14 feb 10

En la antigüedad clásica escritores como Heródoto, Platón, Jenofonte, Ateneo y muchos otros exploraron los aspectos del amor homosexual en la Antigua Grecia. La más extendida forma de relación sexual homosexual se daba entre hombres adultos y chicos adolescentes, conocida como pederastia. No está claro cómo se veían las relaciones entre mujeres en la sociedad, pero existen ejemplos tan antiguos como el de Safo de Lesbos

Archivo:Pederastic courtship Louvre CA3096 n2.jpg

Escena de cortejo pederasta en un vaso griego

Louvre CA3096 n2

En la Antigua Grecia no se concebía la orientación sexual como identificador social, cosa que sí se ha hecho en las sociedades occidentales en el último siglo. La sociedad griega no distinguía el deseo o comportamiento sexual por el sexo biológico de quienes participaran, sino por cuánto se adaptaba dicho deseo o comportamiento a las normas sociales. Estas normas se basaban en el género, la edad y el estatus social[5] . Existe poco material original sobre cómo consideraban las mujeres la actividad sexual.

DOS PUNTOS DE VISTA

Principalmente, hay dos puntos de vista sobre la actividad sexual masculina en la antigua sociedad griega. Algunos eruditos, como Kenneth Dover y David Halperin, afirman que existía una marcada polarización entre compañeros “activos” y “pasivos”, penetrador y penetrado, y esta polarización activo/pasivo estaría asociada con roles sociales dominantes y sumisos: el rol activo se asociaría con la masculinidad, con un estatus social alto y con la edad adulta, mientras que el papel pasivo se asociaría con la feminidad, con un estatus social bajo y con la juventud . Según esta visión, cualquier actividad sexual en la que un hombre penetrara a alguien socialmente inferior se consideraba normal; se consideraba «socialmente inferior» a mujeres, hombres jóvenes, extranjeros, prostitutas y esclavos. Igualmente, ser penetrado, especialmente por alguien socialmente inferior, podía ser considerado vergonzoso.

Otros estudiosos, sin embargo, argumentan que las relaciones entre hombres normalmente incluían a un hombre adulto y a uno joven: el hombre mayor tomaría el rol activo. También las describen como «cariñosas», «amorosas» y «afectivas» y argumentan que la tradición griega de las relaciones homosexuales era central «en la historia griega y la guerra, la política, el arte, la literatura y la educación, resumiendo, en el milagro griego»

Bernard Sergent. La homosexualidad en la mitología griega

LA PEDERASTIA. ERASTÉS Y ERÓMENOS

La forma más común de relaciones sexuales entre hombres en Grecia era la paiderastia, combinación de dos vocablos griegos: παιδ- (raíz de παῖς, παιδός, ‘niño’ o ‘muchacho’) y ἐραστής (erastēs, ‘amante’; cf. erotismo). De este término, que significaba ‘amor de niño’, proviene la palabra pederastia. La pederastia, tal como se entendía en la antigua Grecia, era una relación entre un hombre mayor y un joven adolescente. En Atenas el hombre mayor era llamado erastés y se encargaba de educar, proteger, amar y dar ejemplo a su amado. El joven era llamado erómeno, y su retribución al amante era su belleza, juventud y compromiso.

Existían elaborados protocolos sociales para proteger a los jóvenes del deshonor asociado a ser penetrado. Se esperaba que el erómeno respetara y honrara al erastés, pero no que lo deseara sexualmente. Aunque ser cortejado por un hombre mayor era prácticamente una prueba de hombría para los jóvenes, un joven con deseo sexual recíproco para con su erastés debía afrontar un estigma social considerable[5] .

Los antiguos griegos, en el contexto de las Ciudades-estado pederastas, fueron los primeros en describir, estudiar, sistematizar y establecer la pederastia como institución social y educacional. Era un elemento importante de la vida civil, militar, filosófica y artística. Existe cierto debate entre los expertos sobre si la pederastia se daba en todas las clases sociales o si estaba mayoritariamente limitada a la aristocracia.

