26 jul 09


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¿Es éste Julio César?

historiayarqueologia.wordpress.com/page/26/-

13/05/2008 Un busto de mármol descubierto en la ciudad francesa de Arles, durante unas prospecciones arqueológicas submarinas, es la representación de Julio César de mayor edad conocida en la actualidad, anunció hoy el Ministerio francés de Cultura.

El busto, de tamaño natural, del fundador de la Arles romana, representa a César (100 a.C.-44 a.C,) con varios signos de vejez, como la calvicie y  arrugas en su  rostro, lo que permite datarla en la época de la fundación de esta ciudad del sureste de Francia.

Según el comunicado, se trata de una pieza ‘única en Europa’.

Entre los tesoros encontrados también hay una estatua de mármol de Neptuno, de cerca de 1,8 metros de altura,  datada en el primer decenio del siglo III después de Cristo, una estatua de bronce del sátiro Marsias de unos 70 centímetros de altura, probablemente de origen griego helenístico  y una estatua de bronce de Victoria de unos 70 centímetros de altura.

También se localizaron una base de soporte de un león en material calcáreo local, un capitel corintio de mármol, fragmentos de capiteles con hojas de acanto, dos estelas, un altar y columnas.

La titular francesa de Cultura, Christine Albanel, se felicitó de estos descubrimientos submarinos ‘excepcionales’ que ‘han sacado a la luz numerosos elementos del estatuario antiguo, algunos de los cuales son únicos en Europa’.

Estos hallazgos han sido obra del Departamento de Investigaciones Arqueológicas Subacuáticas y Submarinas del Ministerio de Cultura, que tiene programada una segunda operación el próximo verano. De momento, se tienen localizados dos pecios bajo el agua.

Fuente:  http://actualidad.terra.es/

Nota de Prensa Oficial y Foto a mayor resolución (en francés).

bitacora.eniac2000.com/?tag=cesar: ¿El busto de César?En este artículo, el autor presenta una traducción del artículo “Falsa alarma: El busto que el arqueólogo submarino francés ha sacado del Ródano en Arles no representa a Julio César” de Paul Zanker, arqueólogo clásico y ex-Director del Instituto Alemán de Arqueología en Roma, cargo que desempeño hasta su jubilación.

Las líneas principales del artículo son las siguientes:

Las únicas imágenes ciertas de César ,  realizadas en vida , e son las monedas acuñadas con su efigie. Estas imágenes guardan un gran parecido con un busto encontrado en Tusculum, antigua   ciudad latina aliada de Roma, en el siglo XIX, así como con otros bustos de tipo Vaticano-Pisa que, aunque de fechas posteriores a la muerte de César y un tanto idealizados, son muy similares al anterior.

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Moneda con cabeza de César

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El nuevo busto encontrado en el Ródano, por el contrario, no guarda gran parecido con estos bustos, ni gran parecido con las monedas:

La nueva cabeza es, de hecho, sólo uno de los muchos retratos de los tiempos de César y del joven Augusto, los cuales en su flaqueza, su corte de la cabeza, su frente arrugada y sus profundas entradas en la frente recuerdan a César, sus fisonomías individuales no obstante se diferencian. Se trata según este esquema de caras de una “cara típica” de la época, que quizás de todas las estatuas de César presentes por todas partes podría ponerse de moda.

Busto de César tipo Tusculum

Busto de César tipo Tusculum

Por lo tanto, en opinión de este experto, el busto del Ródano no se corresponde con el de César. En cuanto a mi opinión, teniendo en cuenta que soy absolutamente lego al respecto, y sin ningún fundamento en el que basarme, coincide con la de este experto. Nunca tuve la sensación de que este busto cuadrara con el personaje. Aunque es lo malo de las imágenes mentales: suelen hacer que te decepciones con la realidad.

Busto de César idealizado

Busto de César idealizado

Pese a todo, sería interesante saber a quién corresponde en realidad el busto. Bien si es César, o cualquier otra persona. Por cierto: por alguna razón, el nombre que se me vino por primera vez a la cabeza al ver el busto fue Quinto Casio Longino.

