15 ene 09

Fuentes

  • Ciceron, De inventione II.1.1-2
  • Servius, In Aeneida I.526, XI.262
  • Lactantius Placidus Commentarii in Statii Thebaida
    1. Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7.
    2. Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7; Epítome i,23; Higino. Fábulas 79.
    3. Pausanias. Descripción de Grecia ii,22,6.
    4. Homero. Ilíada iii,445; Apolodoro. Epítome 3,3.
    5. Eurípides. Helena; Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,11; Platón. Fedro 44.
    6. Escolio a la tragedia Orestes 249.
    7. Escolio de Servio sobre la Eneida de Virgilio ii,33; Dictis Cretense. Diario de la guerra de Troya i,7; Dares Frigio. Historia de la destrucción de Troya 11.
    8. Apolodoro. Epítome 3,28; Heródoto. Historia ii,118. Según Partenio de Nicea, los encargados de reclamar a Helena fueron Diomedes y Acamante.
    9. Proclo. Crestomatía. Resumen de las ciprias.
    10. Homero. Ilíada iii,154.
    11. Homero. Ilíada iii,161.
    12. Homero. Ilíada iii,390.
    13. Homero. Ilíada xxiv,761.
    14. Partenio de Nicea. Sufrimientos de amor 34.
    15. Apolodoro. Epítome 5,9.
    16. Homero. Odisea iv,244.
    17. Trifiodoro. La toma de Ilíón 513.
    18. Quinto de Esmirna. Posthoméricas xiii,385. Higino. Fábulas 240. Aristófanes. Lisístrata 155 y escolio a este pasaje.
    19. Pausanias. Descripción de Grecia i,35,1.
    20. Homero. Odisea iv,12.
    21. Apolodoro. Epítome 6,29; Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,13.
    22. Pausanias. Descripción de Grecia iii,19,9.

     

    He encontrado este artículo sobre Helena de Troya.

    El Financiero, lunes 14 de abril, 2008.
    Todas las versiones del mundo antiguo

    ¿Es este el rostro que lanzó a mil navíos y puso fuego a las altas torres de Troya? ¡Dulce Helena, dame la inmortalidad con un beso!, como pedía Fausto, en la obra de Christopher Marlowe, antes de darse cuenta que su alma se apega a tus labios y escapa de mí. ¡Ven, Helena, ven! Devuélvemela. Aquí me he de quedar, pues el cielo son tus labios y todo lo demás, si no es Helena, es polvo. Yo seré Paris y por tu amor no será saqueada Troya, sino Wittenberg.

    Y esta hermosa mujer, la más bella que el hombre haya imaginado desde tiempos inmemorables, es la inspiración de los poetas y es la fuente donde muchas generaciones han bebido para tratarla primero como diosa, luego, como princesa de Argos y también, ¿por qué no?, como una prostituta  y Helena (con hache o sin ella), ha resistido todas y cada una de estas categorías.

    Helena diosa

     Tal vez por esto, Bettany Hughes, periodista y reportera de la TV —que debió de llamarse «Helen» Hughes, pues no canta nada mal las rancheras— hace de su investigación «en busca de Helena» un programa Helen of Troy para la PBS que ahora está disponible en DVD, donde parte de Esparta y los orígenes mismos de este mito en el Peloponeso, para llevarnos a Troya y Egipto, en busca de sus orígenes desde que se creía que era —y lo sigue siendo— una diosa que cada otoño es raptada para regresar, flamante, mostrando sus pechos firmes, voluptuosa, para regar su belleza por todo el campo, bañado de sol y de flores azules como las de lavanda, que perfuman las brechas por donde ella acostumbra caminar, mientras las muchachas espartanas hacían sus altares o unos pequeños templos para rezarle para que compartiera con ellas algo de esa famosa belleza.