La moralidad de la pederastia fue exhaustivamente analizada en la Antigua Grecia, siendo considerados algunos de sus aspectos como infames y otros como lo mejor que la vida podía ofrecer. En el diálogo platónico de las Leyes, la pederastia carnal es descrita como “contraria a la naturaleza”; sin embargo, los interlocutores de este diálogo reconocen que una iniciativa por la abolición de la pederastia sería impopular en la mayoría de las ciudades-estado griegas

Pederastia entre militares

El Batallón Sagrado de Tebas, una unidad militar separada del resto y reservada únicamente a hombres y sus jóvenes amados, es normalmente considerado como el primer ejemplo de cómo en la Antigua Grecia se usaba el amor entre soldados en la tropa para estimular su espíritu combativo. Los tebanos atribuían al Batallón Sagrado el poder de Tebas durante la generación anterior a su caída ante Filipo II de Macedonia, que quedó tan impresionado ante su valor en combate que mandó construir un momumento que aún hoy se mantiene en pie en el lugar donde se enterró a los soldados. También criticó duramente las opiniones que los espartanos tenían del Batallón. Dice Plutarco en su obra Pelópidas:

Perezcan los que hayan podido pensar que entre semejantes hombres haya podido haber nada reprensible.

En la misma obra, Plutarco cita también la opinión de Pamenes de Tebas:

El Néstor de Homero no fue muy habilidoso capitaneando un ejército cuando ordenó que los griegos formasen por tribus (…), pues debía haber unido los amantes con sus amados. Porque los hombres de la misma tribu se valoran muy poco los unos a los otros cuando el peligro acecha; pero un grupo cimentado en la amistad basada en el amor nunca será separado pues, temiendo la afrenta, los amantes por los amados, y éstos por aquellos, así perseveran en los peligros los unos por los otros.[12]

Estas uniones, están reflejadas en episodios de la mitología griega, como la heroica relación entre Aquiles y Patroclo en la Ilíada, donde al parecer su unión estimuló tanto la moral como la valentía. Las uniones en el ejército tomaban la forma típica de pederastia, siendo las relaciones más igualitarias escasas. Estas relaciones han quedado documentadas por muchos historiadores griegos y en discursos filosóficos, así como en descorteses menciones como la de Filipo II de Macedonia, recogida por Plutarco:

Encontramos que la mayoría de las naciones guerreras son más adictas al amor, como los beocios, los lacedemonios y los cretenses. Y entre los más antiguos héroes ninguno fue tan amoroso como Meleagro, Aquiles, Aristómenes, Cimón o Epaminondas; el último de los cuales tuvo como concubinos a Asópico y a Cafisodoro, que fue asesinado junto a él en la Batalla de Mantinea y yace enterrado muy cercano a él.

Durante la Guerra Lelantina entre Eretria y Calcis, antes de una decisiva batalla los calcidianos pidieron ayuda a un guerrero llamado Cleómaco. Él respondió a su petición, llevando a su amante para que observara. Liderando la carga contra los eretrios llevo a Calcis a la victoria pagando como precio su propia vida. Los calcidianos le erigieron una tumba en el mercado en gratitud, y adoptaron la pederastia.

Amor entre hombres adultos

Artículo principal: Homosexualidad

Dada la importancia que se daba en la sociedad griega al cultivo de la masculinidad en los hombres adultos, y la feminidad que se asociaba a ser penetrado en las relaciones homosexuales, las relaciones entre hombres adultos de estatus social comparable se consideraban controvertidas, y normalmente iban acompañadas de estigmatización social. Aunque se consideraban normales si eran continuación de una antigua relación pederasta, cuando el eromeno ya había llegado a la madurez, como indicaba el refrán: «Puedes levantar un toro si lo portaste de ternero».[14] Se pueden encontrar también este tipo de relaciones tanto en el registro histórico como en los mitos.

Patroclo y Aquiles

La primera aparición registrada de una unión emocional profunda entre hombres antiguos en la antigua cultura griega fue en la Ilíada (800 a. C.). Aunque Homero no describe explícitamente la relación entre Aquiles y Patroclo como sexual, al inicio de la antigüedad clásica (480 a. C.) los dos héroes fueron interpretados como iconos pederásticos. Al sentirse los antiguos griegos incómodos con cualquier percepción de Aquiles y Patroclo como adultos en igualdad de condiciones, trataron de establecer una clara diferencia de edad entre ambos. Había desacuerdo en cuanto a quién ejercía de erastés y quién de erómeno, ya que la tradición homérica sugería que Patroclo era mayor pero Aquiles el dominante. Otras opiniones de la antigüedad eran que Aquiles y Patroclo eran simplemente muy buenos amigos.