BIOGRAFÍA:
GAIUS IULIUS CAESAR o Cayo Julio César nació el día 13 del mes que los romanos conocían como Quintilis y que a su muerte tomó su nombre “Julio”. El año fue el 100 a.C. año 653 desde la fundación de Roma. Hasta su asesinato, ocurrido el 15 de marzo del año 44 a.C., César ascendió en el duro escalafón romano para convertirse en el Primer Hombre de una Roma que vivía una profunda crisis política y social que él trató de solventar aplicando su genio y su ascendiente sobre el pueblo romano.

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El cadáver de César-

Su esfuerzo le costó la vida, pero lo que sus asesinos no pudieron imaginar fue que su grandiosa obra habría de sobrevivirle aún 500 años tras su muerte en Occidente y 1.000 en Oriente, dando a la Humanidad el mayor legado cultural de toda la Historia: el IMPERIO ROMANO cuyo arquitecto fue César y su constructor su heredero político, su sobrino-nieto Octavio, más tarde llamado Augusto.

Durante la primera mitad del siglo I a.C. Cinco hombres tratarían de solucionar los gravísimos problemas que amenazaban Roma: Mario, Sila, Pompeyo, César y Craso
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El asesinato de César por William Shakespeare

http://lineadeflotacion.blogspot.com/2007/06/como-cont-alguna-vez-en-este-blog-curs.html
La escena completa, ahora en español, es la siguiente:
Bruto y Marco Antonio se dirigen al pueblo, inmediatamente después del magnicidio.
(Entran Bruto y Casio y una turba de ciudadanos.)
Ciudadanos: ¡Queremos que se nos dé una ex­plicación! ¡Que se nos explique!
Bruto: Pues seguidme y escuchad, amigos. Ca­sio, id a la calle contigua y dividid la multitud. Los que deseen oírme, quédense aquí. Los que deseen acompañar a Casio, vayan con él, y se expondrán públicamente las razones de la muerte de César.
Ciudadano primero: Yo quiero oír hablar a Bruto.
Ciudadano segundo: Yo, a Casio, y así comparar sus razones cuando hayamos oído separadamente a uno y otro.(Sale Casio con algunos ciudadanos. Bruto ocupa la tribuna.)
Ciudadano tercero: ¡El noble Bruto ocupa la tribuna! ¡Silencio!
Bruto: Tened calma hasta el fin. ¡Romanos, compatriotas y amigos! Oídme defender mi causa y guardad silencio para que podáis oírme. Creedme por mi honor y respetad mi honra, a fin de que me creáis. Juzgadme con vuestra rectitud y avivad vuestros sentidos para poder juzgar mejor. Si hubiese alguno en esta asamblea que profesará entrañable amistad a César, a él le digo que el afecto de Bruto por César no era menos que el suyo. Y si entonces ese amigo preguntase por qué Bruto se alzó contra César, ésta es mi contestación: “No porque amaba a César menos, sino