5 sep 11

Tres son los lugares ligados al recuerdo de Sissi en Viena:
Hofburg,Schönbrunn y la Villa Hermes.
Palacio Hofburg
Palacio Hofburg
El “Museo Sissi, Mito y Realidad” en los apartamentos imperiales del Hofburg aprovechó otro aniversario para elegir la fecha de apertura: los 150 años de la boda de Sissi y Francisco José, pomposamente celebrada el 24 de abril de 1854.
Palacio Hofburg
La historia del romance es conocida: el emperador, destinado a casarse con la princesa Elena, se enamoró perdidamente de Sissi, su hermana menor, y desafiando por primera vez la autoridad de la reina madre le pidió la mano.
Sissi tenía apenas 15 años y poco interés en dejar sus bosques y vida en libertad para someterse a la rígida etiqueta de Viena. Pero no tardaron en advertirle que “a un emperador no se le dice que no”, y de allí a la boda hubo un solo paso.
Jardines de Schönbrunn
EL PALACIO DE MARIA ANTONIETA
El desembarco de la novia aquel abril de 1854 fue en el palacio de Schönbrunn, en las afueras de Viena, levantado por la emperatriz María Teresa como residencia de verano de la familia.
El Palacio de Schönbrunn (Schloss Schönbrunn) y su gran parque se extienden al final de la Wienzeile, al suroeste de Viena. Antigua residencia de los Habsburgo, se erige majestuoso en un área donde anteriormente se erigieron hasta tres castillos, que fueron devastados en sendos incendios y asedios a Viena, el último en 1683.
El proyecto que Fischer von Erlach presentó a Leopoldo I en 1690 superaba a Versalles por su desmesura, pero el emperador lo rechazó ya que no era tradición de los Habsburgo ofrecer tal imagen de pompa y lujo, tratándose de una estirpe de maneras más bien austeras. El segundo proyecto, mucho más modesto y comedido, sí que fue aceptado: ¡el nuevo edificio contaría “sólo” con 1.441 habitaciones!
En ese escenario magnífico y recargado vivió la princesa Antonia (la futura María Antonieta decapitada durante la Revolución Francesa) y dio a conocer su genio un jovencísimo Mozart; allí también moriría el “Aguilucho”, único hijo de Napoleón.
Palacio de Schönbrunn

Las águilas de Napoleón
La verja de entrada del castillo de Schönbrunn está enmarcada por dos obeliscos coronados por las águilas napoleónicas. El emperador de los franceses las hizo colocar durante sus dos estancias en Viena, tras entrar en la capital del imperio austro-húngaro después de ganar las batallas de Austerlitz, en 1805 y Wagram, en 1809. Napoleón se hospedó en la misma habitación que la emperatriz Maria Teresa utilizó tiempo atrás.

Palacio de Schönbrunn

Adornado con dos grandes fuentes (puestas anteriormente por la emperatriz Maria Teresa) que representan los grandes ríos y los reinos pertenecientes al Imperio, el patio de armas de Schönbrunn ha sido escenario de grandes acontecimientos: vió desfilar al Gran Ejército de Napoleón I, acogió a los soberanos ruso, británico y austríaco durante el Congreso de Viena, al ejército de Hitler, así como a los presidentes Kennedy y Jruschev en 1961, que se reunieron en la sala llamada la Galería de los Espejos en un momento crítico de la Guerra Fría.

Glorieta de Sissi

Hoy día, en Schönbrunn se visitan los apartamentos de Sissi y Francisco José, decorado en estilo Biedermeier, de una rara sencillez en medio del fastuoso entorno del palacio. Sólo en Schönbrunn se puede conocer el dormitorio común de los emperadores, toda una revolución para la época, cuando habitualmente las parejas reales tenían aposentos rigurosamente separados. Un rasgo más de un protocolo que obligaba a la emperatriz, por ejemplo, a usar los zapatos sólo una vez, porque después de estrenados debían pasar a mano de sus damas de honor. Al lado del dormitorio, Sissi instaló un salón personal revestido en seda roja, seguido por el cuarto de los niños (no los de Sissi, sino los de la emperatriz María Teresa), dos aposentos que también se visitan.

El museo del Hofburg

Sin embargo, el verdadero corazón imperial se encuentra en el centro de Viena, en el Hofburg, que acaba de inaugurar el museo especialmente dedicado a la hija rebelde de la monarquía austrohúngara. En el palacio ya se visitan los Apartamentos Imperiales y el Museo de la Platería, dos de los lugares preferidos de los turistas que visitan la ciudad: en total, están abiertas al público las 22 salas privadas y públicas de Sissi y Francisco José, en tanto el Museo de la Platería conserva los valiosos servicios de mesa de porcelana, plata y cristal con que se servía antiguamente la mesa imperial. Sin duda, a los Habsburgo les parecería increíble que hoy se organicen en su palacio visitas guiadas durante las cuales los chicos pueden disfrazarse con ropas de época, y cumpleaños infantiles donde por fin las risas tanto tiempo contenidas de los pequeños príncipes pueden circular libremente en boca de los chicos de hoy.