Esquilo, en su tragedia Mirmidones, dibujaba un Aquiles protector ya que había vengado la muerte de su amante aun cuando los dioses le hubieran advertido de que le costaría la propia vida. Fedro por su parte afirma que Homero enfatizó la belleza de Aquiles, lo que lo definiría a él, y no a Patroclo, como erómeno.

Parejas históricas de hombres adultos

Se conocen muchas parejas de hombres adultos en la historia, en las que ambos son adultos. Entre éstas la de Eurípides, en la setentena, con Agatón de Atenas, de unos cuarenta. El legendario amor entre Alejandro Magno y su amigo de la infancia, Hefestión, se considera según teorías acerca de las relaciones personales de Alejandro Magno una relación de este tipo.

EL TÉRMINO SODOMÍA

El término sodomía proviene del nombre de la antigua ciudad de Sodoma (Sedom en hebreo, derivado de la raíz sod= secreto), la cual según la Biblia fue destruida por Dios por sus muchos pecados . En el habla actual se identifica con la práctica del sexo anal porque los sodomitas pretendieron abusar sexualmente de los mensajeros enviados a rescatar a Lot, cuando la ciudad ya estaba condenada por lo grave de sus múltiples pecados, que en este caso particular de los mensajeros fue más bien una violación de las Leyes de la hospitalidad, puesto que la violación física ni siquiera se consumó.

Con una visión reduccionista, de entre los pecados que la ciudad de Sodoma cometía se resalta sólo la práctica del sexo anal entre varones homosexuales; de hecho, en el imaginario popular y clerical la razón del castigo era la práctica de la homosexualidad (por lo menos masculina) por parte de los sodomitas, la cual pasó a llamarse sodomía.

LAS PRIMERAS PERSECUCIONES CONOCIDAS DE LA SODOMÍA

Las primeras persecuciones de homosexuales por sodomía son de mitad del siglo VI, cuando el emperador bizantino Justiniano y su esposa Teodora prohíben los «actos contra natura» por motivos políticos, amparándose en razones religiosas.[2] La ley preveía como castigo la castración y el paseo público por las calles. No hay pruebas de que la iglesia ortodoxa jamás apoyara el edicto.

Hasta el siglo XIII, la sodomía no era castigada en la mayoría de los países europeos, no era más que uno de tantos pecados que aparecían en los textos eclesiásticos. La actitud cambió en el transcurso de las Cruzadas, en las que la propaganda antiislámica identificaba a los musulmanes con sodomitas que violaban a obispos y niños cristianos.[3] Poco después se identificaba la sodomía con la herejía y entre 1250 y 1300 se introdujeron leyes que castigaban con la muerte dicho pecado. Estas leyes se emplearon sobre todo como herramientas políticas, como fue el caso de los templarios o del asesinato de Eduardo II de Inglaterra, o en casos de peligrar la paz social, como en casos de violaciones o pederastia.[2] [4] En general, la homosexualidad estaba bastante extendida,[4] siendo el elemento clave la discreción. En algunos lugares, como Londres y Ámsterdam (en 1730 y 1733), se dieron olas de persecución contra los sodomitas.

personal.us.es/…/homosexualidad_sodomia.ht

EL ORIGEN DEL TÉRMINO”MARIPOSAS”

El que fuera confesor en la Cárcel de Sevilla, el jesuita Pedro de León, denominó “mariposas” a los que practicaban la sodomía. Las mariposas, tentadas por la atracción de la llama, vuelan adelante y atrás, cada vez acercándose más y más al fuego. En un primer vuelo, una mariposa revolotea cerca de las llamas de un fuego y sólo se quema un ala. Pero la tentación del fuego es demasiado grande. Revolotea cada vez más cerca y se quema otra parte de sí hasta que al final se quema totalmente. Los sodomitas que no se enmiendan, llevados por el pecado acabarán por fin en el fuego como mariposas, aseguraba el padre León. Así contaba un caso que atendió en la Cárcel Real de Sevilla en 1592:

“La historia de este alguacil -un tal Quesada- es que él tenía casa de juego y acogía allí algunos mocitos de los pintadillos y galancitos, y a unos procuraba palparlos y tocarles las manos y caras, y a otros procuraba inducir al pecado consumado.