porque amaba más a Roma.” ¿Preferiríais que César viviera y morir todos esclavos a que esté muer­to César y todos vivir libres? Porque César me apreciaba, lo lloro; porque fue afortunado, lo celebro; como valiente, lo honro; pero por ambicioso, lo maté. Lágrimas hay para su afecto, gozo para su fortu­na, honra para su valor y muerte para su ambición. ¿Quién hay aquí tan abyecto que quisiera ser esclavo? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! ¿Quién hay aquí tan estúpido que no quisiera ser ro­mano? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofen­dido! ¿Quién hay aquí tan vil que no ame a su patria? ¡Si hay alguno, que hable, pues a él he ofendido! Aguardo una respuesta.
Todos: ¡Nadie, Bruto, nadie!
Bruto: ¡Entonces, a nadie he ofendido! ¡No he hecho con César sino lo que haríais con Bruto! Los motivos de su muerte están escritos en el Capitolio. Su gloria no se amengua, en cuanto la merecía, ni se exageran sus ofensas, por las cuales ha sufrido la muerte.
(Entran Antonio y otros con el cuerpo de César.)
Aquí llega su cuerpo, que doliente conduce Marco Antonio, que, aunque no tomó parte en su muerte, percibirá los beneficios de ella, o sea un pues­to en la República. ¿Quién de vosotros no obtendrá otro tanto? Con esto me despido, que, igual que he muerto a mi mejor amigo por la salvación de Roma, tengo el mismo puñal para mí propio cuando plazca a mi patria necesitar mi muerte.
Todos: ¡Viva Bruto! ¡Viva, viva!
Ciudadano primero: ¡Conduzcámoslo en triun­fo hasta su casa!
Ciudadano segundo: Erijámosle fina estatua, como a sus antepasados.
Ciudadano tercero: ¡Nombrémoslo César!
Ciudadano cuarto: ¡Lo mejor de César será co­ronado en Bruto!
Ciudadano primero: ¡Llevémoslo a su casa en­tre vítores y aclamaciones!
Bruto: ¡Compatriotas…!
Ciudadano segundo: ¡Callad! ¡Silencio! Habla Bruto.
Ciudadano primero: ¡Callad, eh!
Bruto: Queridos compatriotas, dejadme mar­char solo, y en obsequio mío, quedaos aquí con Antonio. Honrad el cadáver de César y oíd la apología de sus glorias, que, con nuestro beneplácito, pronun­ciará Antonio. ¡Os suplico que nadie, excepto yo, se aleje de aquí hasta que Antonio haya hablado!(Sale.)
Ciudadano primero: ¡Quedémonos, eh! ¡Y oiga­mos a Marco Antonio!
Ciudadano tercero: Que suba a la tribuna pú­blica y le escucharemos. ¡Vamos, noble Antonio!
Antonio
Ciudadano cuarto: ¿Qué dice de Bruto?
Ciudadano tercero: Dice que por considera­ción a Bruto le vemos en nuestra presencia.
Ciudadano cuarto: ¡Lo mejor sería que no ha­blase aquí mal de Bruto!
Ciudadano primero: ¡Este César era un tirano!
Ciudadano tercero: Sin duda alguna, y es una bendición para nosotros que Roma se haya libra­do de él.