    El origen  divino de Helena, la espartana:Zoofilia al canto disfrazada de fábula mitológica
    Zeus, en forma de cisne,  sedujo a Leda y yació con ella  cuando caminaba junto al río Eurotas,  pues fue violada por Zeus, transformado en cisne y fingiendo ser perseguido por un águilala misma noche que Tindáreo, esposo de Leda y rey de Esparta.
    Como consecuencia de ello, Leda puso dos huevos; de uno nacieron Helena y Pólux, ambos inmortales (considerados hijos de Zeus), y del otro Clitemnestra y Cástor, mortales (considerados hijos de Tindáreo). De todas maneras, se consideraba a Cástor y Pólux como gemelos y se los conocía como Dioscuros. Otras hermanas de Helena fueron Timandra y Filónoe.

     Archivo:Musée Picardie Beaux-arts 07.jpg

    Leda y el cisne, (1864), por Auguste Clésinger. Museo de Picardía, Amiens.

    Archivo:Helene Paris Louvre K6.jpg

    Helena y Páris, crátera ática

    Otra tradición  recogida por Apolodoro, (  Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7.  )decía que Helena había nacido de la unión de Némesis y Zeus, transformados respectivamente en oca y cisne. El huevo que puso Némesis fue encontrado por un pastor que lo entregó a Leda. Del huevo nació Helena y Leda la cuidó como si fuera su auténtica madre.

    Rapto de Helena por Teseo y Pirítoo

    Teseo llevándose a Helena. Ánfora ática de figuras rojas. Siglo VI a. C. Staatliche Antikensammlungen, Munich.

    Helena fue famosa por su belleza desde que era una niña. Un día, mientras realizaba un sacrificio a la diosa Artemisa, fue sorprendida y raptada por el héroe ateniense Teseo en compañía de su amigo Pirítoo. Tras capturarla, echaron a suertes la doncella, correspondiéndole a Teseo. Pero cuando éste volvió a Atenas, el pueblo ateniense no permitió la entrada de la muchacha en la ciudad, motivo por el que Teseo la condujo a Afidna, junto a su madre Etra. A continuación, Teseo y Pirítoo decidieron marchar al Hades a raptar a Perséfone con la intención de convertirla en consorte de Pirítoo. Durante su estancia en el Hades, los Dioscuros la rescataron. A su vez tomaron como prisioneras a la madre de Teseo y a la hermana de Pirítoo, que condujeron hasta Esparta para convertirlas en esclavas de Helena(  Apolodoro. Biblioteca mitológica iii,10,7; Epítome i,23; Higino. Fábulas 79.)         

    Hay una tradición recogida por Pausanias ( Pausanias. Descripción de Grecia ii,22,6. )  menciona que Helena y Teseo tuvieron como hija a Ifigenia pero que, cuando Helena fue liberada por sus hermanos, ella decidió entregar a su hija a su hermana Clitemnestra, que ya estaba casada con Agamenón.Pero la leyenda más extendida señalaba que Ifigenia era hija biológica de Clitemnestra.

    Boda con Menelao

    Helena, pintura de Anthony Frederick Augustus Sandys.

    Artículo principal: Juramento de los pretendientes

    Cuando Helena llegó a la edad de casarse, tuvo muchos pretendientes que acudieron desde todas las partes de Grecia, animados por la fama de su gran belleza y porque ella y su futuro esposo reinarían en Esparta. Tindáreo, temiendo provocar una guerra entre los pretendientes rechazados, siguió un consejo de Odiseo. A cambio, prometió a éste su ayuda para conseguir a su sobrina Penélope como esposa.

    El consejo de Odiseo consistía en arrancar a los pretendientes el juramento de acatar la decisión que se adoptase sobre quién sería el esposo de Helena y la obligación de acudir en auxilio del elegido si en algún momento su esposa le fuese disputada. Una vez realizado el juramento, Helena eligió como marido a Menelao, hermano de Agamenón, rey de Micenas (en otras versiones, de Argos), que, a su vez, se casó con su hermana Clitemnestra.