Al fin vino a parar en el fuego y como suelo decir (y aquel día que lo mataron lo dije), que los que no se enmiendan y se andan en las ocasiones de pecar son como las mariposillas, que andan revoloteando por junto a la lumbre: que de un encuentro se le quema un alilla, y de otro un pedacillo, y de otro se quedan quemadas; así los que tratan de esta mercaduría una vez quedan tiznados en sus honras y otra vez chamuscados y, al fin, vienen a parar en el fuego.”

“Compendio…”, Apéndice de los ajusticiados (pág. 480)

Este fuego no era una metáfora. El pecado nefando se castigaba con la hoguera si era mayor de edad o con azotes si menor. Según el “Apéndice” del padre León, en los treinta ocho años de su ministerio (1578-1616) hubo unos 114 casos en Sevilla. Para él, una vez probado el placer prohibido, era muy difícil dejarlo y tenía mal remedio. Hablando de un clérigo de misa encartado dice que “la experiencia nos ha demostrado cuán pocos son los que se enmiendan de este vicio bestial, y el fuego solamente es el que hace este oficio“.

LA QUEMA DE SODOMITAS EN GRANADA Y SEVILLA ,SIGLO XVIII

Los tribunales de Granada y Sevilla, junto con el Tribunal de la Casa de la Contratación, instruyeron 175 casos de sodomía entre 1560 y 1699, en los que sentenciaron a unos cincuenta sodomitas a la hoguera. Y esos eran los descubiertos. Como con las prostitutas arrepentidas, debemos suponer que eran muchísimos más los ocultos, los que permanecían “en el armario”, según la expresión actual. Esto lo confirmaba el P. León cuando decía “que no son los mayores pecadores los que mueren quemados, que otros hay que nos los prenden“.

san Sebastian
No es lo que parece, es San Sebastián -fijénse en las flechas- pintado por Angelo di Cosimo, 1525 (Museo Thyssen-Bornemisza) [5]

LOS PUTOS AGENTES O PACIENTES

El lugar más habitual de la actividad en Sevilla eran la Huerta del Rey y las casas de juego del Arenal, por donde merodeaban los putos “agentes” o “pacientes, como se les llamaba entonces. A muchos se les distinguía por sus vestidos, pinturas y afeites, otros permanecían en la clandestinidad. Cita Pedro de León a un “mocito hermoso”, Francisco Galindo, que “andaba con tantas galas que parecía más mujer que hombre; las cuales dicen que le daban los que usaban con él de aquella desventura, porque siempre servía de mujer y era el paciente“.

Los pecadores eran de toda clase social y origen: nobles, clérigos, frailes, taberneros, maestros de escuelas, napolitanos, franceses, negros, mulatos, turcos …; “mocitos galanes”, “caballeritos” de 17 años y niños -incluso los del Hospital de la Misericordia- aparecen embaucados o violados por depravados, aunque la ley los castigaba duramente: potro, azotes, exhibición y la hoguera. Salvo a los menores de edad, a los que se azotaba, se enviaba a galeras, se les encerraba y se les llevaba a ver cómo ardía el cómplice.

“Y el caso fue que el dicho Hamete (turco de nación, de Túnez) … yendo al campo a la salida de la ciudad se encontró con un muchacho de hasta nueve o diez años y comenzóle a regalar y prometerle que le había de dar esto y lo otro; y embaucado el pobre muchacho se fue con él. Y cuando lo tuvo en ese campo comenzó a quererlo forzar y acometióle fuertemente, porque el muchacho daba gritos y pedía favor de Dios y de los hombres. Y con la fuerza que le hizo el hombre hizo lo que pudo, si bien no cumplidamente la sodomía, vino a cumplir su deseo entre las pernezuelas del muchacho, el cual escapó descalabrado y de esta manera se vino al alcalde de la justicia llorando y corriendo sangre”.

La amenidad y la frescura de la Huerta del Rey, que Morgado describe como “hermoso sitio de Sevilla“, le habían convertido en el refugio de las clandestinidades sociales más comprometidas del siglo XVI. Con frecuencia apunta en este sentido la Huerta del Rey en la obra del Padre León, y siempre como aliada y cómplice de las peores debilidades. Un ejemplo valga por todos:

Don Diego Maldonado, que pertenecía a una religión de un hábito de Italia, donde se le debía de haber pegado la lacra, andaba siempre con mocitos galanes y convidándolos a meriendas, y a las huertas, y tal se encontró con uno a quien convidó a merendar en la Huerta del Rey. Estando debajo de la higuera comiendo higos, después de algunas palabras tiernas y amorosas, descompúsose él a quererle besar y pedirle que le dejase hacer su gusto con él, a lo cual el mozo dio voces diciendo: ¡al punto! ¡que me quieren forzar!, y cosas semejantes“.