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Ciudadano primero: Pienso que tiene mucha razón en lo que dice.
Ciudadano segundo: Si lo consideras detenida­mente, se ha cometido con César una gran injusticia.
Ciudadano cuarto: ¿Habéis notado sus pala­bras? No quiso aceptar la corona. Luego es cierto que no era ambicioso.
Ciudadano primero: ¡Si resulta, les pesará a algunos!
Ciudadano segundo: ¡Pobre alma! ¡Tiene enro­jecidos los ojos por el fuego de las lágrimas!
Ciudadano tercero: ¡En Roma no existe un hombre más noble que Antonio!
Ciudadano cuarto: Observémosle ahora. Va a hablar de nuevo.
Antonio: ¡Ayer todavía, la palabra de César hu­biera podido hacer frente al Universo!
¡Ahora yace ahí, y nadie hay tan humilde que le reverencie!
¡Oh señores! Si estuviera dispuesto a excitar al motín y a la cólera a vuestras mentes y corazones,
sería injusto con Bruto y con Casio,
quienes, como todos sabéis, son hombres honrados.
¡No quiero ser injusto con ellos!
¡Prefiero serlo con el muerto, conmigo y con vosotros,
antes que con esos hombres tan honrados!
pero he aquí un pergamino con el sello de César.
¡Oiga el pue­blo su voluntad —aunque, con vuestro permiso,
y a empapar sus pañuelos en su sagrada , sangre!
¡Sí! ¡Reclamará un cabello suyo como reliquia, y al morir lo transmitirá por testamento
como un rico legado a su posteridad!
Ciudadano cuarto: ¡Queremos conocer el tes­tamento! ¡Leedlo, Marco Antonio!
Todos: ¡El testamento! ¡El testamento! ¡Quere­mos oír el testamento de César!
Antonio: ¡Sed pacientes, amables amigos! ¡No debo leerlo!
¡No es conveniente que sepáis hasta qué extremo os amó César!
Pues siendo hombres y no le­ños ni piedras, ¡sino hombres!,
al oír el testamento de César os enfureceríais llenos de desesperación.
Así, no es bueno haceros saber que os instituye sus here­deros,
pues si lo supierais, ¡oh!, ¿qué no habría de acontecer?
Ciudadano cuarto: ¡Leed el testamento, que­remos oírlo! ¡Es preciso que nos leáis el testamento! ¡El testamento!Antonio: ¿Tendréis paciencia? ¿Permaneceréis un. momento en calma?
He ido demasiado lejos al deciros esto.
Temo agraviar a los honrados hombres
cuyos puñales traspasaron a César. ¡Lo temo!
Ciudadano cuarto: ¡Son unos traidores! ¡”Hom­bres honrados”!
Todos: ¡Su última voluntad! ¡El testamento!
Antonio: ¿Queréis obligarme entonces a leer el testamento?
Pues bien: formad círculo en torno del cadáver de César
y dejadme enseñaros al que hizo el testamento.
¿Descenderé? ¿Me dais vuestro permiso?
Todos: ¡Bajad!Ciudadano segundo: ¡Descended!(Antonio desciende de la tribuna.)
Ciudadano tercero: Estáis autorizado.
Ciudadano cuarto: Formad círculo. Colocaos alrededor.
Ciudadano primero: ¡Apartaos del féretro, apartaos del cadáver!
Ciudadano segundo: ¡Lugar para Antonio, para el muy noble Antonio!
Antonio: ¡No, no os agolpéis encima de mí! ¡Quedaos a distancia!
Varios ciudadanos: ¡Atrás! ¡Sitio! ¡Echaos atrás!
Antonio: ¡Si tenéis lágrimas, disponeos ahora a verterlas!
¡Todos conocéis este manto! Recuerdo cuando César lo estrenó.
Era una tarde de estío, en su tienda, el día que venció a los de Nervi.
¡Mirad: por aquí penetró el puñal de Casio!
¡Ved qué brecha abrió el implacable Casca!
¡Por esta otra le hirió su muy amado Bruto!
¡Y al retirar su maldecido acero, obser­vad cómo la sangre de César
parece haberse lanzado en pos de él,
como para asegurarse de si era o no Bruto el que tan inhumanamente abría la puerta!
¡Porque Bruto, como sabéis, era el ángel de César!
¡Juzgad, oh dioses, con qué ternura le amaba César!
¡Ése fue el golpe más cruel de todos,
pues cuando el noble César vio que él también le hería,
la ingratitud, más potente que los brazos de los traidores, le anonadó completamente!
¡Entonces estalló su poderoso corazón, y, cubriéndose el rostro con el manto,
el gran César cayó a los pies de la estatua de Pompeyo, que se inundó de sangre!
¡Oh, qué caída, compa­triotas! ¡En aquel momento, yo, y vosotros y todos;
caímos, y la traición sangrienta triunfó sobre nos­otros!
¡Oh, ahora lloráis y percibo sentir en vosotros la impresión de la piedad!
