13 may 11

«CARPE DIEM» -LOS GRAFFITI POMPEYANOS Y SUS DIVERTIDOS TEMAS ESCULTÓRICOS (Sexo, robos, elecciones municipales en Pompeya en el año 70 a.C.)

el dios Pan

¡El amor no tiene fronteras.Pan ama a cabra sorprendida. Pompeya.

Todas las fotos y la información están tomadas de Internet

Un grafito que  escribió un admirador:

“Fulvia: Voy a detener las mañanas hasta que vuelvas”

QUÉ  ES UN GRAFFITI

Tendemos a creer que en nuestra época somos originales y creativos, pero muchos de los elementos que nos rodean tienen unos orígenes bastante antiguos. Éste es el caso de los graffitis.

VIENE DE scariphare…scariphus-punzón  con que escribían los antiguos en sus tablillas). En realidad ya en los graffiti de Pompeya el término scariphare aparece como sinónimo de inscribere, es decir cuando se trata de una inscripción que puede ser simplemente alfabética. En la antigüedad, el verbo que se encuentra al lado de una incisión figurada es pingere.

Gracias a las excavaciones  de Pompeya se han encontrado hasta 20.000 graffitis, es decir, textos escritos a mano sobre las paredes.

Son espontáneos y escritos en momentos puntuales por ciudadanos anónimos para expresar un deseo variable. Unos  como agradecimiento a los dioses, anuncios comerciales, elecciones municipales,  saludos, mensajes amorosos, insultos, citas de autores clásicos y sobre todo muchas alusiones a cualidades y anécdotas sexuales.

HOY

Hoy en día el término graffiti es utilizado sin distinción ya se trate de imágenes o de palabras trazadas con una punta metálica o con algún medio gráfico (lápiz, pluma, pintura, plumón, spray), sobre monumentos que no habían sido edificados para este uso. El graffiti es una expresión visual presente tanto en las culturas americanas prehispánicas como en Europa, Asia, África y Australia.

LOS PRIMEROS CONOCIDOS EN POMPEYA Y ROMA

La primera aparición histórica del graffiti fue en Pompeya. A las inscripciones de carácter obsceno y pagano que abundaban en los alrededores de las fastuosas residencias del fin de semana romano les dieron esa denominación. Del italiano su nombre, pues, y su origen, los márgenes más liberales de una sociedad opulenta en lo económico y ecléctica en lo moral.

En Roma antigua  se encuentran las letrinalias, que son inscripciones hechas en las letrinas antiguas.

Lejos de allí, los primeros cristianos refugiados en las catacumbas de la tierra santa, se identifican con el símbolo de un pez, que dejan grabado en sus paredes.

La dureza de la calle y el lupanar…

Entrada al Lupanar, Pompeya, Priapo con dos penes

El prostíbulo o Lupanar,  término que deriva  de lupa,o prostituta en latín, otro es meretrix, es considerado hoy  como una de las atracciones principales de Pompeya. Es un pequeño edificio situado en el cruce de dos calles secundarias, estaba constituido por una planta a nivel del suelo y un primer piso. La construcción es del último período de la ciudad. Las paredes se encuentran cubiertas de motivos eróticos desde su entrada principal, que muestra a Príapo con dos penes sostenidos por las manos.

Lecho de lupanar, Pompeya.

A pesar de no estaba prohibida la prostitución, debían diferenciarse claramente de las mujeres honestas. Y por ello , las prostitutas debían vestir una toga corta marrón, igual que  la de los hombres y en su cabello también debía haber diferencia, por lo que las prostitutas debían  llevar el pelo teñido de rubio, o ponerse una peluca rubia (capillamentum), para que no hubiese confusión ninguna  con las demás las mujeres que no se dedicaban a este oficio.

Profesionales o aficionadas

La mayoría de las prostitutas romanas eran esclavas, explotadas por sus amos, aunque también había mujeres de condición libre que se prostituían por dinero o placer.

Eran conocidas como  famosae, entre las que se puede citar a Julia, la hija del emperador  Augusto o a la emperatriz Mesalina, la mujer del emperador Claudio. También había hombres que se dedicaban a este oficio.

Sátiro y Ménade, fresco de la Casa  de los Epigmbr,Pompeya.

Nombre según el lugar donde ejercían

Dependiendo del lugar donde ejercían su oficio las prostitutas, recibían un nombre u otro.