Al oirse los gritos, el alguacil, que estaba preparado con anterioridad para prenderlo, corrió hacia él y lo llevó a la cárcel.

En una ciudad donde gentes de tantas procedencias y costumbres iban y venían, donde además era perceptible un superávit masculino notable, no es demasiado de extrañar el que las relaciones sexuales entre varones fuesen relativamente frecuentes. No faltaron altos varones que acabaron pagando con su vida su voluntad de llevar hasta el final su inclinación sexual. Veamos algunos casos ilustrativos.

En la Biblioteca Colombina y Capitular de Sevilla se conservan unas Efemérides que refieren la quema del noble Alonso Téllez Girón y su paje, acusados de sodomitas, el 30 de abril de 1597, además de haber asesinado a su esposa, doña Inés de Guevara. Don Alonso era Alguacil Mayor de Sevilla y administrador de los ducados de Osuna y Alcalá.

“1597 [...] en lunes 28 de abril el lic. Pedro Velarde Alcalde del Crimen de la Chansilleria de Granada [...] procedio contra D. Alonso Celles Gixon sobre la muerte de Dña Ines de Guerara su muger defunta y sobre lo demás conttenido en su proceso: lo condeno aque fuese llevado por las calles públicas de Sevilla [..] hasta el campo fuera de la puerta de Jerez donde se le diese primero garrote y luego quemado por el pecado nefando [...] y en perdida de todos su bienes; yba D. Alonso en mula de silla, vestido de luto y con el su paje con quien cometia el delito con opa blanca en albarda a los quales dos quemaron en el quemadero de la Inquisicion en treinta deste mes de abril”

En agosto de 1567 fue ejecutado don Alonso Henríquez de Guzmán por el mismo delito:

1567 [...] en 29 de dicho ajusticiaron a Don Alonso Henrriques de Guzmán por el pecado nefando y a un mancebo con quien estando preso lo comettia…

En diciembre de 1544 fueron quemados por “el pecado nefando” nada menos que veinte hombres, posiblemente un grupo clandestino más o menos organizado para captar adeptos o comprar los servicios de prostitutos profesionales.

Hacia 1578, el poeta Vicente Espinel se escandalizaba de la floración de sodomitas sevillanos:

¡Oh! Caso horrendo, mísero y terrible
es ver la juventud del suelo vándalo
envuelta en sodomía incorregible;
el melífluo mozuelo oliendo a sándalo
con blanduras del rostro y alzacuello,
moviendo al cielo a ira, al mundo a escándalo

Y eso que, incluso en los bajos fondos, la sodomía tenía peor reputación que el robo, si seguimos el texto de “Rinconete y Cortadillo”, de Cervantes, que se desarrolla precisamente en la Sevilla del Quinientos:

“Y ¿con sólo eso que hacen, dicen esos señores -dijo Cortadillo- que su vida es santa y buena?-Pues ¿qué tiene de malo? -replicó el mozo-. ¿No es peor ser hereje o renegado, o matar a su padre y madre, o ser solomico?

-Sodomita querrá decir vuesa merced -respondió Rincón.

-Eso digo -dijo el mozo.

-Todo es malo -replicó Cortado-. Pero, pues nuestra suerte ha querido que entremos en esta cofradía, vuesa merced alargue el paso, que muero por verme con el señor Monipodio, de quien tantas virtudes se cuentan.”

rinconete cortadillo

La sodomía llegó a ser conocida como el crimen contra naturam, peccatus, crimen nefandum, pecado nefando, crimen cometido contra el orden natural, nefando pecado contra natura, el pecado, la sodomía, crimen atrocisimus. Y a un sodomita se le llamaba sodomita, sodomista, sodomético, sométicos, puto, marica, maricón o bujarrón. Este último término tendía a connotar un “placer por la penetración anal” y un amor por los muchachos jóvenes.