    Menelao y Helena tuvieron una hija, Hermíone.
    En Argos, el padre de la princesa Helena se propone encontrarle un marido y llega Menélao —hijo de Atreo, el rey de Micenas y perteneciente a la raza de Pélope— hermano de Agamenón —que ya se había casado con Clitemestra, la hermana mayor de Helena—, con un cargamento de regalos y preparado para competir en todas las competiciones programadas hasta ganarse la mano —y el resto— de esta mujer que abandona, por tener que asistir a la cremación de su padre en la isla de Creta, justo cuando el joven Paris, hijo del rey Príamo de Troya, los visitaba en su palacio para tratar de apaciguar la ambición de los griegos por sus tesoros o de firmar algún tratado comercial entre los dos reinos.

    Desde que llegó quedó deslumbrado por esa Helena, su anfitriona —dicen que la diosa Afrodita tuvo que ver en esta visita, pues se la había ofrecido a Paris como premio—, y tal como sucedía en el otoño, es raptada por este joven troyano para llevársela a su casa —sacándose la feria del tigre—, y por eso, el rostro de Helena impulsó a los mil navíos para que pusieran fuego a las altivas torres de Troya sitiándola durante diez años tal como lo escribió Homero en su Ilíada, obra mayor, que trasladó al español don Alfonso Reyes —en una versión en la que estamos trabajando en la flamante editorial M&A para coleccionistas—, y ahí está este fragmento donde aparece por primera vez el nombre de la bella Helena:

    —¡Alerta, hija de Zeus, escudero sin par!
    ¡Que se nos van los dánaos sobre el lomo del mar
    hasta su casa y tierra, dejando por presente
    —trofeo para Príamo y sus teucros— a Helena,
    la argiva por quien tantos, de su nación ausentes,
    en el polvo de Troya rodaron confundidos!
    Ve, persuádelos, háblales, a cada uno enfrena.
    No sea que estos bravos de bronce revestidos
    saquen las corvas naves y las echen al mar.
    La diosa de los ojos zarcos la escucha, y sin tardar
    vuela del alto Olimpo a los barcos aqueos,
    y dice al enfrentarse con el probo Odiseo,
    el prudente de Zeus que, en su alma despechado,
    junto al negro bajel se mantiene callado
    y ni a embarcar se anima ni a tocar los arreos:
     

     

    Bettany Hughes  narra todas y cada una de estas leyendas complejas que han evolucionado desde la epopeya homérica, sobrecargada con esos elementos que han ido recubriendo el relato primitivo: en la época homérica su genealogía se confunde.

    Por un lado, Helena es hija de Zeus y de Leda, aunque tiene por padre al «humano» Tindáreo, por el otro, se dice que era hija de Zeus y Némesis, quien huyendo del primero, había recorrido el mundo adoptando mil formas hasta que se transformó en oca.

    Pero el cachondo dios de dioses se convirtió en cisne para unirse a ella en Ática y, de esta cópula, Némesis puso un huevo que abandonó en el bosque sagrado hasta que un pastor lo encontró y se lo llevó a Leda para depositarlo en una cesta hasta que se abrió y de él nació Helena, a quien Leda crió como si fuese su propia hija.

    .File:Helene Paris David.jpg

    Helena y Paris,  Jacques-Louis David, 1788

    Así las cosas de los mitos, ¡qué maravilla! ¿No creen? Ese fue el rostro que inflamó las mil naves. Con razón.Lo curioso es que no sólo no existió, sino que parece ser que este mito narra el enfrentamiento por el comercio de los Estrechos del Bósforo en el Edad delBronce.

    Cfr.VÁZQUEZ HOYS,A.Mª:Historia de Grecia. Ed.Sanz y Torres,MAdrid 2005.i

    Filed under: General,MITOLOGÍA

    Trackback Uri



    Dejar un comentario


    siete + = 8