Las que lo hacían bajo los arcos de los puentes o del anfiteatro, los “fornici” (de donde proviene la palabra fornicar), se denominaban “ambulatarae”.

Las que comerciaban entre las tumbas de las necrópolis, “busturiae”. Las de los bosques, “lupae” y las “prostibulae”son las que lo hacían donde podían.

La que prestaba sus servicios en el burdel se conocía como “meretrix” y, a diferencia de las anteriores, estaba inscrita en un registro y pagaba impuestos. El “lenus” era el encargado del burdel.

Según su categoría recibían apelativos diferentes. Así las “delicatae” eran las prostitutas que ocupaban el más alto rango y entre sus clientes estaban senadores y ricos comerciantes. Las que ocupaban el lugar más bajo se llamaban “triviae” porque ofertaban las tres vías naturales para el coito.

Solo a las prostitutas se les permitía la felación. La sodomía era práctica habitual con esclavos y sólo se permitía en una ocasión con la esposa, en la noche de bodas. El cunnilingus era una práctica tan degradante que si se descubría que algún ciudadano lo practicaba se le imponía el mismo status que a las prostitutas y se les impedía votar o presentarse a elecciones.

Las prostitutas practicaban la anticoncepción con lavados vaginales.

Por su parte, las mujeres que usaban los servicios masculinos, buscaban espadones, esto es, hombres castrados en edad adulta que no tenían rasgos de eunuco.

Lupanares con licencia

Los lupanares tenían licencia municipal. En ellos había unos cuantos cubículos con sendas camas de mampostería, sobre la que se echaba un colchón y una cortina como única separación del pasillo de acceso.

Los lupanares estaban decorados con escenas eróticas a modo de muestrario y son numerosos los  graffiti  que tanto clientes como prostitutas han dejado sobre sus paredes.

Como dato curioso hay que decir que se han contabilizado más burdeles que panaderías en Pompeya.

El precio de las prostitutas y prostitutos

Su precio iba de dos a ocho ases (el vaso de vino costaba uno), pero la recaudación era del patrón o del dueño del burdel.

La prostitución masculina era legal y sus profesionales pagaban impuestos e incluso celebraban su propia festividad, como las prostitutas. Pero mientras ellas solían ser de clase baja y ofrecían sus servicios a precios módicos, ellos se vendían por cantidades elevadas y conseguían amasar cierta riqueza. Tanto cobraban que hasta el moralista romano Catón se lamentaba de que sus conciudadanos se prestaran a pagar por un prostituto la misma cantidad de dinero que les habría costado una granja

¡Publicidad que no falte¡

La prostitución y el comercio sexual eran también comunes en los graffiti de Pompeya: el nombre, las cualidades para el cliente y el precio son los datos recurrentes y básicos -como lo es hoy en los diarios-.
—…Soy tuya por dos ases de bronce.
—–Lais chupa por dos ases.
—–Félix chupa por un as.
—–Esperanza, de complacientes maneras, nueve ases.

Letrina del lupanar de Pompeya

Inscripción en  la panza de un cántaro antes de cocerlo:


Quienquiera que hace el amor con chicos y chicas sin límite ni medida no administra bien su dinero.


V é a se  e s ta  i n s c r i p c i ón  e s c r i ta  c o n t ra  un  t a b e r n e ro por  v e n d er  a g ua  en vez de  v i no y  p or

r e s e r v a r se  p a ra él el vino  b u e n o.

“lalia le fallanl utinam medacia, copo:

tu vedes acuam el bihes ipse nierum “(7)

( n ó t e s e: medacia  p or mendacia; copo=caupo; vedes = vendes; acuam =aquam\ hihes = hihis).

CARPE DIEM

Hasta que el emperador Constantino (315 d.C.) liberó la práctica del cristianismo , muchos habitantes del Imperio romano practicaron lo que el poeta Horacio  proclamaba: Carpe diem (¡ Disfruta de este día!).

Escena del lupanar,Pompeya.

Y así, siempre según el autor, el hecho de alcanzar el éxtasis con alguien hermoso, ya se tratara de un hombre, de una mujer, de un adolescente o de un adulto, se concebía como un don de los dioses y uno de los momentos más importantes de la vida. Por ello, tan sólo regulaban el sexo en la medida en que pudiera suponer una amenaza para las instituciones de la elite, un 2% de la población de la Roma precristiana.