Como otros males, era habitual imputar el origen del vicio a los extranjeros, en particular a los italianos, que abundaban en la Sevilla del Quinientos. (Recuérdese que la sífilis también se había imputado a los itálianos, entre otros). En algunas ocasiones, esta sospecha de “tocados por el pecado nefando” de los italianos dió lugar a encontronazos como el simpático caso referido por el P. León, habido entre un estudiante manteísta y un barbero:

“Mucho mejor le venía a este desdichado el usar el remedio que el otro estudiante de Madrid: que habiendo quemado la Justicia a un barbero italiano por el pecado nefando, se fue él a quitar el cabello a casa de otro barbero de la misma nación y al sentarse quitóse el manteo, y el italiano vio cómo traía una esportilla terrera, el envés afuera, muy encajada en las asentaderas y fuertemente atada. El estudiante le respondió, que ya sabía cuán peligroso estaba el tiempo y que siendo su merced barbero italiano le pareció que convenía venir semejantemente prevenido. El maestro lo llevó muy mal y asiéronse a palabras, y de ahí a las manos y mojicones a tiempo que un alguacil los vio y llevó presos.”

Sigamos viendo casos. En 1585 fueron ejecutados Salvador Martín y Alonso Sánchez; su historia es sumamente reveladora de la realidad sevillana. Habían sido inducidos a la sodomía por Diego Maldonado, aficionado a relacionarse con mozuelos a los que pagaba generosamente por sus servicios y con los que solía reunirse para organizar orgías en la Huerta del Rey. Al ser detenido, Maldonado delató a Francisco Galindo, sodomita y alcahuete que trabajaba para caballeros y clérigos de la ciudad; Galindo, a su vez, encartó al verdadero cerebro de la red, Machuco el Negro; era un antiguo esclavo que había conseguido adquirir la carta de libertad gracias al dinero que le pagaban sus clientes para buscarles partenaires, y que tenía como ayudante principal en sus tareas a un mulato.

UNO DE LOS CASOS MÁS SONADOS DE SODOMÍA-PROSTITUCIÓN MASCULINA

A 1590 corresponde otro de los casos más sonados que dejaron al descubierto la organización de una red clandestina de prostitución masculina. Un alguacil de apellido Quesada detentaba de forma oculta una casa de juegos que, en realidad, no era más que la tapadera de un burdel masculino. A él procuraba atraer a “algunos mocitos pintadillos y galancitos“, género que ofrecía a personas de buen caudal, como el hijo del arrendador de la renta del pescado o un canónigo de la Catedral de Granada.

Muchos otros casos de sodomía apuntó el padre León en su “Compendio“, en los que de forma menos explícita y entre líneas se puede observar el contorno de unas prácticas sexuales más extendidas de lo que en principio se pudiera pensar.

“Francisco de Zárate y Mateo de Salvatierra a 14 de febrero [de 1579] fueron quemados por tocamientos deshonestos que entre sí tuvieron estando acostados juntos en una cama. Oyéronlos, que estaban retozando el uno con el otro y hablando palabras deshonestas y palpándose. Estos dos eran mozuelos de hasta diecisiete años y venían en una compañía de soldados, y su capitán, con su asesor, los condenó a quemar.”"Juan de Quevedo, en 30 de marzo [de 1579], quemado por el pecado nefando. Este hombre era maestro de escuela en Utrera y con los muchachos, sus discípulos, pecaba.”

“[N.N.] 17 de junio de 1579, por bestialidad con una borrica, fue quemado y ahorcada la borrica como manda la ley.”

Otras fuentes son coincidentes a este respecto. El 19 de abril de 1600 fueron quemados nada menos que quince acusados de sodomía, un número que nos hace pensar en una comunidad activa y secreta. Tres años más tarde era un sacerdote, Francisco Inhiesta, el procesado por sostener la errónea opinión de que la sodomía no era pecado si se pagaba al cómplice, tal y como él habia hecho en numerosas ocasiones aprovechando el momento de la confesión.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/thumb/5/5c/Burning_of_Sodomites.jpg/350px-Burning_of_Sodomites.jpg

Quema de sodomitas

Tal era la obsesión por extirpar el pecado nefando que alguna que otra vez fueron condenados personas inocentes, por malos entendidos. Así nos cuenta el padre León un caso tragicómico que el conoció a fines del XVI. Se trata de dos pobres arrieros que llegaron a Sevilla con sus mercancías. Uno de ellos tuvo necesidad de tomar un purgante y tal dosis ingirió que le quedaron “aquellas partes secretas abrasadas“. Así que no tuvo más remedio que encamarse en la posada. Allí recibe la visita de su compañero:

“¿Qué teneis, fulano, que no habeis parecido por allá? El enfermo le respondió: Pecador de mí, cómo tengo de aparecer, que estoy en esta cama padeciendo lo que Dios sabe de unas quemaduritas que me hice en el baño con un diablo de no sé qué medicina que me dieron en el baño para limpieza. Dóila yo al diablo, y nunca yo allá hubiera ido.

