donde se engarzaría la esmeralda; a su alrededor, se engarzaron diamantes talla baguet (rectangulares); el acople -a modo de falsa valía- lleva engarzadas esmeraldas también en talla baguet, por donde pasa el collar de sujeción, que también lleva diamantes engarzados -éstos, de talla brillante-.  El fue el material seleccionado para elaborar este collar.

Desconocemos el precio que tuvo que pagar el Sr. Mackay por esta impresionante joya de Cartier.

http://www.joyaestilo.es/esmeralda-piedras-preciosas-de-color-verde.html

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