También pueden verse su “coupé” personal, que usaba en el día a día de la vida en la corte o el elegante carruaje descubierto que utilizaba en verano.
Especialmente impresionante es la carroza imperial, un magnífico carruaje barroco, con seis ventanas de cristal veneciano, pinturas alegóricas en sus portezuelas y pasamanería de oro y seda.

Los días más tristes de Sissi

Habitacion  salón dormitorio de Sissi

En ese fascinante vehículo fue conducida Elisabeth a su coronación en Budapest como reina de Hungría.

Habitación El Mito de Sisí

Habitación “El mito de Sissi”

Éste fue el más importante acontecimiento en la vida política de la emperatriz y parte esencial del acuerdo entre Austria y Hungría de 1867, al que mucho contribuyó Sissi, que aumentó la autonomía de los húngaros dentro del imperio Habsburgo.

También hay ejemplos de los divertidos carruajes infantiles, como el que perteneció al príncipe heredero Rudolf, único hijo varón de Sissi y Francisco José, e incluso puede verse el trineo que a la emperatriz le gustaba manejar en invierno en los alrededores del palacio de Schönbrunn.

Finalmente, la muestra expone también el carro “Landau” que usó en Ginebra poco antes de su asesinato en 1898 y su carroza fúnebre, reservada, según el ceremonial español de la Corte, a miembros reales de la familia imperial.

Sisi

Esta carroza del “gran luto” tirada por ocho caballos negros con crespones de ese color (para miembros “menores” de la casa Habsburgo se usaba el rojo) condujo a Elisabeth a su último descanso.

Aparte de las carrozas, la exposición, abierta hasta el día 26 de octubre, permite ver la cola del traje que usó en su boda, una obra maestra con bordados de oro o un suntuoso vestido negro que ejemplifica tanto el elegante gusto como la impresionante figura de quien fue una de las grandes bellezas de la época.
Tocador de la emperatriz Elisabeth

Tocador de la emperatriz Elisabeth
Trajes de gala y caza de Francisco José, el famoso abanico con el que la emperatriz escondía su rostro al final de sus días o su silla de montar personal están también presentes en la exposición.


En este marco, el Museo de Sissi es toda una revancha de la historia. En su tiempo, a nadie se le escapaban las rarezas de los Wittelsbach, la familia de la emperatriz, la “manía” de Sissi de escribir poemas, su aversión a la monarquía y los rasgos que conducta que hicieron escribir al diplomático Maurice Paléologue, último embajador francés en la corte de los zares de Rusia:

Lo que domina en ella (Sissi) es un malestar doloroso y difuso, la sensación coercitiva, ansiosa y deprimente que le hacen sentir las obligaciones de su vida oficial; es una ‘fobia’ análoga al miedo de los espacios abiertos que se llama ‘agorafobia’ o al de los espacios cerrados que se llama ‘claustrofobia’. Para emplear el término científico, es la ‘fobia de las situaciones sociales’”

Velo con cola dorado

Menos benévolo, el psiquiatra Bruno Bettelheim la describía así:

“La vida de la emperatriz manifestaba los rasgos característicos de una naturaleza narcisista, histérica, y algunos síntomas específicos de la anorexia. Por ejemplo, para permanecer bella (era justamente reconocida como la más hermosa mujer de Europa), Elizabeth se privaba de la comida. Seguía la mayor parte del tiempo regímenes draconianos, como el que le imponía contentarse, durante semanas, con sólo seis vasos de leche por día. Como algunas histéricas, la emperatriz salía a pasear a pie desnuda bajo el vestido, y, para horror de su séquito, sin medias. Además, a menudo protegía sus manos con tres pares de guantes. Pero uno de los síntomas más evidentes de sus neurosis eran los viajes interminables sin objetivo preciso a través de Europa”.


En el museo, cuya concepción fue confiada el escenógrafo Rolf Langenfass (conocido por muchas de sus puestas en escena operísticas), se presenta entonces a Sissi dejando de lado los mitos románticos para acercarse más profundamente a su compleja personalidad. Los diversos objetos expuestos, que van desde su parasol de encaje (el que usaba para parapetarse ante cualquier intento de foto no autorizada, ya que Sissi era muy celosa de su belleza y apenas si existe de ella un retrato, ya anciana, sin las abundantes trenzas postizas que le incorporaba a su peinado) hasta su abanico de cuero, usado con el mismo fin (sólo un fotógrafo logró retratarla una vez cuando se ocultaba con el abanico, mientras montaba a caballo en su palacio húngaro de Gödöllö).

El museo también exhibe ropas de Sissi, joyas, guantes, una réplica del vestido que usó en la fiesta dada por la corte austríaca en la víspera de la boda, retratos de la emperatriz a lo largo de los años, una reconstrucción de la carroza imperial con la que se desplazaba en sus numerosos viajes, y la máscara mortuoria que se le tomó poco después de recibir la puñalada mortal que le propinó Luigi Luccheni sobre los muelles de Ginebra, el 10 de septiembre de 1898.
Mas recuerdos de Sissi

Además del Hofburg y Schönbrunn, un itinerario que lleve tras los pasos de Sissí no debe dejar de pasar por la Hermes Villa, situada en un magnífico parque al oeste de Schönbrunn, y la Kaiservilla de Bad Ischl, la localidad de la región de Salzburgo donde se conocieron Francisco José y la joven princesa.