Veámoslas (dijo el amigo).

Y el cuitado enfermo le dijo: Cerrad esa puerta. Y cerrada asentóse en la cama el pobre enfermo y alzó la pierna para que le pudiese ver bien las llamas que tenía. Y estándoselas mirando púsole la mano en una de ellas, y apenas se la había puesto cuando le dijo: ¡Quedito, cuerpo de Dios, que me lastimáis!

La moza del mesón que estaba con cuidado por haberle oído decir al enfermo “cerrad esa puerta”, estuvo acechando por un agujero de otro aposento, pared en medio. Y viendo que el enfermo tenía las piernas en alto y el amigo tocándoselas y oyese decir al enfermo: Quedito, que me lastimáis, púsosele en aquella cabeza que estaban cometiendo el pecado nefando. Y bajó corriendo a su ama, y contóle lo que había visto y oído. El ama le mandó que luego al momento fuese a dar cuenta a la justicia, como lo hizo.

Y al punto vino el alcalde de la justicia y hallólos en el dicho aposento en buena conversación, y préndelos, y presos tomóles la confesión a cada uno de ellos. Confesaron la verdad que queda referida, de que le estaba mirando las llagas contraídas en el baño, a lo cual el alcalde dijo: ¡Abujarrones! que aun estándoos muriendo no podéis apartaros de este pecado. Mandó el alcalde de la justicia que le llamasen al verdugo para darles tormento.” Tras múltiples torturas, confesaron lo que no habían hecho “y estando ya confesos, los sentenció a quemar y la Audiencia confirmó la sentencia de fuego”.

“Compendio…” del Padre León

ganimedes El rapto de Ganímedes (Rubens 1636) ha sido visto como una alegoría mitológica de la homosexualidad.

Cuenta la mitología que Ganímedes era un príncipe troyano que cuidaba los rebaños de su padre, el rey de Troya; era el más bello de los mortales. Zeus, enamorado de la belleza de Ganimedes, lo raptó y lo llevó al Olimpo convirtiéndolo en copero de los dioses en compañía de Hebe, hija de Zeus y de su esposa Hera.

La versión más frecuente del rapto de Ganimedes es la de que Zeus se transformó en águila, animal favorito del dios y lo llevó entre sus garras al Olimpo, sede de los dioses. Zeus en compensación por el rapto regaló al padre de Ganimedes una copa de oro y unos caballos divinos. Ganimedes pasó a formar parte del cielo como la constelación Acuario.

El relato que del rapto y sus consecuencias hace Ovidio en las “Metamorfosis” fue el que más influencia ejerció en los artistas del Renacimiento, que convirtieron la relación del rey de los dioses con el joven troyano en metáfora del amor homosexual. (ver “Ganímedes en el Renacimiento : la homosexualidad en el arte y en la sociedad”; James M. Saslow ; traducción de Belén Fortea Peredo; Madrid Nerea, 1989)

(Museo del Prado)

Concluyendo. En la pícara Sevilla del Siglo de Oro, Babilonia en la jerga de la germanía, no habían de faltar refinamientos sexuales de toda calidad, forma y condición. Al fin y al cabo, el oro todo lo consigue (y lo corrompe, según voces de la época), y en pocas urbes del mundo corrió nunca tanto oro como a orillas del Betis.

Pero no creamos que era sólo en Sevilla. El “sexo contra natura” tuvo un desarrollo notable en esta época en España. El profesor Carrasco, en su obra “Inquisición y represión…”, ha documentado la siguiente información. Entre 1450 y 1700, el Tribunal Inquisitorial instruyó 380 casos por sodomía en Valencia, otros 791 en Zaragoza y 453 en Barcelona. En Valencia, el tribunal sentenció a la hoguera a 37 hombres entre 1566 y 1775, la gran mayoría entre 1616 y 1630, justo durante el auge de la Contrarreforma. Los tribunales no condenaron a la pira a ningún sodomita después de 1630; en lugar de eso los condenaron al cadalso, a que se les administraran latigazos o al destierro perpetuo del Reino. En Castilla este cambio ocurrió en la última década del siglo XVII.

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