Poseer esclavos, hombres y mujeres, para satisfacer los caprichos sexuales y que éstos convivieran bajo el mismo techo que la esposa legal era una costumbre muy arraigada entre los patricios. En términos legales, se trataba de sexo entre el propietario y su propiedad y, por tanto, todo estaba permitido, aunque el esclavo fuese menor de edad. «Teniendo en cuenta que un joven o una joven especialmente agraciados costaban entonces lo que cuesta un coche de lujo hoy en día, no mantener relaciones sexuales con los esclavos sería como comprarse un Mercedes y no conducirlo nunca», apostilla el autor.

En la mentalidad romana, el sexo entre hombres no estaba mal visto y se consideraba aceptable que un ciudadano libre de la elite introdujera su pene en el cuerpo de otro, ya fuera hombre o mujer. Lo que realmente importaba era que la otra persona perteneciera a una clase social inferior. Y mientras la posición activa o penetradora no era objeto de crítica, los romanos solían despreciar e incluso penalizar a los ciudadanos libres que consentían en adoptar la pasiva o receptiva. Por ello se marginaba a los esclavos o a los libertos, ya que se suponía que habían sido utilizados por sus amos, es decir, penetrados por ellos.

Sin embargo, en la cultura romana antigua no existía nada parecido a nuestra noción contemporánea del hecho lésbico. En las pocas ocasiones en las que los autores romanos hacen referencia al coito entre dos mujeres, suelen referirse a una de ellas como a un monstruo contranatura que penetra a su pareja con un pene artificial.

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Sin embargo, sería un error concluir que los romanos no tenían tabúes ni restricciones sexuales. Prácticas como la felación, el cunnilingus, el sexo entre mujeres y el sexo en grupo estaban prohibidos. Pero ya se sabe que el tabú conlleva un placer adicional, el que provoca la trangresión de la norma. Y quizás ésta sea la razón por la que en la antigua sociedad romana existía una demanda tan elevada de imágenes que mostraban a gente saltándose las reglas. Éste es, al menos, el razonamiento de John R. Clark, que explica así el abundante material sexual encontrado en pinturas, vasijas, amuletos y otros objetos analizados.


La felación, ya fuera practicada por un hombre o una mujer, convertía a su ejecutor en culpable y el cunnilingus también sumía en el descrédito a la impura boca de la persona que lo practicaba.Además, de acuerdo con la jerarquía romana de la degradación sexual, un hombre sospechoso de haber estimulado oralmente el clítoris de una mujer caía en mayor desgracia que uno que fuera penetrado por otro hombre. Se los marginaba socialmente, imponiéndoles el estatus legal de infame, el mismo del que eran objeto las prostitutas, los gladiadores y los actores, y que les impedía votar y representarse a sí mismos ante un tribunal

LA DUREZA DE LA CALLE


La prostitución y el comercio sexual eran también comunes en los graffiti de Pompeya  , en lo que se hacía constar el nombre, las cualidades  que podían atraer al cliente y el precio, unos datos básicos, que hoy se encuentran en los diarios-.


Soy tuya por dos ases de bronce.
Lais chupa por dos ases.
Félix chupa por un as.
Esperanza, de complacientes maneras, nueve ases.
Chistes viejos
(En la panza de un cántaro antes de cocerlo)
Quienquiera que hace el amor con chicos y chicas sin límite ni medida no administra bien su dinero.

V é a se  e s ta  i n s c r i p c i ón  e s c r i ta  c o n t ra un  t a b e r n e ro por  v e n d er  a g ua  en vez de  v i no y  p or

r e s e r v a r se  p a ra él el vino  b u e n o.

“lalia le fallanl utinam medacia, copo:

tu vedes acuam el bihes ipse nierum “(7)

( n ó t e s e: medacia  p or mendacia; copo=caupo; vedes = vendes; acuam =aquam\ hihes = hihis).

LAS PRIMERAS ELECCIONES MUNICIPALES QUE SE CONOCEN

Se conocen por los graffiti de Pompeya- carteles electorales, cómo se recomendaba la eleccion de los candidatos en las pintadas de las paredes. Como en este, de  p r o p a n g a n da  e l e c t o r a l:

“A. Vetlium Firmum aed. o. v. f.

Fuscus cum Vaccula fácil”,

C I L,  IV, 175;

“Os pido  q ue  v o t é is como edil a A. Ve t io  F i r m o.