¡Esas lágrimas son gene­rosas! ¡Almas compasivas!
¿Por qué lloráis, cuando aún no habéis visto más que la desgarrada vestidura de César?
¡Mirad aquí! ¡Aquí está él mismo, acribi­llado, como veis, por los traidores!
Ciudadano primero: ¡Oh lamentable espec­táculo!
Ciudadano segundo: ¡Oh noble César!
Ciudadano tercero: ¡Oh desgraciado día!
Ciudadano cuarto: ¡Oh traidores, villanos!
Ciudadano primero: ¡Oh cuadro sangriento!
Ciudadano segundo: ¡Seremos vengados!
Todos: ¡Venganza! ¡Pronto! ¡Buscad! ¡Que­mad! ¡Incendiad! ¡Matad! ¡Degollad! ¡Que no quede vivo un traidor!Antonio: ¡Deteneos, compatriotas…!
Ciudadano primero: ¡Silencio! ¡Oíd al noble Antonio!
Ciudadano segundo: ¡Lo escucharemos! ¡Lo se­guiremos! ¡Moriremos con él.
Antonio: ¡Buenos amigos, apreciables amigos, no os excite yo con esa repentina explosión de tumul­to!
Los que han consumado esta acción son hombres dignos.
¿Qué secretos agravios tenían para hacerlo?
¡Ay! Lo ignoro. Ellos son sensatos y honorables, y no dudo que os darán razones.
¡Yo no vengo, amigos, a concitar vuestras pasiones!
Yo no soy orador como Bruto, sino, como todos sabéis, un hombre franco y sencillo,
que amaba a su amigo, y esto lo saben bien los que públicamente me dieron licencia para hablar de él.
¡Porque no tengo ni talento, ni elocuencia, ni mérito, ni estilo, ni ademanes,
ni el poder de la ora­toria, que enardece la sangre de los hombres!
Hablo llanamente y no os digo sino lo que todos conocéis.
¡Os muestro las heridas del bondadoso César, pobres, pobres bocas mudas, y les pido que ellas hablen de mí!
¡Pues si yo fuera Bruto y Bruto fuera Antonio, ese Antonio exasperaría vuestras almas
y pondría una lengua en cada herida de César, capaz de conmover y levantar en motín las piedras de Roma!
Todos: ¡Nos amotinaremos!
Ciudadano primero: ¡Prendamos fuego a la casa de Bruto!
Ciudadano tercero: ¡En marcha, pues! ¡Venid! ¡Busquemos a los conspiradores!
Antonio: ¡Oídme todavía, compatriotas! ¡Oídme todavía!
Todos: ¡Silencio, eh…! ¡Escuchad a Antonio…! ¡Muy noble Antonio!
Antonio: ¡Amigos, no sabéis lo que vais a hacer! ¿Qué ha hecho César para así merecer vuestros afec­tos?
¡Ay! ¡Aún lo ignoráis! ¡Debo, pues, decíroslo!
¡Habéis olvidado el testamento de que os hablé!
Todos: ¡Es verdad! ¡El testamento! ¡Quedémo­nos y oigamos el testamento!
Antonio: Aquí está, y con el sello de César. A cada ciudadano de Roma, a cada hombre, individualmente, lega 75 dracmas.
Ciudadano segundo: ¡Qué noble César! ¡Venga­remos su muerte!
Ciudadano tercero: ¡Oh regio César!Antonio: ¡Oídme con paciencia!
Todos: ¡Silencio, eh!
Antonio: Os lega además todos sus paseos, sus quintas particulares y sus jardines recién plantados a este lado del Tíber. Los deja a perpetuidad a vos­otros y a vuestros herederos como parques públicos para que os paseéis y recreéis. ¡Éste era un César! ¿Cuándo tendréis otro semejante?
Ciudadano primero: ¡Nunca, nunca! ¡Venid! ¡Salgamos! ¡Salgamos! ¡Quememos su cuerpo en el sitio sagrado e incendiaremos con teas las casas de los traidores! ¡Recoged el cadáver!
Ciudadano segundo: ¡Id en busca de fuego!
Ciudadano tercero: ¡Destrozad los bancos!
Ciudadano cuarto: ¡Haced pedazos los asien­tos, las ventanas, todo!(Salen los ciudadanos con el cuerpo.)
Antonio: ¡Ahora, prosiga la obra! ¡Maldad, ya estás en pie! ¡Toma el curso que quieras!
En esta época yo solía ir a estudiar a la Casa de la Cultura de Ñuñoa. Como no leía inglés, pregunté en la biblioteca si estaba “Julio César” y me pasaron un volumen, con dos obras, similar a los ejemplares donados al Liceo pero en español. Me enteré que tenían una colección con todas las obras escritas por Shakespeare. En resumen, en un año, lei todo el teatro escrito por el dramaturgo inglés. Años después, cuando estaba en la Universidad, compré las Obras Completas, editadas por Aguilar, y pude conocer sus sonetos.

Un dato final: Puedes escuchar el acto completo transcrito, sólo que en italiano, en la interpretación del recordado actor italiano Vittorio Gassman, en la página http://www.revistadeartes.com/

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