La Hermes Villa está aún en Viena,pero sin embargo muy lejos del centro, y justamente esto fue lo que gustó a los emperadores, que levantaron aquí una suerte de “chalet fin de siglo” asimétrico, rodeado de establos y otras dependencias. La casa, ricamente decorada, famosa por los murales de dioses y semidioses que hacen ejercicios gimnásticos en la sala de baños de la emperatriz, fue un regalo de Francisco José a su mujer, casi un regalo de reconquista que fue también un intento infructuoso de retenerla a su lado.

En cuanto a la Kaiservilla de Bad Ischl, es una casa de campo que aún es propiedad privada –pertenece a un descendiente de los Habsburgo–, pero tiene un sector abierto al público. La propiedad fue ofrecida como regalo de bodas a la pareja imperial después de su matrimonio y fue sin duda una de las preferidas por la familia: a lo largo de 60 años allí pasó Francisco José sus vacaciones, y allí Sissi podía sentirse junto a sus hijos libre de la influencia de su suegra, la severa archiduquesa Sofía.

Sus salones fueron testigo de muchas escenas íntimas de la familia, como los cumpleaños del emperador, pero también de un banquete ofrecido en 1907 a Eduardo VII de Inglaterra, o el casamiento de María Valeria, una de las hijas preferidas de Sissi, en 1890.

Aunque generalmente se la describe como una residencia “sencilla”, hay que recordar que se trata de un calificativo justo sólo en relación con el esplendor del Hofburg: para cualquier mortal, el lujo de la Kaiservilla sigue siendo deslumbrante. En términos históricos, la Kaiservilla también tiene lo suyo: sobre su escritorio personal en esta finca, dominado por un busto níveo de Sissi a los 15 años, Francisco José firmó el 28 de julio de 1914 la declaración de guerra a Serbia. Todo había comenzado apenas un mes antes, con un atentado en Sarajevo. Por eso hoy día, la visita a esta casa y a los palacios donde vivió la emperatriz no pueden entenderse como un simple tour por los lujos imperiales de otros tiempos: es toda la historia de Europa, desde la decisiva mitad del siglo XIX, lo que reluce –para el fasto o para la tragedia– en estos salones hoy silenciosos que permiten escuchar claramente el eco del pasado.

museo del tesoro coronas Schatzkammer, el Museo del Tesoro de Viena

Uno de los museos mas importantes de la ciudad de Viena y uno que los turistas no suelen perderse es el Schatzkammer, o Museo del Tesoro. Si te gustan las joyas realespues aquí debes venir porque este museo alberga una amplia colección de objetos y joyas reales y no reales, que reflejan siglos de la historia europea.

museo del tesoro Schatzkammer, el Museo del Tesoro de Viena

Así, hay objetos e insignias de la época de los romanos tales como la Lanza del destino (la que atraviesa a Jesús cuando cuelga de la cruz), o la Corona Imperial del Imperio romano. Hablando de coronas aquí hay algunas importantes ya que está la corona del Imperio Austriaco con una de las esmeraldas mas grandes del mundo y la corona del emperador Rodolfo  II, entre otras que coexisten en sus galerías con una rica colección de tesoros eclesiásticos.

IGLESIA DE LOS AGUSTINOS

Iglesia de San Agustín, vista interior

En 1854 tuvo lugar la boda del emperador Francisco José y Sisí en la antigua iglesia parroquial de la corte – hoy muy solicitada por su música sacra. En nuestros días resuenan con regularidad las grandes misas de Mozart, Haydn y Schubert durante las ceremoniosas misas en la iglesia de los Agustinos.

Cámara del Tesoro (Secular y Sacro)

En la iglesia parroquial San Agustín, situada en el lado oeste del Palacio Imperial, tuvieron lugar numerosos enlaces matrimoniales de la casa imperial: aquí se casó en 1736 la emperatriz María Teresa con Francisco Esteban von Lothringen, en 1854 desposó el emperador Francisco José I a Sisí, el príncipe heredero Rodolfo en 1881 a la princesa Estefanía e incluso el emperador francés Napoleón a María Luisa en 1810.

La iglesia construida entre 1330 y 1339 era el punto de salida de la casa imperial para las peregrinaciones y procesiones así como para las honras fúnebres. Hay que destacar el sepulcro de la archiduquesa María Cristina, de Antonio Canova, una obra maestra de arquitectura clasicista, hecha de mármol blanco de Carrara (erigida entre 1798 y 1805) que refleja la gran tristeza del viudo.

En la capilla de San Jorge gótica (construida en 1337, entrada por la capilla de Loreto) se solían encontrar antiguamente los caballeros de San Jorge. Además está instalada en la capilla de Loreto la llamada Cripta de los corazones, donde conservan 54 corazones de Habsburgos en urnas de plata.

http://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/turismo/9-377-2004-04-29.html

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