Le  r e c o m i e n da  F u s co y  V a c u l a “;

d o n de  se  p r o p o ne el  n o m b re del  c a n d i d a t o,  la  m a g i s t r a t u ra  q ue  p r e t e n de  o c u p ar (aed. = “(;di\”), la

f ó r m u la  a b r e v i a d a  p a ra  p e d ir la  v o t a c i ón 0(ro) V(os) F(aciatis)  ( ” r u e go  q u e  v o s o t r o s lo

h a g á i s” =  ” v o t ad  p o r ” ), y los  i n s p i r a d o r es de la  p r o p a g a n d a.

O  e s ta  o t ra del  m i s mo  t e m a:

“A. Vettium Caprasium

Felicem aed. o. v. f. Pilippus rog(al)”(.S),

8)  C I L,  IV,  3 8 6 7:  ” V o t ad a A. Ve t io  C a p r a s io /  F é l ix  como  e d i l, os lo  p i de  F i l i p o

Pompeya no deja de ofrecernos información sobre lo que fue la vida cotidiana en una ciudad romana. La erupción del Vesubio entre el 24 de Agosto del año 79 sepultó por siglos la ciudad y congeló en el tiempo los últimos minutos de vida de sus habitantes.

candil fálico

Lámpara de aceite hecha en terracota y hallada en Pompeya, del siglo I de.C. que representa a Príapo (Museo Arquelógico de Nápoles)


FRASES DE AMOR

Los graffiti pompeyano eran efímeros. No tenían voluntad de perdurar,  pero el destino quiso que llegasen hasta  hoy, dando una buena muestra de las inquietudes, del día a día de  aquellas personas.

- Nos hemos meado en la cama; realmente / somos una calamidad. / ¿Quieres los motivos, posadero? ¡No había / ningún orinal!

- Quío, espero que tus pústulas ulcerosas se abran de nuevo y que te abrasen más aún que hasta ahora

- Marco estuvo aquí

- Salud al que ame, muerte al que no sepa amar

- Vibio Restituto durmió solo aquí y echaba de menos a su querida Urbana

- Celadus el Tracio hace suspirar a las chicas

- Apollinaris, médico del Emperador Tito, fue bien de vientre aquí

- Esperanza, de complacientes maneras, nueve ases

- Me asombra, oh pared, que aún no te hayas derrumbado bajo el peso de las tonterías de tantos escritores

Los graffiti pompeyanos son testimonios ricos para indagar la vida sexual de la antigüedad, donde figuran los registros de las proezas y dotes sexuales. Es el caso del que anotó «Hapocras folló aquí estupendamente».

Aparecen también conductas sexuales, como la fellatio y la homosexualidad, registradas a modo de desprecio («Cosmo, gran invertido y mamón»),

o con ánimo de sorna en la inscripción que dice «no te dediques a chupar coños fuera de casa. Hazlo adentro». Sin embargo, el imperativo «chúpame la verga» parece más cercano a una actitud de liberalidad sexual. Es que en la obscenidad de los graffiti hay una virtud casi terapéutica: lo breve, anónima y atrevida de la inscripción refleja así un momento pulsional y pasional, como el regodeo de una mirada libertina diciendo «Menéate, mamón».

Cabe acotar que muchos graffiti generaron reacciones -también espontáneas- apreciables en agregados hechos por otras manos, y también en dibujos fálicos. Así, sobre el fogón de un panadero se lee «Aquí tiene su morada (un falo) la Felicidad»; un gesto burlón y, a la vez, muestra de la decadencia de las costumbres antiguas pues lo fálico como atributo de los dioses fue transformándose en símbolo puramente erótico.

Floronio, soldado perteneciente a la VII legión ha estado aquí y las mujeres, salvo unas pocas, no lo «conocieron», pero éstas «se sentaron».

Harpocras folló aquí estupendamente con Drauca por un denario.

Satir, no te dediques a chupar coños fuera de casa. Hazlo dentro.

A mí, a mí, chúpame la verga.

(En la pared de una habitación) Lancen gritos de dolor, mujeres; quiero dar por culo.

Dioniso, a la hora que le da la gana puede follar.

Cosmo, hijo de Equicia, gran invertido y mamón, es un pierniabierto.

Menéate, mamón.

Isidoro puteolano, esclavo nacido en casa, cunnilinguamente.

El amor es más fuerte

Los más extremos dejan asentada una consiga repetida: «¡Salud al que ame, muerte al que no sepa amar!». En otros casos aparecen fragmentos de poemas y de textos literarios como los dos últimos citados en la columna paralela (aunque en el primero una mano secreta y burlona lo enriqueció notablemente). De todos modos, sigue pareciendo muy dulce el gesto de quien, al regresar a casa, leía: «Todo enamorado es un soldado».

(En una basílica pompeyana) Tú, en verdad, me guías. (Más abajo) Cuando escribo me dicta Amor, y Cupido guía mi mano. ¡Ay! ¡Que me muera si quisiera ser un dios sin ti!

¡Salud al que ame; muerte al que no sepa amar!

(En la entrada de una basílica) Vida mía, mi delicia, vamos a retozar un poquito. Imaginemos que este lecho es un campo llano.

(En la pared de una casa de un médico) Ojalá pudiera tener tus tiernos brazos rodeando mi cuello y librar besos de tus tiernos labios. Muchas veces yo, despierta a altas horas de la noche, desamparada, me decía a mí misma: muchos a los que la Fortuna ensalza luego de repente los abate y pisotea. De igual modo tan pronto como Venus une a los enamorados el día los separa.

R O M A-A M O R

(En una columna) Que intente encadenar a los vientos e impida brotar a los manantiales el que pretenda separar a los enamorados.

Con el embrujo de tus ojos me has hecho arder de pasión, y ahora das rienda suelta a las lágrimas por tus mejillas, pero las lágrimas no pueden apagar mis llamas. (Otra mano) Los vecinos se ven obligados a intervenir en el incendio porque las llamas podrían propagarse rápidamente.

(En la entrada de una casa) Todo enamorado es un soldado.

(En una pintura en la que figuran dos patos) Los que se aman llevan, como las abejas, una vida melosa. (Otra mano comenta) ¡Cuánto me gustaría a mí! (Otro también añade) Los enamorados carecen de penas.

(En la pared de una habitación de una casa) Vibio Restituto durmió solo aquí y echaba de menos a su querida Urbana.

Ta’ dura la calle…

La prostitución y el comercio sexual eran también comunes en los graffiti de Pompeya: el nombre, las cualidades para el cliente y el precio son los datos recurrentes y básicos -como lo es hoy en los diarios-.

Soy tuya por dos ases de bronce.

Lais chupa por dos ases.

Félix chupa por un as.

Esperanza, de complacientes maneras, nueve ases.

Chistes viejos

(En la panza de un cántaro antes de cocerlo)
Quienquiera que hace el amor con chicos y chicas sin límite ni medida no administra bien su dinero.
Tómate una cocinera; así, cuando te venga en gana, puedes servirte de ella.

(Debajo de dos falos)
Veo dos vergas. Yo, el lector, soy la tercera.

Me he meado en la cama. Lo confieso, he cometido un pecado, pero si me preguntas, hospedero, la razón, te diré: no tenía orinal.

(En el estuco de una puerta)
Considera atentamente esta adivinanza de Epafra: lo meto en un lugar negro, lo saco rojo

Animarse a más

Aquí yo follé la boca y el culo de Calínco.

Agátopo, Prima y Epafrodito en un «triángulo».

Y siempre están los osados, los ocurrentes que se salen de la serie. Desde ellos, desde la soez y la expresión brutal, es posible apreciar la fuerza de la lengua, con los riesgos que tiene toda traducción literal (Sobre el particular, preferimos los vocablos argentinos antes que los del castellano neutro por una cuestión puramente estética al autor de estas líneas).

(Debajo de un falo en bajorrelieve) Cuando me da la gana, me siento en él.
Un coño peludo se folla mucho mejor que uno depilado. Aquella retiene mejor los vahos y tira, al mismo tiempo, de la verga.

Esa fuerza invisible que tiene la lengua, en especial la popular, hace que un garabato de la antigüedad nos suene familiar. Cuando eso sucede, los pompeyanos dejan de ser ellos, y comparten un código común de intuición e intención en todas las personas: un nosotros. La permanencia de lo efímero está en la frescura de los graffiti, rasgo de una auténtica vitalidad que nos viene del pasado, como si no hubiera pasado:

«Nosotros habitamos aquí: que los dioses nos hagan felices.»

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